EDAD: 40 • OCUPACIÓN: INGENIERA EN COMPUTACIÓN Y FOTÓGRAFA • SEÑAS PARTICULARES: LE INTERESA LA ASTROLOGÍA; HIZO TRABAJOS PARA COCA-COLA Y THE NEW YORK TIMES; SU NOMBRE EN HEBREO SIGNIFICA ROCÍO

Entrevista: Tali Kimelman

4min
Nº2012 - al de Marzo de 2019
Por Florencia Pujadas

Es licenciada en Ingeniería en Computación y tiene una maestría en Ingeniería Biomédica. ¿Por qué abandonó esta carrera para dedicarse a la fotografía? Decidí ser ingeniera porque me iba mucho mejor con los números que con las letras. Era lo más natural y lo que me salía sin esfuerzo, pero nunca estuve muy convencida y estuve a punto de dejar la carrera. No la dejé porque sentía que era mejor tener algo que nada. No sabía qué otra cosa podía hacer. Y a la fotografía llegué por casualidad. Después de hacer la carrera en Ingeniería en Computación me fui a hacer una maestría en Estados Unidos para ver si me motivaba un poco más. Cuando lo estaba haciendo viajé a Japón para presentar un trabajo y sentí una atracción por la fotografía. Le empecé a sacar fotos a todo lo que veía con una cámara de tres megapíxeles. Todo era diferente: sentía que estaba en otro planeta, me comunicaba con señas y era otra vida.

¿Llegó a ejercer como ingeniera? Sí. Mientras hacía la maestría estaba en un hospital y trabajé en un proyecto de resonancia magnética que buscaba testear un medicamento para la osteoartritis. Era un software que te ayudaba a determinar de manera no invasiva si ibas mejorando o no. Y de alguna forma se vinculaba con la fotografía; hacía imágenes por dentro de la gente y después lo hice por fuera (risas).

¿Es cierto que le gustaba jugar con los resonadores? (Risas) No jugaba mucho pero tenía momentos en los que podía usarlos a gusto. Cuando venían amigos a visitarme me gustaba escanearlos y lo mismo hice conmigo misma. Es interesante ver órganos como el cerebro o el corazón de esa manera. Las líneas, las formas. Ahí pasan cosas.

Dice que está en una búsqueda personal. ¿La fotografía es un mecanismo para conocerse más? Estoy en una búsqueda personal hace muchos años. Después de vivir en Estados Unidos volví a Uruguay y me propuse empezar este camino para encontrarme. Estuve muy alejada de mí misma haciendo cosas que no tenían nada que ver conmigo, hice cosas para cumplir. Como no me escuchaba llegué a un punto en el que no sabía quién era ni dónde estaba. Entonces cuando volví orienté mis energías para conocer más de mí misma.

Sus trabajos se caracterizan por cuidar mucho los detalles. ¿Es muy perfeccionista? Sí, soy bastante perfeccionista. Eso es algo que me juega un poco en contra pero creo que mejoré. Cuando empecé con todo esto trabajando en publicidad, que también exige un poco eso, le podía dar rienda suelta a esa característica porque era lo que querían. Pero después me di cuenta de que quería salir de ahí y dejar de tener esa mirada para poder apreciar la belleza de las imperfecciones. Así no tenía que quedarme con el deseo de que las cosas sean como no son. Y eso se ve en Baño de bosque, mi último proyecto.

¿Le costó mucho? Sí, me costó mucho. Para este proyecto estuve como dos años y al principio todo el tiempo mi mirada iba hacia donde ya conocía. Hay un camino marcado que tiene el surco muy profundo y todavía lucho con eso. Supongo que va a ser una lucha larga.

Baño de bosque, nombre de su último proyecto, es una práctica japonesa utilizada para mejorar la salud y el bienestar de los ciudadanos. ¿Le puso este título porque lo sintió como una forma de hacer terapia? El concepto lo encontré después. Empecé el proyecto con un deseo de estar en la naturaleza pero sin ningún plan. Fue un trabajo distinto y desafiante porque nació con una mirada diferente, desde el desorden. Elegí hacerlo en el Arboretum y me di cuenta de que después de empezar a ir me sentía mucho mejor. No sabía por qué pero me acostaba y sentía una especie de calma, alegría. Y luego di con el concepto de baño de bosque, que en Japón lo utilizan. En todo Asia está mal visto el tema de salud mental, y lo instauró el gobierno para darles una alternativa. Y sí, tiene muchos cambios positivos.

En sus redes también muestra preocupación por la naturaleza y comparte noticias sobre la contaminación. ¿Cómo traslada el cuidado del medioambiente a su rutina? Lo que hago es tratar lo más posible y dejar la menor huella que puedo. No consumo bolsas de plástico ni tiro cosas a la calle. Genero la menor cantidad de basura posible y me gusta inspirar a los que están alrededor mío a que hagan lo mismo. También busco momentos que me permitan estar más presente y en contacto con la naturaleza. Eso te alinea y sintonizás tu ritmo con el ritmo de la naturaleza. En vez de estar en esta cosa frenética de la ciudad donde no podés parar ni un segundo, empezás a conectar con otras cosas. Estando en el bosque jugué un par de veces a perderme entre los árboles y en algún momento me vino el nerviosismo de dónde estoy y cómo voy a salir. Y después de quedarme tranqui empecé a escuchar ruidos, el tránsito y la ruta, y supe para dónde arrancar. Acá en la ciudad nunca tenemos la oportunidad de estar perdidos. Y hay mucha contaminación sonora, entonces no usamos mucho el oído. 

¿Tiene una debilidad por la cocina? Sí, me cocino todo. Me gusta mucho comer sano y siento que es importante poder cocinarme porque afuera no hay muchas opciones. Realmente creo que lo que ingerimos afecta quiénes somos y cómo estamos. También tengo otras pasiones, como leer. Hago yoga y estudié mucho sobre astrología. Es un todo.

¿De dónde viene su nombre? Es un nombre particular. En hebreo quiere decir rocío. Mis padres nos pusieron nombres en hebreo a mí y a mis tres hermanas.

¿Practica el judaísmo? No, no practico el judaísmo pero soy judía. No practico una religión concreta.

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