Eduardo Bonomi. Foto: Nicolás Der Agopián

Los policías son “especialistas” en hacer la venia, “decir ‘¡sí, señor!’, darse vuelta y después hacer lo que quieren”, dice Bonomi, y advierte que en sus reuniones con las futuras autoridades vio que “no tenían mucho conocimiento” del ministerio

Al Frente Amplio le faltó “visión política” en seguridad, mientras que el gobierno hizo lo correcto pero no tuvo el resultado esperado

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Nº2059 - al de Febrero de 2020
entrevista de Juan Pittaluga y Guillermo Draper

Eduardo Bonomi está ansioso por dejar el Ministerio del Interior. Es martes al mediodía y la mayoría de sus cosas están en cajas, algunas incluso ya lo esperan en el despacho del Senado, que ocupará a partir del domingo 15, cuando asuma la nueva legislatura.

Bonomi es el ministro que más años permaneció en el cargo. Diez años al frente de esa secretaría de Estado “es demasiado”, dice a Búsqueda. Si permaneció ahí fue gracias al respaldo político que le dieron los presidentes José Mujica y Tabaré Vázquez, porque una de las renuncias que más reclamó la oposición en la última década fue la suya. La mayoría parlamentaria del Frente Amplio le permitió superar nueve interpelaciones como ministro del Interior y dos como ministro de Trabajo del primer gobierno de la coalición de izquierda. Bonomi asegura que no se tomará revancha con su sucesor blanco, Jorge Larrañaga, porque no cree que la seguridad deba ser un tema de “acumulación política”.

A días de dejar el cargo, el dirigente del Movimiento de Participación Popular reivindica su gestión pese a que no obtuvieron los resultados que esperaban. “Un día se darán cuenta lo que significa” todo lo que hicieron para cambiar la Policía, piensa. Cree que al Frente Amplio le faltó “visión política” en su enfoque sobre seguridad y que a él nunca le tembló el pulso para reprimir.

A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Qué fue más difícil: ser el primer ministro de Trabajo del Frente Amplio o ser durante 10 años ministro del Interior?

—No estoy de acuerdo con qué es peor o qué es mejor. Ser ministro de Trabajo para mí fue muy importante porque el tema laboral era uno de los temas del Frente y era uno de los temas más estudiados por el Frente. Hoy, cuando se habla de logros del Frente, se habla de la negociación colectiva, de los consejos de salarios, de los peones rurales, de las empleadas domésticas, de una cantidad de cosas que fueron muy importantes. Entonces uno no puede definir si es más lindo o más feo estar en Trabajo o en Interior.

—Por los reclamos de la ciudadanía y el hecho de que haya vidas en juego, uno supone que es más estresante ser ministro del Interior.

—Es que la oposición no hizo del tema laboral una cuestión de acumulación política, sí lo hizo con la cuestión de la seguridad. En la oposición no es tan nuevo eso, recuerdo en el año 1994 a Julio María Sanguinetti diciendo que la seguridad había llegado a su límite máximo, porque estaba oponiéndose al Partido Nacional con ese tema. Y con nosotros creo que lo que decidieron fue no discutir en los campos donde nosotros estábamos más fuertes, aunque tuviéramos enormes diferencias, porque no iban a tener eco. En cambio cuando existe un problema de seguridad, que yo creo que existía, lo dimensionaron todavía más para generar acumulación política. Y eso genera incomodidad.

Más allá de la dimensión que le otorgue el sistema político, la inseguridad existe.

—El problema de seguridad existe, pero acá cuando se habla de economía la oposición decía siempre que mejoró o empeoró por el viento de cola. Entonces, en la economía el exterior sí nos afectaba, pero en la seguridad no. En la seguridad éramos una isla, si todo se caía alrededor acá estábamos impolutos. Y nosotros sentimos el problema del exterior, con bandas delictivas del exterior que vinieron acá a traer modalidades nuevas. Todo eso generó un problema. Entonces, se trató de acumular con ese tema en la prensa, llevándonos al Parlamento y movilizando vecinos. En la prensa un homicidio no era uno, sino que eran cuatro, cinco homicidios repetidos constantemente. Yo quiero ver si mantienen la visualización de los delitos en todo este período, si se pasa 20 veces un mismo homicidio como el de La Pasiva.

—¿Cree que los medios de comunicación disminuirán sus coberturas sobre seguridad?

