El director del Festival de Cannes, Thierry Frémaux. Foto: AFP

Cannes y otros festivales prestigiosos crearon We Are One, un evento de proyecciones gratuitas en YouTube; la programación continúa hasta el domingo 7

El futuro remoto del cine

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Nº2074 - al de Junio de 2020
Pablo Staricco

Para Spike Lee, presidir el jurado del Festival de Cannes de 2020 era un honor. El certamen histórico de la Costa Azul francesa estableció su carrera como director. Su primera película, Ella lo quiere todo, ganó su primer premio internacional en Cannes en 1986. Haz lo correcto —el verdadero debut de Lee como cineasta y una obra imprescindible para la cultura negra en Estados Unidos— compitió en la selección oficial en 1989, obteniendo así los laureles que todo director quiere en un afiche. Su última película, El infiltrado del KKKlann, también fue estrenada en Cannes.

Más allá de su vínculo estrecho con el festival, el hoy un sexagenario Lee estaba orgulloso de ser el primer artista negro en presidir su jurado. La invitación, sin embargo, no pudo concretarse. El coronavirus cerró todas las salas de cine de Francia y sacudió los planes de Cannes y del resto de los festivales de cine del mundo. Con reticencia, Cannes decidió posponer indefinidamente su edición, que se iba a celebrar entre el 12 y 23 de mayo. Lee estuvo de acuerdo. “Las cosas que nos gustan tiene que pasar a un segundo plano”, señaló en un comunicado. “Películas, televisión, NBA, baseball…, tantas cosas se han pospuesto”.

Una semana después de lo que sería la 73a edición de Cannes, el panorama se mantiene confuso para el futuro de los festivales. Los enfrentamientos en Estados Unidos entre la policía y los manifestantes, motivados por el asesinato de George Floyd, dominan la atención de los medios de comunicación y de los artistas. Lee, por ejemplo, difundió una escena reeditada de Haz lo correcto para la que recopiló diferentes asesinatos de ciudadanos negros a manos de policías. Del otro lado del Atlántico, la organización de Cannes no se hizo eco de la crisis social estadounidense en sus redes sociales, como demanda la etiqueta actual. El festival se mantiene concentrado en volver al ruedo, sea como sea.

Cannes anunció ayer su programación oficial. Son 56 películas entre las que se incluye lo nuevo de Wes Anderson, François Ozon, Thomas Vinterberg y Apichatpong Weerasethakul. El festival no comunicó cómo y cuándo se verán los largometrajes, ya que el Palacio de Festivales está cerrado hasta nuevo aviso. El director de Cannes, Thierry Frémaux, sugirió que la programación podría ser alojada por un festival europeo “amigo”, nombrando a las ciudades de San Sebastián o Venecia como posibles candidatas. “Vamos a extrañar el efecto de Cannes”, dijo Frémaux en un comunicado previo al anuncio de la programación. “Lo que una sola proyección puede generar: una aclamación, una reputación, una tormenta y a veces una tormenta eléctrica. Todas las cosas que le dan sabor y riqueza a los 12 días del festival, antes de que las películas busquen otros destinos y éxitos alrededor del mundo”. Frémaux no se equivoca en sugerir a Cannes como un semillero de obras consagradas. La última ganadora del premio Oscar a Mejor película, Parásitos, tuvo su estreno mundial en el festival de 2019. La Dolce Vita, Taxi Driver, Apocalypse Now y Pulp Fiction también comenzaron allí sus transformaciones en clásicos.

Con la pandemia aún vigente, Cannes también se vio obligado a reformular su esquema, aunque signifique ir en contra de algunas líneas de pensamiento de Frémaux, un acérrimo defensor de las proyecciones en salas de cine y no a través de una computadora. Sorprendió entonces su presencia a la hora de lanzar We Are One: A Global Film Festival. Se trata de un evento de cine online en el que 21 festivales de renombre se reunieron para elaborar una única programación. Además de Cannes se adhirieron las ciudades de Berlín, Toronto, San Sebastián, Locarno, Londres, Nueva York, Guadalajara, Sarajevo, Sydney, Tokio y Annecy, entre otras.

