Con el incendio del Museo Nacional de Brasil se perdió la mayor biblioteca científica de la región y un acervo de más de 100.000 objetos de civilizaciones que iban del paleolítico al siglo XIX

Arde la historia

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Nº1985 - al de Septiembre de 2018

El incendio en el Museo Nacional de Brasil que albergaba una de las mayores colecciones de historia natural del mundo puso punto final al bicentenario que la institución celebró este 2018. Las llamas comenzaron a las 19:30 de Río de Janeiro. El fuego abrasador consumió los tres pisos del Palacio de San Cristóbal. Los bomberos pudieron ponerle fin a la propagación antes de que alcanzara el Jardín Quinta da Boa Vista.
Cuando grandes símbolos arden, suponen un mojón en la historia de la humanidad. El incendio de la Biblioteca de Alejandría es sinónimo de destrucción de la cultura. Conforma la pérdida del material bibliográfico más importante del mundo antiguo. Cuántos papiros hechos cenizas nunca más se desenrollaron. Antes hubo un gran incendio de Roma que trajo aparejado las persecuciones a los cristianos. Y más temprano aún fue el del Segundo Templo de Jerusalén, que provocó el exilio de los judíos. Cuando se quemó el edificio del Reichstag, en febrero de 1933, también marcó un hito para la modernidad y las democracias, pues se ocasionó un incendio voluntario a la casa de las leyes, nada menos.

El tiempo dirá qué significa la quema del Palacio de San Cristóbal, pero a simple vista parece una desatención y falta de interés por el pasado. Por suerte, no es necesario lamentar pérdidas humanas. Los cuatro vigilantes del museo lograron escapar antes del colapso edilicio. Pero dentro existían más de 20 millones de piezas irrecuperables que datan de diferentes períodos. Entre su colección, que se estima que solo 1% estaba en exhibición, se encontraba el meteorito más grande encontrado en Brasil, la mayor biblioteca científica de la ciudad, una colección de arqueología egipcia y las piezas arqueológicas griegas, romanas, etruscas e italianas más grandes de América Latina, además de decenas de huesos únicos de dinosaurios. También se perdió el esqueleto de Luzia, una de las primeras habitantes humanas del continente, que tenía más de 12.000 años de antigüedad.

El incendio del 78

“Es una tragedia para el patrimonio de la humanidad, no solo de Brasil. Uno piensa que la responsabilidad de reunir un acervo en un museo es con el objetivo de cuidarlo. No poder hacerlo es una responsabilidad de parte de las sociedades y los Estados. Si se junta un acervo de la humanidad en un lugar para cuidarlo, es paradójico que se destruya. Además, se cumplen 10 años del incendio del Museo de San Pablo y 40 años del de Arte Moderno. Si esto no nos despierta, no lo hace nada”, aseguró a galería el director del Museo Torres García Alejandro Díaz.

Hace exactamente 40 años el Museo de Arte Moderno en Río de Janeiro fue devorado por las llamas. En ese entonces se destruyeron 150 obras y perjudicó más de 900, entre ellas algunas de Pablo Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró y 73 obras de Joaquín Torres García, destacándose la pérdida de los siete murales pintados en el Hospital Saint-Bois. El Museo Torres García realizará a partir de fines de octubre la exposición Tiempos de mirar para conocer algunas de las obras perdidas con material digital y documentos de época para promover la toma de conciencia sobre la importancia del cuidado del patrimonio cultural y artístico.

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De la corona al pueblo

El Museo Nacional de Brasil era de los más importantes de la región. En el palacio se guardaban miles de obras, fósiles y más de seis millones de especímenes de todo el mundo. También era un destacado centro de investigación y fue testigo de grandes hitos en la historia brasileña.

Antes de convertirse en museo, la mansión perteneció a la familia real de Portugal que llegó a Río de Janeiro para escapar de la invasión napoleónica en 1808. El palacio fue diseñado con un estilo neoclásico para el comerciante libanés Elías Antonio Lopes, que lo donó para convertirlo en la residencia de los monarcas. En ese entonces se hicieron numerosas reformas para conformar la voluntad de los integrantes de la realeza, los únicos que vivían fuera de Europa. El Palacio de San Cristóbal, como lo llamó la monarquía, perteneció al rey Juan VI hasta que regresó a Portugal. Desde ahí se convirtió en la residencia de su hijo don Pedro, el promotor de la independencia que se declaró como primer emperador de Brasil. Allí también vivió su hijo y emperador Pedro II hasta su expulsión con la instauración de la República en 1889.

Después de subastar las pertenencias del emperador, los congresistas se reunieron para planear una estrategia que determinara el destino del palacio. Algunos recordaron el Museo Nacional de Brasil fundado por el rey Juan VI en el Campo de Santana en 1808, para promover la investigación científica de la colonia. Su decisión fue influida por la esposa de su hijo Pedro, la emperatriz Leopoldina de Austria, obsesionada con las ciencias naturales. Tras llegar a un acuerdo, las autoridades decidieron trasladar las obras a la enorme mansión de Río de Janeiro. Desde entonces, el sitio se convirtió en un punto de encuentro para investigadores como Johann Baptist von Spix, Auguste de Saint-Hilaire y Carl Friedrich Philipp von Martius. Ya en la década de 1890 todas las obras recuperadas estaban en la antigua residencia real.

