A los 83 años y luego de tres décadas, Juan Martín Posadas volvió al Directorio del Partido Nacional

“El Parlamento ha perdido prestigio y eso es grave”

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Nº1986 - al de Septiembre de 2018
Entrevista: Elena Risso. Foto: Leo Barizzoni.

Después de tres décadas y a sus 83 años, Juan Martín Posadas volvió a integrar el Directorio del Partido Nacional. Desde abril, todos los lunes sube las escaleras de mármol de la vieja casona de Juan Carlos Gómez para ocupar el sillón que el senador Luis Alberto Heber dejó para dedicarse a la campaña electoral.

Como uno de los principales dirigentes de la corriente wilsonista, en marzo de 1983 Posadas fue electo miembro del directorio que presidió el historiador Juan Pivel Devoto. “Es muy distinto integrar el directorio de ahora al de antes. Es una tarea que me gusta, me interesa, creo que podría aportar algo”, dijo en una entrevista con galería.

Su interés por la política es parte de un legado familiar. Y ese interés no se apaciguó en los años que fue sacerdote. En el tramo final de la dictadura, Posadas se involucró en el debate público a través de artículos críticos sobre el régimen que difundió en varias publicaciones y fue un emblemático columnista del semanario La Democracia.

Obtuvo la autorización del Vaticano para dedicarse a la política y restablecida la democracia en 1985 ingresó al Senado. Su cercanía con Wilson no le impidió votar un año después en contra de la ley de caducidad. Fue reelecto en 1989 pero no completó el período. El último cargo público que ejerció fue el de integrante del Consejo Directivo del Sodre.

Un problema de salud a mediados de los 90 lo alejó de la política activa pero no del debate de ideas. Desde hace 18 años es columnista de El País. En las pasadas elecciones adhirió a la candidatura de Luis Lacalle Pou y hoy lo sigue respaldando.

¿Cómo elige los temas de sus columnas? Escribo sobre lecciones de actualidad, sea inmediata, de esta semana, o un poco más extendida. Por ejemplo, escribí tratando de englo­bar la situación del país en este momento. Me parece que está marcada por el fin del Uruguay frenteamplista. Más allá de lo que sea el resultado electoral, el vigor político, el músculo­ político del Frente Amplio, aquello que lo convirtió en un detonador del entusiasmo popular durante muchos años, está anémico. Veo el cuarto menguante del Frente Amplio. Encontró en el momento de su despliegue político una afluencia de capitales externos en Uruguay, una bonanza de los precios internacionales colosal. El crecimiento del Producto Bruto del Uruguay fue una cosa astronómica, le permitió hacer muchas cosas y derrochar mucha plata, en cosas que podían tener su importancia y su sentido como el Mides, hasta los derroches de Ancap, de las tarjetas corporativas, de todo el invento sucraalcoholero del norte, entre otras. Es como el tango de Gardel “en la garufa corrida tiraste papeles de a cien”. Eso fue lo que le pasó al Frente: tiró papeles de a cien.

Falta un año para las internas. ¿Cómo ve al Partido Nacional? La peripecia electoral se ha adelantado mucho.  En el Partido Nacional ya están más o menos perfilados los que aspiran a intervenir en la interna. En el Frente Amplio tiran un candidato nuevo por semana. Las elecciones que vienen pueden ser la apertura a un nuevo tiempo, cosa que no sucedía antes porque se sabía. Se condice o se relaciona con el continente, porque uno está viendo lo que es el fin de la era trabalhista en Brasil, el fin de la era Kirchner en Argentina, de la era Correa en Ecuador, y otros fines que van a ser un desastre como el de Venezuela, que no se sabe cuándo tendrá lugar pero es evidente que está en la agonía. Atravesaron circunstancias más o menos parecidas: recibieron una bonanza por los precios absolutamente astronómicos de las materias primas que producían, lo dilapidaron en gran parte, a veces en obras de gobierno mal gestionadas y poco evaluadas y otras veces directamente en el soborno, en la coima y la corrupción. De esa bonanza que duró hasta el 2014, 2015, en Uruguay queda poco, la inversión pública fue exigua, y en Brasil y Argentina la corrupción es escandalosa. Acá en Uruguay hay casos que para los parámetros uruguayos a veces son los que la Jutep ha tomado en cuenta, pero no tiene la gravedad de ellos.

