Al fin debate

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Nº2024 - al de Junio de 2019

Para casi todo se pueden encontrar excusas. Es solo cuestión de buscar las más apropiadas. No es tan difícil decir que no. Que no es el mejor momento, que todavía no están definidos los temas principales, que es exponerse demasiado, que no vale la pena, que no están claras las reglas, que no es bueno el moderador elegido. Cientos de excusas como esas fueron utilizadas durante las últimas campañas para que no haya un debate electoral entre los principales candidatos.

  Lo cierto es que hace más de 25 años que los distintos postulantes a la presidencia no confrontan ideas frente a frente, como ocurre en los principales países del mundo. Ya pasaron cuatro elecciones sin una sola instancia pública de ese tipo. Varias generaciones de uruguayos crecieron y votaron más de una vez sin ver un solo debate. Esa es la triste realidad.

En este año electoral los distintos partidos también prefirieron no habilitar el debate antes de las internas. Los precandidatos del Partido Nacional estuvieron a punto de concretarlo, pero luego el postulante favorito según todas las encuestas, Luis Lacalle Pou, optó por dar un paso al costado ante el complicado momento por el que atraviesa su colectividad. Desde Búsqueda los convocamos a todos, partido por partido, y ninguno aceptó el desafío.

Eso sí, los postulantes que tienen mayores posibilidades se manifestaron a favor de debatir luego del 30 de junio, cuando esté claro quiénes son los que correrán la carrera final hacia la presidencia. Varios de ellos ya se comprometieron a hacerlo y hasta intercambiaron algunos puntos de vista sobre los formatos y las fechas.

Este sería uno de los cambios más significativos de la actual campaña electoral. Sería una muestra de madurez del sistema político uruguayo, un avance esencial que vendría muy bien, en momentos en que crece el descontento con los políticos. Es cierto que todavía estamos muy lejos del “que se vayan todos” por el que atravesó Argentina, pero hay señales muy preocupantes en ese sentido.

El debate que van a protagonizar en la noche de hoy jueves el precandidato colorado Ernesto Talvi y el frenteamplista Óscar Andrade es un paso digno de aplausos. Ambos aceptaron confrontar ideas frente a frente en el programa Todas las voces de Canal 4, en un formato que se parece bastante al desarrollado en el primer mundo. Eso es lo que hace falta.

Es además muy interesante por el bagaje ideológico que traen tras de sí los dos postulantes. Uno es un marxista convencido de que representa a un mundo atado al pasado y lleno de dogmas, y el otro un pragmático que durante años se dedicó a estudiar en profundidad los problemas de Uruguay y que tiene un diagnóstico bastante certero sobre las deficiencias en la estructura estatal.

Es probable que el hábil candidato comunista intente llevar el debate a lo “políticamente correcto” —no se sabe en qué momento sus posturas se arroparon con ese título— como el tema de ayuda social o algunos índices de escolaridad que apenas mejoraron en 15 años de gobiernos del Frente Amplio. Pero la discusión debería ser otra. El tema es qué tipo de país es necesario para lograr un futuro próspero. La disyuntiva, entonces, es si seguir apostando a un Estado que se ve como el gran benefactor, pero al que se le agotan los recursos, o adpotar una visión liberal para que el país se convierta en una usina productora que haga que las ayudas sociales estén mejor financiadas y sean cada vez menos necesarias.

Pase lo que pase, el solo hecho de que se lleve a cabo un debate es una buena noticia. Es necesario aceptar exponerse y confrontar con los que piensan distinto como para merecer el voto. Ocultarse, mantenerse en silencio, no contestar a ninguno de los desafíos es simplemente favorecer a un fraude electoral. Fraude porque la ciudadanía termina votando sin siquiera saber lo que vota. Y es eso lo que está en juego: un riesgo real de fraude.

Porque no es cierto lo que dijo Tabaré Vázquez recientemente sobre que él y Jorge Batlle fueron los que más se expusieron a debates públicos. Ninguno de los líderes políticos de los últimos años puede jactarse de eso y mucho menos Vázquez. La última vez que el actual presidente debatió fue en 1994, cuando no era el favorito en las encuestas. En ninguna de las elecciones posteriores aceptó debatir. Ni en 1999, ni en 2004, ni en 2014. Así que es uno de los principales responsables de este apagón democrático por el que atravesamos durante varias instancias electorales.

Ahora son otros los que vendrán a ocupar los primeros lugares en el oficialista Frente Amplio. El favorito Daniel Martínez ya dijo públicamente que está dispuesto a debatir luego de las internas. Es posible que así ocurra y que se enciendan otra vez las luces frente a los atriles de los candidatos, uno al costado del otro. Podrá ser consecuencia de que son nuevos los postulantes o de que la elección es más reñida. No importa. Lo que verdaderamente es impostergable es que todos los que tienen pretensiones presidenciales se hagan cargo ante sus votantes y dejen de comportarse como niños caprichosos.

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