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El Museo Nacional, que en junio celebró su bicentenario, albergaba más de veinte millones de piezas de diferentes períodos de la historia de Brasil y del mundo.
El Museo Nacional, que en junio celebró su bicentenario, albergaba más de veinte millones de piezas de diferentes períodos de la historia de Brasil y del mundo.

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Se perdieron 200 años de trabajo

Antes del incendio de esta semana, el museo recibía más de 150.000 visitantes al año y era un importante centro de investigación y estudio de la Universidad Federal de Río de Janeiro. También guardaba la mayor biblioteca científica de la región y más de 100.000 objetos de civilizaciones que iban del Paleolítico hasta el siglo XIX. “La pérdida del acervo del Museo Nacional es incalculable para Brasil. Se perdieron 200 años de trabajo, investigación y conocimiento. El valor histórico del edificio que fue casa de la familia real durante el Imperio, tampoco se puede medir. Es un día triste para todos los brasileños”, publicó en su cuenta de Twitter el presidente Michel Temer.

Después del incendio en el museo, la Dirección Nacional de Cultura uruguaya emitió un comunicado para informar el “profundo dolor” que sentía por la “enorme pérdida” en Brasil. Las llamas consumieron “colecciones de invaluable valor patrimonial y un edificio que fuera testigo y protagonista de la historia” del país, dice el documento. El director del Museo Nacional de Artes Visuales, Enrique Aguerre, también aseguró que el incendio fue una “tragedia” previsible por la falta de mantenimiento. “Tenían una estructura de madera que estaba con termitas, muchas partes destruidas y salas con pérdida de agua. Se unieron elementos que no deberían descuidarse”, dijo a galería.

Hasta hace cuatro años, el museo recibía cerca de 128.000 dólares para conservar y restaurar las piezas que guardaba, pero el gobierno dejó de otorgar el subsidio. La decisión que lamenta la humanidad provocó que algunas paredes del edificio se agrietaran y que muchas conexiones eléctricas quedaran al descubierto. “Luchábamos desde hace años, en distintos gobiernos, por lograr recursos para preservar adecuadamente todo lo que fue destruido hoy”, comentó el vicedirector del museo Luis Fernando Duarte a la prensa local.

En junio, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social otorgó un contrato de financiamiento por 21,7 millones de reales para restaurar la institución. Sin embargo, la cercanía a las elecciones presidenciales retrasó el inicio del trabajo, que incluía la recuperación de espacios expositivos, la renovación de la estructura externa y el incremento de la seguridad. Ya era demasiado tarde.

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El espacio consumido por las llamas era conocido por su riqueza en el área de paleontología y guardaba más de 26.000 fósiles.
El espacio consumido por las llamas era conocido por su riqueza en el área de paleontología y guardaba más de 26.000 fósiles.

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La historia de Luzia

Un cráneo prehistórico de humano fue encontrado en una cueva del estado brasileño de Minas Gerais en 1975, por una expedición franco-brasileña capitaneada por la arqueóloga Annette Laming-Emperaire. El hallazgo permaneció en el olvido, guardado en un almacén del Museo Nacional de Río, hasta que fue “rescatado” en 2011 por los antropólogos Verlan Valle y Ricardo Ventura. Cuando se exhibió por primera vez, Luzia atrajo la atención del público porque fue presentada por científicos brasileños como los restos humanos más antiguos encontrados en el hemisferio occidental. Sin embargo, este título se lo terminó llevando Eva de Naharon, quien vivió en lo que ahora es la península de Yucatán, México, hace unos 13.600 años.

Los rasgos de Luzia, luego de la reconstrucción facial, dan cuenta de un origen más negroide que mongoloide. Esto sugiere que el hemisferio occidental puede haber sido ocupado antes de lo que se pensaba por los ancestros de los indígenas del norte y del sur de América. Luzia era el emblema de esta teoría creada por el bioantropólogo brasileño Walter Neves, el denominador del esqueleto que hasta entonces se llamaba Lapa Vermelha IV. La teoría asegura que América fue colonizada por dos poblaciones biológicamente distintas y que había un contingente anterior a los ancestros de las poblaciones indígenas actuales. La primera oleada llegó hace unos 14.000 años con individuos similares a Luzia, de morfología no mongoloide, parecida a la de los australianos y africanos actuales. La segunda llegó hace unos 12.000 años y sus miembros tenían características asiáticas, posibles ancestros de los indígenas actuales, según explicó Neves para la revista brasileña Pesquisa en 2012.

Luzia fue una mujer de unos 1,50 metros que vivió poco más de 20 años. Durante su vida se movió por la zona que actualmente son las afueras de la ciudad brasileña de Belo Horizonte, junto con otros congéneres cazadores recolectores. Puede que muriera víctima de un accidente o de un ataque de algún animal. Luego de 11.500 años, Brasil y el mundo se lamentan de nuevo por su desaparición.

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