El “paquetazo”, las mujeres indígenas y el triunfo de la comunidad

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Nº2042 - al de Octubre de 2019
por Pau Delgado Iglesias

Once días de paro en Ecuador, de movilizaciones sociales, de protesta. De reacción a las medidas económicas aplicadas por el presidente Lenín Moreno, en línea con lo que el Fondo Monetario Internacional exige para acceder al crédito (una historia bien conocida por los países latinoamericanos, incluido Uruguay). La fórmula, en concordancia con las recetas económicas neoliberales, consiste básicamente en recortar el gasto público y aumentar la recaudación.

El plan de ajuste aplicado por el gobierno, conocido como el “paquetazo”, implica una serie de medidas que incluyen: la baja salarial de hasta 20% en los contratos temporales del sector público, la reducción de las vacaciones de 30 días a 15 para empleados públicos, el aporte mensual del equivalente a un día de salario de los empleados públicos al fisco, la supresión de impuestos a la importación de tecnología y autos, entre otras. Pero de todas las medidas, la que provocó mayor rechazo social y marcó el comienzo de las movilizaciones fue la eliminación del subsidio al diesel y al gasoil, entendiendo que un aumento en el precio de los combustibles lleva a un aumento en el costo del transporte público y de los productos de primera necesidad, y que es, por lo tanto, “una medida contra el pueblo”.

Así, el 3 de octubre, el gremio de transportistas convocó a un paro nacional. A la convocatoria se sumó el movimiento indígena, liderado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), y diversas organizaciones sindicales y sociales, organizaciones de mujeres y estudiantiles.

Ante la presencia masiva de personas en las calles, el presidente Moreno decretó la participación de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna, junto con la Policía. Gases lacrimógenos, policía a caballo, tanquetas militares: la represión alcanzó niveles de violencia altísimos, muy poco comunes en un país como Ecuador. El 8 de octubre se decretó un toque de queda en todo el territorio ecuatoriano, con restricción de movilidad desde las ocho de la noche hasta las cinco de la mañana. Sin embargo, la fuerza represiva no logró detener la movilización, que se mantenía firme, liderada por el movimiento indígena.

Tras 11 días de paro, el domingo 13 tuvo lugar una mesa de diálogo sin precedentes entre el gobierno y las comunidades indígenas, transmitida por todos los medios de comunicación. Allí, el presidente anunció la revocación del artículo 883, que decretaba la eliminación del subsidio, y se conformó una comisión integrada por el movimiento indígena y el gobierno para elaborar un nuevo decreto.

A pesar de la alegría del triunfo alcanzado, el costo de las reivindicaciones no se olvidaba: ocho personas asesinadas, 1.192 detenidas y 1.340 atendidas en centros de salud, sin contar la enorme cantidad de heridos atendidos fuera de esos centros (según datos de la Defensoría del Pueblo de Ecuador).

Las protestas contra el “paquetazo” marcan un punto de inflexión para los movimientos sociales en Ecuador y constituyen de algún modo un ejemplo para toda la región. Quienes siguieron los acontecimientos en la prensa y en las redes, seguramente notaron algunas particularidades de la movilización: en primer lugar, la enorme presencia de mujeres durante todo el levantamiento, encabezando las marchas. “No somos delincuentes, somos mujeres”, grita una lideresa indígena durante una concentración, “somos valientes, somos guerreras, y vamos a transformar a esta patria querida”. Las indígenas ecuatorianas siempre tuvieron un papel relevante dentro de la comunidad (gran ejemplo de ello es Dolores Cacuango, activista pionera en la lucha por los derechos de indígenas y campesinos en Ecuador), pero sin duda las generaciones más jóvenes, con acceso a niveles educativos altos, vienen trabajando intensamente por visibilizar el rol de las mujeres en la comunidad.

En segundo lugar, sorprendía ver la gran cantidad de mujeres en las calles cargando bebés en sus espaldas, o marchando al lado de sus hijas e hijos. Es que las poblaciones indígenas se basan en la idea de comunidad, y cuando se movilizan, ya sea para asistir a una fiesta, una asamblea, una protesta social, lo hacen con todos sus integrantes: mujeres, hombres, niños, niñas, personas mayores. “Viajaríamos hasta con los animales si pudiéramos llevarlos”, me explicó la cineasta indígena Patricia Yallico.

El acuerdo alcanzado es el triunfo de la plurinacionalidad y la multiculturalidad ecuatorianas, de la visibilización de la comunidad indígena en Ecuador y en el mundo, y del reconocimiento del papel de las mujeres indígenas en las negociaciones sociales y políticas.

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