Más allá del consultorio, la psicóloga y sexóloga uruguaya Agustina Fulgueiras apuesta a Instagram para despejar dudas y derribar mitos

“Descubrimos que no necesitamos el pene. Suma, pero no nos cambia la vida”

10min 1
Nº2025 - al de Junio de 2019
Por Patricia Mántaras. Foto: Adrián Echeverriaga

Agustina Fulgueiras es psicóloga y sexóloga. Tiene 26 años y ejerce desde no hace tanto, pero partiendo de que 80% de los problemas sexuales se resuelven simplemente con información, se propone ponerla a disposición en sus redes sociales de una manera amigable, didáctica y al mismo tiempo contundente. Y sus seguidores lo agradecen.

Aún hoy, que el sexo parece practicarse con mayor libertad y menos prejuicios, sigue siendo tabú consultar a un sexólogo. “Cuesta mucho. Incluso con algunas disfunciones, como la disfunción eréctil o anorgasmia, las personas pasan mucho tiempo sufriendo antes de consultar. Piensan que, como no se habla de estos temas, son los únicos que tienen el problema. Además, cuando la gente habla de sexualidad siempre es: ‘Todo bárbaro, espectacular, terrible frecuencia”, contó la sexóloga. Algunas veces por iniciativa propia, y otras por insistencia de su pareja, discretamente se acercan a la consulta, y es allí donde otro 15% encuentra los mecanismos para superar el problema. Una de las bases de la terapia es trabajar, además de las experiencias personales, las creencias falsas que, muchas veces, de tanto repetirlas se han convertido en mitos.

¿Todavía hay mucho desconocimiento en torno a la sexualidad?

Desconocimiento total. El origen de muchas de las disfunciones viene de la falta de educación. Después se mantiene por otras cosas. Empecé a llevar la cuenta de Instagram y a tener pila de resultado. La gente me decía que le había servido. Yo a veces pensaba que era medio obvio todo lo que decía, pero me devolvían como que no, que eran cosas que no sabían. Y ahí me enganché. También trato de buscar el humor. No me gusta la típica foto del tipo en la punta de la cama triste, y la mujer mirando para el otro lado. No quise generar eso, trato de hacerlo en modo chiste o con dibujitos, trato de buscar esa estética para que sea más agradable.

Una de las historias sobre la frigidez que subiste en Instagram tuvo unas cuantas respuestas de mujeres que decían haber sido llamadas así por su pareja.

Sí. No me gusta la palabra frígida, pero es la que usa la gente, y en realidad lo que pasa es que a veces el estímulo no es el adecuado, o la misma falta de comunicación que existe, que nos cuesta decir lo que queremos, cuándo, y en dónde.

¿Te sorprendió alguna pregunta que te hayan hecho? ¿O alguna preocupación reiterada que no te imaginaras?

Mucha gente te cuenta sus experiencias, o te hacen preguntas; hay muchas mujeres con dolor en las relaciones. A veces es una vulvodinia, que es más en la vulva, no tanto en la penetración; lo otro es como la dispareunia, el dolor en la penetración, pila de gente pregunta sobre eso. Y también sobre el poliamor, parejas medio entreveradas que me dicen “queremos probar esto y no nos animamos. Queremos hacer algo poliamoroso o hacer un trío”, y en realidad son cosas bastante distintas.

¿Les respondés?

Sí, pero en realidad sugiero siempre una consulta con ginecólogo o conmigo, porque muchas veces me preguntan: ¿cuánto demora el tratamiento? La gente ahora quiere saber cuánto les va a llevar. Entonces les explico que cada caso es individual, personal, y que va a depender del tema y de la severidad.

¿Se desinhiben al hacerte preguntas por ahí? 

Un montón. Muchas personas que he atendido me cuentan cosas que no sabe nadie, ni sus amigas. A veces hay grupos de amigas en que se habilita más a hablar de la sexualidad, y otros que no, entonces no encuentran un lugar donde poder compartirlo.

En uno de tus posts decís que la virginidad se trata de una construcción y que no existe. ¿Cómo es eso? ¿Notás en las chicas más jóvenes que sigue habiendo un preconcepto?

Estar sigue estando, en menor medida quizás, pero depende también un poco de los distintos niveles socioculturales. Pero la mujer ahora tiene un rol mucho más liberal, hay un empoderamiento de la mujer y ya no esperan al hombre ideal o el momento ideal para la primera vez. Pero igual sin duda es un peso si sos virgen o no, si tuviste relaciones o no. Es algo que todavía falta trabajar un poquito. Tuve muchos comentarios por ese post, uno tiene incorporado eso de “me sacaste”, “no me sacaste”, "la perdí”, y en realidad no se pierde nada, y saber eso es bastante tranquilizador, sobre todo para las personas que son vírgenes hoy. Después está la típica que dice “soy virgen”, pero faltó la penetración nomás. Entonces es mejor hablar de primeros encuentros. 

Para los varones es también un factor de estrés, y sin embargo no se habla tanto de eso.