En ese fin del período del que usted habla, ¿lo ve al Partido Nacional haciendo méritos para que eso ocurra o cree que es algo que se dará por la caída del Frente Amplio? Es una combinación de ambas cosas. El Partido Nacional está bien, ordenado, presente en la sociedad, manejando las divisiones internas armónicamente. Es el único partido uruguayo que tiene un sentido de la épica, en el único donde florece y se cultiva. Eso lleva a que en distintos períodos del partido, cuando no hay un gigante épico como podría haber sido Wilson o Luis Alberto de Herrera, se produce a veces una especie de rebote, de gente que dice “¿ahora a quién voy a votar?”. Una elección es elegir entre los que están.

¿Por qué estuvo tan alejado de la política activa? Por distintas causas, pero hubo una fundamental que fue un problema de salud: por un error médico quedé sordo totalmente de un oído, con la mitad de la cara (derecha) paralizada y sin equilibrio. Ahí quedé afuera. Soy un personaje de otra época, puedo contribuir en algo ahora pero no tengo condiciones de ser un dirigente de primera línea en este mundo que no es mi mundo.

(El Frente Amplio) derrochó mucha plata en cosas que podían tener su importancia y su sentido como el Mides, hasta los derroches de Ancap, las tarjetas corporativas, todo el invento sucraalcoholero del norte, entre otras. Es como el tango de Gardel “en la garufa corrida tiraste papeles de a cien”. Eso fue lo que le pasó al Frente: tiró papeles de a cien.

Hoy parte del debate se da en redes sociales. ¿Falta gente del Partido Nacional que elabore pensamiento crítico del siglo XXI? Lo siento como una carencia mía, no sé si la gente del siglo XXI lo siente así. Lo que dicen todos los filósofos que se ocupan de esto es que es una situación mundial, que los grandes relatos se han apagado un poco. El filósofo francés Dany-Robert Dufour tiene observaciones interesantes en este sentido: ¿en nombre de qué o de quién le exhorto a un joven que tenga tal o cual conducta? En nombre de Dios ya no existe, en nombre de la patria, no existe, en nombre del partido, tampoco, el honor de su familia, tampoco. ¿En nombre de qué le digo a un adolescente esto lo podés hacer y esto no? Es una pregunta. Ha ido “liberándose” de una cantidad de cosas y ganando otras. Se gana un ciudadano más libre pero a la vez más deses­tructurado, que no tiene límites por ningún lado, que muchas veces se siente primero rebelde y después desorientado, solo.

Integró un Parlamento en el que pasaron cosas muy importantes. Hoy algunas leyes salen hasta mal redactadas. Eso no solo es responsabilidad del gobierno sino de la oposición, por las personas que se eligen para esos puestos. Hay una desvalorización del Parlamento que se deriva en el hecho de que las mayorías absolutas lo hacen casi innecesario. La labor parlamentaria se ha venido abajo en estos períodos de mayoría absoluta. Es legítima, porque la ganaron con los votos, pero produce efectos muy malos para el país.

Pero la investigadora sobre el “caso Ancap” tuvo resultados importantes. Parecería que si se trabaja a fondo algunas cosas pueden salir a la luz. Sí, por supuesto que hay cosas para investigar. Todo lo de Salud Pública que ha salido de los problemas de corrupción en hospitales que crean empresas privadas de su propiedad a las que les derivan los médicos. Eso se ha descubierto y se ha obligado a corregir. Hay cosas que no han aparecido en ese terreno y que lamentablemente la comisión (investigadora sobre el tema) no quiere seguir porque el Frente impuso un tope de tiempo.

