Faltó “advertir sobre los potenciales efectos colaterales que tiene el uso recreacional y eventualmente en medicina” de la marihuana, alerta el director del Instituto Pasteur, Carlos Batthyany

Es una “lástima” que se venda cannabis “como medicina” cuando hay pocas “bases científicas” para recomendarlo

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Nº2027 - al de Julio de 2019
Director del Instituto Pasteur, Carlos Batthyany. Director del Instituto Pasteur, Carlos Batthyany

Su abuela estaba mal. Alguien le recomendó que probara con el cannabis medicinal y hacia la farmacia fue la nieta para comprar Epifractán, la única especialidad farmacéutica avalada por el Ministerio de Salud Pública (MSP), aunque está registrada solo para el tratamiento de la epilepsia refractaria en niños y adolescentes. Junto al producto, la dependienta le entregó una hoja A4 con “indicaciones y dosis” escrita por una médica. Ese “aceite medicinal de cannabis”, dice el papel, “regula el dolor, tiene un efecto antiproliferativo en algunas células cancerosas y modula la actividad neuronal atenuando la hiperexcitabilidad del paciente epiléptico, además es ansiolítico, relajante, normalizador del humor”. Agrega en seguida: “Los componentes activos de esta medicina son altamente analgésicos y desinflamatorios, siendo útil para calmar dolores menstruales, articulares, contracturas musculares, cefaleas, migraña o jaquecas (5 gotas, 3 veces por día)”. Y la lista sigue.

Carlos Batthyany es director del Instituto Pasteur Montevideo desde diciembre y parece incomodarse mientras lee esa hoja. “A mi mejor saber y entender, no hay ningún estudio que demuestre que ningún extracto de la planta en sí misma, ni ninguna formulación sintética con compuestos activos de la planta, mejore el dolor de forma genérica y no hay ninguna indicación médica que así lo avale”, dice Batthyany, que tiene una trayectoria en investigación en áreas como la farmacología y desarrollo de medicamentos. Durante una entrevista con Búsqueda fundamentará por qué piensa así.

La Organización Mundial de la Salud recomendó este año que el cannabis dejara de estar en la lista de sustancias prohibidas para facilitar la investigación de sus potencialidades medicinales. Es una planta con más de 500 compuestos identificados y se sabe que algunos tienen propiedades biológicamente activas, por lo tanto, es como tener “el cofre del tesoro” sin saber bien qué contiene, dice Batthyany. Para eso, añade, “hay que hacer muchísima investigación”.

“Mientras las agencias regulatorias demoran en atacar el problema y los investigadores demoramos en generar los datos, el mercado está muy ávido de este producto. ¿Cómo se llena ese agujero? Ahí empiezan las preparaciones caseras y ahí vienen los riesgos”, plantea el científico.

A continuación un resumen de la entrevista que Batthyany mantuvo con Búsqueda.

El instituto que dirige hace investigación en cannabis. ¿De qué se trata este trabajo?

—Ahora hay un proyecto financiado en el que participan seis grupos del instituto. Es con fondos de Canapur, una de las empresas que venden y comercializan cannabis, y apunta a conocer los efectos de ciertos cannabinoides —que son los compuestos químicos que están adentro de los extractos de la marihuana—sobre trastornos del umbral del dolor, efectos antiinflamatorios, inmunorreguladores. Ellos tienen su producción de cannabis y quieren analizar cómo esta modula estas actividades biológicas que todo el mundo esta investigando. Pretendemos, eventualmente y en forma ordenada, en el contexto de los proyectos a escala nacional, que más gente participe.

Si lo abordamos desde el punto de vista médico, quizás la marihuana es una de las plantas que en la historia de la medicina se han probado más, se tienen más datos anecdóticos sobre sus efectos en el ser humano, de distintas partes de la planta y en distintas formas. Sin embargo, es de los componentes activos de esa planta de los que menos investigación se hace. Cuando uno se para frente a la marihuana como medicina, desde el punto de vista conceptual es incorrecto. La planta como un todo no está aprobada por ninguna agencia regulatoria. ¿Qué hay adentro de esa planta? Más de 500 compuestos que se sabe que tienen alguna actividad biológica. De esos, hay dos que se han estudiado en más profundidad porque se lograron hacer de forma sintética.