Lo de los varones es brutal. La presión que les ponemos… Creemos que el varón ya nace sabiendo todo; a veces también lo creemos de la mujer, pero más se le adjudica al varón. Como que ya sabe todo lo que tiene que hacer y la realidad es que no. Lo que saben son los movimientos pélvicos, eso es innato, sí, es como un tema de reproducción, pero después no tienen ni idea. Entonces muchas veces fracasan las primeras relaciones. Primero, porque capaz que están al aire libre, en cualquier lugar, porque no tienen un lugar donde tener intimidad, porque tienen 15 años, y después está la presión, que hace que generalmente se fracase. Y las mujeres somos malas, porque cuando un hombre fracasa muchas hacen la cruz, como falló… Y se entera todo el colegio, capaz. A algunos no los afecta, capaz a los más confiados o con más autoestima, pero al que anda medio bajo de autoestima le puede repercutir mal. 

¿Es cierto que se impuso entre adolescentes la tendencia de tomar Viagra para sentirse más seguros en esa instancia? ¿Lo venden sin receta?

Sí, lo venden sin receta, y sí, hay colegas que lo recomiendan. Yo nunca tuve un paciente en esa situación, pero hay colegas que lo recomiendan justamente para evitar esto, las consecuencias de haber fallado y todo lo que implica. Eso tiene lo positivo de que le genera seguridad a la persona, pero después le puede provocar un poco de dependencia. Entonces es delicado, sienten que sin eso no pueden. Por eso es bien importante educar y entender cómo funciona la ansiedad en ese momento.

Hoy siguen vigentes varios mitos del amor romántico, y las mujeres somos bastante víctimas de eso. El cine de Hollywood no ayuda. ¿Cuán instalado sigue eso en las generaciones más jóvenes?

Depende de los mitos. Algunos capaz que la persona los hace más explícitos y otros no tanto. El de la media naranja está caducando un poco. Si bien tuvo mucho peso mucho tiempo, eso de que una persona está predestinada para mí creo que ha disminuido; la gente hoy tiene varias relaciones, no es como que vas a estar con el mismo de los 17 hasta el fin de tu vida. Pero el mito de la exclusividad, de que por estar enamorado el otro no puede sentir atracción física por otra persona porque eso significa que no me quiere, sigue vigente. Eso es algo que cuesta pila entender a todos, que el amor no implica que el otro no pueda sentir atracción por otra persona. Ahí es un acuerdo de fidelidad. Pero es una creencia del amor romántico que sigue muy arraigada.

El mito de la media naranja aplica también a eso que decías de la virginidad, de esperar al indicado.

No hay un indicado, y a veces hay mujeres que se frustran mucho, y es por el peso que le ponemos a la virginidad. Sin duda que lo ideal es que sea una experiencia agradable y con alguien de confianza, pero a veces ponemos demasiadas expectativas en eso y la realidad es que la primera vez uno es torpe, no sabe y a veces no sale tan bien, y es lo esperable. Pero uno se puede desilusionar un poco. 

¿Todavía se ve esa ingenuidad o romanticismo en las más jóvenes? ¿O de idealizar a la pareja?

Las chicas quizás no están tanto con el enamoramiento, hoy es más uso y tiro; las redes se prestan un poco para eso. Las mujeres no son las mismas, no nos creemos tanto el cuento del príncipe. Pero igual pasa mucho que, aunque se hacen las que no, en el fondo todas quieren enamorarse y encontrar a su pareja. Por otro lado, lo de idealizar, todos alguna vez lo hicimos. Un poquito de idealización, una dosis pequeña, a veces está bueno, se sabe, porque motiva a la pareja, te hace tratar de ser mejor con el otro. El tema es cuando eso lo ponés en un pedestal, y es algo desmedido, irreal, entonces si te separás no sabés para dónde agarrar, porque perdiste autonomía, porque dependés del otro emocionalmente. Te sentís inferior y vulnerable, y que sin el otro no podés, porque en muchos casos uno deja de lado las amistades también. Está bueno darse cuenta, porque todos alguna vez caemos. También pasa que cuando te separás idealizás. Te dejó y entrás a pensar “no voy a conseguir a nadie como él, era lo mejor, mirá todo lo que hacía, mirá lo que me quería”, y ahí uno agranda todo. En lugar de tratar de ver lo malo, o por qué se separaron. Son esas relaciones en que la gente queda enganchadísima, porque idealizan mucho más ahí incluso que al principio.

¿La gente últimamente tiene más miedo a compartir la intimidad que al contacto físico, sexual?

Cambiaron las cosas. Ahora todo el mundo tiene relaciones con todo el mundo, es más común, con esto de Tinder y lo otro. No nos da vergüenza estar desnudos, o tener sexo con alguien que nunca vimos, pero después sin embargo nos da vergüenza explicar lo que sentimos, porque queda mal hasta enamorarse. ¿Ya te enamoraste? O algo como decirle al otro “te extrañé” está mal visto. “¿Qué querés, algo serio?”. No, simplemente te quiero decir que pasé lindo, o que me gustaría verte. 

¿Para la mujer sigue siendo un tabú la masturbación? 