Pero cuando se votó la extensión de esa prórroga de tiempo los legisladores de la oposición tampoco estaban en sala para hacer número y votar afirmativamente. No sé si hubiera salido la prórroga. Pero la obligación del parlamentario es estar presente, esa instancia fue una pieza más de agregar una queja de la población al comportamiento de los parlamentarios que ya tienen mucho. El Parlamento ha perdido prestigio. Eso es grave.

Las encuestas muestran una caída en la intención de voto del oficialismo y de la popularidad del presidente Tabaré Vázquez, pero eso no se traduce en votos para la oposición. ¿A qué lo atribuye? Hay varias cosas. Por un lado, la naturaleza del Frente Amplio. Lo he dicho y escrito: es un partido de feligreses, es una cosa religiosa casi. Viendo como ven, situaciones espantosas que nunca hubieran pensado que iban a ocurrir en sus filas, están en el molde y ni siquiera critican. Influye otra cosa que según (Oscar) Bottinelli es general del Uruguay: la gente vota partidos, no candidatos, y el tránsito de un partido a otro es muy lento, que demora, se va haciendo muy lentamente. Y la tercera cosa es que estamos a un año de las elecciones. Los emigrantes del Frente, que no van a ser muchos pero va a ser una porción considerable, pasan primero a la categoría de indecisos. Hoy, los indecisos son una barbaridad. Los partidos no son contiguos, para pasar de uno a otro hay que pasar por el medio, que es la gran laguna que son los indecisos, que son los que determinan la elección. El núcleo duro de los partidos es inamovible, pero hay un porcentaje de votantes fluido. Si uno se pone a pensar que en el Frente Amplio cambiaran de partido el 10%, que parece mínimo, son 110.000 votos. Una montaña de votos. Aunque perdiera el 5% de sus votos, son 50%, que salen de un lado y van para otro.

A los blancos les pesó mucho el tema de la corrupción y durante varias elecciones el fantasma de las acusaciones a exjerarcas del gobierno de Luis Lacalle Herrera fue recurrente. Ahora al Frente Amplio también le tocó vivir situaciones complejas, incluso con un vicepresidente procesado. Sin embargo, los blancos no tocan esos temas. ¿Qué le parece? La estrategia política es una ciencia muy difícil. No sé cuál es la adecuada. Pero miro con respeto a un partido que procura no hacer pie en la corrupción de sus rivales sino en hacer pie en lo que tiene para ofrecer. Eso es lo que está haciendo el Partido Nacional y me parece bien. El buscar la estrategia de ensuciar la cancha se va a ver en las elecciones de una manera superlativa, lamentablemente. Eso es lo que ha hecho que aparecieran denuncias como la de Pablo García Pintos por parte del diputado (Daniel) Placeres del Frente Amplio. Una cosa que tenía 20 años atrasada, que no tenía cómo corregirse porque ya pasó, y cuyo único objetivo es el enchastre y lo único que revela es la exquisita mala leche del dirigente político que hace de eso su trabajo.

Pero ustedes también tuvieron, por ejemplo, la situación del intendente Agustín Bascou en Soriano con sus estaciones de servicio. Lo de Bascou pasó a la Comisión de Ética, que lo sancionó. Se resolvió como se tenía que resolver. Las cosas están siendo encomendadas a la Comisión de Ética. Creo que hay fallas en todos los partidos, la diferencia está en la forma en que el partido las procesa. Una cosa es lo que hizo el Frente Amplio, que con la unanimidad de la Mesa Política dijo que Sendic era víctima de acoso periodístico cuando se informó que tenía un diploma falso. Se dijo que era una conspiración de la derecha y la prensa. El Partido Nacional no defendió a ninguna de las personas que cometieron errores, que fueron Bascou, el diputado (Wilson) Ezquerra (que manejó alcoholizado y atropelló a una mujer). Nadie salió a defenderlos.

