Consultoría de sueño, un servicio que orienta a los padres ante las dudas y los problemas a la hora de hacer dormir a sus bebés

Cuando las noches son eternas

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Nº2029 - al de Julio de 2019
por Clementina Delacroix

“¡Bienvenida a la maternidad! Ahora todo lo que hagas estará mal para alguien”. Esta frase, muchas veces dicha en tono de broma, tiene como casi todo en el humor componentes de verdad. La maternidad a veces llega acompañada de una mochila pesada: la culpa y la constante interrogante de si se están haciendo las cosas bien. La paternidad, en cambio, parece estar acompañada de una carga más liviana, pero tal vez la explicación radique en que las mujeres comienzan a llenar y cargar su mochila nueve meses antes que los hombres.  

Para los padres primerizos resulta difícil sentir que están haciendo lo que de verdad quieren y no lo que se espera de ellos. Hoy, el mayor y más fácil acceso a la información  ayuda a llegar mejor preparados al nacimiento y, más allá de cada situación, la gente se está animando más a preguntar, consultar, llamar a expertos y pedir ayuda. 

La variedad de cursos, talleres y clases es enorme. En Uruguay, los más populares son las clases de primeros auxilios para bebés, las consultorías de lactancia, los cursos de masaje infantil y las consultorías de sueño. 

Justamente, la hora de dormir suele ser una de las instancias que más dudas genera en la primera etapa de la vida de un bebé. Varios estudios internacionales señalan que tres de cada cuatro niños de cero a 10 años tienen en algún momento problemas de sueño. Además, hay indicios que demuestran que un bebé que duerme mal va a ser un niño que duerme mal y un adulto que duerme mal.

Luciana Jinchuk.
Luciana Jinchuk.

“Cuando entré en el mundo de la maternidad sentí que iba a ser fácil, que estaba preparada y que sabía dónde me estaba metiendo. Resultó que no”, explica Luciana Jinchuk, creadora de Volver a Dormir, recordando la época posterior al nacimiento de su primera hija, Eva. Al principio Eva dormía tres o cuatro horas de corrido, pero con los meses empezó a dormir menos, hasta el punto en que en la noche se despertaba una vez por hora. No solo Eva estaba irritable porque no descansaba, Luciana y su esposo estaban agotados, frustrados; se había alterado toda la dinámica familiar. Un día dijo basta, se compró un libro sobre sueño infantil y logró comprender que su hija se estaba despertando porque no se sabía volver a dormir en los “micro despertares”, que son totalmente normales, no estaba pudiendo unir ciclos de sueño. “La ayudamos, aprendió, descubrimos otra niña que estaba detrás del cansancio. Y entonces dije: ‘Esto se tiene que saber’”, recuerda. Ese aprendizaje no solo cambió su realidad inmediata —dos semanas más tarde Eva dormía de corrido—, sino que cambió toda su vida: se formó como consultora de sueño, dejó su trabajo de contadora y ahora ayuda a familias que están viviendo problemas similares a los que ella ya superó. 

“Es normal que los niños no duerman, eso no quiere decir que no hay nada para hacer”, explica Jinchuk, que desde que comenzó a trabajar formalmente como consultora de sueño en 2017 ya ha asesorado a más de 500 familias en Uruguay y el exterior. Su trabajo consiste en ayudar a las familias a entender el sueño de bebés y niños de hasta 5 años. Para hacerlo, trabaja remotamente dando clases online para embarazadas o padres de recién nacidos de hasta tres meses, clases para padres de bebés de tres o cuatro meses, atiende dudas puntuales por teléfono y a partir de los cinco meses de vida desarrolla junto con las familias planes de acción para casos particulares. Para armar un plan, debe interiorizarse con la dinámicas de cada familia y detectar los comportamientos que están llevando a los problemas de sueño. 

“Nadie le da importancia al descanso y la realidad es que es igual de importante que la alimentación”, asegura la especialista. El problema, explica, es que para los padres hay caminos de acción que pueden ser intuitivos y otros que no. Por ejemplo, pueden suponer que es recomendable atenuar las luces cuando se intenta hacer que un niño duerma y esto está bien, pero también parecería lógico que si el niño no duerme durante el día va a dormir mejor durante la noche, y sin embargo esto no es así. Todo lo contrario, comenta Jinchuk, si no descansa en el día llega a la noche sobrecansado y no logra dormir. 

Según datos de la Academia de la Medicina del Sueño de Estados Unidos, lo recomendable es que los bebés de cuatro a 12 meses duerman de 12 a 16 horas cada 24 horas (incluyendo siestas) de forma regular; que los niños de uno a dos años de edad duerman entre 11 y 14 horas cada 24 (incluyendo siestas), y que de tres a cinco años se duerma de 10 a 13 horas. Los beneficios de un buen y prolongado sueño incluyen mejor atención, comportamiento, aprendizaje, memoria, regulación emocional, calidad de vida y mejoría en la salud física y mental. Por el contrario, los niños que no duermen lo suficiente durante varias noches están expuestos a un mayor riesgo de lesiones, hipertensión y obesidad.