A la mujer se la está habilitando mucho más; aunque a muchas les da vergüenza decir que lo hacen, muchas realmente no lo hacen. Pero hay una diferencia que es real: los hombres se masturban mucho más que las mujeres en general, eso es así.

¿Se está popularizando el uso del vibrador?

Sí, con esto de las compras por Internet, que es mucho más fácil y no tenés que exponerte a ir a comprarlo a un lugar que te vean, sin duda. Nosotros incluso recomendamos el vibrador cuando hay casos de anorgasmia: les recomendamos arrancar por eso. Lo usamos como una herramienta en la terapia porque la tecnología avanza y supera a veces al ser humano. Hay vibradores de penetración y otros simplemente para estimular el clítoris, son unas balitas que son chiquitas, como para apoyar. Hay de todo tipo, color y tamaño. Se están usando más.

También se está usando más el anillo vibrador.

Sí, va como en la base del pene y es como un anillo de silicona que vibra y cuando tenés penetración el clítoris lo toca y lo estimula. Al hombre lo que le puede generar, dependiendo del anillo, es darle más seguridad al apretar el pene, como para la disfunción, y al vibrar le da un poco de estimulación, pero en realidad es más para la mujer. Es una de las cosas más económicas y si alguien lo encuentra no se da cuenta de lo que es. Pasa inadvertido. 

Hay un tema todavía para el hombre que si la mujer llega al orgasmo por otra vía y no con la penetración es como si fallaran en su masculinidad.

Les cuesta pila entender que el orgasmo es a través del clítoris. Eso es así, y ha generado mucha confusión mucho tiempo: 95% de las mujeres llegan al orgasmo a través del clítoris externo, estimulándolo por fuera, solo 5% lo consigue por adentro, el antes llamado punto G, que en realidad no existe. El clítoris es mucho más grande de lo que vemos, tiene como unas raíces, y con la penetración lo estimulás por atrás. Cuando ves porno, que a la mujer simplemente la penetran y tiene 20.000 orgasmos, es una mentira. Te dicen: “Mi novia tenía orgasmos solo por penetración”, y yo les digo que les mintieron toda la vida: tiene que estar sí o sí la estimulación del clítoris. Obviamente, con la penetración es un doble estímulo, entonces facilita.

¿Por qué les cuesta aceptarlo?

Porque descubrimos que no necesitamos el pene. Sí, lo queremos, suma, pero no nos cambia la vida. El hombre tiene que empezar a usar la mano un poco. Les cuesta pila, y a la mujer le cuesta pedirlo. Ella es responsable de su orgasmo y de su placer. El hombre no sabe porque no tiene el clítoris, se conoce él, lo tiene clarísimo porque lo hace todos los días desde que tiene 12 años. También es responsabilidad de la mujer decir cómo lo quiere, dónde lo quiere. Si no pedimos, el hombre va a seguir con la penetración.

¿Le sigue costando a la mujer decir lo que quiere?

A las mujeres más grandes, seguro. Hay mujeres que te consultan que tienen 60 años y nunca tuvieron un orgasmo. Pero también pasa mucho en mujeres jóvenes, aunque parezca que no; personas que pueden ser muy extrovertidas, pero en el momento les viene como una traba, vergüenza, no saben cómo manejarlo. No creo que haya disminuido mucho.

¿Qué consejos les da para que se animen a soltarse?

Lo que pasa es que a veces uno no dice lo que quiere porque no sabe lo que quiere. ¿Cómo le podés decir al otro qué hacer si vos no sabés? Ahí lo que recomendamos es que la persona primero tenga un autoconocimiento de su cuerpo,que vea qué le gusta y qué no para poder después transmitírselo al otro. Eso primero. Y en las mujeres que tienen más conocimiento de lo que les gusta, aplica también eso de que no hay peor gestión que la que no se hace. Además, al otro siempre le gusta escuchar eso, que la mujer tome un rol de que le importa la sexualidad, que dice lo que quiere; no es lo mismo tener una pareja que nunca te dice nada, que acepta todo, que todo le viene bien, que alguien que te esté diciendo no, mirá, así. Generás otra dinámica y se hace la sexualidad más rica. 

¿La vergüenza es también uno de los factores que impiden a algunas mujeres alcanzar el clímax?

Hay varias cosas que te predisponen. Por ejemplo, una educación restrictiva o religiosa, si tus padres no te habilitaron en ese aspecto. Después está lo que llamamos el fenómeno de autoobservación, que es que vos te ponés en un rol de espectador. Estás con el otro, pero estás de alguna manera por afuera mirando todo lo que estás haciendo. ¿Estoy bien en esta posición? ¿Se me ve el rollo o no? ¿Tengo olor o no? ¿Tengo pelos o no? En vez de estar ahí, concentrada en la relación y disfrutando, te ponés por fuera viendo todo, entonces bloqueás la respuestas del orgasmo. Eso causa ansiedad y es como un bucle que no termina. Hay que ser un poquito egoístas, porque estás todo el tiempo pensando si el otro está bien, o cómo me está percibiendo, y uno tiene que preocuparse más por uno y olvidarse un poco del rol de espectador, porque en ese momento nadie te está juzgando.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.