La noche de 12 años

El gran encierro

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Nº1987 - al de Septiembre de 2018

Esta no es una película sobre las razones —lúcidas o delirantes— de los tupamaros para levantarse en armas contra un gobierno democráticamente electo. Eso está claro de entrada. Se trata del encierro y las torturas que sufrieron tres de sus principales integrantes luego de consumado el golpe militar de junio de 1973, cuando fueron tomados como rehenes, hasta su liberación en 1985 con la vuelta a la democracia. Mauricio Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro y José Mujica son los protagonistas exclusivos de la sofocante peripecia, que se basa en el libro Memorias del calabozo, escrito por los dos primeros.

El director y guionista Álvaro Brechner se ajusta a la consigna de qué le ocurre a un ser humano cuando está sometido a condiciones de vida extremas, privado de su libertad y con castigos físicos. Para eso, en lo primero que se apoya es en los tres actores protagónicos: Antonio de la Torre (Mujica), Chino Darín (Rosencof) y Alfonso Tort (Huidobro), y las interpretaciones destacan en ese orden.

Mujica, gracias al estupendo trabajo del andaluz De la Torre y a las acertadas pinceladas de Brechner, es el personaje más interesante, tan opaco como paranoico y misterioso. “¡Quiero la yerba y mi pele-laaa!”, grita en una secuencia clave de la película. Imposible haber pronosticado que de allí, de ese pozo en el que fue recluido y en el que escuchaba voces, saldría un futuro presidente del Uruguay y el último mito mundial de la izquierda (estoy hablando de mitos, no de administraciones políticas). Mujica, a no dudarlo, se apresta a entrar en las camisetas como ídolo pop. Habrá que ver qué imagen será la que lo encapsule para la posteridad, si una más próxima a la del Che Guevara con termo y mate o a la de un desdentado Bob Dylan en jogging y alpargatas.

Quien tiene que sobrellevar un papel de cartón-piedra es César Troncoso. Es muy difícil, incluso para un excelente actor como Troncoso, encarnar el Estado-Represor-Asesino. Bruno Ganz, cuando hizo de Hitler en La caída, dijo que necesitaba desesperadamente algo terrenal y humano para darle cuerpo a su dictador, como acariciar a la perra o ser amable con su secretaria. El guion no le da nada a Troncoso en este sentido.

La noche de 12 años está bien construida y se sostiene con un acertado ritmo que incluye pasajes de vertiginosa caligrafía visual y sonora (la locura de Mujica) e incluso se permite algún momento para el humor, como la escena en los baños, con todos los milicos discutiendo las posibilidades de defecar de uno de los rehenes esposado al tanque de agua.

Es un drama emocionante que también tiene sus excesos: no era necesario apretar el acelerador cerca de la tan ansiada liberación de los protagonistas con una versión de Silvia Pérez Cruz de Los sonidos del silencio. Este tema, en cualquier lado, te hace llorar.

La noche de 12 años. Uruguay-Argentina-España, 2018. Guion y dirección: Álvaro Brechner. Con Antonio de la Torre, Chino Darín, Alfonso Tort, César Troncoso, Soledad Villamil, Mirella Pascual.

Eduardo Alvariza

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