Edad: 40 • Ocupación: Actor • Señas particulares: Duerme con su gato Brocha, es capaz de construir una biblioteca de madera, tiene una olla de barro customizada para hacer guisos.

Entrevista: Alfonso Tort

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Nº2029 - al de Julio de 2019
Por Patricia Mántaras.

¿Cómo se festeja un premio o una nominación? Con La noche de 12 años recibí un premio a Mejor actor en Huelva, un poco inesperado, fue una sorpresa. Creo que con esa película en particular, con todo el esfuerzo que pusimos, lo recibís con mucho más cariño. Como cualquier premio, es un reconocimiento a tu trabajo. Lo tomás así y la vida sigue. No estás pendiente de un premio.

¿Es cierto que encuentra la inspiración encerando pisos? Sí, bastante. Tengo una obsesión por encerar el piso. Tengo una obsesión por la limpieza, básicamente. Trabajo desde el orden muchas veces, el caos me desordena. Por eso creo que soy bastante movedizo, de no estar solo en un lugar sino de estar un ratito en cada lado.

¿Cómo fue el proceso de preparación para su personaje de La noche de 12 años? Tuve que adelgazar muchos kilos. Fue un proceso largo. Desde que quedé, a fines del 2016, empecé a averiguar el tema de la dieta, porque quería saber cuánto me iba a llevar adelgazar 10 kilos, que al final fueron más. Yo estaba en mi peso. Me vio el nutricionista y no entendía a qué iba.

¿Se resistió a darle una dieta? No, pero me puso ciertas restricciones. Me dijo: “Esto lo podés hacer una vez sola en tu vida”. No es sano que un cuerpo sano adelgace, es como una huelga, es peligroso. Pero lo hice con cuidado, me hacía estudios de sangre una vez por mes. Yo le pedí una dieta para estar flaco flaco, que se me vieran los huesos. La mayoría de las semanas de trabajo fueron en Madrid, y no quería salir a la calle, veía jamones, todo me tentaba; me desesperaba, no podía ver comida. 

¿Qué fue lo primero que comió cuando pudo? Estaba desesperado por algo dulce. Hacía cinco meses que no comía nada dulce. Me acuerdo que agarré dos latas de Coca y todos los postres que estaban en el catering.

¿Cómo es la olla de barro customizada que tiene? Se inaugura todos los inviernos. Mis padres son artesanos y la olla me la trajo mi madre de Brasil, de una indígena boliviana. Es hermosa y es especial. Ya tiene casi 10 años. Los mejores guisos se hacen en esa olla.

¿Qué heredó de sus padres artesanos? Cuando era chico los ayudaba, hacía juguetes de madera. Después, por temas de actuación, no seguí, pero conservé algo de que me gusta mucho la madera, me gusta trabajarla. Ahora hace tiempo que no hago nada, pero siempre hice muebles para mi casa.

¿Puede hacer una silla? Silla no, porque es más complicada y no tengo las herramientas. Pero te puedo hacer una biblioteca.

¿Si no hubiera sido actor habría sido carpintero? O futbolista o psicomotricista, que fueron las carreras que quedaron olvidadas.

De chico escuchaba a Les Luthiers con su padre. ¿Qué lo hace reír hoy? En Instagram sigo a alguna gente muy graciosa, todo se fue para las redes sociales con los memes. Hay una argentina que se llama @neneca69, que sube memes cada cinco horas y son todos muy graciosos. En artes escénicas no estoy muy al tanto y en televisión soy muy fanático de unos cómicos ingleses que se llaman Little Britain, y vuelvo a ellos como vuelvo a Gasalla. Ese humor de sketch siempre fue mi preferido.

¿Qué hace cuando necesita escapar? A veces fantaseo con irme a acampar solo, pero son fantasías, nunca lo hago. Debe estar bueno, podría ser una buena práctica.

¿Ahora que pasaron casi 20 años de 25 Watts, cómo es haber sido parte de una película que marcó una generación? En su momento ninguno pretendía más que hacer una película, pero puede ser que haya llegado en un punto de cambio. Fue un impulso de una generación. Incluso, no sabíamos si íbamos a terminar la película porque no daban los costos, era muy caro en ese momento. Después apareció dinero para poder terminarla. Era más la experiencia de lo que era filmar una película que lo que podía venir después. Ahora a la distancia veo que fue muy lindo, pero tampoco lo sobredimensiono. Creo que está bueno que se considere de culto, si se quiere. Pero, por ejemplo, ninguno de los tres volvió a protagonizar una película en Uruguay hasta muchos años después. Daniel (Hendler) se fue a Argentina, Jorge (Temponi) protagonizó una película 10 años después y yo recién volví a hacerlo con Las olas (2017). Me parece que a veces falta un poco de ambición, nadie vio una puerta comercial: los tres juntos funcionan, hago una serie con ellos. A veces nos quedamos con el pensamiento de que el mercado es chico, de que acá no se puede. Hay ideas pero no terminan nunca de despegar. No hay estrellas tampoco, nuestras estrellas están en el fútbol o en la tele, hasta periodistas deportivos son nuestras estrellas. 

Vivió varios años en Buenos Aires. ¿Por qué decidió volver? Yo peleo por poder vivir y trabajar de esto acá. Buenos Aires me gusta para pasear, pero no para vivir. Además, siempre sentí que tenía más trabajo acá que en otros países, en Buenos Aires tenía que pelearla el triple.

Está de novio hace dos años. ¿Se ve con hijos? Sí, voy a ser un padre veterano, lo asumo. 

¿Qué cosas le permite a su gato Brocha? Todo. No tiene límites. En invierno duerme conmigo, es como una bolsita de agua caliente.

¿En qué está el proyecto de interpretar a Felisberto Hernández en una película? El proyecto está ahí, buscando financiamiento. Es sobre Felisberto y África, una de sus esposas, que fue una espía rusa. Es una historia increíble. La escribió y la va a dirigir Javier Olivera, un argentino que vivió acá un tiempo y ahora está radicado en Madrid. Ojalá se dé, porque Alfonso empieza a envejecer y después me descartan. El momento es ahora.

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