Foto: Nicolás Der Agopián

El Hospital Español, centro de referencia de coronavirus en Montevideo, vence la “tensión y el miedo” con la “protección”

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Nº2066 - al de Abril de 2020
escribe María Paz Sartori

“Comenzó el ensayo, el Hospital Español está pronto”, dijo con una tímida sonrisa Nicolás Nin, médico coordinador de la Unidad de Medicina Intensiva del Hospital Español, que pertenece a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). De tapabocas, viste un equipo de tela TNT azul oscura y se intenta acostumbrar a tenerlo siempre puesto.

Las rutinas en el Hospital Español han cambiado y las precauciones ahora requieren refuerzos. Este hospital fue designado centro de referencia para ASSE de coronavirus Covid-19. Aquí prevén la llegada de personas del sistema público y sobre todo de la zona metropolitana. Solían recibir pacientes de ASSE con todo tipo de problemas, pero eran referentes en las enfermedades respiratorias crónicas y agudas y en patologías infecciosas como la tuberculosis grave.

La “tensión y el miedo” inicial —tras ser designados como referencia para el Covid-19— fueron superados con “protección” y cambios en la operativa del hospital, aseguró Nin. Cambiaron hasta hábitos que pueden parecer menores: ya casi no salen, no compran comida afuera por seguridad, y muchos optan por bañarse como rutina antes de volver a sus casas.

El hospital luce casi vacío. En la puerta un cartel indica con una flecha el camino que deben seguir las personas que consultan por síntomas vinculados al coronavirus para realizar el primer contacto (conocido como triage). La circulación prevista lleva a los pacientes hacia una puerta lateral en donde, desde lejos, un guardia de seguridad con tapabocas se asoma cada tanto. Ha cambiado el flujo de la emergencia para recibir a posibles pacientes Covid-19. Dentro, hay pocas personas circulando. Hasta ahora, ninguno ha resultado positivo, pero hay algunos que aguardan el resultado de los test de diagnóstico.

Nin se adentra en una sala en la que el personal médico y de enfermería que trabaja en CTI tiene su área de oficina y descanso. Colgadas en un perchero hay dos túnicas de tela que ahora parecen casi una reliquia, un recuerdo de cómo antes se vestían. Sala contigua de por medio, cuatro personas hablan, miran un pizarrón, comentan sobre lo que está escrito y ayudan a un hombre a vestirse de pies a cabeza. Tiene zapatones, mameluco, sobretúnica, tapabocas y máscara de protección. En ese pizzarrón está escrito el protocolo de cómo deben colocarse todos los elementos de protección y los pasos a seguir. Es que el enfermero va a entrar a una de las salas de CTI en donde hay un caso posible de Covid-19, uno de los primeros ingresos que ha tenido el hospital desde que es centro de referencia. Nin aclara que el desafío, no obstante, está en cómo sacarse todo de manera que no se contamine en el proceso. Mientras el equipo de salud aguarda el resultado del test diagnóstico del paciente, este será el procedimiento que deberá realizar cada vez que deba acercarse a él.

Los resultados de estas pruebas diagnósticas demoran entre 48 y 72 horas, un poco mucho a gusto del personal del Español, que debe tomar estrictos resguardos durante días con el uso y descarte preventivo de todo el equipo de protección, con el agregado del costo que eso implica.

Nicolás Nin y sus colegas del Hospital Español se prueban las máscaras de protección donadas.

Nin, siempre con tapabocas, se sienta en una mesa rectangular a varias sillas de distancia de la periodista de Búsqueda. Dos médicas llegan con gorras de protección y sobretúnicas. Se alegran de los cambios, se sienten más seguras para encarar lo que viene, pero también viven ya la transformación de su día a día. Una de ellas se lamenta porque su hija pequeña ya no ve a los abuelos. Es que tanto la médica como su esposo trabajan en el hospital y lo mejor es cuidarse ellos y a su entorno, indica antes de volver al trabajo.

En el Hospital Español, 10 días atrás, no estaban operativas todas las camas de CTI. Faltaban respiradores, problema que ahora se ha solucionado al menos para la cantidad de camas existentes. Actualmente las 23 camas de CTI están funcionando. Nin y el equipo del Español ya piensan en ampliar la cantidad de lugares en CTI de ser necesario: prevén un aumento viable y rápido del 30% usando quirófanos y otros espacios. Le llegan mensajes, responde y comparte fotos de su visita por el depósito del hospital. Como si ahora fueran un tesoro, se alegra de haber encontrado varios respiradores en desuso allí. Nin comenta que está en contacto con un grupo de ingenieros y médicos realizando un registro de respiradores en desuso que podrían arreglar para ponerlos en marcha si se requieren.

Ahora los casos graves de Covid-19 se concentran en el sector mutual y en los seguros, pero en el Español saben que tarde o temprano llegarán allí también.

Al rato, llegan una licenciada en Enfermería y una médica que trabajan para la dirección del Hospital. Acaban de recorrerlo todo y anotan cada detalle de temas a resolver y modificar de cara a la llegada de los pacientes Covid-19. Hay mucho por hacer todavía, aunque los temas más gordos, opinan, ya han sido cubiertos.