—Usted dice que hay muchos datos anecdóticos pero poca investigación. ¿A qué se refiere?

—Canadá en 2001 se puso al frente de todos los países y quedó como un líder en investigación en cannabis medicinal. Desde el punto de vista regulatorio, permitió que los pacientes accedieran a diferentes componentes de la planta sin mayor especificación de cuáles y cómo, podía ser desde hoja hasta flor, con una indicación médica. Pasaron 18 años con el cannabis medicinal autorizado en forma amplia, deberían tener muchos datos. Tienen, a 2015, unos 25.000 pacientes registrados que fueron prescriptos para consumir productos de cannabis y 4.000 médicos utilizando el cannabis y, sin embargo, los datos científicos que generó Canadá son paupérrimos. Hay solo dos estudios financiados por agencias estatales canadienses sobre el uso y beneficio del cannabis medicinal. Uno es sobre seguridad y otro es sobre efectos para el tratamiento neuropático que no llegó a nada, no fue conclusivo. En Canadá lo que pasó —y es lo que está pasando hoy en distintas partes del mundo— es que se autorizó el uso del cannabis medicinal y cuando uno pregunta cuáles son las bases científicas sólidas que te permiten recomendarlo con fundamentos, la respuesta es: no tenemos datos.

"Si lo abordamos desde el punto de vista médico, quizás la marihuana es una de las plantas que en la historia de la medicina se han probado más, se tienen más datos anecdóticos sobre sus efectos en el ser humano"

Hace un mes, la FDA (agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos) citó a un primer encuentro para escuchar a los que dicen que la marihuana produce efectos benéficos para la salud y hacer preguntas como agencia regulatoria, ya que varios estados de Estados Unidos legalizaron el cannabis medicinal. La FDA se paró del lado de hacer preguntas y la conclusión fue que en todas las preguntas que se les hicieron no había datos. Hay mucha gente que está promoviendo el uso del CBD, los compuestos del cannabis no psicoactivo o con menos propiedades psicoactivas. Cuando escucharon las presentaciones y le preguntaron a qué dosis lo usan, o cómo lo usan cuando lo ponen en la comida, por ejemplo, preguntas básicas como: y si la persona come el brownie y además toma un té ¿cambia o no? Para todo eso no hay respuestas. El uso de distintas formas del extracto de cannabis en cremas cosméticas ¿qué fundamento tiene? ¿En qué se basa? La respuesta fue: “No, yo no soy un científico”, “no, yo vengo de área de marketing”. Eso es lo que no podemos permitir que nos pase.

—¿En Uruguay está pasando eso al hablar de cannabis medicinal de forma amplia?

—Justamente.

—En el Ministerio de Salud Pública hay quienes entienden que con este tema corren de atrás.

Están corriendo de atrás; lo quisieron hacer bien. Se posicionaron bien al decir que tenemos una agencia regulatoria con licencias para cultivar, investigar, producir. Eso mismo se hacía en Canadá. Crearon las comisiones y las licencias, pero no se acompañó de inversión en investigación biomédica. La lástima que pasó acá en Uruguay es justamente eso: se permitió el uso recreativo de la marihuana, se está permitiendo el uso medicinal de la marihuana, pero no se acompaña con la generación de datos científicos. Y, por otro lado, hay grandes trabas para conseguir fondos para la investigación. No son solo uruguayas las trabas, es un tema financiero internacional, no hay forma de recibir los fondos. Los bancos dicen: “No, por acá no pasa”.

—¿Cómo lograron impulsar el proyecto que se desarrolla hoy en el instituto?

—Se hizo a través de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Avizoro problemas si los privados no pueden participar en la investigación. Se requiere mucha investigación y es costosa. Si uno mira 2013-2019, ¿qué han aprendido los médicos sobre el uso medicinal de la marihuana en Uruguay con datos propios de uruguayos? Yo no conozco, creo que nada. ¿Cuántos proyectos de investigación ha habido? Muy pocos. De esos proyectos de investigación, ¿cuánto ha invertido el Estado y cuánto el sector privado que está siendo muy rentable desde el punto de vista del negocio? No se conocen los datos, parece que son pocos. Uruguay da un paso adelante desde el punto de vista de la legislación y se está perdiendo una oportunidad, porque no lo acompaña de una estrategia armónica que acompañe la liberación del producto con el cuidado de efectos secundarios. No son menores. Y hay que tener cuidado con hacer claims… decir que tiene efectos benéficos cuando no lo sabemos.

