Las exposiciones de artistas plásticos locales combinadas con talleres gastronómicos dictados por la chef Clo Dimet y actividades deportivas renuevan la propuesta de la posada Paradiso, en José Ignacio

Descanso bohemio

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Nº2003 - al de Enero de 2019
fotos: Luciano Dogliotti
La chef Clo Dimet es la propietaria de Posada Paradiso.

Está en una zona que parece escondida. A pesar de que José Ignacio es uno de los pueblos más visitados de la costa esteña, en la Posada Paradiso no se oye el ruido de los autos, que suelen estacionar a pocas cuadras por su cercanía con la playa. Tampoco se percibe la música que sale de los pequeños parlantes que los jóvenes colocan frente al mar para pasar la tarde. Lo único que se escucha es el ruido de los pájaros y de algunos insectos que rondan los árboles y las enredaderas que protegen esta rústica casona. “Aquí queremos conservar el espíritu de José Ignacio y reunir a amigos y clientes que quieran desacelerarse un poco”, dice Clo Dimet, la chef puntaesteña que abrió la posada hace ocho años. Con austeras habitaciones pintadas de blanco, una pequeña huerta y una recepción con enormes mesas de madera, este sitio se convirtió en punto de encuentro para músicos, bohemios y cocineros que llegan desde América Latina y Europa en verano. “Esa comunión de personalidades tan disímiles y atractivas hace que el espacio se vuelva tan especial”, agrega.

Entre el arte y lo local. Desde que abrió en su primera temporada, hace ocho años, la Posada Paradiso se transformó en un rincón que mezcla la rusticidad del pueblo —ubicado a poco menos de 20 kilómetros de La Barra— con el talento de artistas uruguayos y una cocina gourmet salpicada de influencias de Oriente. Ya en el primer verano se expusieron esculturas de Carlos Algorta, y algunas de ellas aún permanecen en la recepción. Distinguidas a la distancia por la característica rusticidad del artista, estas piezas de madera están acompañadas por una selección de linos antiguos confeccionados en Europa del Este en 1800, que también pueden adquirirse en la posada.Esta temporada habrá muestras de cuatro artistas para mostrar el talento local. “Efectuamos una selección que deja ver lo mucho que se está haciendo”, dice Dimet. Autodefinida como una galería de arte, muebles y textiles, esta posada exhibirá los trabajos de los artistas plásticos Martín Silva y Martín Pelenur. En febrero también se presentará una muestra de Juan Juanito Conte y obras realizadas con plástico reciclado por Adriana Rostovsky, además de objetos de Aarón Hojman.

Un sabor, tres deportes. En Paradiso, la rusticidad de las paredes de madera y la simpleza de las habitaciones también se traslada a la cocina. En este espacio aparece el estilo de Clo Dimet. Inspirada en los platos de Europa del Este, los fines de semana de febrero esta chef dictará talleres de cocina libanesa, hindú y marroquí con variaciones de menús étnicos. En estas clases, que terminan con una cena en la que se prueban los platos preparados, también se enseña a usar especias para saborizar las comidas. “Acá, en Uruguay, tenemos otro perfil y somos más carnívoros, entonces no las usamos mucho”, dice Dimet.En la posada, que admite niños y perros, se dictan clases de deportes acuáticos como el kitesurf, el surf y el paddle surf, que se practica encima de una tabla con una pala para acompañar los movimientos. Hay también clases de tenis y se promueve el estilo de vida saludable con ejercicios de fitness y yoga. Así, los turistas se hospedan en una posada que mezcla el bienestar con el arte y el amor por la cocina. “La gente quiere conectar con la naturaleza, disfrutar la gastronomía y el aire libre. En la noche, los que vienen a la playa por el día se van y el pueblo conserva su esencia”, asegura Dimet.

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