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    La película Wilson

    Sr. Director:

    El motivo de la presente es ofrecer mi opinión sobre la película Wilson de Mateo Gutiérrez Rodríguez, que tanta conmoción viene provocando en el ambiente político nacional.

    Como prueba de esta conmoción, basta ver las dos primeras Cartas al Director de la edición anterior, una del expresidente Dr. Julio María Sanguinetti (quien confunde una documental biográfico con “una película sobre el regreso de Wilson”, y otra de la notoria militante colorada Elena Grauert, que la impugnan ferozmente), para darse cuenta del tsunami que está causando.

    Mucho mejor, que todo el Uruguay vaya a ver esta película y la discuta.

    Mi opinión sobre este tema es coincidente con el de gente de distintas orientaciones políticas, que también ha emitido una opinión a través de los medios, como por ejemplo el exministro herrerista Dr. Antonio Mercader, el escritor y publicista Esteban Valenti y el Cr. Carlos Luppi. Estoy de acuerdo con ellos en que estamos ante una película notable que abarca todo lo que puede y muestra lo que verdaderamente significó Wilson Ferreira Aldunate en la vida nacional. Esta historia, que tantos durante tantos años han tratado de suprimir, ocultar, devaluar o reinventar. Otras tantas veces han mentido desaforadamente en libros y libelos que andan por ahí.

    Al respecto quiero enumerar lo que a mí, en lo personal, más me impresionó de la película. Aparecen en ella testimonio de todas las corrientes políticas, de dirigentes sindicales, ex jefes de Estado como Jorge Batlle, José Mujica y Luis Alberto Lacalle Herrera (líder del sector mayoritario del Partido Nacional), el último de los cuales resulta sin duda ser el más duramente crítico contra la figura del homenajeado. Esto no deja de ser positivo para demostrar dos premisas importantes que son leit motiv de la historia: Wilson trasciende las filas del partido al cual dedicó la mayor parte de su vida; y tenía dentro del mismo a veces la más dura de las oposiciones al ejercicio de su liderazgo.

    Exhibe el filme las ideas transformadoras, la honestidad (nació muy rico y terminó casi pobre), y el coraje, pero muestra sobre todo en imágenes muy frescas su modo de relacionarse con su gente. Explica por qué hay gente que hoy lo recuerda como un amigo por haber podido darle la mano, un abrazo, o un intercambio de miradas. Revela eso que tantas veces Wilson decía que nunca supo si él guiaba a la gente o esta le marcaba el camino. Esa capacidad de ir a un acto sin saber qué iba a decir porque su discurso se lo armaba la mirada de la multitud.

    A cada uno, habrá habido una parte, un tema, un aspecto que le haya llegado más que a otros. En lo personal, la aparición 40 años después de figuras de los Estados Unidos como el senador Edward Ted Kennedy, el Dr. Joe Eldridge, hasta hoy amigo de la vida, asesores de congresistas a los que por suerte sigo viendo a menudo para hablar de sus trabajos en su nación. Es la cara cotidiana de mis amigos, y se me hizo un nudo en la garganta al verlos allí.

    A tal punto que casi olvido prestar atención a lo que importa: los logros inmensos de Wilson como el corte por parte del Congreso de los Estados Unidos de la ayuda militar a Uruguay (Enmienda Koch) y subsiguientemente otras leyes. Por ejemplo, la enmienda Keneddy-Harkin que prohibía el voto de EE. UU. en los organismos multilaterales hacia aquellos países que estuvieran “involucrados en un patrón de conducta de violación sistemática de serias violaciones contra los derechos humanos”. Sí, Wilson influyó en la acción y en la legislación de los Estados Unidos de América.

    Este punto de quiebre en la transición política y jurídica de los EE. UU., es lo que hace que el nombre de Wilson Ferreira Aldunate (a quien uno de los senadores llama “político filósofo), resuene aún en nueva generación del Congreso que no lo conoció. A los que fuimos contemporáneos de aquellas hazañas, sobre todo a los que tuvimos el privilegio de vivirlas de adentro nos parece algo normal, o algo a lo que nos hemos acostumbrado.

    A mi lado, junto a mi familia, estaba mi hijo Wilson con un amigo de su edad. Lucho Valdez me había entrevistado hace poco por un ensayo universitario sobre Wilson. Ha hablado con mucha gente. Ergo, sabe de Wilson mucho más que la media de jóvenes de su edad. En voz baja me pregunta asombrado cómo es posible que en el exterior tantos años después de haber partido se lo recuerde con tanta admiración.

    Finalmente, debo señalar mi serenidad de espíritu, de que tantas cosas cuestionadas de su pensamiento Wilson las dice con todas las letras. Expresa haber sido engañado para votar la ley de caducidad de la que manifiesta haber estado en contra.

    Se me pregunta si tenía contactos con los Tupamaros, tema abordado ya por algunos libros-ensayo sobre su vida, y digo que sí. Nadie que sentía responsabilidades de Estado, pedía lavarse los manos y cesar en el esfuerzo de encontrar una salida pacífica, que detuviera “la efusión de sangre de la que huye la Humanidad”, como dice José Artigas en el Prólogo de Nuestro Compromiso con Usted, el documento programático más importante del Partido Nacional en el siglo XX y lo que va del XXI, del que se burla con su característica gestualidad despectiva (que no necesito caracterizar), el abogado de sociedades anónimas agropecuarias e intereses extranjeros Ignacio de Posadas Montero, que tanto lo cortejó cuando vivía y era poderoso.

    Muchas veces antes fui señalado con dedo acusador por decirlo.

    En la película aparecen los mismos tupamaros que se reunían con él contando cómo eran los encuentros, y cómo de lo que se habló fue de paz, de deponer las armas y de colaborar entre todos para el desarrollo nacional.

    Cuando la luminosidad cinematográfica, brillantemente lograda por Mateo y sus colaboradores (Salado Producciones) da lugar a los créditos de estilo, es como si hubiera caído el telón. Ahí me di cuenta que de la película era algo más que la suma de episodios, historias y testimonios. La película responde contundentemente a una pregunta cuya respuesta —que vaya si la tenemos— alguna vez creí que iba a morir con nuestra generación: ¿Qué fue Wilson? ¿Qué hizo que a casi 30 años después de haber partido siga estando en el centro de la vida política nacional, y que hoy lleven en el corazón uruguayos de todos los colores y banderías, sin abandonar por ellas las diferencias que pudieran haber tenido en vida? ¿Qué hace que levante algunos rencores y resentimientos inclaudicables y profundamente desagradecidos?

    Wilson está más vivo y vigente que nunca, y por eso causa tanto resentimiento en poderosos o expoderosos que fueron y son sus enemigos, que evitaron que su pensamiento transformador triunfara, y que llevaron a la ruina a sus partidos y al país.

    Ellos irán al basurero de la Historia y no habrá película que los recuerde. Salvo alguna que recuerde cómo desaparecieron partidos y se provocaron crisis como la de 2002.

    Dr. Juan Raúl Ferreira

    Cartas al director
    2017-08-10T00:00:00