Edad: 49. Ocupación: Socia directora de Rapsodia. Señas particulares: es argentina pero vivió cinco años en José Ignacio, colecciona vestidos, es fanática del esquí.

Entrevista: Sol Acuña

4min
Nº2019 - al de Mayo de 2019
Por: Carolina Villamonte

¿Seguís siendo hippie? No sé si soy hippie con la vincha y todo eso, pero sí tengo esa cosa más bohemia. Soy más bohemia que hippie, esa cosa de las flores, del romanticismo, esa cosa la tengo, es mi esencia. O sea que sí.

¿Mantenés el hábito de revolver ropa usada como hacías cuando eras chica? Me encanta revolver, meterme en los vintage, siempre encuentro algún tesoro que alguien descarta. Ahora capaz que le siento más olor y lo mando a la tintorería, antes me lo ponía, de frente. Y tomo un montón de ideas para Rapsodia. Soy pilchera, “cosera”, me gustan las cosas. Cuando me agarra el ataque, regalo todo porque necesito limpiar. Pero después empiezo de vuelta, y junto, soy acumuladora. Me enamoro de las cosas, tengo un montón de apego, soy cero Marie Kondo. Si viene a mi casa, pobre... 

¿Cuál es tu joya en el ropero hoy? Los vestidos. Yo colecciono vestidos. Viajo por el mundo y busco vestidos. Tengo una parte del ropero que son todos vestidos. Ahora uso vestidos largos o midis. Soy re obsesiva con ciertas cosas que me van pasando con la edad; no muestro más las rodillas, no muestro los brazos, no uso musculosas, no shorts. Conozco mi cuerpo y sé lo que no y lo que sí. No me podría sentir cómoda usando a los 49 años un short, no me gusta cómo quedan. Trato de ponerme las cosas con las que me siento cómoda, eso es lo que más busco en las prendas.

¿A quién le seguís los pasos en moda internacional? Soy fanática del belga Dries van Noten, muero por él. Cuando voy a París me quedo horas mirando todas las prendas, el local cómo está puesto. Hay un documental de él en Netflix. Me apasiona, tiene esa cosa superbohemia, romántica, femenina. Me encantan sus prints, sus vestidos, cómo maneja las texturas, y es realmente diferente. 

¿Hacés yoga? No, me aburre, soy muy ansiosa y me cuesta. Entreno, corro, hago pasadas, cambios de velocidad, cambios de ritmos, juego al tenis y esquío. Soy fanática del esquí. 

¿Cuál es tu lugar favorito para esquiar? Courchevel, en Francia, tratamos de ir todos los años. Es un lugar donde nos encontramos con la familia. Y otra cosa que me encanta es nadar en el mar. Nado mucho en José Ignacio, viví cinco años  allí, que es un mar más bravo, pero durante muchos años fuimos a Ibiza, y es un mar muy calmo. Me clavo los anteojos y con mi familia podemos estar nadando tres horas. Mis hijos ya son ballenas, somos la familia cardúmen; pobres, no les queda otra. 

¿Cómo fue la experiencia de vivir cinco años en José Ignacio? Fue un momento especial de mi vida, había perdido una bebita, así que para mí fue como un bálsamo, encontrarme con mi familia, redimir el dolor, toda una experiencia. Azucena (su hija mayor, de 15 años) tenía seis años e iba al colegio en Punta del Este. Y ahí quedé embarazada de vuelta. Entonces es un lugar al que le tengo un gran cariño. Me encanta volver, tengo mi casa ahí. José Ignacio me salvó. Me fui a Buenos Aires a esperar en quietud ocho meses a mi bebé (Lucio, hoy de 6 años), volví y me quedé tres años más. Viste cómo es la vida, te da y te quita.

¿Qué tenés para decirle a una mujer que haya pasado por una pérdida similar? Es una tristeza profunda y no te la olvidás nunca más, pero me da mucho placer poder contar mi experiencia. Y, ¿sabés qué?, llorar, sacarse todo de adentro; yo abracé a mi hija, enterré a mi hija, fui a un psiquiatra, quería seguir avanzando. Si tengo que tomar una pastilla, me la tomo, que me ayude. No quiero quedarme muerta, quiero seguir para adelante. Y hay un mensaje en todo esto: quiero creer que siempre hay una esperanza. A mí esa muerte me dio la vida de mi otro hijo, me hizo conocer a Lucio, me hizo tener un corazón más abierto, tener los pies más en la Tierra. Siento que hasta me hizo mejor persona, más humana, me hizo valorar un montón las cosas. A todas las injusticias del mundo si no les encontrás un porqué te quedás en una tristeza para siempre. Yo le encontré la vuelta.

¿Ahora vivís en Buenos Aires? Sí, en las afueras de Buenos Aires, en un country muy tradicional argentino. No descarto volver a vivir en una ciudad, pero me crie en el campo. Mi esencia está allí, con las vacas, los caballos, los animales, la naturaleza. 

Cuando eras modelo, ¿qué te gustaba y qué no de esa profesión? Cuando sos modelo te encanta ser conocida, probarte la ropa, viajar, te da oportunidades, se te abre la puerta. Pero si me preguntás, me gustaría que mi hija no sea modelo.

¿Por qué? No sé, es muy solitario, de repente te tenés que ir a vivir afuera si tenés condiciones. Te da un montón de experiencia, pero no me gustaría que se me fuera. Ella es youtuber ahora (Zuzu Coudeu). Tendría las condiciones para ser modelo, pero tiene más inquietudes para mostrar su personalidad, toca la guitarra, canta, baila, pinta. Tiene algo más para contar.

Tu socia, Josefina Helguera, es también muy amiga. ¿Cuál es el secreto para trabajar juntas hace tanto tiempo y conservar la amistad? Escucharnos, respetarnos sobre todas las cosas. Siendo las dos totalmente diferentes, nos unen un montón de cosas. Ya tenemos un código, con solo mirarnos ella sabe si estoy incómoda o no, si sí, si no, si blanco, si negro. Nos damos cada una su lugar. 

¿Cómo se conocieron? De chicas, a los 12 años. Nuestros abuelos son primos hermanos y nos conocimos por una prima hermana de Jose. Y nunca más nos separamos. Cuando recién salimos del colegio hacíamos ropa juntas, remeras y sweaters, y los vendíamos por todo el conurbano de Buenos Aires. Después nos fuimos a trabajar a Via Vai, una marca de Alan Faena y Paula Cahen d’Anvers. Después Jose se quedó, yo me fui a trabajar de modelo, pero siempre quedamos amigas. Un día ella me llamó para hacer las gráficas de Via Vai, y yo le dije “tenemos que hacer algo juntas”. Éramos buscadoras, nos divertíamos. Y nos seguimos divirtiendo hasta el día de hoy.

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