Como pasante en el prestigioso estudio Pentagram de Nueva York, el diseñador gráfico Martín Azambuja mira el diseño uruguayo con otra perspectiva

Entre los colores de la murga y las formas de los suizos

7min
Nº2029 - al de Julio de 2019
por Alejandra Pintos

Como cualquier adolescente uruguayo, Martín Azambuja se pasaba jugando al fútbol. Cuando no estaba con la pelota, dibujaba. Sin embargo, un verano, mientras jugaba en el Club Urreta de La Blanqueada le ofrecieron entrenar de manera profesional (“ficharlo”, como se dice). Y tuvo que elegir entre eso o hacer un curso de computación —que en aquella época, a principios de los 2000, estaba en auge—. Aún no sabe bien por qué, pero eligió la computadora, y, así, comenzó a transitar el camino del diseño. Más tarde optó por hacer diseño gráfico en la Universidad ORT y aprendió toda la teoría que necesitaba para acompañar esa afinidad natural hacia las imágenes.

Hoy se define como un “diseñador gráfico al que le gusta ilustrar”. Por más comercial que sea su tarea, sigue siendo un arte. A poco de haberse recibido fundó el estudio Mundial junto a su colega Francisco Cunha, también ilustrador —más tarde se sumó Juan Palarino, que comparte el mismo perfil—. Juntos han trabajado en algunas de las nuevas identidades gráficas a escala local, sobre todo en el área de gastronomía; por ejemplo, en la flamante Pizzería Rosa, de Lucía Soria, en Café Nómade y Birra Bizarra. 

Como ilustrador, sus proyectos personales se han vuelto verdaderas piezas de colección. Al mejor estilo Torres García, creó afiches inspirados en la imagen de Montevideo, también hizo una serie de cuadros con figuras de murguistas, ilustró dos veces la tapa de la prestigiosa revista de diseño alemana Novum (todo un honor) y su trabajo más reciente fue una estampilla del Correo Uruguayo inspirada en el sistema de bicisendas. 

Martín Azambuja conversó con galería desde Nueva York, donde reside desde hace tres meses. El diseñador decidió mudarse a esa ciudad para hacer una pasantía en Pentagram, uno de los estudios de diseño más reconocidos a escala mundial.

¿Cómo empezaste a dibujar? 

Viví en La Blanqueada casi toda mi infancia y adolescencia, y cuando no estaba en el colegio de los maristas, estaba todo el día jugando al fútbol en la calle. Era una niñez típica uruguaya. Pero también me gustaba mucho el dibujo e iba a talleres de diferentes técnicas, como retrato, acuarela. 

¿En qué momento el pasatiempo se volvió tu carrera?

Jugaba al fútbol en el Urreta y a eso de los 14 me anoté a un curso de computación. En un momento me ofrecieron ficharme y tuve que elegir entre el curso y el fútbol, y me incliné hacia las computadoras. Ahora que lo pienso tendría que haber elegido el fútbol (risas). Ahí me puse a investigar distintos programas, el Excel, algunos juegos e incluso Paint. Me pasé un verano copiando objetos en el Paint, como tapas de discos de The Offspring. Esos fueron los primeros dibujos que hice en computadora y los publicaba en Taringa! (una red de blogging popular a principios de los 2000). Hoy hago lo mismo, o espero que haya mejorado un poco, pero lo publico en Instagram.

¿Te definís como diseñador o ilustrador?

Me siento un diseñador gráfico que ilustra como hobby. Me encanta el diseño gráfico, el crear identidades de marcas, es mi interés primario, mientras que dibujar es un pasatiempo. Entonces, más allá del trabajo del estudio, trato de mantenerlo y generar proyectos personales. Hice una serie de cuadros de murguistas, estampillas para el correo, tapas de revista, son exploraciones de ese hobby. En Mundial, como estudio tenemos un perfil cercano a la ilustración, por la afinidad que tenemos Fran Cuña, Juan Palarino y yo con la ilustración. Pero igual el concepto de síntesis se mantiene. 

Tus diseños se caracterizan por un uso original del color. ¿Es una búsqueda que hacés?

Se me da natural, pero he notado que llama la atención. Incluso en la agencia que estoy ahora me han pedido que elija colores "porque ando bien en eso". No sé de dónde viene. Hay algunas combinaciones que veo que son interesantes y me quedan guardadas en la cabeza. Creo que en Uruguay está la influencia de Carlos Páez Vilaró, que hacía un buen uso de los colores. También la murga, que siempre me encantó, es un mundo supercolorido que siempre veía desde chico. Trato de mantener esa esencia de los colores que veía en el Carnaval cuando era niño.

La imagen de la murga contrasta con tu estilo minimalista. ¿Puede ser?