—Yo creo que sí, pero me puedo equivocar. Estoy en el campo de creer y cuando uno cree se puede equivocar. Espero hacerlo. El problema de seguridad está, pero más allá de que esté, quiero ver si existe la misma difusión ahora que antes.

—Cuando asumió el cargo en 2010, ¿esperaba estar constantemente en la agenda pública?

—El tema de la seguridad la gente lo empezaba a ver como uno de los problemas más importantes ya a partir de fines de 2008. En ese entonces el Frente no tenía política. Tenía unas breves definiciones de lo que se debía hacer, pero no marcaban la política. Estaba teñido de la idea de que, si se llevaban adelante políticas sociales, iba a caer la voluntad de delinquir. Y cuando Pepe estaba como candidato a presidente me plantearon que si Pepe ganaba la presidencia yo iba a ser ministro del Interior, o ministro de Gobierno, un cargo que iba a crearse. En el Frente a nadie le gustaba mucho estar en el Ministerio del Interior, y bueno, me tocó, y yo creo que hicimos lo que teníamos que hacer, aunque no tuvimos los resultados que esperábamos.

—¿Por qué no consiguieron esos resultados?

—Yo siempre lo comparo con una epidemia: un médico en situación normal tiene determinados resultados y en medio de una epidemia tiene otros. ¿Es un problema del médico o un problema de la epidemia? ¿El aumento de los delitos es un problema del ministro o del aumento de la violencia y de las modalidades nuevas que vinieron del exterior? También me pregunto qué hubiera pasado con los resultados si no hubiéramos logrado el fortalecimiento de la Policía que hubo. Estaríamos muchísimo peor. La Policía estuvo enormemente apoyada, enormemente. Hoy es impensable el Ministerio del Interior sin el Centro de Comando Unificado, que era poco más que una oficina y hoy está en el medio de la Guardia Republicana con instalaciones del primer mundo. Un día se darán cuenta lo que significa. El señor Novick nos trajo a Rudolph Giuliani para que nos enseñara y, cuando se fue a entrevistar con el presidente Vázquez, Giuliani le dijo que se llevaba el plan que había hecho porque nosotros ya teníamos todo. Por algo eso sucedió, por algo a la Policía uruguaya se la mira de otra manera. Yo creo que eso es lo que se logró. No se logró lo de los resultados.

—Más allá del aumento de la violencia y del ingreso de modalidades delictivas extranjeras, ¿no hubo responsabilidades propias?

—Yo ya he explicado sobre el efecto noviembre 2017 no sé cuantas veces a la oposición, al Frente y a la prensa. El efecto noviembre fue terrible para nosotros y, si uno se tiene que hacer una autocrítica, la primera es pensar que se podía aplicar el nuevo Código del Proceso Penal (CPP) en la mitad de un presupuesto ya votado. Creí en que sí se podía, y los hechos demuestran que hubiese sido mejor esperar. El CPP interrumpió un proceso de baja de las rapiñas muy importante: la proyección nos daba una baja cercana al 30% para marzo de 2018, o al menos encima del 20%. Ahora hay dirigentes de la coalición multicolor, como el futuro ministro de Ganadería, que dicen que hay que cambiar el CPP porque tiene problemas. ¿Ahora tiene problemas? Cuando nosotros dijimos que tenía problemas, para la oposición no los había y el único problema era que la Policía no respondía.

—Algunos analistas dicen que fue un error de Vázquez mantenerlo en el cargo porque le dio un blanco fácil a la oposición. ¿Cree que esa decisión ayudó a la derrota del Frente Amplio en las últimas elecciones?

—Eso preguntáselo al presidente. Pudo ser una señal política, pero también había una valoración de que había procesos que se estaban fortaleciendo y en aras de esa señal política tal vez se debilitaban esos procesos. Y esta valoración existía acá adentro del ministerio, porque después que empezaste tenés que seguir.

—¿Va a extrañar el cargo? ¿O es un alivio dejar un lugar de tanta responsabilidad?

—Que es un alivio, lo es. Diez años es demasiado en una responsabilidad, y en esta también. Entonces yo ya estoy contando los días.

—¿A grandes rasgos, qué dejan sus 10 años de gestión en el Ministerio del Interior?

—Lo que quedó es una Policía fortalecida, a la cual no le falta respaldo. Tiene el respaldo en salarios, en armamento, en organización, en recursos, en tecnología, en vehículos, en uniforme, en todo. El año terminó con 37 delincuentes abatidos por la Policía y ni un policía con problemas judiciales, porque tuvieron su respaldo en el cumplimiento de la Ley Orgánica Policial y la Ley de Procedimiento Policial. Si el policía cumple con eso no tiene problema. No alcanza con hablar del respaldo, y nosotros se lo dimos.

