Franklin Rodríguez. Foto: Comedia Nacional

Franklin Rodríguez, El Galpón y todo lo demás

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Nº1977 - al de Julio de 2018
por Adela Dubra
Adela Dubra

El actor y empresario teatral Franklin Rodríguez dio una larga entrevista al semanario Voces. Decepcionado, este exvotante del Frente Amplio criticaba la ineficiencia e inoperancia del gobierno progresista en varios rubros, que van desde los trabajos en vialidad hasta las políticas culturales, le pegaba al expresidente Mujica y aseguraba que vota anulado. Años atrás, Rodríguez hizo el aviso televisivo para la campaña de Rafael Michelini y por el Voto Verde.

En la entrevista descalificó a muchas personas: a quienes se dedican a la meteorología, a María Julia Muñoz, a Mirtha Guianze (“que se dedique a garchar”), al “imbécil de Diego Cánepa”, a un programa al cual fue invitado (“fui a VTV, a un programa de mierda que no ve nadie a las cinco de la tarde. Nadie ve VTV siquiera, ¿van a mirar ese programa de mierda?”) y también criticó cómo estaba armado un magazine televisivo donde supo trabajar (“había un negro puto alto, del club de fans de Claudia Fernández”).

Le pidió disculpas a Guianze. Debió haber pedido disculpas a varios más. De todos modos, echó luz sobre un tema importante: cómo subsiste el teatro en Uruguay. Eso sí es relevante. Rodríguez tiene valor para hablar en un medio en el que no muchos lo hacen por temor a perder apoyos.

El actor, que está al frente de Espacio Teatro, habló de ayudas que se reciben de la Intendencia: “Pagan la luz, el agua y el teléfono, que en realidad son trueques: les das entradas por función para que ellos repartan en los barrios, y ellos te brindan la posibilidad de ir pagando lo mínimo” y de la ayuda anual del Parlamento: “Obviamente que, cuanto más grande, como en el caso de El Galpón o el Circular, la cifra es mayor. Esto es una gran ayuda: arreglás las sillas, el aire acondicionado o el baño que se rompió”, dice.

En otro pasaje de la entrevista se refirió al programa Socio Espectacular, que años atrás fue cuestionado porque bajó el precio de las entradas y eso perjudicó a todo el medio. Dijo que los actores cobran una “miseria” por este sistema, al que acusa de “desleal”. Y agregó: “En el fondo lo que importaba era salvar el presupuesto del teatro El Galpón”. El periodista le pregunta:

—¿Para quién era el negocio, para El Galpón?

—No era, es.

—¿Y los teatros no podían marginarse de eso? ¿Por qué aceptaron los otros teatros?

—Porque recibían la platita por mes.

Asegura que el sistema ganó porque “hay mucha presión” de los grandes (“funciona mal, pero funciona bien para otros”). También habló del teatro a la gorra, que es otra discusión que debería darse con seriedad. Lo del teatro a la gorra no se da solo en obras amateur o pequeñas, en salas under. Es una modalidad que últimamente se ha instalado en salas comerciales importantes, con obras taquilleras.

Dos semanas después de publicada la nota, El Observador informó que el actor había sido declarado persona no grata por el Teatro El Galpón. Rodríguez y el elenco que está preparando Le Prénom en el Notariado no pudo ensayar en El Galpón (cosa que hacían circunstancialmente por falta de lugar en la otra sala).

El actor Héctor Guido, dirigente del MPP y exdirector de Cultura de la IMM, actual director de El Galpón, aseguró que las declaraciones de Rodríguez dañan a la institución y que no hay interés en que “esta persona, que nos ha agraviado a nosotros y a todo el ambiente del teatro, esté cerca de nosotros de ninguna manera, ni que utilice nuestras instalaciones”. Añadió que se tomarían acciones judiciales.

Luego se desdijeron; la declaración de persona no grata, según ellos, no era institucional. Pero el efecto es el mismo. El director de Le Prénom, Mario Morgan, confirmó a La Diaria que recibió un mensaje de WhatsApp en el que le comunicaban que no podían ensayar más allí “porque Franklin había sido declarado persona no grata”. También lo confirmó Nacho Cardozo, integrante de ese elenco.

Varios políticos y comunicadores se solidarizaron con Rodríguez. Los blancos elevaron una denuncia a la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH), ya que entienden que la situación “viola derechos humanos básicos, como la libertad de expresión y conciencia”.

El actor y director Álvaro Ahunchain, que es amigo de ambos —de Rodríguez y de Guido—, escribió en El País que no volverá a entrar a El Galpón hasta que la medida contra Franklin sea levantada. Es una buena posición.

Cualquiera sea el final del episodio, hay que señalar las actitudes totalitarias del medio. Poco más de un mes atrás, Petru Valenski terminó pidiendo perdón por haber subido una foto con el senador Jorge Larrañaga. ¿Qué pasa? ¿Por qué gente vinculada a la cultura, que se ha cansado de leer, interpretar y venerar a los clásicos, a defensores de la tolerancia y la expresión, cuando no les sirve o cuando tienen poder o si se sienten atacados, echan por tierra aquellos ideales que tanto pregonaron?

¿Podremos leer o escuchar en algún momento una autocrítica? Parece haber desprecio y hasta brotes de censura al pensamiento crítico. De la boca para afuera el establishment proclama lo contrario, pero no se deja surgir una voz disidente.Si son los teatreros “una familia”, como se ha dicho, sería bueno que no cierren las puertas a sus integrantes solo porque manifiestan sus ideas en público.

Como corolario, el fin de semana pasado, Rodríguez dio una nota a El País. “No sé qué hacer: es muy feo ser echado de un lugar. Eso no se le hace a nadie. O sea, se le puede hacer a Amodio Pérez, pero no a mí”, dijo. No, Franklin, a Amodio Pérez tampoco se le hace.

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