Pero siguen ahí y pueden ser candidatos de nuevo. El partido les aplicó las sanciones que entendió. No tapó el asunto. Tampoco los puso contra el paredón para fusilarlos, que no me parece correcto. Hay una cosa más reciente, que fue el caso del presidente de la Junta Departamental de Tacuarembó (Felipe Bruno), que se le fue la boca y dijo cosas que están mal (“Tal vez debería volver la dictadura, para que los sabandijas se terminen de una vez”). Se le pidió que lo hiciera y se rectificó.

Si Novick hubiera entendido de política, que me parece que no entiende, hubiera aprovechado la situación de debilidad del Partido Colorado y se quedaba con todo el partido. Lo de Talvi es muy distinto.

¿Cómo observa la aparición de outsiders como Ernesto Talvi o Edgardo Novick, que llegan con un discurso más despojado de ideologías? Esas cosas pasan porque el ambiente político da lugar a que pasen. Es porque hay una deficiencia o una debilidad de los partidos establecidos. Novick nace porque hay una combinación de clima y humedad que permite que esa planta nazca. Pero además nace por un error enorme de falta de visión política de la dirigencia de los partidos tradicionales cuando crean la solución integral de la Concertación para Montevideo, cuya lógica era perfecta: “Vamos a juntarnos para ganar Montevideo en la elección departamental, que no es algo ideológico, sino cómo se limpian las calles, se tapan los pozos”. Se juntaban en un partido nuevo por las exigencias de la legislación. Y hacerlo de tal manera que se vote un candidato del Partido Nacional y un candidato del Partido Colorado. Y el que gana se lleva los votos de todos. Pero a alguien se le ocurrió poner a un tercer candidato por si alguien no quería votar a blancos o colorados. Una cosa absurda, decir ¿por qué no le abrimos la puerta a otro en el negocio que tenemos nosotros? A otro que no sabemos ni quién es ni qué va a hacer. Un disparate colosal. Y que además desde el punto de vista de la mínima picardía política no se explica tampoco. Cometieron el error y el error les ganó la elección. Novick sacó más votos que todos. Yo creo que si Novick hubiera entendido de política, que me parece que no entiende, hubiera aprovechado la situación de debilidad del Partido Colorado y se quedaba con todo el partido. Lo de Talvi es muy distinto, nace también con una base de descontento razonable. Es una persona que tiene otra formación, que si bien no estaba actuando directamente en política ha pasado la vida estudiando los problemas económicos del país y tiene una percepción real de una sociedad donde la educación se ha ido al demonio. Y está haciendo esfuerzos privados personales para crear esos colegios, para hacer lo opuesto que reciben los chiquilines en la enseñanza pública. Creo que Talvi se dio cuenta de que tenía que entrar en una de las estructuras políticas actuales, que tienen vida e historia.

Algunos sostienen que esos potenciales electores le sacan votos a Lacalle Pou. ¿Usted qué piensa? Alguno le van a sacar.

Para mucha gente, los blancos son conservadores, ricos, y de la zona costera. Su hermano Ignacio, por ejemplo, es una representación de eso. ¿Por qué cree que se los ve así? Los adversarios también juegan. El Frente Amplio, que tuvo ese predominio tan grande sobre la sociedad uruguaya, fue capaz de crear lo que se llama el sentido común de la sociedad. Esas cosas que todo el mundo repite, las dan por hechas, y nadie las interroga. Y están todos convencidos de que es así. Ese sentido común de la sociedad incluye una cantidad de cosas: que los dirigentes sindicales son todos bárbaros y no es verdad, que a las empresas del Estado hay que apoyarlas. Como también hicieron correr y que se convenciera mucha gente de que el gobierno de Lacalle era un gobierno corrupto, pero no es verdad. Se tomaron el trabajo de incluir en eso el concepto de que el Partido Nacional era un partido de 21 y Ellauri. En realidad es, sobre todo, un partido del interior.

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