Justin Graside es el fundador del Partido Digital; busca ser diputado y que el votante tenga participación activa en los temas que se discuten en el Parlamento

“Cuando arranquemos a crecer, este partido no les va a parecer tan simpático”

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Nº2012 - al de Marzo de 2019
Por Bernardo Wolloch. Foto: Adrián Echeverriaga

En diciembre de 2018, Justin Graside, el presidente del Partido Digital (PD), le pidió a su jefe que le diera la mañana libre, que tenía un trámite que hacer en la Corte Electoral. Junto con sus correligionarios presentó más de 1.500 firmas y, 20 días más tarde, el organismo autónomo les dio el visto bueno. Ahora el PD se constituía como un partido político.

Una de las principales propuestas que trae el PD es que los ciudadanos tengan la posibilidad de formar parte de resoluciones en el Parlamento (votaciones, discusiones, tratamiento de leyes) de manera activa. Así, los legisladores que pudieran salir electos por el Partido Digital presentarán los temas votados en la plataforma online que desarrollarán para que puedan participar todos los uruguayos habilitados para votar. Innovadora y disruptiva, esta nueva propuesta busca cambiar el paradigma clásico de representación e implementaría una especie de democracia directa. Ese es uno de los eslóganes del PD. En su página afirman: “¡No necesitás que te representen!”. 

Otra de las novedades del PD es que desde la web es posible controlar las finanzas con el objetivo de ser transparentes y endilgarse el estandarte que muchos partidos quieren llevar. En una plantilla de Excel se pueden ver salidas y entradas; conocer quiénes fueron los donantes y el monto de los aportes, por ejemplo. 

Graside tiene 26 años. La Constitución establece que para ser presidente se debe tener 35 años, para senador 30 años y para diputado 25 años. A eso apunta el PD y Graside, a conseguir 25.000 votos para alcanzar una banca en Diputados y ocuparla él. En los próximos días anunciarán quién será el candidato a presidente y quién encabezará la lista al Senado, pero no forma parte de las aspiraciones en estas elecciones ni quieren que los nombres empañen la difusión de los postulados del PD. 

A pesar de ser presidente del PD, Graside trabaja en Bankingly, una empresa de software para soluciones de banca digital, bancos, ahorro y crédito, por lo que no le tiembla el pulso a la hora de hablar de seguridad de datos y transparencia. Su trabajo privado lo sustenta y asegura que no le interesa vivir de la política. Es también docente de marketing digital, de donde viene y mejor se desenvuelve, y fundador de TEDxDurazno, su ciudad natal.

Graside conversó con galería sobre el actual sistema representativo y las ideas innovadoras que buscan instaurar, la manera en que piensan hacer política y las aspiraciones del Partido Digital. 

¿Por qué sos el presidente del partido?

Porque soy quien se puso el equipo al hombro. No hubo una discusión, ni nada en particular. Fue por tiempos. Ni por cualidades ni competencias, y puede que sea más extrovertido, pero fue simplemente por quién continuó con la idea en el momento en que nació.

Uruguay tuvo un presidente llamado Duncan Stewart. En las redes se burlaron de tu nombre comparándolo con esta figura. ¿Qué respondiste? 

Vi en Twitter cuando me jodían por mi nombre. Qué voy a contestar, me divierto. Respondo con un gif. Twitter es un mundo fértil de ironía y humor sarcástico. Está bueno jugar ese lenguaje. Otras críticas parten del desconocimiento. Cuando empezás a hablar, desaparecen. Cuando se burlan de mi nombre, y bueno... Yo no lo elegí.

No podés ser candidato a presidente porque tenés 26 años. ¿A qué cargo querés acceder?

El objetivo principal es entrar con fuerza al Parlamento. Ahí no me imposibilitaría encabezar una lista a Diputados.

¿Aspirás a ascender políticamente?

No. No me interesa vivir de la política.

¿Y por qué te metiste en la política?

Me intriga el cambio que se puede generar. Puede parecer romántico o hippie, pero si está en mi poder y confío que puedo hacer cosas para que otras personas tengan más oportunidades, en este caso, que personas puedan participar en temas que les impactan y generar cambios positivos, incluso impedir cosas, creo que vale la pena. Siento que el camino es incentivar o aportar lo que pueda en el PD. Además, mi trabajo privado sustenta mis necesidades básicas y me mantiene motivado. 

¿Cómo hacés para balancear tu trabajo privado y el del PD?

Por suerte, fui ganando flexibilidad con el tiempo y los resultados. Mi jefe confía en mí. Conoce el PD, le gusta la idea y tenemos intercambios sobre el partido cuando tendríamos que estar hablando de trabajo. Agradezco esa flexibilidad y sé que soy un afortunado.

¿Algún político te contactó luego de quedar inscriptos en la Corte Electoral?

Nunca tuve problema de hablar con nadie. No siento que se abrió un mundo nuevo para mí. Sí me tocó hablar con muchos representantes y diputados que nos desearon suerte o lo ven como una idea simpática porque todavía no está haciendo ruido. Cuando arranquemos a crecer, no les va a parecer tan simpático. Es claro que la intención del PD no es hacer alianzas ni trabajar con ninguno, vale aclarar. Hay muchos que nos dicen que no están de acuerdo, lo cual me parece bastante bueno. Uno de los candidatos presidenciales me mandó decir que no tenga un discurso tan antisistema y para mí fue una reafirmación de que lo que decimos está bien.

