Michael Stipe

Michael Stipe estrena la canción No Time for Love Like Now desde su cuarentena

Canciones para una pandemia

5min
Nº2066 - al de Abril de 2020
Fernando Santullo

Sábado de reclusión, idéntico a cualquier otro día de la semana en estas condiciones. Salir solamente para comprar comida (uno solo), pasear al perro (también uno solo), mirar por la ventana el día que pasa mientras uno trabaja (suertudo) desde casa. Rascar el catálogo de series de Netflix, arrancar ese libro con pinta de aburrido que uno venía esquivando hace meses, esperar a que la gente del puesto de la feria nos traiga el pedido (evitar aglomeraciones). Casi lo de todos los días, desde lo que parece mucho tiempo pero en realidad es poco más de un par de semanas.

Hace unos días comencé a subir a las redes canciones que, por distintas razones, me he puesto a escuchar durante el encierro. Original siempre bauticé el asunto como Canciones para una pandemia. Subo canciones cuya temática se vincula de alguna manera con los temas de este instante: Hijos del agobio de Triana, sobre cómo lograr salir íntegro de situaciones de extrema presión; Don’t Stand so Close To Me de The Police, sobre las distancias personales; Posdata de Fernando Cabrera, sobre extrañar al otro y cómo eso es extrañarse a sí mismo. Subo una versión de Footlose en vivo, con Kenny Loggins junto con Daryl Hall y su banda, pero solo porque es excelente.

Subo también canciones que no se vinculan tanto con el momento como con intentar trazar un recorrido emocional que sirva para apuntalar mi/nuestra delicada situación emocional. No sé al resto de las personas, pero para mí esos temas que te conmovieron o que en algún momento de tu vida te abrieron puertas son siempre claves para fortalecerme emocionalmente en tiempos difíciles. Así aparece un tema de John Mellencamp (Rain on the Scarecrow) que retrata su compromiso con la cultura red neck de la que proviene; otro de Pretty Girls Make Graves (Speakers Push the Air), que recuerda con precisión y emoción absoluta ese instante adolescente en que un disco o una canción te cambiaban la mirada sobre el mundo. Por supuesto, en medio de tanta cosa sentimental, subo un concierto entero de los metaleros franceses Gojira, que te deja con ganas de salir a darle trompadas al coronavirus. Pero no, hay que quedarse en casa.

Así, subo a Twitter el tema con el que conocí a R.E.M., So. Central Rain (I’m Sorry), de 1984. En el video Michael Stipe tiene una melena enrulada que le daría envidia a cualquier rockero de los 80. Un contacto en las redes comenta “qué buena banda es R.E.M.” y sube un clip nuevísimo de Stipe, recomendando su visionado. Le agradezco y sigo con mis cosas, no lo abro ni lo escucho (aprovecho para pedirle disculpas a esa persona por no haberle hecho caso). Horas más tarde, mi hermano me envía el mismo clip por privado junto con un mensaje: “Cosas lindas que trae la cuarentena”. Esta vez sí lo abro (es mi hermano) y me dispongo a ver y escuchar.

Cámara de computadora, habitación luminosa de color verde azulado y la enorme cabeza de Michael Stipe ocupando casi todo el espacio visible. Está serio, concentrado, casi preocupado. Lleva lentes, mira hacia algún punto a la derecha del espectador y hace clic sobre algo que no se ve en la imagen. Entonces una música chiquita, mínima, comienza a sonar. Aparecen unas letras blancas que dicen No Time for Love Like Now, Stipe cierra los ojos y empieza a cantar. Su voz suena pequeña, ligeramente dubitativa, la melodía es bella y tiene ecos lejanos del tema Drive, que grabó junto con R.E.M. Me pierdo en el sonido y durante los siguientes cuatro minutos no hay pandemia, nada salvo música.

Después sabré que esta es la primera toma de voz que graba para una canción que está componiendo junto con Aaron Dessner, integrante de The National. Pero en ese primer instante quedo encandilado por la belleza deslumbrante de la voz de Stipe, por su fraseo tan personal y tan único. No es una voz potente y técnicamente perfecta, es una voz (y una interpretación) casi casual, cercana, como un amigo que canta en un fogón y que es capaz de entrarte en los huesos, agarrarte desde allí adentro con sus poderosos garfios emocionales y sacudirte, suavemente, con cariño, hasta lograr que mires el momento, el entorno, desde la perspectiva de ese señor que, con la cara casi pegada a la pantalla de su computadora, le canta al mundo desde su cuarentena. Hay algo tan bello y a la vez tan trágico en eso que no puedo dejar de mirar mientras siento que los ojos se me llenan de una pelusita que me obliga a secármelos.

La canción que canta Stipe captura de manera exacta el instante, y la (aparente) fragilidad de su interpretación resume perfectamente la fragilidad de estos días. “No hay tiempo para locos / No hay tiempo para discusiones / No hay tiempo para el amor como ahora”. La voz de Stipe, que aparentemente graba directamente en la computadora, suena despojada, inmediata y tan cercana como su rostro. Poco después de que el excantante de R.E.M. subiera su video, Dessner publicó este tuit: “Michael Stipe ha sido un gran héroe y amigo para mí (y para The National), nunca en mis sueños más salvajes me imaginé escribiendo canciones con él… pero aquí está el demo de una en proceso..., llegando a ti desde Michael aislado en casa. Espero que levante algunos espíritus”.

¿Qué es lo que vuelve tan especial un demo, por más que sea de Michael Stipe? ¿Qué cosas tiene la música que, al menos en mí, conecta directamente con zonas a las que las palabras no llegan? Y eso que en buena medida me gano la vida con las palabras. En su presentación descarnada y al mismo tiempo profundamente humana, Stipe nos confronta con nuestra propia humanidad en este momento de crisis global. A nuestras certezas y nuestras flaquezas. A todo lo que se ha transformado en estos últimos días y con todo lo que, muy seguramente, se seguirá transformando en los días por venir. A nuestra incertidumbre y al miedo a lo que nos depare el futuro. La incertidumbre de no tener claros los caminos, las soluciones, el miedo a perder seres queridos, a perder el empleo, a perder todo.

De alguna manera, a través de su música, de su interpretación, de su rostro serio, de su concentración y con su voz única e irrepetible, Stipe nos alienta a hacer lo que se debe hacer, a estar en foco, a no dejar de ser humanos, a querer aunque no podamos tocar, a cuidar aunque sea a la distancia y aunque sea quedándonos en casa. Aunque sea en soledad. Nos recuerda que somos seres sociales aunque no estemos uno al lado del otro. De todo eso habla Stipe con su canción. Por eso seguiré subiendo mi absurda serie de Canciones para una pandemia. Porque la música es una de las claves para que este drama sirva para recordarnos quiénes somos y para seguir siendo eso que somos y, quien sabe, quizá hasta ser un poco mejores. Porque el arte no es una parte accesoria de nuestra experiencia humana, sino parte esencial de aquello que nos hace humanos y que nos trajo, para bien y para mal, hasta este preciso y dramático instante.

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