Los mitos que circulan por el boca a boca tampoco ayudan. El mito del complemento: “Dale una mema bien cargada de complemento y vas a ver que duerme toda la noche”, “vas a ver que cuando empiece a cenar te empieza a dormir toda la noche” o “acostalo bien tarde así se levanta más tarde”.  

Jinchuk insiste en que es fundamental pedir ayuda a amigos o familiares cuando los padres están muy casados y en que los hijos son diferentes entre sí.  “Yo trabajo con padres de mellizos que uno duerme bien y el otro se levanta toda la noche, y son mellizos, se criaron al mismo tiempo”, dice. Las soluciones a los problemas tienen que ver tanto con el contexto como con el niño, lo bueno es que en 95% de los casos es un tema de cambiar los hábitos, no un tema médico. 

En su opinión, la rutina es la clave. “Es fundamental, los niños dependen muchísimo de las rutinas. Pensá que ellos vienen de la panza, un ambiente muy idílico, y se encuentran con el mundo y para ellos cada día es algo nuevo a medida que crecen y se desarrollan. Tener las rutinas les da mucha seguridad. El tema de los horarios ideales, de la luz natural y la oscuridad, cuando afuera es de día el cuerpo entiende que hay que estar despierto, cuando es de noche entiende que hay que dormir, entonces si no respetamos ese reloj biológico también eso puede llegar a afectar. Hay muchas cosas a tener en cuenta“. 

Mientras el descanso no se acumula, la deuda de sueño sí es acumulativa. Eso, a largo plazo, termina pasando factura en la salud, el humor y hasta en la forma de ser de los niños, y también de los padres que tampoco logran descansar. El sueño se divide en cantidad de horas y calidad del descanso. Si el sueño se fragmenta mucho, entonces la calidad del descanso se ve comprometida.

Finalmente, Jinchuk vuelve sobre un tema que los padres conocen bien, pero a veces es difícil de aplicar: los límites. Hay que priorizar el descanso de los niños y poner límites no solo a sus hijos, sino a sí mismos y al entorno más cercano, porque en una casa sin límites es muy difícil establecer una rutina.

15 consejos útiles de Volver a Dormir

· Horarios: son mucho más importantes de lo que puedas imaginar.

· El sueño debe ser en un lugar tranquilo y no en movimiento. El movimiento no permite alcanzar el sueño reparador.

· El ambiente de sueño óptimo es oscuro, cómodo y seguro.

· El niño se va a dormir relajado con rutinas que le dan seguridad y tranquilidad.

· Los bebés se distraen fácilmente, saquémosles estímulos para ayudar a conciliar el sueño.

· La hora de dormir es entre las 18 y 21 horas (depende de la edad del niño y de sus características personales y familiares, pero suele estar en ese rango para niños de más de 4 meses)

· Los primeros días de un recién nacido son para establecer una buena lactancia noche y día, todavía no hay que fijarse en horarios ni rutinas.

· El sueño diurno es tan importante como el nocturno. Un recién nacido no debería pasar más de una hora de corrido despierto durante el día, dormir mucho durante el día lo va a ayudar a descansar mejor de noche.

· Los recién nacidos pueden pasar entre 14 y 20 horas durmiendo.

· Sueño seguro: en una superficie firme, sin almohadas, bumpers, peluches o frazadas, dormidos sobre su espalda (boca arriba). Nunca quedarse dormido con el bebé en brazos.

· Elabora un plan: si tu bebé tiene más de 5 meses ya tiene la capacidad de hacer todos los días las mismas cosas a la misma hora. El plan debe contemplar horarios, rutinas, siestas, ambiente de sueño, muletillas de sueño y forma de dormir.

· La duración de la siesta de un bebé de hasta cuatro meses inclusive es de entre 20 y 120 minutos. En cambio, en niños de más de cuatro meses las siestas duran mínimo 50/60 minutos.

· La temperatura ideal en el dormitorio es de entre 20 y 22 grados. Para saber si tiene frío tocarle la carita o la nuca; las manos siempre estén más frías que el resto de su cuerpo.

· En niños de más de cinco meses la mini siesta (esa en que el bebé queda dormido justo antes de su hora de siesta habitual) es el principal enemigo de las siestas consolidadas. Esos pocos minutos de sueño son suficientes para que ya no quiera dormir más luego, pero no son suficientes para que se considere un sueño reparador.

· Si se despierta llorando le faltó dormir más.

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