Con toneladas de contenedores de alimentos que quedan bajo tierra, y otros tantos flotando en el mar, la industria y las autoridades apuestan a formar al consumidor: elegir materiales amigables con el ambiente, reutilizar, reciclar

El envase sí importa

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Nº2033 - al de Agosto de 2019
por Marcela Baruch Mangino.

La generación de residuos y su manejo es y será uno de los grandes temas de las primeras décadas del siglo XXI. En Europa abren supermercados 100% libres de envases, que cambian las bolsas plásticas de las frutas por redes de algodón reutilizables y hasta gestionan sus propias plantas de compostaje. Todo esto en pos de eliminar la mayor cantidad de embalajes posibles —especialmente plásticos—, producir menos desperdicios y aportar a la toma de conciencia sobre cómo afecta lo que uno consume en el espacio de todos.

Sin ser alarmistas, la generación de basura y su mala gestión es una de las principales razones de contaminación del planeta; existen islas de basura de millones de kilómetros cuadrados en los océanos que contienen principalmente plástico. 

En Uruguay el tema está en el debate público desde hace ya algunos años. De hecho, el martes 13 el Senado votó por unanimidad el proyecto de Ley de Gestión Integral de Residuos, presentado por el Poder Ejecutivo a instancias del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA). Esta normativa, que ya amenaza con aumentar el precio de algunos productos en el mercado, apuesta a regularizar y aunar criterios en la gestión del residuo en todo su ciclo de vida, tanto a escala departamental como nacional. La controversia se presenta frente a un nuevo impuesto a los envases no retornables de máximo 5%, a bandejas de materiales descartables utilizadas para contener alimentos de 1.000%, al filme plástico utilizado como material de embalaje de 20%, a los vasos descartables de 1.000%, a las bolsas plásticas para transportar y contener productos y bienes de 1.000% y a los productos electro-electrónicos de 5%. El Partido Nacional se abstuvo de votar los artículos vinculados a la nueva carga impositiva.

Una respuesta positiva a este planteo podría redundar en un replanteo del contenedor (en un material reciclable) y no en un aumento del precio al consumidor. Este proyecto está alineado a una estrategia de economía circular, donde “se optimiza el uso de materiales, dando una segunda vida a los residuos y potenciando el desarrollo de nuevas formas de negocios y la creación de empleos verdes asociados a la cadena de recuperación y valorización de materiales”, establece el proyecto.

Según datos publicados por el Sistema de Gestión de Envases del Mvotma, “de las 1.956 toneladas de residuos sólidos urbanos que se generan a diario en Montevideo, 12,6% es material plástico, 13,2% papel y cartón, 1,4% metal y 3,4 % vidrio”. De este volumen, 32% corresponde a envases, de los cuales solo entre 3 y 5% son valorizables (o sea, se les puede dar un nuevo uso) a través de las plantas de reciclaje. Los datos del estudio de mercado local y exportador de materiales recuperados de la Intendencia de Montevideo  son más elevados: 6% es vidrio, 23% papel y cartón, 2% chatarra, 16% plástico.

¿Por qué es tan bajo el porcentaje de material reciclado valorizable? La primera respuesta es el fracaso de la ley de gestión de envases, que tiene más de diez años y a través de la cual se generaron cuatro plantas de reciclaje y se buscó dar formalidad a los clasificadores. También hay otras consecuencias a considerar, como el cierre de Envidrio (planta que procesaba vidrio) y la depreciación del plástico, que desestimula el mercado. Más allá de lo obvio, existen otras miradas. De acuerdo con la Cámara de Industrias y la Escuela Universitaria Centro de Diseño de la Facultad de Arquitectura (EUCD), el consumidor no tiene claro qué se puede reciclar y dónde depositarlo.

Expertos como Rosita de Lisi, responsable del área proyectual, asistente académica y especializada en diseño y sostenibilidad de la EUCD, afirman que para el medioambiente lo mejor es trabajar en envases que se reutilicen, que lleguen al hogar como contenedores y se conviertan en algo más que en desperdicio o basura. Un ejemplo de esto pueden ser los recipientes de vidrio del queso untable, los frascos de mermelada o los de café instantáneo, que se convierten en contenedores de especias. “Cuando era chica el tacho de basura tenía solo residuos orgánicos, la leche venía en frasco de vidrio y a la panadería ibas con la bolsa de tela. La gente se acostumbró muy rápido al uso y tiro, a que el pepino viene envuelto en papel filme por unidad y dos bananas se compran en bandejas de espuma. No existe ninguna necesidad, estos alimentos tienen su envase perfecto en la naturaleza y además son compostables”, dijo De Lisi a galería.     

