Así como mejoró la eficiencia recaudatoria, también debe hacerlo el gasto financiado con impuestos, dice socio de EY

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Nº1977 - al de Julio de 2018

Los tributos deben ser un medio para lograr servicios públicos eficientes y “la redistribución social”, y no un fin en sí mismo como en algunos casos sucede en el país, afirma Fernando Reggio, socio de la consultora EY Uruguay.

“La tecnología genera transacciones más rápidamente, pero necesita gente que la asista y esa gente que pueda asistirla va a tener más posibilidades de trabajo”, sostiene. Y agrega: “El impuesto que financia la educación, si fuera eficiente, tiene que virar hacia formar ese tipo de personas que asistan a la tecnología”.

A continuación una síntesis de la entrevista con Búsqueda.

—¿Ha cambiado la finalidad de los impuestos?

—Todos en la vida tenemos determinados fines. En la vida diaria tenemos una profesión que queremos desarrollar, queremos vivir confortables, darles una buena educación a nuestros hijos, comer un asado. Eso es igual que hace 100 o 500 años. Pero van cambiando los medios para conseguir esos fines. En impuestos pasa algo parecido. La sustancia no cambia. ¿Cuál es el fin? Por un lado, una parte va para administrar los Estados y los gobiernos de forma eficiente. Salís a la calle, tenés un semáforo y distintas reglas de convivencia. Otra parte, muy importante, es para hacer una redistribución social: los que tenemos más posibilidades cedemos parte de nuestros ingresos para que personas que tienen menos pueden lograr un desarrollo parecido, que sus hijos puedan estudiar y recibir atención de salud. Eso no cambió, lo que cambió fue la forma de obtener los impuestos.

—¿En qué cambió?

—Por ejemplo, la oficina fiscal uruguaya ha trabajado muy bien en la forma de recaudar. Hace 10 o 15 años se usaba una forma de recaudar los impuestos que no era tan sencilla como ahora, que si querés pagar un domingo, podés. Y si querés presentar una declaración jurada usando la tecnología, podés hacerlo. En eso se ha progresado de gran manera, dando muchas posibilidades para que uno no deba trasladarse al lugar a pagar. La Dirección General Impositiva (DGI) se desarrolló muy bien, al igual que el Banco de Previsión Social, que también facilitó la forma de recaudar. Pero eso es solo una parte del engranaje, es un medio para obtener el fin. Uno a veces lo que termina viendo es que la oficina trabaja bien en lo que hace, pero parecería que eso fuera el fin en sí mismo, porque los impuestos no llegan con la misma eficiencia de la forma en que se recauda o trabaja. Y debería poder serlo.

—¿En qué áreas visualiza esos problemas de eficiencia?

—En seguridad no digo que no se esté trabajando, sino que no se está siendo eficiente. Tampoco la educación pública, y por eso los colegios privados cada vez ganan más terreno.

—En cuanto a la eficiencia, ¿cuánto aporta la tecnología para lograrla?

—La DGI utiliza la tecnología de muy buena manera.

La tecnología es el medio para conseguir el fin. Por ejemplo, uno escucha que cada vez menos gente trabaja en el campo. Eso es así, pero físicamente ¿Pero cuánta gente trabaja para el campo? ¿Cuánta gente está diseñando cosechadoras o pensando insumos agropecuarios? La tecnología genera trabajo. Nosotros teníamos un modelo en el que dábamos un servicio y con ese servicio nos apoyábamos en la tecnología, pero ahora progresó tanto que por sí misma ya da servicios. Antes nos asistía a nosotros, mientras que ahora nosotros cada vez más la asistimos a ella.

—Las tecnologías también provocan cambios en los requerimientos de recursos humanos. ¿La educación está teniendo en cuenta esto?

—Hoy hay que estar más actualizado porque todo cambia constantemente. Necesitamos ingenieros, gente que esté ayudando a la tecnología a cumplir su función. Todo eso son puestos de trabajo que se generan y que se van a seguir generando. Antes era muy importante saber leer y escribir, porque los puestos de trabajo de aquel momento lo requerían. Hoy ya no te alcanza con eso. Tenés que usar la tecnología, saber manejar un celular, computadoras, un montón de herramientas para estar en el mercado laboral. Tenemos que educar a la gente para que logre manejar esos medios. El impuesto que financia la educación, si fuera eficiente, tiene que virar hacia formar ese tipo de personas que asistan a la tecnología. El fin no cambia.

—¿Ese tipo de capacitación también se está requiriendo más en sectores de servicios, por ejemplo, como los ofrecidos por EY?

—Hoy tenemos empresas informáticas que dan servicios de ingeniería o de otras áreas. Nosotros, a pesar de ser una firma de contadores, necesitamos cada vez más ingenieros. Esto genera alianzas con las empresas, porque nosotros también tenemos que ser más eficientes para conseguir lo que queremos. La tecnología se nos cayó arriba y tuvimos que aprender a usarla. Hoy las empresas tenemos que estar en condiciones de tomar la tecnología y llevarla a donde queremos usarla. Lo mismo sucede en la medicina, que para determinadas curas de enfermedades utiliza la tecnología.

—¿La tecnología hará que se pierdan muchos puestos de trabajo?

—Es al revés. Se van a generar más puestos de trabajo para gente más capacitada. La tecnología genera transacciones más rápidamente, pero necesita gente que la asista y esa gente que pueda asistirla va a tener trabajo. Eso genera más evolución, más rapidez. Se viene la robótica, que va a sustituir puestos de trabajo sin ninguna duda. Pero van a aparecer otros, porque necesitamos gente que trabaje para la robótica. Hasta ahora, en el mundo sucedió eso. El mundo cambió sustancialmente y cada vez hay más trabajo.

—¿El grado de flexibilidad laboral actual en Uruguay permite hacer frente a los desafíos que plantea este nuevo escenario?

—La tecnología rompe barreras constantemente. Hoy todo es más flexible, incluso la forma de trabajar. Puedo estar trabajando ahora o esperando la hora para el médico haciendo lo mismo que hago acá con un celular, y sale más barato porque todos ahorramos más tiempo. Pero hay que educar a la gente, porque eso requiere responsabilidad. Pero va a ser así naturalmente, es incontrolable.

—A raíz de las nuevas tecnologías han surgido empresas que brindan otros servicios. Para ese tipo de firmas, ¿cambia la forma de tributar?

—Hay empresas que tienen la base de datos en otros países, pero que brindan servicios en Uruguay. Por ejemplo, ahora podemos pedir un transporte a una empresa que está situada en otro país, así como Uruguay tiene un montón de centros de servicios compartidos, donde empresas que están instaladas acá dan servicios a la región. Para ese tipo de empresas hay que modificar los impuestos porque si no, es injusto. Es injusto que una empresa que da determinada actividad pague sus impuestos y haya otra que no pague por no estar situada acá. Ahora hay reglamentaciones donde se dice que la base imponible se tributa por donde se brinde el servicio. Hoy mejoró. Pero se está haciendo cada vez más complejo reglamentar por la velocidad en que van cambiando las cosas, y en algunos sectores hay que encontrar un modelo más simple.

—¿A qué se refiere con un modelo más simple?

—Por ejemplo, se habla de gravar al sector audiovisual. Audiovisual es todo: ahora, usted me graba a mí y manda un video, y eso ya es una pieza audiovisual. A veces queremos tributar una película, pero por ahí alguien envía algo por Internet que genera los mismos ingresos que una película. Como cambia todo tan rápido, hay que llegar a un modelo más genérico de tributación, porque cuando terminamos de regular algo ya hay que regular algo más.

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