Las vacantes de personal que debían ser cubiertas fueron rápidamente llenadas en pocas semanas. La faltante de equipos de protección se suplió con ingresos de compras públicas que se habían hecho hace tiempo, pero que hubo que reclamar varias veces porque la creciente demanda desabasteció a las proveedoras y dificultó la entrega inmediata. En ese contexto, las donaciones llegaron como agua fresca.

Pero no todo es auspicioso. A una de las personas en la sala se le ponen los ojos vidriosos cuando habla del riesgo que podrían correr atendiendo pacientes allí. No lo dice, pero lo sufre. La preocupación dentro de quienes allí trabajan existe, por más protección que tengan. Sienten el impacto por lo que puede venir y cada uno lo procesa internamente de forma distinta. El hospital maneja algunas alternativas para contar con apoyo psicológico, aunque aún no se concretaron.

Nin recibe mensajes de colegas en España y se preocupa por los contagios entre el equipo de salud en ese país europeo. Al consultarlo sobre el porqué de los contagios, algunos motivos que han ocurrido en España y que aquí quieren evitar son el cansancio y la falta de protección del personal.

El equipo del Español trabaja en cambios en la organización de los turnos para evitar el burn out, analizan de manera meticulosa cuántos equipos de protección personal les faltan y festejan la llegada de donaciones en ese rubro. Las adjuntas de la dirección despliegan uno de los mamelucos de prueba que dejó el día anterior la diseñadora Sofía Domínguez, de la marca Rotunda.

Donaciones

El grupo #NosCuidamosEntreTodos, integrado por varias empresas, lleva recaudado más de US$ 3 millones y financia la confección de sobretúnicas con capuchas, mamelucos y uniformes para el personal del Hospital Español. La primera tanda será entregada esta semana. Tras conocer de parte del Ministerio de Salud Pública esta necesidad, “empezamos a ver dónde hacer esas ropas, siendo que no tenemos nada que ver con el rubro, y se hizo rapidísimo”, dijo Rolando Rozemblum, integrante del grupo que además colabora con respiradores y kits diagnósticos.

“Rotunda se sumó y surgió la necesidad de ropas de protección médica. China tardaba mucho y no era tan económico. Empezamos a hacer muestras” y ajustar el diseño, contó Domínguez. El mayor desafío fue superar las pruebas de permeabilidad. Unas 40 mujeres trabajan desde sus hogares en la confección de los equipos con el objetivo de elaborar 20.000 sobretúnicas y 5.000 mamelucos de diferentes colores (fucsia, verde manzana, violeta, rojo o amarillo), ya que no hay en el mercado tanta tela de tonalidades médicas tradicionales.

Desde la Asociación Uruguaya de Industrias del Plástico (AUIP) decidieron apoyar al Español con la donación de máscaras de protección para el personal de salud confeccionadas en plástico transparente Pet, fácilmente lavable y que se usa para fabricar envases de huevos. Participan la empresa Mepa S.A. y Dafelir, entre otras.

El resultado de las máscaras fue tan bien recibido que el producto fue solicitado por distintas instituciones. Ya entregaron unas 2.000 máscaras en el Español, en el Hospital Maciel, en el Ministerio de Desarrollo Social para personal de geriátricos y en ASSE en todo el país. Podrían elaborar hasta 4.300 por día si fuera necesario, contó el secretario de la AUIP, Leonardo García.

La diseñadora Sofía Domínguez trabaja con las telas para elaborar mamelucos y sobretúnicas de protección para el personal de salud del Español

Además, desde AUIP ajustaron un diseño asiático de una caja de acrílico traslúcida que permite intubar al paciente enfermo y proteger al médico que realiza el procedimiento, con fabricación en Formacril S.A. La primera versión es para el Español pero podrán hacer más.

Por otro lado, el diseñador industrial Marcelo Berruti trabaja en la empresa Vacodir SA, que importa impresoras 3D. Esta empresa apoyó con logística personal y materiales para poder donar al Hospital Español máscaras de protección con un soporte plástico similar al de una “visera”. Sobre el plástico se le coloca una lámina de acetato transparente, de esos que se usan para las impresiones.

“El diseño es tomado de viseras en el extranjero y tiene la aprobación de la Asociación de Médicos de Holanda y otros países de Europa”, contó Berruti.

Creó una red solidaria de unas 30 personas que tienen impresoras 3D. Cada uno desde su casa o trabajo hace las que puede. Llevan entregadas 100 al Hospital Español y otras al Hospital Pasteur y Maciel. Proyectan elaborar una cantidad de 100 viseras por día si fuera necesario.

Desde el Club de Leones del Uruguay también quisieron aportar su granito de arena y apoyar al Español, centro con el que ya colaboraban. “Era un hospital al que venía gente de la calle. Le arrimamos higiene, pantuflas, toallas y ropa interior. Ahora lo transformaron en un hospital para coronavirus y donamos una heladera” para guardar material farmacéutico, dijo Jose Garofali, vocero del Club de Leones.

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