Al respecto, Leticia Varela, integrante del Núcleo Interdisciplinario Alimentación y Bienestar de Udelar, docente y asistente académica de la EUCD, agregó: “El diseñador tiene que pensar de qué manera el diseño puede ayudar a prescindir del envase”. El ejemplo más claro, acotó De Lisi, es el helado. “El cucurucho fue revolucionario en su momento, porque al comerlo solo te queda una servilleta. Antes, el palito y las cucharitas eran de madera, esto se puede revertir; en Europa ya están prohibiendo los cubiertos monouso”.

La industria, por su parte, trabaja en los materiales y se concentra en el reciclaje. Es decir, en buscar la manera de retornar el envase o convertirlo en material para la fabricación de otro producto. Agustín Tassani, presidente del Centro Tecnológico del Plástico (Ctplas), dijo a galería que la industria del plástico trabaja en los dos extremos del problema: el material y el reciclado. “Hoy, una botella de PET (el plástico más usado en las bebidas) pesa 30% menos que en los últimos años. Esto es circularidad, es pensar en el medioambiente. Sucede en la búsqueda de bajar costos, para que pesen menos. Es la industria del alimento la que tracciona para que el plástico sea más eficiente, rediseñe y repiense los envases”. A modo de ejemplo, dijo: “Lo que falta es educación al consumidor. Hay plantas de reciclado de PET que están paradas porque no les llegan los residuos, y bidones de agua en contenedores de basura que podrían ser reciclados”.

Más allá de áreas y especializaciones, los expertos consultados por galería concuerdan en que es necesario poner foco en la educación del consumidor sobre este tema. Así, las campañas de comunicación no se harán esperar.

El enemigo, el plástico de un solo uso. Diseñadores e industriales coinciden en que en Uruguay existe un problema de acceso a materiales. “Somos rehenes de lo que se puede encontrar. En algunos casos puede ser un ventaja, porque te da la posibilidad de pensar en pequeñas producciones más cuidadas, como laboratorios de fabricación digital o algún otro mecanismo de producción de envases de respuesta rápida”, dijo Varela. Así aparecen las pajitas de acero inoxidable, de caña o de bambú, que sustituyen a los ya demonizados sorbitos plásticos.

Otra problemática, para Varela, es que hay temas de diseño que impiden o complejizan el reciclaje, como las bolsas de papel con ventana de plástico. “La mezcla de materiales complica el reciclaje, porque hay que separarlos. Por otro lado está el cuestionamiento de utilizar envase solo cuando es necesario. Hay restaurantes que ponen los cubiertos adentro de una bolsa de papel o de un plástico, y siempre terminan en el piso. El packaging de los delivery muchas veces es de papel, pero está impreso con una tinta, lo que también impide su reciclaje”, sentenció.

Por su parte, Tassani, de Ctplas, comentó que si bien la industria puede tener la tecnología para desarrollar nuevos materiales, la escala de producción termina desestimando el esfuerzo por ser económicamente inviable. “No hay incentivos para los empresarios para usar materiales reciclados, a veces cuesta más caro reciclar o usar reciclado que material virgen”, dijo el directivo. Este es uno de los temas que aborda la ley de Gestión Integral de Residuos.

Para la economista Carola Saavedra, jefa del Centro de Gestión Tecnológica de la Cámara de Industrias (Cegetec), hay que tener en cuenta, además, que en la industria de los alimentos no es posible utilizar cualquier material. El envase se elige a base de la condición del alimento, su vida útil, si es refrigerado o no, congelado, qué rotación tiene en la góndola. “Son factores técnicos que el consumidor no siempre ve. Se trabaja mucho en esto. Qué tecnología voy a usar para ver los materiales del envase”, sostuvo. Por su parte, la ingeniera en alimentos Verónica Skerl, de Impulsa Industria, de la Cámara de Industrias, agregó: “El envase plástico ha generado soluciones para la inocuidad y la extensión de la vida útil del alimento. Además, responde a la necesidad del consumidor. El tema es cómo nos hacemos cargo como consumidores y desde los diferentes actores de la industria de esos envases”. Al respecto, De Lisi señaló que “el gran desafío es que tendría que lograrse entender que el reciclaje es la última opción”.

Gestione sus residuos. Se estima que cada persona produce un kilo de residuos a diario. Entonces, ¿qué se puede hacer? Si bien existe la creencia de que todo se junta en el vertedero y se convierte en relleno sanitario, la afirmación no es cierta. En el país hay cuatro plantas de reciclaje, que reciben principalmente papel, cartón, PET y otros materiales.

