Foto: Adrián Echeverriaga

Edad: 28 Ocupación: Artista visual e ilustradora Señas particulares: Escribe poemas, fue la artista uruguaya más joven en exponer en el Museo Nacional de Artes Visuales, conoció personalmente a William Kentridge

Elián Stolarksy

4min
Nº1981 - al de Agosto de 2018
Entrevista: Florencia Pujadas

En el liceo era buena en Física y Matemática. ¿Por qué decidió convertirse en artista visual? Es curioso, pero siempre me dejé llevar por mi instinto. También escuché a los demás, que muchas veces me decían que dibujaba muy bien. Antes de terminar el liceo quería estudiar en la Facultad de Bellas Artes, pero sabía que en Uruguay muchas veces es difícil tener una solvencia con esa profesión. Me acuerdo que mi novio me preguntó por qué no estudiaba animación y me metí a hacerlo.

¿Cómo se relaciona la animación con la pintura? De a poco lo estoy empezando a vincular, porque estoy utilizando la animación en algunas de las herramientas en mis obras. Antes había trabajado como animadora para publicidad, pero era agotador. Me gustaba volver a mi casa para ponerme a dibujar y era difícil, porque estaba todo el día en eso. Era desgastante. Otra cosa que también me pasaba era que en Uruguay no podía hacer muchos proyectos del tipo que me gustan. No estoy hablando de Anina, por supuesto, que fue una película de animación hermosa que salió porque con el grupo de trabajo le teníamos mucho amor.

Sus padres son arquitectos y su hermana bailarina de tango. ¿Siempre estuvieron vinculados al arte? Toda mi vida estuve en contacto con el arte. Mi padre siempre me llevaba al Museo Nacional de Artes Visuales, ahí me conocen desde que soy muy chica. Siempre hubo libros en mi casa y era normal que habláramos de exposiciones, autores o cuadros. También empecé clases de barro y cerámica cuando era chica porque tenía muchas inquietudes. Siempre nos vinculamos con esta pasión.

¿Qué le gusta leer? Me gusta mucho la filosofía y la literatura. Uno de los autores que me encantan es Sebald, un escritor alemán que habla de la posguerra con novelas. Toca temas que para mí son increíbles y que hacen eco en la mayoría de mis obras. Ahora también empecé un libro de Svetlana Alexiévich, ganadora del Premio Nobel, que habla del rol de las mujeres en la II Guerra Mundial.

¿Qué peso tiene el judaísmo en su obra? Tiene un peso enorme. A pesar de que no todas las obras están directamente relacionadas, mi historia me ha afectado muchísimo, a todo nivel. Y de alguna forma eso siempre se manifiesta en lo que haga, aunque no sea el tema principal. Me afectan las cosas que le pasaron a mi familia y los valores con los que crecí. En mis obras trabajo con los relatos de personas que ya no existen y con hitos de la historia que también me tocan de una forma cercana. Los otros también son parte de mí y del pasado de mi familia. Es por eso que también tengo una atracción intuitiva por la conformación de los rostros. Es el punto más íntimo de un ser humano. En definitiva, en mis obras intento entender la raíz de los problemas que se heredan o por lo menos plantearlos. Es una forma de hacer terapia. 

¿También hace terapia cuando escribe poemas? Sí, pero de una forma diferente. Siempre escribo poemas y cuentos, que, a diferencia de mis obras de arte, son cortos y concisos. Me olvido de lo barroco que caracteriza mis obras, pero escribo sobre cosas en común. Me cuestiono temas que después transmito en el papel. Y lo que escribo está emparentado con lo que me moviliza: es como un tejido de distintas formas para aproximarse a lo mismo.

¿En qué momento escribe? En ningún momento en particular. A veces lo hago de noche porque suelo trabajar en mis obras por la mañana, pero depende mucho del día y de mi inspiración. Intento seguir una rutina aunque a veces es difícil si no estoy en un proyecto concreto.

Fue la artista uruguaya más joven en exponer en el Museo Nacional de Artes Visuales. ¿Es posible a su edad vivir del arte? Por ahora puedo decir que vivo del arte, pero tengo que ser precavida. Por ejemplo, sigo viviendo en lo de mis padres porque la mayor parte del dinero lo utilizo en viajes; todas las becas que tuve en España o en Bélgica han sido autogestionadas. Pero es difícil. Tenés que estar todo el tiempo moviéndote detrás de las oportunidades porque es un círculo muy pequeño. Tiene que ver con la educación. Me parece que el arte es lo más afectado, porque siempre necesitás que alguien te introduzca y te enseñe a mirar las obras.

¿A qué colegas admira? En el medio uruguayo es muy difícil separar el cariño con las obras. Acá se reproduce mucho lo que pasa afuera: hay artistas más reaccionarios, abstractos y los que mezclan todo. Me gusta mucho (Luis Alberto) Solari y Carlos Federico Sáez. También me interesa Christian Boltanski y Francisco de Goya por sus grabados y su vínculo con la guerra. Pero uno de los que más sigo es William Kentridge. Tuve la suerte de conocerlo en vivo en la inauguración de una exposición en Madrid.Además de la pintura también le gusta la salsa. Me encanta. Es un hobby muy importante porque cuando estás todo el tiempo sentada necesitás una actividad para descargar la energía. Tengo que estar en movimiento. Bailo desde chica y lo necesito por mi personalidad.

¿Cómo es su personalidad? Soy un cúmulo de nervios y ansiedad. A la gente que me conoce le parece que soy tranquila, pero en realidad no lo soy.

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