¿Quién fue?

Lacalle Pou. Fue una reafirmación que uno de los referentes del sistema diga que soy antisistema. Internamente me legitima, aunque no significa nada ni fue un reconocimiento. Puede que peque de soberbio, pero no me interesa que los políticos nos conozcan o tengan una opinión favorable o negativa de nosotros. Nuestra validación viene de tener más de 25.000 votos en las elecciones que viene para entrar en el Parlamento; viene de la gente común y corriente.

¿De dónde van a sacar los votos?

Hay dos o tres nichos importantes a los cuales vamos a hablarles primero. A todos les podemos agregar valor, pero principalmente a aquellos desencantados con el sistema político en general. No a candidatos o partidos específicos, porque por algo se enamoraron de esas opciones, pero sí a aquellos que nunca se quisieron meter porque veían la política como corrupta, poco transparente y que sacaba tiempo. A esas personas, muchas valiosas que quedan por fuera, el PD les da una opción y les agrega valor para que participen. Incluso pueden aportar desde su lugar en la campaña. No es necesario marcar hora en el comité ni alcahuetear al político de turno.

¿Cómo garantizan que el representante cumpla con lo que se vota en la plataforma digital del PD? En el Frente Amplio hay veces que la disciplina partidaria no se logra, por ejemplo.

Tenemos varias cosas para resguardarnos. En nuestra carta orgánica decimos que quienes sean candidatos a Diputados deben tener cierta antigüedad en el partido para evitar paracaidistas que no confíen en la idea. Sabemos que si eso pasa, es la muerte del PD. Ninguno de los que encabezamos el partido quiere trabajar de esto. Si fuera por trabajo me quedo en Bankingly y tendría muchos menos puteríos, perdón la palabra, que metiéndome en este camino. El PD es un proyecto a mediano y largo plazo. Si nuestro representante no acatara la postura de la plataforma, sería un suicidio político apresurado. Implicaría una expulsión inmediata. También contamos con un tribunal de ética. Está en nuestra web y es cómo nos presentamos en la Corte Electoral. Vamos a estar arriba de los representantes. 

En caso de que salgas electo, la gente podrá votar proyectos que se diriman en Diputados. ¿Esa persona no debería tener información previa, documentación o uso de la razón antes de votar? 

Sí, claro.

¿Y cómo se hace para verificarlo?

Ese es el desafío más grande que vamos a tener. Cuando hablamos de bajar la barrera de participación, no entendemos la participación como simplemente votar, como tampoco entendemos la democracia como simplemente votar. El desafío es que más gente participe, dándole la información lo más accesible posible para que cualquiera pueda entender. En todo debate, una vez que todos tengamos la misma cantidad de información, la decisión termina fallando según lo que uno piensa, sesgos ideológicos o experiencias personales. 

¿Pero cómo se puede garantizar que el votante maneje esa información?

Vamos a disminuir las posibilidades de que ocurra el voto desinformado. No podemos hacer que la gente estudie y luego tomarles pruebas. Y tampoco ocurre cuando se escoge a un presidente. Todos nos creemos grandes pensadores cuando elegimos, con votos muy racionales, pero muchas decisiones se toman a través de la emoción. No lo justifico, marco un hecho. La emoción la tomamos a partir de antecedentes y lo que sabemos. Ahí entra el PD: cada votación que se lleve al Parlamento, se le brindará información en formato video, debate con expertos, por ejemplo, para ver qué opiniones existen y de esa forma incentivar la participación cada vez más educada. Va a ser un trabajo constante, eso está claro. Me imagino al despacho del PD en el Parlamento sin el mobiliario tradicional y convertido en un estudio de filmación para que se trabaje constantemente en la generación de contenido educacional para la ciudadanía.

¿El PD rompe con el paradigma clásico de la representación, con todo lo que ello implica?

Sí, claro. 

¿Lo ven como algo positivo?

Sí. Tengo una remera que dice: “Soy mi mejor representante”. No porque sea yo, sino porque no hay nadie que represente mejor las necesidades de cada persona, los problemas que tiene.

¿No es una manera de echar por tierra, por ejemplo, a los padres fundadores de Estados Unidos, en especial a James Madison, que entendía que la democracia directa desa-taba pasiones populistas y la creación de facciones en detrimento de la democracia representativa, que a través de la razón fría y deliberativa enfriaba exaltaciones?

Creo que el sistema representativo ya tiene efectos adversos, como la influencia de los lobbies, provenientes de distintas actividades partidarias, o jugadores que tratan de influir los votos. Se dice que el 1% tiene acceso a influir el poder y eso provoca que la toma de decisiones no sea representativa. No se busca que un sistema esté al servicio del 99%, sino del 100%. Puede ser un freno para tomas de decisiones apresuradas o malas decisiones, pero el desafío está ahí. Si aprovechamos la infraestructura tecnológica, que la tenemos, y hace 10 años el PD era una locura, hoy se puede adquirir el conocimiento mínimo para participar y la posibilidad para hacerlo. Hoy el representante no es el más instruido, tenemos generalistas. Es estúpido pensar que una Cámara de Representantes o Senadores integrada con la misma cantidad de personas que hace 100 años pueda manejar la información que se duplica cada 18 meses en el mundo. Por cada tema se van a dar microliderazgos. 