We Are One está organizado por Tribeca Enterprises, compañía de Robert De Niro que surge del propio festival que el actor organiza en el barrio de Nueva York desde 2001. Se lanzó el pasado viernes 29 de mayo y concluirá el domingo 7 de junio. Su programación, con más de 100 películas —entre largometrajes de ficción, documentales y cortos— incluye estrenos programados para festivales de 2020, así como otros títulos que sus curadores buscan destacar. La sala virtual de proyección es YouTube. La plataforma fue elegida gracias a su popularidad y capacidad técnica para alojar, reproducir y borrar las películas una vez finalizado el tiempo determinado para cada una.

We Are One —que según la locación del usuario permite hacer donaciones para fondos destinados al Covid-19— comparte ciertas similitudes con la experiencia de abordar un festival por primera vez. Deja una sensación abrumadora ante una programación extensa y con nombres por fuera del circuito más conocido. El ingreso desde YouTube no lo diferencia, al menos estéticamente, de otras ofertas disponibles en el sitio de videos de Google. Una vez dentro de las películas, sin embargo, la experiencia empieza a remontar. Las emisiones, que son programadas con antelación, comienzan sin grandes introducciones. Sí hay, como en otras transmisiones, un chat en vivo. En este aspecto, así como en los comentarios (un rincón con mala fama en cualquier sitio online de prensa), aflora la cinefilia y se erige como el principal motor del festival, gracias al intercambio antes, durante y después de una película.

Previo a su conclusión el próximo domingo, aún se pueden ver algunas propuestas interesantes en We Are One para quienes deseen un cine no convencional. El festival de Róterdam, por ejemplo, aportó el celebrado drama Air Conditioner, del debutante angoleño Fradique, sobre un guardia de seguridad que se embarca en un viaje surrealista y con inflexiones de jazz en Luanda. Una de las propuestas visualmente más llamativas llega gracias al instituto BFI de Londres y corresponde a 1924, año en el que el capitán John Noel acompañó a los aventureros George Mallory y Andrew Irvine en el tercer intento de escalar el Everest. Se encuentra bajo el nombre The Epic of Everest y reúne las impresionantes imágenes tomadas, y ahora restauradas, por Noel. Como complemento de Netflix también existe la posibilidad de ver el cortometraje semifantástico Atlantiques, primer trabajo de la directora Mati Diop, cuya película Atlantics está en la plataforma de streaming. Si se desea ahondar aún más en la programación, la sección de conferencias promete una serie de clases magistrales con cineastas de peso. Estos encuentros, generalmente grabados, pero no siempre difundidos, suelen ser el corazón de muchos festivales. Para el próximo fin de semana está planificada la transmisión de una conversación entre Francis Ford Coppola y Steven Soderbergh. Otra dupla para no perderse es la del director Ang Lee junto a Hirokazu Koreeda, responsable de la excelente Un asunto de familia.

Desde su difusión, We Are One se posicionó como “un evento histórico”, y tal vez lo sea, al menos en términos organizativos. El festival parece haber cumplido con la premisa de difundir nombres diferentes de la industria global del cine. Durante esta época del año, es Cannes quien marca la agenda. De repetirse un encuentro similar entre festivales, una programación más ajustada en pos de una mayor coherencia entre los curadores puede convertir a este formato online en una opción en época de crisis. Hasta el cine uruguayo, en estos momentos difíciles, participa de la nueva modalidad a través de Long Shots, un festival online de la BBC en el que El campeón del mundo, de Federico Borgia y Guillermo Madeiro, compite por el premio del público. Cannes, mientras tanto, se mantiene lejos de aceptar la idea por completo y se prepara para llevar sus películas alrededor del mundo. Desde Venecia se está explorando la idea un “cuarto virtual” para periodistas en el extranjero que deseen cubrir la Biennale. Los festivales Telluride y Toronto, dos de los grandes impulsores de candidatas a los Premios Oscar, aún tienen un margen para decidir qué harán para contar con público en sus salas. Será cuestión de esperar.

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