Día soleado, 2015, 100x200.

Radicado en España, el artista uruguayo investiga nuevas historias; en diciembre expondrá en Galería del Paseo

Color y caos en la nueva paleta de Ignacio Iturria

5min
Nº1981 - al de Agosto de 2018

Ignacio Iturria (Montevideo, 1949) comenzó su carrera con obras en las que predominaba el blanco.  En algún momento pintó la costa española, pero cuando volvió al Uruguay, en 1984, su paleta se volvió más baja, más torresgarciana. Tuvo etapas donde trabajó con cartones corrugados y tonos de gris, que él mismo define como “tristes”. Durante muchos años también creó grandes óleos inspirados en el orden y las estructuras. A los objetos de la casa les dio características humanas e inventó sillones con forma de elefante que ya son parte del imaginario popular uruguayo. El pintor uruguayo con mayor proyección internacional está radicado en España desde hace un año, donde acaba de inaugurar una exposición en Cadaqués. Allí presentó una nueva serie de pinturas con más color y caminos hasta ahora no transitados. “La obra está marcada por el caos; tiro manchas para todos lados y después lo ordeno con la experiencia de tantos años”, contó a galería desde Cadaqués.

A pesar de que los cambios son más notorios en sus últimos trabajos, la nueva etapa de Iturria empezó hace poco más de una década. Ya en 2007 presentó una exposición en el Instituto Cervantes en París con obras que, sin ser muy coloridas, mostraban figuras desordenadas. “Salté a otra cosa, empecé a trabajar en acrílico sin texturas y le agregué el color que hacía años había dejado en suspenso”, recuerda. Sin embargo, no fue una transición sencilla. El cambio estuvo marcado por la aparición de la tecnología y la cantidad de información disponible: “Lo de ahora, todas esas luces y colores, está basado en ese mundo de tanta infinidad y búsqueda de cosas”.

Escenario pintado, 2013, 130x100.
Escenario pintado, 2013, 130x100.

También fue, para él, una forma de adaptarse a lo moderno. Mientras trabaja en cada nueva obra, el artista suele sacar fotos de la pintura con su celular para ver cómo cambia la fuerza de los colores. “Es increíble, porque me corrige el cuadro y me permite decir ‘mirá, este tono podría ser más intenso’”, explica, antes de contar que suplantó los colores que más usaba, la paleta baja, por el naranja, el rosa y el verde agua.

Una nueva inspiración

Hace tres meses, Iturria se mudó de Madrid, donde vive desde hace un año, a Cadaqués, para estar en el nacimiento de Valentín, su primer nieto. “Fue una circunstancia muy especial y emotiva”, dice el artista, al tiempo que reconoce que utilizó la experiencia como inspiración. Para él y su señora, Claudia Piñón, Cadaqués es volver a casa (vivieron allí varios años, hasta 1984). En estos meses previos a la llegada del bebé, tuvo el impulso de ir a comprar una caja de colores de esos que se suelen regalar a los niños para que hagan sus primeros garabatos. “Sin darme cuenta, me puse a trabajar e hice una cantidad de dibujos tratando de volver a esa instancia mía”, cuenta. Entonces, hizo una serie de pinturas coloridas y, sobre todo, infantiles, que piensa regalarle a su nieto cuando crezca: “Fue una especie de homenaje, una cosa para él que se podría llamar, aunque no se le puso nombre, los dibujos de Valentín”.

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Las torres, 2012, 130x160.
Las torres, 2012, 130x160.

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Poco después de terminar su nueva serie, Iturria presentó las obras en una galería en el municipio español. Algunas de las de gran formato estuvieron acompañadas por caminos de autos de juguete, que respetaban el espíritu infantil del trabajo y que tienen algo de instalación, un sello en la obra del artista. Cabe recordar que cuando representó a Uruguay en la Bienal de Venecia, en 1995, hizo una instalación que combinaba objetos y muebles creados por él y cuadros entre paredes intervenidas. Con aquel envío, ganó el premio Casa di Risparmio.

La muestra se exhibe en la Galería Iturria de Cadaqués hasta el 17 de agosto; la galería tiene un espacio dedicado al diseño, ya que la hija del artista, Catalina, está en esa área. El creador, que en los últimos años ha vivido en Montevideo —donde funciona la Fundación Iturria— pero con estadías en la selva o en distintas ciudades, y que tiene algo de trotamundos, regresará en setiembre a Madrid para presentarse en Estampa, la feria internacional de arte contemporáneo.

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El ventanal, 2012, 130x160.
El ventanal, 2012, 130x160.

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A fin de año volverá a Uruguay para armar una muestra en la Galería del Paseo, en Manantiales. “Va a ser especial porque está vinculado a una exposición que hice en Nueva York. Estuve en un museo al lado de una universidad en la que se hizo una sala con paredes y cartones corrugados para que trabajara sin límites”, dice. Esa exposición fue una suerte de proyecto interactivo en el que Iturria trabajaba ante la mirada de algunos estudiantes y del público que se acercaba. “Fue casi como una irresponsabilidad, porque iba haciendo lo que quería”, dice. En la muestra también actuó con estudiantes que tenían la posibilidad de intervenir la sala. Al final del proyecto, las herramientas y las obras quedaron en el local para que el público viera cómo era el trabajo del artista. Algo de ese espíritu probablemente aterrice en Manantiales. “Fue algo nuevo y ahora queremos hacer un trabajo similar”. Pero con Iturria, su imaginación y creatividad, nunca se sabe. Y eso es lo bueno.

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Sentado en el dinosaurio, 2013, 100x130.
Sentado en el dinosaurio, 2013, 100x130.
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