MIRADOR / Pasiones compartidas

En la previa de las bodas de diamante, Marta Canessa y Julio María Sanguinetti cuentan su historia de vida juntos

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Nº2012 - al de Marzo de 2019
Por Rosana Zinola

En la tardecita del jueves 7, Marta Canessa y Julio María Sanguinetti esperan a hijos y nietos para ver juntos el partido de Peñarol por la Copa Libertadores. Se trata de una ocasión especial. No solo porque se emite por Facebook por primera vez, sino que, además, la pareja cumple 59 años de casados. Familia y Peñarol.

Así de sencillo fue su casamiento en 1960. Una ceremonia ante el juez de paz en el apartamento de la familia Canessa en Martín C. Martínez y Colonia. Unas 25 personas entre padres, hermanos, abuelos, tíos y los testigos, Jorge Batlle, Luis Barros Tassano, Zelmar Michelini y Elías Bluth. Para la luna de miel viajaron a Buenos Aires.

Cincuenta y nueve años más tarde, el matrimonio recibe a su familia en su casa en Punta Carretas, a la que se mudaron después de la primera presidencia del líder colorado. En su despacho está el escritorio que perteneció al escritor Alberto Lasplaces, las vitrinas de la confitería La Liguria cargadas de libros catalogados según la temática, fotografías, esculturas, pinturas de Luis Solari, María Freire, Manuel Espínola Gómez, José Cúneo y Nelson Ramos y, en un rincón, resguardada, la banda presidencial. Mientras llega Marta, que se está maquillando, aclara que antes de casarse estuvieron seis años de novios.

Cuando se le pregunta cómo conquistó a Marta, ella se apresura a contestar: “Hablando de La hora 25, la novela del rumano Virgil Gheorghiu”. Se habían conocido haciendo de chaperones de sus respectivas hermanas en una salida al cine. A los pocos días coincidieron en un baile en la Embajada de Bolivia y empezaron a conversar de La hora 25, de cine, de arte. “Todo muy intelectual”, dicen.

Aunque para Marta era muy pronto, a las dos semanas de conocerse, Sanguinetti decidió hablar con el “contador Canessa” para no “andar a escondidas”. Su fama de “severo y de pelea” no lo amedrentó. Una a una, fue salvando las preguntas hasta que le inquirió sobre sus preferencias políticas. “Batllista de la 15”, respondió con firmeza. Los Canessa eran de la 1414 de Brause. Pero la pregunta decisiva terminó siendo la deportiva. “¡Soy de Peñarol!”, aseguró orgulloso. El contador miró la hora y dijo: “Está por llegar la Vuelta Ciclista y uno de Peñarol va primero, vamos para el Estadio”. Y así quedó incorporado a la familia.

Coincidencias y la palabra. Casi sin darse cuenta pasaron 65 años de navegar juntos, con dos hijos, cuatro nietos y amigos por todo el mundo. “La clave de la felicidad está en coincidir en muchos temas: el político, el deportivo, el religioso”, afirma la historiadora. Pero hay otra punto muy importante, según Sanguinetti. “Tenemos temperamentos muy distintos pero siempre le hemos buscado la vuelta para que las diferencias de carácter se traduzcan en algo positivo. Ella es levantisca, es polvorita y yo soy manso”, explica. “Coincidimos en muchas cosas hasta sin hablar, claro, porque nos conocemos con solo mirarnos y, cuando llega el momento, decidimos conversar”, agrega.

Concuerdan en su pasión por la Historia, por el cine y por el arte. “El primer elemento en la relación humana es la palabra y cuando la palabra se degrada se empieza a degradar el matrimonio. Cuando la palabra se degrada en el ámbito público se degrada la democracia. La palabra es fundamental, es la vida de la relación de la gente”, analiza el político. La palabra es el “instrumento del hombre, de la comunicación”, agrega su esposa, es así, como los gestos. El abogado, periodista, tres veces diputado, dos veces ministro, senador y dos veces presidente de la República es además un hombre romántico. Marta reconoce que Julio María siempre tiene gestos especiales. Ese mismo jueves le llegó un ramo de rosas rojas “preciosas” y luego la sorprendió con un espejo art déco para el tocador que consiguió en lo de un anticuario amigo.

Un detalle que mantiene a lo largo de su vida es la costumbre de prepararle el desayuno. Se levantan siete menos cuarto, hacen caminador y toman clases de gimnasia los lunes, miércoles y viernes. Sanguinetti prepara jugo de ciruela para ella y de naranja para él; té Earl Grey con leche fría para ella, café con leche para él y tostadas. Comparten la lectura de diarios y luego cada uno se retira a sus actividades. Para el almuerzo se reúnen con algún nieto, hijo o amigo y, por la noche, una cena frugal para no quedar “pesado” para el día siguiente.

Y mucho más ahora que tomó la decisión de volver a la actividad partidaria. A los 83 años desborda energía. El viernes siguiente a su aniversario de casados viajaba a Tacuarembó. Programas de radio, televisión, notas en prensa, encuentros con ciudadanos por todo el país. Su presencia revitalizó al Partido Colorado y está convencido de que será el candidato en un eventual gobierno de coalición.

Marta no lo tomó tan bien, tiene ciertas aprensiones, pero siempre “acompaña”. “Pero si yo soy colorado y batllista, ella es más colorada. Ser más colorada que Marta es difícil”, acota el líder. “Es un tema de identidad. A los jóvenes a veces les resulta difícil de entender. Uno es uruguayo, colorado, peñarolense, esas son razones de identidad. Y yo ¿por qué estoy en este lío? Porque el Partido Colorado parecía derribarse y cuando estaba en el peor momento había que salir y salimos. Y ahora ya estamos en otro escenario”, detalla. 

Entre actos, entrevistas y giras, siempre hay tiempo para sus pasiones. Actualmente, van poco al cine pero ven todo lo que les gusta en su casa. Una de sus series favoritas es Comisario Montalbano. Su afición llega al extremo de que cuando viajaron a Sicilia recorrieron todos los lugares que aparecen en los capítulos.

El presente. Sentados en la sala con su perro Martín (en honor al jugador celeste Cáceres) a sus pies repasan las imágenes en blanco y negro del casamiento civil que tomó el fotógrafo del diario Acción. “Este es papá, este es el papá de Marta, acá está su mamá María Montserrat. Mi suegra era preciosa y una escritora muy fina, una académica”, señala orgulloso.

Y ahí comienzan a charlar sobre otra de sus pasiones, la literatura. Muestran una antología de narradores uruguayos que salió en Venezuela, en la que aparecen Mario Benedetti, Mario Arregui, Felisberto Hernández, María Montserrat, Juan Carlos Onetti y Armonía Somers, entre otros.

Para las bodas de oro se fueron a Río de Janeiro en un crucero con toda la familia. Ese acontecimiento merecía un regalo único. Después de varias opciones se decidieron por un grabado conmemorativo sobre una serigrafía creada por Ignacio Iturria que él mismo autografió. El pintor uruguayo lo llamó Colorados y peñarolenses. Amigos y familiares recibieron un grabado en el que aparece Sanguinetti abrazando a Marta de collar de perlas y con un vestido amarillo con el escudo de Peñarol.

Hoy como ayer, los dos miran para el mismo lado. El próximo año cumplirán las bodas de diamante inmersos en una familia que comparte la pasión colorada y peñarolense.

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