“Tenemos un problema sistémico, no hay un mensaje claro, una única política en la recolección de residuos y se superponen varias iniciativas. Hay que pensar en un engranaje que cree un cambio cultural y eso lleva tiempo. Tienen que cambiar las normativas, ser más rígidas. Comunicar mucho. Europa comenzó hace más de 20 años, y la amenaza para el cambio eran las multas”, afirmó De Lisi.

Los expertos señalan que para tomar acción sobre cómo reciclar lo primero que hay que cuestionarse es la compra. Es decir, preferir alimentos que no tengan contenedores o que estén envasados en contenedores que se puedan reutilizar, y en último caso reciclar. Para ello hay un símbolo de reciclaje que se imprime en los envases que, en general, las empresas acompañan con campañas de comunicación sobre cómo desprenderse del envase.

La primera regla del reciclaje es que los envases deben ir limpios a la basura, es decir, hay que enjugar antes de tirar. La Intendencia de Montevideo muestra en su sitio web dónde se encuentran los contendedores de basura para los distintos materiales plausibles de ser reciclados. Esta información también está disponible en la aplicación Dónde Reciclo, desarrollada por Cempre (Compromiso empresarial para el reciclaje). “Esta plataforma permite encontrar locaciones donde depositar los residuos de acuerdo con su ubicación. La aplicación es gratuita y se encuentra disponible en App Store y Google Play”, explicó Laura Kotsachis, gerente de asuntos corporativos de Salus, una de las empresas que la impulsó. Después, estos residuos se destinan a las cuatro plantas de reciclaje instaladas en el país dentro del Plan de Gestión de Envases.

Se pueden reciclar botellas, bolsas, tapas y envases, papel y cartón, botellas y frascos de vidrio, envases compuestos tipo tetrapacks (cajas de jugo, leche, vino o alimentos), envases metalizados, madera, como palos, cajas y tablas; ropa y trapos.

Para la recolección de los envases hay contenedores del programa Tu Envase Sirve—distribuidos en la ciudad y disponibles además dentro de grandes superficies—, en el que participan la Intendencia de Montevideo, Mvotma, CIU y el Mides. Allí se pueden depositar envases de plástico, vidrio, cartón, náilon y aluminio.

El vidrio es un capítulo aparte, es preferible elegir botellas retornables. Se reciclan en los contenedores para vidrio, ya que se pueden romper y lastimar a los recicladores.

Pero más allá de los materiales y las formas de reciclar, los involucrados en la industria de alimentos coinciden en que el ciudadano debe responsabilizarse de gestionar sus residuos para provocar el menor impacto ambiental posible y tirar su basura en los contenedores establecidos, para así obtener de ellos el mayor valor posible.

Qué hace la industria. Las principales industrias de alimentos del país, como Conaprole, Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC), Salus y Coca-Cola, entre otras, se cuestionan desde hace más de una década qué hacer para reducir su impacto ambiental.

Las fábricas de bebidas, por ejemplo, comentaron a galería sobre la disminución sustancial del volumen de plástico de sus envases, la utilización parcial de PET reciclado, y su compromiso de que en poco tiempo usarán 100% plástico reciclado en sus envases. La gerente de Asuntos Corporativos de Salus, Laura Kotsachis, anunció que Salus alcanzó una reducción de 20% de la cantidad de plástico utilizado en envases. Este año, además, la compañía presentó la “rebotella”, un envase 100% reciclable, elaborado parcialmente con plástico reciclado, promoviendo así su reutilización. “La producción de este nuevo envase es más sustentable, ya que en lugar de utilizar materias primas nuevas, se reciclan materiales para darles un segundo uso”, afirmó.

La directora de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sustentabilidad de Coca-Cola contó a galería que desde hace más de 10 años la compañía lleva adelante el Plan de Gestión de Envases junto con la Cámara de Industrias de Uruguay (CIU), el Mvotma y diferentes departamentos del país, con el objetivo de recuperar envases de hogares y pequeños generadores de residuos no domiciliarios. “Estas acciones están alineadas con la iniciativa Un Mundo sin Residuos, una estrategia global de Coca-Cola que tiene como objetivo recuperar y reciclar el equivalente al 100% de los envases para el año 2030 y fabricar botellas con menos materiales y más contenido reciclado”.

En todos los casos consultados, las empresas manifestaron la necesidad de involucrar más al consumidor, para que ocurra un cambio cultural dentro de los hogares. El llamado a tener conciencia de lo que se compra y se tira es primordial. “El mundo necesita más personas que reciclen”, afirman desde Coca-Cola.