—Sin embargo, los sindicatos policiales se han quejado por falta de apoyo.

—Cuando los sindicatos dicen esas cosas no necesariamente se refieren al ministerio, aunque puedan hacerlo, en general se refieren a otras cosas. No se quejan al ministerio, se quejan de falta de respaldo del sistema político, y creo que en parte tienen algo de razón. Nosotros hemos presentado proyectos de ley que hoy están en la urgente consideración, pero en un nivel mucho más alto, y hubo falta de visión política en no darse cuenta de que esas cosas tenían que funcionar.

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo, cuando un menor mata tres o cuatro veces, no corresponde considerar que el máximo de pena son cinco años sabiendo que se va en libertad en dos años y medio, o en tres años. Y eso ha pasado y se rechazó.

—Fue una cuestión interna del Frente Amplio.

—Sí, del Frente Amplio.

—¿Qué otro error cometió el Frente Amplio en el tema seguridad?

—Yo creo que uno de los problemas que hubo en el Frente fue no concebir que la seguridad, la Policía, tiene que ver con el proyecto país, y que hay que tratar ambas con los conceptos que se lleva adelante el proyecto país, porque si se separan uno se equivoca. De lo que la oposición siempre me acusa es de no querer reprimir: yo no tengo ningún problema con la represión, yo tengo problemas con la represión a las organizaciones sociales y a las organizaciones políticas de izquierda, eso no se debe hacer. Ahora, reprimir a los delincuentes que están robando a los trabajadores yo no tengo problema. Antes de reprimir hay que prevenir y disuadir, pero si el delito se comete hay que reprimir, y eso tiene que ver con un proyecto país, porque si nuestro proyecto país se basa en el desarrollo del trabajo hay que proteger al trabajo y a los trabajadores.

—¿El oficialismo criticó demasiado al Ministerio del Interior por ciertas acciones?

—Cuando hicimos los operativos de saturación nos decían que estigmatizábamos a la gente. Nos decían en la oposición, en el Frente, en el PIT-CNT, y después venían los trabajadores del Sunca a decirnos que no iban a reparar más calles en La Teja si no había policías, y otros nos decían que si las ambulancias, los ómnibus y los taxis no tenían protección policial, no iban a entrar más a determinados barrios. ¿Quién estigmatizaba? Nosotros hicimos esos operativos para que los trabajadores no sufrieran los delitos de los delincuentes, entonces si eso no está claro... Defender el trabajo, el usufructo del trabajo, eso forma parte del proyecto del país.

—¿Le molestó que algunos proyectos de ley del Ministerio del Interior no fueran acompañados por legisladores del Frente Amplio?

—No solo por el Frente, porque hubo proyectos que la oposición compartía y no los votaba.

—Pero los votos del Frente Amplio eran suficientes para aprobarlos.

—Pero no es lo mismo si tengo la mayoría y además la oposición comparte y vota. Tiene mucho más respaldo. Si comparte y no vota, está creando un problema. Es cierto que hubo en el Frente desacuerdo con algunas cosas, en algunos sectores, pero la oposición no apoyaba, no sé si porque discrepaba o porque a pesar de que estaba de acuerdo no quería dar el respaldo.

—Cuando asuma en el Parlamento, ¿está dispuesto a votar proyectos de la oposición sobre temas de seguridad como el tema de los adolescentes infractores?

—Existe la disciplina partidaria, pero por lo menos discutiría. Habría que verlo. Yo sé que hay cosas que tienen el mismo título que decíamos nosotros, pero no tienen el mismo contenido. Entonces yo no voto por los títulos. El sindicato de funcionarios policiales de Montevideo apoyó la ley de legítima defensa presunta porque vieron el título y después se percataron de que el contenido era distinto al que querían. El contenido hay que verlo porque hay cosas que no están claras.

—¿Qué opina de las propuestas sobre seguridad que hay en el proyecto de ley de urgente consideración?

—No alcanza con leerlas, hay que bajarlas a tierra. La ley esta va a tener cambios, los están discutiendo entre ellos. Por otra parte, creo que lo más importante de la ley no es la seguridad, sino lo laboral, la seguridad social, la importación de combustibles, la colonización, los alquileres sin garantía.

