En el último suspiro

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Nº1981 - al de Agosto de 2018
 por Andrés Danza 

La pelota permanece suspendida a cinco centímetros de la red. La imagen está congelada en la línea divisoria de la cancha de tenis y el suspenso lo aportan la música y una voz en off que da inicio a la película. Dice que a veces es mejor ser “afortunado” que tener “talento” y lo mucho que juega en la vida la “suerte”.

“Hay momentos en un partido en que la pelota alcanza a pegar en la red y por una décima de segundo puede seguir su trayectoria o bien caer hacia atrás. Con un poco de suerte, sigue su dirección y ganas. O tal vez no y pierdes”, concluye el narrador para dar comienzo a Match Point, una de las películas más interesantes de la última época de Woody Allen.

Como suele ocurrir con algunas de las obras de este octogenario neoyorquino que tanto ha aportado a la cultura contemporánea, la anécdota inicial encierra un mundo a desarrollar que predispone al espectador a estar alerta desde el primer minuto. Habla de un momento clave, de esos infrecuentes en la vida, y de cómo todo cambia por un movimiento de milímetros. Lo llama suerte pero luego deja claro que lo importante es cómo se anticipan los protagonistas a ese instante crucial o, mejor todavía, cómo lo asumen.

Esta es una excelente descripción de lo que actualmente ocurre con el fútbol uruguayo y las denuncias de corrupción. Así también debería iniciarse esta película, que tiene a todos expectantes y sorprendidos con su trama turbia y la incertidumbre que genera lo que puede venir en las próximas escenas.

La pelota pegó en el borde de la red con la renuncia a la reelección del expresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Wilmar Valdez. Ahora puede cambiar su rumbo y regresar a una cancha ya conocida y poco atractiva por su oscuridad, o caer del otro lado, el menos conocido, el que iniciará una historia de intrigas y suspenso.

Es evidente que hay mucho para investigar y para procurar informar acerca de lo que hay detrás del principal deporte uruguayo. Es probable que esto ya se intuyera antes. Pero ahora, debido a una conjunción de hechos, se hace mucho más evidente y accesible. Por eso, este es el momento y los periodistas también juegan ese partido.

En lo político, es considerable lo que aportó el periodismo uruguayo para revelar asuntos espurios o irregularidades durante los últimos tiempos. Es cierto que también lo han hecho el Parlamento y la Justicia, pero siempre luego o durante investigaciones periodísticas exhaustivas.

En Búsqueda iniciamos algunas y otros medios y colegas comenzaron otras. Ni el exministro de Economía, Fernando Lorenzo, ni el expresidente del Banco República, Fernando Calloia, hubieran sido procesados por la Justicia sin el aporte del “mejor oficio del mundo”, en palabras de García Márquez. Tampoco hubiera renunciado el ex vicepresidente Raúl Sendic sin el trabajo previo de periodistas que se pusieron a revisar, una por una, las cuentas de su tarjeta de crédito, o que rastrearon la veracidad de un título que decía ostentar.

Y justo eso es lo que le está faltando al fútbol uruguayo. Hace falta que los periodistas se sienten frente a una mesa e intenten encajar, una tras otra, las piezas que ahora están esparcidas. Hace falta que ese empuje y pasión que muchas veces muestran al hurgar en temas políticos, los repitan en este nuevo ámbito que se abre como un sendero en la selva más tupida.

Claro, para eso también es necesario más periodismo. Para avanzar hay que abandonar, aunque sea por un rato, el mundo del espectáculo­, y caminar entre los protagonistas sin sentirse uno de ellos. Para llegar a resultados concretos, antes hay que tomarse el trabajo de procesar toda la información recibida con el único objetivo de difundirla, y no como arma de negociación.

Así es como funciona. No hay misterios al respecto. Acceder a los audios que pueden contener material delictivo o al menos revelaciones sobre eventuales irregularidades y dárselos a la Justicia sin difundirlos, es exactamente lo contrario a lo que debe hacer un periodista. Tampoco debería subir al escenario y colocarse como uno de los principales protagonistas de la trama ni llenar de halagos al entrevistado en una conferencia de prensa, ni ponerse una camiseta, aunque sea de color celeste.

Hay mucho para investigar. Lo ocurrido las últimas semanas aparece como la primera erupción en el horizonte de un volcán gigantesco que amenaza con desplazar su lava a todas las praderas cercanas, y con ella a muchos periodistas que se ubicaron demasiado cerca.

Es momento de que esa cercanía de la que algunos se jactan cada vez que pueden, sea también utilizada para observar en lugar de figurar. Es hora de que el periodismo se encargue de honrar su esencia y de una vez por todas se conozcan con más detalle las estructuras montadas alrededor del deporte que se transformó en el negocio más millonario del mundo.

No es un tema que involucre solo a personas vinculadas al fútbol. Es mucho más que eso. Detrás hay políticos, empresarios, licitaciones públicas, dinero proveniente del exterior de forma poco clara, inversiones inmobiliarias, un complejo mapa que es necesario observar más de cerca y detenidamente.

Por supuesto: también lo deben hacer la Justicia y el Parlamento y algunos organismos del Poder Ejecutivo. Quizá ya haya jerarcas de esos tres poderes del Estado trabajando al respecto. Ojalá. Pero nada de esto justifica la ausencia del periodismo. Y más todavía cuando muchos de los cronistas del fútbol tienen acceso cotidiano a información relevante.

En los últimos días ya se siente una brisa. Apenas despeina, por ahora. Pero viene aumentando su intensidad en forma continua. Las noticias vinculadas a la AUF of Cards se suceden una tras otra haciendo más perceptible este cambio de aire. Esperemos que sea lo suficientemente fuerte para que en el último suspiro —citando una canción que une alrededor de recuerdos épicos— la pelota, todavía suspendida en el aire, caiga del lado de un avance informativo irreversible, que ponga fin al silencio. Hace falta.

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