Por otra parte, al ser preguntados sobre el aumento de nuevos tipos de envases dentro de grandes superficies, como vegetales envasados en bandejas de espuma, mandarinas peladas y envasadas, Supermercados Disco y Tienda Inglesa prefirieron no hacer declaraciones a galería. Tampoco Unilever quiso responder al ser consultada por sus envases de alimentos.

Sobre las bandejas parece haber discrepancias. De Lisi opina que deberían prohibirse, como en Europa, porque además puede haber migraciones de moléculas al calentarlas, por ejemplo. Tassani comentó que desde la industria se encontró la forma de reciclarlas y exportar ese material triturado y compactado. El tema es cómo salen de la basura de las casas y van al contenedor adecuado para su reciclaje.

Por otra parte, en el caso de las botellas de vidrio, FNC, sin industria que recicle el material, apuesta al retorno de sus envases que son elaborados además con un alto porcentaje de vidrio reciclado. En el caso de sus contenedores no retornables, que también incluye latas de aluminio, apuesta a los depósitos del Plan de Gestión Integral de Residuos, Tu Envase Sirve.

La gerente de Marketing de FNC, Gabriela Cibils, respondió a galería que 65% del volumen de venta de sus productos se concentra en envases de un litro retornable. “Dentro de lo que son los empaques individuales, 30% del volumen de este primer semestre de 2019 se dio en botellitas retornables, siendo este el empaque de mayor crecimiento respecto al año anterior. Los supermercados reciben nuestras botellas de 340 cc, como todos los demás canales”, agregó. Asimismo, comentó que “desde el año pasado venimos trabajando muy fuerte con Pilsen para desarrollar el calibre individual retornable y este año sumamos a Patricia”.

Conaprole también llama al consumidor a la acción y presenta una campaña de pasos que da pautas sobre cómo limpiar sachets, tetrapacks y potes. “Desde principios de año introdujimos información en el envase para hacer parte del reciclaje en casa. Nuestros envases no son biodegradables, pero sí reciclables”, dijo a galería la gerente de Marketing de la cooperativa, Rocío Vilaró. Esta acción se acompaña de una serie de videos para apoyar de forma visual la importancia de comenzar a reciclar en casa.

El futuro. En el universo de los descartables, hoy existen otras alternativas a los envases plásticos. Por ejemplo, la utilización de platos de papel o bambú reciclable en vez de plástico; pajitas de bambú o de caña, y cubiertos de madera. El inconveniente es que alguien debe pagar el precio de producción de estos contenedores, costosos de fabricar, para que su uso pueda multiplicarse y bajar de precio. El futuro está también en preferirlos y adoptarlos.

En otra área, Coca-Cola está apoyando a la start up Ioniqa Technologies, que, según explicó la directiva de la empresa, recoge desechos de PET no reciclados y los descompone a moléculas que se convierten nuevamente en PET de alta calidad para uso alimentario. “De hecho, Ioniqa está construyendo en Holanda su primera fábrica de reciclado de plástico PET con esta tecnología, que transforma los desechos de PET en material virgen para su reutilización en el envasado de alimentos y bebidas. En la actualidad, el PET se recicla mecánicamente, lo que implica que solo se puede emplear plástico de uso alimentario. Así, mucho plástico que no se puede reciclar termina en el vertedero, incinerado o como residuo acumulado en calles y océanos”, afirmó la compañía.

En contraposición, hay quienes abogan por volver el tiempo atrás. Ir a la feria con el pote de dulce de leche para rellenar, comprar el azúcar y la harina envueltos en papel, volver a la carnicería del barrio y no comprar carne envasada. Usar chismosas. Aunque aisladas, estas acciones crecen y aportan soluciones prácticas a los problemas actuales. En tiempos modernos, cualquier toma de posición hacia una menor producción de residuos —y una buena gestión de ellos— es bienvenida.

¿Y lo que comemos?

El aceite que usamos va aparte, dentro de una nueva campaña que busca recolectar este producto para la generación de biodiesel. El programa de Alcoholes del Uruguay (Alur) se llama La Energía se Transforma, y consiste en la entrega de una botella especialmente diseñada para este fin que se retira en los centros comunales y se deposita llena dentro de unas urnas verdes. Estas máquinas reciben el aceite y entregan una nueva botella.

Por su parte, los residuos orgánicos son compostables, pero a no ser que la persona tenga una compostera o amigos que composten, su traslado es complejo y requiere de vehículos autorizados. Este es uno de los reclamos de los locales de venta de frutas y verduras, que no pueden devolver al campo para compostar lo que no venden. Desde la IMM lo que se promueve es aprender a compostar en casa, pero es complejo para quienes no disponen de espacios verdes.

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