La decana de la Facultad de Ciencias, que asumió en octubre de 2018, conversa con aspirantes a científicos en la sala del Consejo

“Por un lado alentamos la inserción y el desarrollo de la mujer en la ciencia y por otro ellas abandonan fácilmente porque no tienen resuelto el cuidado de sus hijos”, planteó Mónica Marín

Decana de Ciencias crea una guardería en la facultad para facilitar el desarrollo de las mujeres científicas

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Nº2007 - al de Febrero de 2019

Una veintena de jóvenes aspirantes a científicos, en su mayoría mujeres, se ubica en torno a la mesa de la sala del Consejo de la Facultad de Ciencias en la mañana del martes 5 para despejar dudas sobre su ingreso a la universidad en la generación 2019. En una de las cabeceras de la mesa recibe las consultas, pregunta y modera la flamante decana Mónica Marín, acompañada por un grupo de asistentes, docentes y estudiantes, en lo que ya es una tradición de esta facultad, impulsada por su decano saliente, Juan Cristina: un cara a cara entre las autoridades y los futuros alumnos para “calibrar”, “entusiasmar” y también “administrar” las expectativas profesionales y laborales previo al comienzo de la carrera.

“Esta es una facultad pequeña si la comparamos, por ejemplo, con Medicina y eso permite una mayor proximidad entre los estudiantes y los docentes, y un mejor diálogo entre los investigadores y entre las ciencias”, arranca Marín, profesora de Bioquímica que se estrenó como decana el pasado 25 de octubre, tras ser elegida un día antes por la Asamblea General del Claustro de la facultad hasta 2022, propuesta por los órdenes de docentes y estudiantes como candidata única.

La mayoría de los aspirantes se interesan por las áreas de neurociencia, botánica, oceanografía, matemática, física, bioquímica, biología humana y ciencias de la atmósfera; algunos ya tenían experiencia universitaria. “Es difícil que al salir del liceo se tenga clara vocación por una carrera; aunque haya excepciones, se llega a la etapa universitaria sin saber exactamente qué se hará”, sigue la decana, y tranquiliza: “Hoy, en general, hay más facilidad para cambiar de carrera dentro de la facultad y de la universidad”, porque los planes académicos son más flexibles y se reconocen más créditos por áreas, y eso supone una motivación adicional y le quita dramatismo a la decisión.

“Nunca será tiempo perdido lo que hayan aprendido en otra carrera o facultad, porque acumula”, dice Marín, ante la inquietud formulada por un par de alumnos del interior. “Ya entré y me gustó”, dice, entre risas, una aspirante a bióloga, mientras se sirve una galletita dulce.

Un tema que sí preocupa a la decana, según dirá luego a Búsqueda, es el nivel de inserción de científicos en el conjunto de las empresas estatales (UTE, Antel, OSE) y en la administración central, que hoy es menor al 12%. Por otro lado, un 4% trabaja en el sistema de enseñanza pública, y apenas el 17% logra insertarse en el sector productivo privado del país.

Ciencias tiene unos 500 ingresos de alumnos por año y allí se reciben otros 150; registra 3.600 estudiantes de grado y 700 de posgrado, con 600 cargos docentes y 120 funcionarios. Un 90% de los egresados de la facultad tiene empleo.

Otro desafío es el fenómeno de la emigración científica: una cuarta parte de los graduados de Ciencias deja el país por ofertas del exterior, y pocos retornan, según estimaciones oficiales. De acuerdo a un censo de la facultad, el 70% de sus graduados creen que la formación recibida es de calidad. Pero cuando se les pregunta si la capacitación se ajusta a la demanda laboral esperada, menos del 20% responde que sí (Búsqueda Nº 1.991).

A la decana también le resulta insuficiente la inversión en investigación y desarrollo, que durante estos años se ubicó en 0,35% y 0,36% del Producto Bruto Interno (PBI).

“Si pensamos la ciencia en Uruguay para los próximos 20 años, es necesario plantearse objetivos reales y concretos, porque cualquier otra cosa es absurda en un momento de limitación presupuestal importante. Lo primero es definir los objetivos, definir qué tipo de facultad y de ciencias queremos entre todos y después buscar la plata, porque sin objetivos claros terminamos peleando por la plata”, dijo Marín, docente desde 1986 y que estará a cargo de la formación de los científicos uruguayos hasta 2022.

Marín es profesora titular de la Sección Bioquímica del Departamento de Biología Molecular del Instituto de Biología, vivió ocho años en Francia, donde hizo su carrera y terminó el doctorado. 

Ciencias tiene unos 500 ingresos de alumnos por año y allí se reciben otros 150; registra 3.600 estudiantes de grado y 700 de posgrado, con 600 cargos docentes y 120 funcionarios.

Un 90% de los egresados de la facultad tiene empleo; casi la mitad de ellos (45%) se desempeña en la Universidad de la República como docente o investigador, mientras un 22% trabaja en organismos públicos, en gran medida en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.

Guardería, arma democrática

Entre las prioridades de su decanato (2018-2022), Marín señaló la construcción de una guardería extraescolar, de cero a tres años, en el predio de la Facultad de Ciencias destinada a cuidar a los hijos de quienes integran la comunidad educativa, del Instituto Pasteur y también de algunos vecinos del barrio de Malvín Norte, donde se sitúa el enorme edificio, una mole de 16 pisos próxima al Instituto Pasteur. De un relevamiento interno de docentes y funcionarios, surgió ese reclamo, contó Marín, y constató que la cantidad de aspirantes superaba ampliamente la oferta de 100 cupos habilitados en el marco de un convenio con el Sistema de Cuidados del Ministerio de Desarrollo Social, que apoya con un monto fijo.

“Este es un problema fuera de agenda pero a su vez estratégico, porque si por un lado alentamos la inserción y el desarrollo de la mujer en la ciencia y por otro ellas abandonan fácilmente porque no tienen resuelto el cuidado de sus hijos y tienen que conseguir otro trabajo… Y lo mismo ocurre con los estudiantes. Parece tan básico, pero no es pavada. Hasta que no vi los números con nombres y apellidos no caí en la cuenta”, afirmó la decana.

“Me gustaría ver esto encaminado, porque se trata de un arma democrática para el acceso y la permanencia, y por el lugar de la mujer en la sociedad y en la ciencia”.

Marín también anunció medidas para una “mayor inclusión social” de la facultad en el barrio y en la sociedad, y de “visualización” del trabajo científico. “Esta facultad tiene que salir a mostrarse. Este no puede ser un lugar cerrado, aislado y misterioso”, dijo. Y citó un proyecto programado para mayo con el Centro de Fotografía de Montevideo para instalar una fotogalería sobre el enrejado del recinto universitario para exponer al público lo que hace la facultad, entre otras iniciativas.

Las inscripciones de la facultad para la generación 2019 comienzan el lunes 11, jornada en que se celebra el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, iniciativa de la ONU para promover la participación equitativa en la ciencia. Entre tanto, hoy jueves 7 y durante todo febrero Marín mantendrá encuentros con otros aspirantes.

“Mientras se vea a esta facultad y a la ciencia como una cosa extraña, muy distante o alejada de la realidad cotidiana, no se puede pretender más presupuesto y apoyo”, dijo.

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