Nombre: Selva Andreoli • Edad: Prefiere no decir • Ocupación: Licenciada en Bioquímica; maestra; directora de Grupo Perfil; vicepresidenta de la Asociación Latinoamericana de Marketing y Publicidad (ALAPCOMM) • Señas particulares: No soporta ver los platos sucios; le gusta desayunar en la cama; estudió en Cuba y en la Unión Soviética

Entrevista - Selva Andreoli

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Nº1861 - al de Abril de 2016
Elena Risso - Fotos: Adrián Echeverriaga

Es obsesiva con la limpieza y el orden. ¿Siempre fue así?

A todos con el tiempo se nos acentúan los defectos y también las virtudes. Hay algo de catarsis, me gusta muchísimo lavar. Tal vez hay algo psicológico que nunca investigué. La cocina la lavo aunque sea de noche tarde, porque no me gusta despertarme y que esté sucia.

Tienen una gran familia compuesta por su hijo, los tres de su pareja, Esteban Valenti, y 14 nietos de los dos. ¿Se juntan seguido?

Nos juntamos para comer los fines de semana; consideramos que la comida familiar es un tributo al reencuentro. Aprovechamos para conversar y establecer un vínculo familiar. El “Tano” es gran cocinero, a mí también me gusta cocinar, hago los postres y los antipastos.

Son muy elogiados su Crème Brûlée y algunos platos de origen lituano, de donde era su madre. ¿Comparte esas recetas?

Sí, a los que quieran. Me encantaría que se reprodujera y se transmitiera, porque la receta tiene eso de tradición cultural.

Regala mucho a su familia. ¿Qué le gusta que le regalen a usted?

Me encanta recibir el desayuno en el Día de la Madre. Soy muy de desayunar en la cama. También me gusta que me regalen zapatos, carteras y ropa.

Hace 25 años que está en pareja con Valenti. ¿Por qué nunca se casaron?

Hay gente que nos dice “¿por qué no se casan ahora y les hacemos una fiesta?”. Pero estamos bien así. En la primera etapa cuando vivimos juntos Esteban todavía no se había divorciado, recién lo hizo a los ocho años de estar viviendo juntos, yo sí. No surgió la necesidad, ni de parte mía ni de él.

En la agencia trabaja con su hijo, Diego Piñeiro. ¿Cómo hace para no trasladar las discusiones familiares al ámbito laboral?

Mi hijo ha sido mi lugarteniente en muchas áreas de mi vida. Es un compañero. Además se preparó, estudió, hizo licenciaturas, posgrados. No siempre estamos de acuerdo, pero tratamos de tener un marco de respeto mutuo de lo que dice el otro. Desde que él es director de la agencia tomé la costumbre de nombrarlo como “el codirector”, no “mi hijo”.

Es licenciada en Bioquímica en la Universidad de La Habana. ¿Tiene su título a mano?

Sí. Y también tengo los programas. Cuando volví quise revalidarlo, pero acá no existía la carrera. Después de casi dos años de estar buscando trabajo me llamaron del CDC (Consejo Directivo Central de la Univesidad de la República) y trabajé como coordinadora del foro de bioquímica, que era el embrión de la carrera de bioquímica.

¿Qué le dejaron esos años en Cuba?

Llegué en setiembre del 76 y estuve hasta el 82. En el 83 me fui a estudiar a la Unión Soviética, volví en el 84 y después me fui. Me quedó un gran cariño por los cubanos, lo poco que tienen lo comparten. A pesar de que a mí me gusta mucho vestirme bien, si tengo que manejarme con lo mínimo sé hacerlo, porque viví muchos años con lo mínimo de lo mínimo. En un barrio, Veracruz, durante tres años y medio no tenía agua. Iba a a buscar agua con un balde y me bañaba con un jarrito. No me arrepiento de nada. Conservo amistades muy entrañables y un gran respeto por lo que me dieron. Y de la Universidad, ni que hablar.

¿Qué fue a hacer a la Unión Soviética?

Fui a estudiar política, a la escuela del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). Yo estaba en el Partido (Comunista). Estudié básicamente cuatro áreas: filosofía, historia, táctica y estrategia, y economía política. Trabajábamos con docentes, estuve casi 11 mes en Moscú. Conocí San Petersburgo y pude visitar Lituania, la tierra de mi mamá.

¿Ahí fue más complejo adaptarse?

Para mí estar en la Unión Soviética era como estar en Nueva York. Había de todo desde todo punto de vista. En lo cultural los museos, el teatro, el ballet y la música. Era impresionante.

Siempre se la señaló como una de las mujeres más lindas de su generación. ¿Cómo se cuida del paso del tiempo?

Nunca hice dieta, siempre fui flaca. Pero sí era estricta en hacer dieta saludable. Como soy bioquímica siempre hice procesos sistemáticos de proteínas, carbohidratos, vitaminas, minerales. A mi hijo lo torturaba de chico. Y siempre hice gimnasia.

¿Se considera militante feminista?

Me considero militante por los derechos de la mujer. A veces el concepto de feminismo está contaminado de cierto fundamentalismo, soy antifundamentalista. Soy de luchar por la igualdad de género. A pesar de que dicen que hemos avanzado mucho, en mi opinión avanzamos muy poco.

¿Cómo se acercó a participar en las movilizaciones de Mujeres de Negro?

Me acerqué hace muchos años, cuando comenzaron con las actividades frente a la Intendencia. Después dejé de ir porque coincidía con mis horarios, pero trato de acompañar.

Interpretó a Delmira Agustini en una obra organizada por “las bravas”, que integran mujeres de distintos sectores y colectividades políticas. ¿Qué le dejó esa experiencia?

Era un equipo divino de gente, fue una experiencia enriquecedora, convivía con personas que eran del grupo de (Pedro) Bordaberry y del Directorio del Partido Nacional, además de las del Frente. Generamos una relación que todavía se mantiene. Yo desde chica hacía baile y recitados, así que no tenía mucho miedo escénico. Nunca había actuado, y me parece que es una experiencia que deberían hacer todos en la vida.

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