¿En 2019, cuántas cosas están demostradas para las cuales sí hacen bien algunos componentes de esos más de 500 principios activos que se conocen de la marihuana y aprobados para uso médico? Hay una aprobación de la FDA para uso como antihemético en la quimioterapia, para evitar el estado nauseoso. Una indicación para evitar el estado caquéctico en pacientes con sida, dos estados de mal epiléptico en niños y —no en Estados Unidos pero sí en Canadá y otros países— el uso de una mezcla de THC con CBD para tratamientos de trastornos musculares en pacientes con esclerosis múltiple. Es todo lo que hay con datos científicos, cuatro indicaciones.

—Pero hoy hay aceites de “cannabis medicinal”, formal e informal, al que se puede acceder y hay una percepción de que funciona para muchísimos usos.

—Lo dijiste muy bien: hay una percepción. Nosotros no podemos decir que haya algún dato que lo demuestre.

—Sin embargo, el gobierno habilitó el Epifractán en farmacias…

—Sí, está bien… La pregunta que hay que hacerse es cuál es la indicación y la evidencia científica que lo sostienen. ¿Cuál es la concentración y cuáles son los principios activos? Cuando hacés una recomendación como Estado al habilitar, el criterio supremo tiene que ser que esté apoyado en datos que justifiquen la aprobación. Si estás seguro de que no hace mal y lo aprobás de forma genérica, al decir que es un producto natural, podés entrar en un vacío legal, que es lo que hacen los canadienses. Mi preocupación es que son productos psicoactivos que actúan sobre receptores que están ubicuos en el organismo y que modulan muchas funciones. No se puede trabajar a la ligera.

" La lástima que pasó acá en Uruguay es justamente eso: se permitió el uso recreativo de la marihuana, se está permitiendo el uso medicinal de la marihuana, pero no se acompaña con la generación de datos científicos".

—Pero puede no tener efecto psicoactivo.

—Puede no tener, pero depende mucho de cómo se prepare, cómo se formule y cómo se consuma. En medicina sabemos que muchas cosas dependen de las dosis. El CBD es mucho menos psicoactivo que el THC, pero a dosis más altas, y actuando sobre otros receptores, puede tener algunos efectos psicoactivos.

—Las facultades de Química y de Medicina advierten desde hace años sobre los riesgos de consumir yuyos por no haber una indicación de dosis clara y preparación establecida, y porque puede afectar incluso el efecto de medicamentos si la persona además toma fármacos. Por lo que dice, ¿los productos de cannabis medicinal podrían entrar en esta categoría?

—Es exactamente lo mismo. Muchas veces, la población general dice: “Es un producto natural, entonces es bueno”. Pero los venenos de serpiente son naturales y algunos de ellos son mortales. También se aprende mucho de los venenos de serpiente y pueden ser agentes antitumorales, pero para eso se precisa investigar y generar datos para tomar lo que te interesa, a la dosis que te interesa y con una formulación que te permita cumplir con que haga bien lo que dice que hace.

El objetivo inicial del gobierno de legalizar la marihuana como forma de evitar que la gente tenga que ir a comprarla a lugares prohibidos, donde puede haber productos de mala calidad y eventualmente llevar a drogas más complicadas, fue bueno. Hay que ver si se logra. Lo que nos faltó es advertir sobre los potenciales efectos colaterales que tiene el uso recreacional y eventualmente en medicina, y, por otro lado, permitir o generar las condiciones para que los investigadores y los médicos puedan hacer investigación clínica y básica, y ambas para producir datos. Hoy faltan datos.

—¿Cree que hay mucho de burbuja y moda?

—Sí, creo que sí. Es algo instaurado, está sobre la mesa, hay que investigar. Los médicos necesitamos información sólida con datos científicos que nos amparen. Mientras las agencias regulatorias demoran en atacar el problema y los investigadores demoramos en los datos, el mercado está muy ávido de este producto. ¿Cómo se llena ese agujero? Ahí empiezan las preparaciones caseras y ahí vienen los riesgos.

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