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    sábado 08 de junio de 2024

    En respuesta al director de la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades

    Sr. Director:

    En la carta publicada en la edición de Búsqueda del 23 de mayo, el Dr. Francisco Bustamante —profesor de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades de la Udelar— ratifica su oposición a la contratación del Prof. Alberto Spektorowski: “Me opondré (…) a la contratación de Spektorowski y (promoveré) cualquier otra medida (…) para parar ese genocidio. (…) lo hago como un deber moral y de la ética docente de no colaborar con el mal y de movilizarme contra el genocidio”. Algunas líneas más arriba el corresponsal Bustamante había escrito que no objeta “a la persona por ser judía ni por definirse como sionista”, sino por defender “sin ambages la práctica del genocidio”.

    Con todo respeto, entendemos que el profesor Bustamante se equivoca. Porque contra lo que él mismo dice nosotros creemos que él sí se opone a Spektorowski por su condición de judío. Es esta la tesis que intentaremos demostrar seguidamente.

    El distinguido catedrático Bustamante sustenta su argumentación en dos grandes pilares o premisas (ninguna de las cuales demuestra ni intenta demostrar): a saber, Israel comete un genocidio en Gaza; y Spektorowski justifica ese genocidio. Ambas premisas son falsas.

    Primera premisa. Israel comete un genocidio. He aquí el viejo caballito de batalla del antisemitismo islámico-izquierdista (fogoneado desde la ONU, no faltaba más). Esa premisa refleja un doble desconocimiento: desconocimiento de lo que es un genocidio de un lado y desconocimiento de lo que son las acciones de Israel en Gaza de otro.

    Un genocidio significa la aniquilación de un pueblo, de una herencia y de una cultura, con el deliberado propósito de hacerlo desaparecer de la faz de la Tierra (incluido el exterminio físico, variante extrema de un genocidio). Así se ha sostenido monolíticamente desde Lemkin en adelante. Si esta afirmación es correcta, ninguna de las siguientes realidades es conciliable con esa definición: lisa y llanamente porque nadie comete un genocidio pretendiendo mitigar los efectos de sus acciones —como lo hace Israel—, sino todo lo contrario, intenta potenciar esos efectos —tal como sí lo hace Hamás, precisamente porque ese es su objetivo—.

    Veamos: Israel preanuncia cada uno de sus ataques, volanteando panfletos e instando a la población civil a dejar sus hogares. Israel utiliza bombas inteligentes en un porcentaje muchísimo mayor a cualquier otro Ejército en el mundo: 40% contra un 0,5% que utiliza Rusia y un 1% que utiliza Ucrania, por ejemplo. El ratio entre cada civil militar enemigo muerto y cada civil muerto, en el caso de Israel en Gaza, se acerca al 1:1; los índices mundiales se aproximan al 1:10 o más.

    La única razón por la cual Israel sufre todos los días bajas en sus tropas militares es justamente por evitar la causación de males mayores, esto es, el esfuerzo deliberado del Ejército de Israel para reducir el espectro de su accionar en la máxima medida de lo posible. Por fin, está el sentido común; si Israel quisiera perpetrar un genocidio tal como Ud. y el bloque izquierda-islamista le endilgan, la pregunta cae por su propio peso: ¿por qué Israel no lo hizo de una buena vez y a otra cosa mariposa? Precisamente por la razón que Ud. pasa por alto: por la preocupación de Israel por la vida humana, que es su propia razón de ser.

    Segunda premisa: Spektorowski justifica el genocidio. Falso. Solo una lectura de mala fe —deliberadamente tendenciosa, maligna y artera— puede pretender tamaña conclusión. Lo que Spektorowski dice es bastante simple: si Israel quisiera perpetrar un genocidio, ya lo habría hecho en dos minutos; y si bien 25.000 muertos es mucho, no es un genocidio.

    Spektorowski nos está diciendo algo bastante simple. Como decíamos, un genocidio no es solamente un tema numérico o cuantitativo, sino también cualitativo y conceptual: si pretendo aniquilar una cultura y un pueblo de 1.000 personas, eso será un genocidio; en cambio, aun si murieran 100.000 o 200.000 personas, si ese es el efecto no querido de una acción militar que responde a un ataque del adversario, si ese no es el objetivo ni la causa de mis bombardeos sino su inevitable y desgraciada consecuencia —en toda guerra hay excesos, no pretendemos justificarlos, es una constatación—, eso jamás podrá ser un genocidio. Si así no fuera, debiéramos concluir que la destrucción de Berlín y de tantas otras ciudades en la Segunda Guerra Mundial fueron genocidios, tesis esta que hasta ahora nadie ha sustentado, al menos hasta donde este cronista recuerda.

    Un capítulo aparte merecen las consideraciones del Dr. Bustamante en punto a la idoneidad moral del Dr. Spektorowski. Invocando el art. 7 del Estatuto del Funcionario Docente de la Udelar —para el desempeño de funciones docentes se requiere capacidad probada e idoneidad moral—, el corresponsal expresa que la presunta justificación (por parte de Spektorowski) de la (también presunta) matanza descomunal por Israel en Gaza “lo descalifica claramente para ser docente de la Udelar”. La tesis puede parecer seductora. Pero es peligrosa y antijurídica, porque subvierte el orden legal y el funcionamiento de toda institución publica, del Estado para abajo. Porque la norma jurídica no es un comodín que uno solo lo usa cuando le conviene.

