Nombre: Cecilia Curbelo • Edad: 41 • Ocupación: Escritora • Señas particulares: Conoció a su marido comprando cheques de viajero, el año pasado leyó 134 libros, cuando cocina nunca sigue una receta

Entrevista / Cecilia Curbelo

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Nº1893 - al de Noviembre de 2016
Patricia Mántaras

Antes de dedicarse exclusivamente a escribir tuvo otros trabajos. ¿A qué se dedicaba?

Me pasé diez años como secretaria y después trabajé en un jardín de infantes al que iba mi hija, de portera. Siempre estaba el tema de escribir, pero las puertas estaban cerradas; yo mandaba a un lado y a otro y plin, me lo rebotaban, pero nunca me di por vencida. Iba en el ómnibus y siempre llevaba mi cuaderno y escribía.

¿Le cambió la vida convertirse en una autora conocida?

Se dio todo muy rápido, pero hay un camino hecho atrás que la gente no sabe. Fueron prácticamente 10 años de estar haciendo cosas. Había autopublicado tres libros porque estaba cansada de que las editoriales me dijeran que no, y yo quería cumplir mi sueño. Pedí un préstamo y publiqué mi libro, lo vendíamos con mi esposo puerta a puerta, en la calle, y entre los conocidos. Pero cuando se dio, fue muy de golpe. La presentación de “La decisión de Camila” fue una demencia. Me acuerdo que era un local que la editorial había alquilado para 100 personas y yo rogaba que fuera alguien; iba sumando a mi madre, a mi padre (risas). Además había un partido de fútbol superimportante, era sábado, llovía, yo dije: mi primer libro por editorial, una vez que me aceptan, y esto va a ser un papelón. Terminaron yendo 500 personas, fue impresionante. Después me empezaron a pasar cosas como ir al aeropuerto y que vinieran chiquitas y dijeran “¡¡es Ceci!!”. También empezaron a reconocer a mi hija.

¿Cómo es para ella, Rocío, tener una madre famosa entre sus amigos?

Fue un poco complicado al principio. Ella era muy chica, ahora tiene 14, pero en ese momento tendría ocho años, entonces se le mezclaban los celos de que a su madre de repente venían y la abrazaban. Ahora ya lo tiene asumido y se hace amiga de las chiquilinas.

¿Qué tanto la marcó haber sido blanco de bullying en su adolescencia?

Por el tema del bullying, a los 14 años, me sacaron del liceo. Fue una de esas primeras desilusiones, sobre todo a esa edad, cuando te parece que los amigos son para siempre. Ese fue el primer golpe, pero después también sufrí violencia física en el noviazgo, a los 16 años. Hay un montón de cosas que te forman como persona y que después, de adulto, hacen que puedas entender un poco mejor por qué uno acepta eso, o por qué no. Cuánta fortaleza podés tener y cuánto influye el contexto en el que te criás para poder hacerles frente a esas situaciones. Creo que por eso mis novelas se basan mucho en los contextos familiares.

Cuando conoció a su marido, Diego, él estaba del otro lado del mostrador de un cambio. ¿Cómo franquearon esa barrera?

Yo no creía en el amor a primera vista; para mí ese tipo de cosas eran de película. Fui al cambio Gales a comprar unos cheques de viajero con mi hermano y él nos atendió. En ese instante, cuando lo vi, fue una cosa muy rara, pero supe enseguida que era la persona de mi vida. Cuando salíamos le dije a mi hermano “acordate de ese chiquilín, porque yo me voy a casar con él”.

¿Quién tomó la iniciativa?

Me fui de viaje y a la vuelta fui a devolver los cheques de viajero que me habían sobrado. Para peor, fui con mi hermano y mi madre. Cuando me vio, estaba atendiendo gente y le dijo a los compañero: “a ella la tengo que atender yo, porque ya la atendí antes”. No me pidió el teléfono, pero buscó el tíquet donde aparecía la transacción, porque ahí aparecía el teléfono, y a las dos semanas llamó, re tímido y con los compañeros atrás que le daban manija.

¿Él lee sus libros?

Sí. De repente me pide que se lo imprima y lo quiere leer, porque me ve que a veces estoy confundida con una cosa, con otra o con algún personaje.

¿Qué lee usted?

Leo un promedio de 100 libros al año. El año pasado leí 134. Me gusta mucho el suspenso psicológico, todo lo relacionado a los conflictos familiares que desembocan en comportamientos incomprensibles para el resto, con psicópatas. Cuando te preguntás por qué todo eso y vas para atrás, la psicopatología viene de generaciones. Ese tipo de comportamiento humano es el que más me llama la atención. Me gusta muchísimo una autora alemana que se llama Charlotte Link.

¿Es cierto que puede concentrarse casi bajo cualquier circunstancia?

Tengo mucha suerte de poder concentrarme aunque esté la tele prendida o tenga que trabajar en un lugar oscuro; me adapto. “La decisión de Camila” la escribí sobre una máquina de coser que estaba en un living comedor, en un lugar donde todo el mundo entra y sale y está la tele prendida. Mi esposo y mi hija me dicen a veces que me voy de plano, porque me hablan y estoy en otra.

Vuelve a mudarse después de apenas un año de haber llegado adonde vive actualmente. ¿Le gusta estar en movimiento?

Me divierte. Además, siempre me imagino que lo que estoy haciendo es para siempre. Después la vida te sorprende, porque si no, es un aburrimiento. El tema de los cambios me parece que siempre es como un renacer, volver a inventarte, a contactarte con otra gente, con otro espacio, y todo eso siempre te termina enriqueciendo.

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