—Usted ya anunció que no planea convocar a Jorge Larrañaga.

—Yo no voy a integrar la Comisión de Seguridad Pública y Convivencia del Senado, entonces no me veo en ninguna situación convocándolo. Se lo dije a él cuando nos reunimos. Ahora, participar en el plenario de la cámara, ¡ah, eso sí, en la plenaria voy a estar! Pero no voy a ser el que convoque, ni interpelante ni nada por el estilo. Utilizar eso como cuestión sistemática de acumulación, no. No tengo nada contra el senador Larrañaga, tengo diferencias con el programa de la coalición multicolor, mi plan es la construcción futura no la destrucción de un ministro. Algunos me suponen un criterio revanchista, de que quiero sacarme las ganas, pero no, no me interesa, me interesa construir un proyecto político.

—Entonces, de su parte, será una oposición tranquila para Larrañaga.

—Tranquila hasta cierto punto, porque, por ejemplo, el lunes el futuro ministro planteó como políticas del ministerio dar la cara, el despliegue en el territorio y los resultados. La diferencia en lo que planteamos nosotros está en cómo se hace el despliegue en el territorio: nosotros el despliegue lo hicimos con el PADO, con el GRT, con las unidades de respuesta de la Policía de Montevideo y Canelones, apuntábamos con patrullaje a los lugares donde hay más concentración de delitos. Es macanudo el enunciado de despliegue en el territorio, ¿pero cuál va a ser? El despliegue en el territorio puede ser atender los barrios más demandantes, que son los que tienen más acceso a la opinión. No alcanza con dar la cara, despliegue en el territorio y resultados.

—¿Ve conocimiento del tema seguridad en las próximas autoridades?

—Hay dos cosas: uno puede tener ideas generales claras, y después hay que ver cómo las baja a tierra en el organismo. Por lo que vi en las reuniones con las próximas autoridades, respecto al organismo que les toca trabajar no tenían mucho conocimiento, entonces tienen que hacer una bajada a tierra más a fondo. En cuanto a las ideas, son las que manifestaron en la campaña electoral y las que discutimos, pero perdí. El que ganó tiene derecho a aplicar lo que cree, pero pueden tener dificultades y no tienen claro con qué instrumento cuentan.

—¿Ve en Larrañaga cualidades necesarias para ser ministro del Interior?

—El otro día vi que decían que teníamos características comunes, que éramos muy tozudos los dos. No sé si esa es una característica para ser ministro del Interior, veremos, creo que todavía le va a llevar tiempo agarrar lo que es esto. Acá se lo digo a los policías incluso: “Ustedes son especialistas en hacer el saludo policial, decir ‘¡sí, señor!’, darse vuelta y después hacer lo que quieren”. Entonces no es sencillo.

—¿Qué le parecen las designaciones anunciadas hasta el momento? ¿Es un retorno de la “vieja Policía” que usted desplazó?

—La discusión de las elecciones era comisarías sí o comisarías no, y se llevó adelante a impulso de la vieja Policía. El eje de toda la estructura policial que prevén es la comisaría, sin tener en cuenta que las comisarías se desplegaron en la década del 40 y la ciudad creció por arriba de las comisarías. Entonces, ¿el camino es duplicar las comisarías y los policías con el costo presupuestal que significa, que el país no estaba ni está en condiciones de asumir, o buscar la proximidad a través de la movilidad de la Policía en la calle: a pie, en motos, autos, camionetas? Esta movilidad, marcar la presencia, es la estrategia en el mundo. No importa que el policía esté en la comisaría, importa que esté en la calle para prevenir un delito. El que acá dice lo contrario no entiende la tendencia del mundo. Hay policías que se fueron de acá que tienen esa idea de fortalecer la comisaría. Hay futuros jefes de Policía que tienen claro que el policía debe estar en la calle y hay otros que no lo tienen tan claro.

—¿Las diferencias pasan solo por ahí?

—Al ver a todos los jefes de Policía designados, no me da la sensación de que haya un sistema, no veo un sistema, no me dice nada. Sí me dice que la oposición acá adentro se hizo a partir de los que no estaban de acuerdo, y muchos se fueron para asesorar de afuera y volver a estar adentro.

—¿Le preocupa que desarmen su reforma?

—Algunas cosas no las podrán deshacer, otras podrán. Me preocupa que lo que hagan no tenga resultados positivos.

Recuadro de la entrevista

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