    Nos explicamos. Es muy loable que el Prof. Bustamante apele a la ley, porque el derecho es el mejor instrumento de convivencia social jamás inventado por el hombre. Mucho menos loable en cambio es que el Prof. Bustamante no lo haga a la hora de articular sus discrepancias a través de los organismos y de los mecanismos que el propio orden legal prescribe.

    Supongamos que (a mi juicio) un individuo careciera de la “capacidad probada” que el estatuto docente reclama. ¿Qué debiera uno hacer? Muy sencillo: comparecer en el expediente para hacer saber mi punto de vista y, en su caso, interponer las acciones y recursos que la ley pone a mi disposición (que rara vez son pocos).

    Nada de eso pareciera haber hecho el Sr. Bustamante: desplazando al decano y al Consejo de la Facultad en el ejercicio de sus funciones (art. 61 del estatuto del funcionario), él se autoarrogó de manera exclusiva y excluyente la potestad de decidir quién sí y quién no reúne la idoneidad moral. He aquí la peligrosidad de la tesis de la manera en que Bustamante, haciendo justicia por mano propia, pretende interpretarla a su arbitrio (imponiendo las soluciones que él estima adecuadas): ¿dónde fijamos los límites?

    Un ejemplo ilustrará el punto. Tengo varios amigos, batllistas muchos de ellos, que se declaran sionistas, y quienes, al igual que el Prof. Spektorowski, pretendidamente “justifican” el genocidio en Gaza (en el sentido que Bustamante atribuye a la expresión). Pregunta: ¿en adelante tampoco permitiremos contratar a un docente “batllista”? Suena feo hasta decirlo: su tesis, profesor Bustamante, es tan totalitaria como antidemocrática.

    Con la benevolencia de Búsqueda, y con la paciencia del señor lector —y también la suya, estimado Dr. Bustamante— quisiera explicarle a usted por qué es Ud. un antisemita (vaya por delante que no todos los antisemitas saben que lo son y que, quienes lo saben, no siempre están dispuestos a admitirlo).

    Primero. Ud. se muestra sumamente indignado por el genocidio presuntamente perpetrado por Israel. Pero desafortunadamente no muestra la misma indignación cuando la carta fundacional de Hamás proclama a los cuatro vientos, sin ambages, como diría Ud., que su objetivo es la destrucción del Estado de Israel y de sus habitantes.

    Segundo. Ya desde la primera intifada —1920 (aunque la expresión es posterior)— los cabecillas árabes (con el muftí a la cabeza) anunciaron sus intenciones: la expulsión de los judíos de Israel. Desde entonces esa declaración de intenciones del mundo árabe se ha repetido en infinidad de oportunidades. No recuerdo que usted haya jamás alzado su voz siquiera en alguna de esas oportunidades, tal como sí lo hace ahora.

    Tercero. Usted dice que “desentenderse de quienes matan civiles inocentes, sean judíos o palestinos, no es opción”. Lamentablemente me veo en la necesidad de contradecirlo. Esa ya ha sido su opción: porque no recuerdo que usted haya alzado alguna vez su voz contra los palestinos masacrados en Líbano, Siria y Jordania. Su obsesión solo refiere a los palestinos en guerra con Israel.

    Cuarto. Ud. dice que se opondría a la contratación de un docente que justificara “los crímenes de guerra cometidos por Hamás el 7 de Octubre, o el genocidio de la nación charrúa o el genocidio del pueblo armenio (…)”. Desafortunadamente, no recuerdo que jamás lo haya hecho hasta el presente.

    Quinto. El 7 de octubre, Hamás intentó perpetrar un genocidio. De no haber sido detenidos por Israel, los terroristas de Hamás (y sus secuaces) habrían seguido su avance triunfal, arrasando con cuantas vidas humanas se hubieran interpuesto en su camino. No recuerdo que usted hubiera alzado su voz en ese momento.

    Sexto. Ud. se muestra preocupado por la “descomunal matanza” que Israel presuntamente comete en Gaza. Sin embargo, nada dice usted acerca de la matanza descomunal que Hamás perpetra contra los propios gazatíes, a quienes los utiliza como escudos humanos, les roba su comida, les impide dejar sus casas en procura de lugares más seguros y les impide utilizar los túneles subterráneos como refugio. (Sr. lector: al parecer los túneles están reservados para uso exclusivo de terroristas). Contra ese desprecio de la vida humana —no ya contra la vida de un judío sino contra los propios gazatíes— no recuerdo que Ud. hubiera dicho nada.

    Por supuesto que, si mi memoria me hubiera traicionado, y en su caso usted hubiera levantado su voz en cualquiera de esas oportunidades, le pido que por favor no vacile en rectificarnos.

    Distinguido profesor Bustamante, me temo que tengo una noticia para Ud.: usted está enfermo y su enfermedad se llama antisemitismo.

    Jonás Bergstein

    CI 1.316.079-4