Brooklyn Nine-Nine va por la sexta

Brooklyn Nine-Nine tendrá nueva temporada

Cuando Locademia de Policía sale bien

4min
Nº1998 - al de Diciembre de 2018
Fernando Santullo

Algunas series son un golazo desde el primer instante de su capítulo piloto. Todo lo que luego se desarrollará y capturará la atención y el favor del público ya está ahí. Y hay otras que no, que en su primer capítulo aún están tanteando los pesos específicos de los ingredientes del cóctel y no parecen tener del todo claro cuál será el tono del show.

Algo así pasó con el arranque de esta serie: su primer capítulo era dubitativo, pero el segundo aclaró un poco las cosas, aunque los ingredientes todavía no estaban seguros. Tanto, que cuando llegó el chiste final, decidí dejar de verla.

Sin embargo, eso hubiese sido un gran error. Porque Brooklyn Nine-Nine, que está colgada en Netflix, es una de las mejores comedias recientes de la TV, que de yapa ofrece una mirada alternativa y poco transitada en la ficción policial. Una comedia de situación en un precinto policial de este borough neoyorquino. Una que ha logrado picos de humor inteligente, ácido, sin concesiones y que a la vez desarrolla los aspectos de sus personajes de manera cálida y humana. Y sin perder jamás el centro gravitacional: el humor.

Los personajes son presentados sumariamente en el primer capítulo: Jake Peralta es un detective tan inteligente y resolutivo como infantil. Lo acompañan los detectives Amy Santiago, Charles Boyle y Rosa Díaz. Todos ellos bajo el mando del sargento Terry Jeffords y del recién llegado capitán Raymond Holt. Los acompañan la empleada civil Gina Linetti y de manera permanente desde la segunda temporada los perezosos y bizarros detectives Michael Hitchcock y Norm Scully.

Con ese material y usando una sola cámara, los creadores y ocasionales guionistas Dan Goor y Michael Schur se las apañan para crear toda clase de situaciones a caballo entre la investigación policial convencional y el carácter delirante de sus personajes. Al tiempo que la mayor parte de los casos son poco gloriosos (el robo de una bicicleta, una pelea en un bar), los personajes van revelándose como únicos en su especie: Peralta no puede con su espíritu burlón, ni siquiera en las situaciones más peligrosas; Santiago es organizada y neurótica hasta lo patológico; Terry es un consumidor compulsivo de yogur y sus hijas gemelas se llaman Cagney y Lacey; Boyle es un admirador irredento de Peralta y al mismo tiempo un gourmet de las comidas más exóticas y aberrantes que se pueden conseguir en Nueva York (es decir, las más aberrantes).

Lo más interesante es lo que aparece cuando los protagonistas desarrollan parcerías, siendo la que se construye entre Peralta y el capitán Holt la más relevante, tanto por su efecto en la historia como por la química visible que estalla entre el megahistriónico Andy Samberg (Peralta) y el absurdamente inexpresivo André Braugher (Holt). No son menores los chispazos que saltan de las interacciones entre Samberg y Joe Lo Truglio (Boyle), Braugher y Terry Crews (el sargento Jeffords), Melissa Fumero (Santiago) y Chelsea Peretti (Linetti). Por no mencionar el crecimiento de Hitchcock (Dirk Blocker) y Scully (Joel McKinnon Miller) a partir de su incorporación regular al elenco.

Más allá del puñado de muy buenas actuaciones, la serie se sostiene en los excelentes guiones de los creadores Goor y Schur, del canadiense Norm Hiscock (The Kids in the Hall, Parks Ad Recreation), de los recurrentes Luke del Tredici, Gabe Liedman y Laura MacCready y de otra docena de autores. Todos ellos caminan con elegancia y mucho salero por esa delgada senda que les permite operar en clave humorística sobre situaciones que en la realidad suelen ser mucho más dramáticas. Desde una perspectiva que se plante estrictamente en terrenos del policial procedure, los guiones resultan sencillos y la resolución de los casos que se plantean es relativamente banal. La gracia reside en cómo el equipo responsable de los textos logra que ese aspecto policial del show fluya y se mezcle de manera adecuada con la catarata de bromas de todo tipo que derrocha cada capítulo.

Y es en este punto donde reside lo específico de Brooklyn Nine-Nine: el costado humano de sus personajes, de las situaciones que atraviesan, si bien es mostrado en el marco del humor, nunca es desvirtuado por este. Peralta, Holt y el resto son siempre profundamente humanos detrás de la máscara de bufón. Por más que ese aspecto sea matizado y al instante surja una nueva situación absurda o un comentario ridículo.

Las primeras cuatro temporadas de Brooklyn Nine-Nine se pueden ver en Netflix. La quinta, que concluyó en Estados Unidos hace unos meses, aún no ha llegado por aquí y la sexta, actualmente en producción, será lanzada en mayo de 2019 por la cadena NBC, quien compró la serie al día siguiente de que Fox la cancelara en mayo de este año. Vale la pena darle una oportunidad a una de las mejores comedias televisivas de los últimos años.

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