En Los papeles federalistas, Madison decía: “Si todos los ciudadanos atenienses hubieran sido Sócrates, cada asamblea ateniense habría sido una mafia”, en referencia al voto directo o al hacer la voz efectiva de un grupo al instante.

Los tiempos no se van a alterar. No es inmediato. A veces se pasa meses de sesión en sesión mientras se deliberan los proyectos de ley. No vamos a acelerar esos procesos, no vamos a cambiar el sistema. No somos antisistema ni anarquistas. El PD respeta ese lapso y debate y lo va a incentivar. Cuando un proyecto de ley pase de una cámara a la otra o a comisiones, todos esos nuevos insumos se van a llevar en la plataforma y se le va a preguntar a la gente qué piensa o si desea cambiar su voto. Ese debate va a estar.

La posverdad o la desinformación que circula por plataformas como Facebook o Twitter o los argumentos inflamatorios y persuasivos capaces de producir una rápida opinión podrían convertirse al instante en un voto en su plataforma. ¿Cómo evitarlo?

Incentivando el debate y actividades dentro de la plataforma con invitados idóneos. Este mes vamos a salir con mesas y sillas a la vía pública a invitar a cualquier vecino que pase a pedirle su opinión sobre temas con moderadores para fomentar el debate.

¿El PD busca mejorar la democracia uruguaya?

Es una consecuencia de lo que plantea. Busca darles más poder en el día a día a todos los uruguayos.

Grandes periodistas estadounidenses dejaron de cubrir política en Washington para mudarse a San Francisco y ver qué hacen los gigantes tecnológicos como Google o Facebook entendiendo que funcionan como nuevos centros de poder. ¿No ocurre algo similar con el PD, una descentralización del poder del Parlamento a su plataforma, por ejemplo?

Creo que es una circunstancia de los tiempos que vivimos. Ahora estoy terminando de leer El fin del poder, un libro de Moisés Naím, exministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, antes de la masacre que está pasando ahora. Trata de cómo el poder se está debilitando en gobiernos, empresas y Parlamentos. Lo veo como algo normal de nuestra época. Procesos que el PD aprovecha, pero tampoco los alabamos ni decimos que son superpositivos.

Hay algunos integrantes del PD que son empresarios de peso provenientes del mundo de la innovación, el software o empresas tecnológicas (entre ellos, Eduardo Mangarelli y Ariel Pfeffer). Ahí puede radicar esa sensación de corrimiento de poder.

Creo que sí, pero no lo veo ni positivo ni negativo. Los grandes centros de poder como Amazon, Facebook o Google tienen muchas cosas de las cuales estoy totalmente en contra, como las prácticas de falta de privacidad o sacarles poder día a día a las personas dándoles ilusión de poder. No son positivos de por sí, y hay que ser muy críticos, pero el poder que puede otorgarte tener Facebook, usar Google o Amazon es mucho mayor que el que teníamos en los sistemas tradicionales de poder en los gobiernos más importantes. 

En el sistema que está desarrollando el PD una persona verificada con su celular y su credencial podrá votar los asuntos parlamentarios y decidir la postura que el PD tome en el Parlamento. Es probable que todos los partidos incentivarán a que se vote en la plataforma para, por ejemplo, obtener el voto número 50.

Esperemos que eso pase. Va a ser la mejor estrategia de adquisición de usuarios para la plataforma. Ahí ganamos todos. Va a venir gente de la derecha y de la izquierda. En un país tan dividido, seguramente haya cierta compensación en esa lucha. Vamos a ganar por la gente que está participando. Gente trae más gente. 

En ese caso no estaría representado el ciudadano que les dio el voto en octubre.

Se va a representar a ese y a muchos más. La mano de ese representante capaz que vale un voto, pero el voto simbólico de quienes están atrás no es de los 25.000 que lo pusieron ahí, sino de los que votaron en la plataforma.

¿Te parece negativo que una persona vote cada cinco años?

Creo que es un tiempo muy largo para los cambios que se dan ahora. Hace diez años no teníamos smartphone con pantalla táctil ni WhatsApp. Todos esos cambios ocurrieron en dos períodos y una persona pudo haber votado solo dos veces. Es impensado e incompatible con lo que ocurre hoy. Esta iniciativa responde a la dinámica de lo que hoy sucede con la tecnología.

¿Qué aportará PD al Parlamento?

Va a proponer ideas que no están identificadas con la izquierda o la derecha. Va a ser una presión positiva al resto de los representantes para mejorar el trabajo, va a elevar la vara, traer nuevas ideas y más transparencia. Esa es otra de nuestras banderas: seremos los primeros en contar todos nuestros procesos y en botonear lo que los demás hagan mal.

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