Sí, mis colegas siempre se reían de que hacía ilustraciones de influencia suiza escuchando murga a todo volumen. La serie de murguistas que hice, en la que exploraba esos recuerdos, me lo compró mucha gente que no puede ver ni dos segundos de Carnaval (risas), sobre todo por el contexto político que tiene. Tal vez si llevaras la murga al Teatro Solís, con una buena escenografía y unas buenas luces, sería otra la historia. Me gusta mucho el arte popular.

¿Y el minimalismo de dónde viene?

Siempre me gustó Joaquín Torres García —sin entrar mucho en la teoría de su arte, porque de niño no tenía idea—, sus símbolos. También en el colegio cuando di Historia del Arte me llamó mucho la atención el trabajo de Piet Mondrian, siempre me gustó ese minimalismo intencional, con pocas cosas pero bien puestas. De afuera el diseño suizo siempre me atrajo mucho, fue la primera escuela que conocí cuando estaba estudiando en la Universidad. Por ejemplo, Armin Hofmann me resultaba interesante. Ellos usaban una grilla (que tenía toda una teoría) y ahí generaban algo, con colores y elementos reducidos. Mientras estudiaba siempre los tenía de fondo de pantalla.

¿Cómo ves la escena del diseño local?

Hace tres meses y medio que estoy viviendo en Nueva York y estoy haciendo el ejercicio de pensarlo con otra perspectiva. Creo que desde el arte sobre todo se están haciendo bastantes actividades, por ejemplo desde la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FADU) o desde la Cámara de Diseño del Uruguay (CDU). Las movidas están muy a la mano para que se hagan, es cuestión de dedicarles tiempo.

Algo que estoy viendo ahora en el diseño uruguayo, y que creo que el sector industrial fue el primero en dar ese paso (por ejemplo yendo a ferias de diseño en Londres), es que algunos estudios están saliendo a mostrar su trabajo afuera, a eventos, charlas, etc. En estos momentos, Atolón de Mororoa está en Guatemala en un festival llamado Adherente, por ejemplo. Me parece que siempre nos costó hacer eso, por el tiempo que implica y también porque nos cuesta exponer nuestro trabajo a los demás, confiar en él y, a su vez, abrirnos a la crítica y a la discusión. 

Siento que impulsar la visibilidad de los estudios uruguayos en el medio local y luego en otros países, tanto en conferencias como talleres, sin dudas es necesaria y debería ser cada vez más buscada, teniendo el apoyo necesario de cada parte. De hecho, hay muchos estudios (de los más reconocidos y con trabajos muy importantes en nuestro país) que mantienen cierto anonimato. Entiendo que no quieran ser parte del mundo de los likes y las redes, pero sí creo fundamental que sean parte de la otra exposición, la que enseña a los estudiantes y que también nos permite dar a conocer lo que hacemos, poner el diseño uruguayo en el mapa, preguntarnos cómo estamos haciendo las cosas, conocer contextos, procesos nuevos, compararnos y sacar conclusiones. 

¿Por qué decidiste mudarte a Nueva York?

Principalmente, fue la curiosidad que me trajo acá. Siempre estuve bastante cercano a todo lo que pasaba en cuanto a diseño afuera. Desde que empecé a estudiar, siempre me gustó estar empapadwo en las tendencias. Antes de irme estaba buscando un cambio, algo que me estimulara, quería mudarme con mi esposa porque necesitaba algo nuevo. Cuando llegó la propuesta de Pentagram (uno de los estudios de diseño más prestigiosos) era justo lo que estaba buscando. La ciudad es muy estimulante, desde los edificios hasta la ropa de la gente en la calle. Además, quería saber cómo trabajaban los diseñadores que me gustaban, entender sus procesos y sacar conclusiones que me sirvan para el trabajo que hago en Uruguay. Yo no tenía tanta experiencia trabajando en estudios antes de emprender, entonces me cuestionaba mucho la manera en la que hacíamos las cosas. Una de las conclusiones que saqué es que si bien está bueno mirar los resultados, el valorar el proceso es aún mejor.

¿Cómo surgió tu pasión por la filatelia?

Me encantaría tener una historia más divertida (risas). Siempre me llamó la atención el tener que representar una idea en un formato de tres por cuatro centímetros. Los sellos tienen algo que para mí es interesante, y es que tienen un motivo, un tema y son directos, no como los logos, que son más abstractos y a veces están asociados a todo lo que rodea a la marca. La filatelia tiene un submundo de coleccionistas increíble. Estando en Nueva York me encontré con eso desde un lado diferente. Acá las cartas son cosas de todo los días. Hace poco entré a un local en Hell's Kitchen que se llama Champion y es uno de los tres más grandes de Estados Unidos. Tenían algunos sellos uruguayos antiguos —me compré un par— y me quedé toda la tarde ahí.

Diseño de tapa para la revista alemana Novum, marzo 2016.
Diseño de tapa para la revista alemana Novum, marzo 2016.
La murga es uno de los temas que Azambuja elige para sus trabajos.
La murga es uno de los temas que Azambuja elige para sus trabajos.
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