Nuevo decreto regulará salida de lámparas con mercurio, termómetros y aparatos de presión que usan el metal. Foto: Nicolás Der Agopián

Gobierno diseña “política de retiro adecuada” del mercurio mientras las interrogantes rodean un tema tan técnico como comercial

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Nº1968 - al de Mayo de 2018
escribe María Paz Sartori

El termómetro cae por error. El vidrio se esparce por la sala y por el piso ruedan montones de pequeñas bolitas plateadas de diferente tamaño con gran agilidad. Este es el mercurio, un metal que se suele distinguir por estar en estado líquido a temperatura ambiente y que ahora se sabe es altamente perjudicial para la salud. Los efectos de una alta exposición a ese metal incluyen desde alteraciones permanentes en el sistema nervioso hasta problemas de desarrollo en bebés y niños, incluso desde que están en el vientre de la madre.

Para muchas generaciones este es un recuerdo que no resulta tan lejano. Desde el 2006, el Ministerio de Salud Pública (MSP) comenzó a desincentivar la venta de los termómetros con mercurio y a promover su recambio por digitales en servicios de salud, los importadores se amoldaron a la tendencia y ahora ya las farmacias tampoco los venden. Sin embargo, hay muchos que aún quedan en las casas y si se rompen se debe tener cuidado para evitar que se intoxiquen niños y mascotas. Las recomendaciones internacionales indican que cuando se rompe uno de esos termómetros de mercurio no se debería tirar a la basura, ni barrer, y juntar los restos sin tocarlo, embolsarlo y disponerlo en un sitio de seguridad.

¿Dónde lo reciben? Desde la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) informaron a Búsqueda que las farmacias deberían aceptarlos porque tienen contenedores para residuos especiales.

“No recibimos”, “no comercializamos más y acá no… no los recibimos”, “esos contenedores no son para mercurio”, las respuestas se repitieron en tres cadenas de farmacias consultadas: Farmashop, El Túnel y Lyon Pigalle. El Latu tampoco recibe y desde el MSP informaron que las instituciones de salud tienen su gestión de residuos interna para productos hospitalarios y toman los recaudos necesarios cuando estos contienen metales, pero que no hay un mecanismo previsto para que reciban los termómetros que la gente tiene en sus casas.

Cuando se trata de mercurio, hay varios cabos sueltos.

El mercurio está en el medioambiente y se libera por causas naturales como incendios o erupciones volcánicas o por actividades humanas. Aparatos de presión, algunos tipos de lámparas y tuboluz, termómetros y procesos industriales son los usos más frecuentes en Uruguay. En 2014 el gobierno ratificó el Convenio de Minamata, que apunta a proteger la salud humana y el medioambiente de los efectos adversos del mercurio. Uruguay se comprometió a reducir y eliminar gradualmente los usos de este metal.

El gobierno ultima detalles del decreto para regular la gestión de residuos que contienen mercurio, que llevó dos años y abarca lámparas fluorescentes, termómetros y medidores de presión. Los planes incluyen prohibir la importación de termómetros de mercurio y contar con más controles.

Por otra parte, el Poder Ejecutivo quiere asegurarse de que los últimos productos de mercurio que van quedando tengan un adecuado tratamiento tras ser descartados, pero para los operadores de residuos el invertir en tecnología para un metal que cada vez va a ser menos utilizado hace que las cuentas se compliquen y no lo vean como buen negocio.

Tras una licitación fallida en 2017, el gobierno hará un nuevo intento para lograr una “política de retiro adecuada”, comentó a Búsqueda Alejandro Nario, director nacional de Medio Ambiente. Por eso esta vez la Dinama se comprometerá a aportar los fondos para la adquisición de la tecnología y se asignará a un ganador que gestionará el servicio.

El proyecto Gestión ambientalmente adecuada del ciclo de vida de productos con mercurio y sus desechos comenzó en 2014 y finaliza en 2018 con dinero del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (por casi 1.3 millones de dólares) para ayudar a Uruguay a cumplir con Minamata. Incluyó el estudio de diagnóstico 2015 -2016 de Dinama que estimó que se importaron 2.400.000 unidades de lámparas con mercurio y la mitad fueron para uso domiciliario.

En Uruguay, el programa Juntalámparas que se lanzó en 2015 prevé que las personas puedan ir a las redes de cobranza a dejar sus lámparas con mercurio y que estas tengan un destino seguro y evitar que el mercurio termine en la basura y contamine el ambiente. A escala internacional se maneja que la recolección de lámparas de uso doméstico ronda el 5%. Además, los estudios en embarazadas que están siendo realizados por la Facultad de Medicina de la Universidad de la República están en curso pero resultados preliminares que maneja Dinama indican que no hay un problema de contaminación ambiental por mercurio.

Principal uso.

El principal uso de mercurio lo hace una sola industria en Uruguay llamada Efice, que produce cloro mediante la tecnología conocida como de celdas de mercurio. En el “inventario de liberaciones de mercurio en Uruguay en el sector Industria” de Dinama (2010) el organismo midió las “liberaciones de mercurio en la industria”, es decir, las “salidas” de ese mercurio que incluyen los residuos. En 2009 fueron 1.388 kilogramos de mercurio y la mayoría (1.140 kilos de mercurio) vinieron de Efice.

Con el uso de mercurio y corriente eléctrica los componentes de la sal se separan: se genera cloro por un lado y sodio por otro. Además, como parte del proceso de producción en el que participa el agua, el sodio se transforma en soda cáustica. El cloro se utiliza para los procesos de potabilización de agua y por eso OSE ha sido durante décadas un gran cliente para Efice, ya que fue proveedor monopólico de este insumo hasta 2017. Además, el cloro se necesita para generar el hipoclorito que usan desde grandes industrias en sus procesos de desinfección hasta en las casa para la limpieza familiar de baños.

En setiembre de 2016 la Dinama intimó a la empresa a reconvertir su proceso de producción con electrodos de mercurio, en un plazo máximo de cinco años. Nario informó que el proyecto Omega presentado por Efice para su reconversión a un proceso que no use mercurio está a estudio en Dinama. La dirección controla los efluentes que la empresa (ubicada en la zona de la desembocadura del río Santa Lucía y del Río de la Plata) descarga al río. El decreto 273/79 establece un máximo de mercurio de 0,005 microgramos por litro.

Dinama ordenó a la empresa cercar el terreno contiguo a la industria porque contiene mercurio producto de desechos del funcionamiento de décadas atrás. Nario informó que evalúan “alternativas” con el gobierno japonés. Los residuos hoy son llevados al relleno de seguridad de la Cámara de Industrias.

El MSP controla a los trabajadores expuestos a sustancias químicas (ordenanza 145/2009) y ya desde 2004 se chequea a los trabajadores de Efice mediante un test anual de orina. El valor permitido es hasta 35 microgramos por gramo de creatinina y Efice no lo ha superado desde que hace los controles. El MSP estudiará en 2018 con la Comisión Nacional de Contaminantes Químicos bajar la cifra a 20 para seguir las recomendaciones internacionales. De todos modos, los resultados de Efice son menores.

¿Es cierto?

Si bien son los trabajadores de Efice los que tienen una mayor exposición al mercurio, el cloro circula por todo el país y está en la mayoría de las casas. Pero, al usar mercurio en su proceso, ¿el cloro que se genera tiene mercurio?, ¿quedan trazas?, ¿está expuesta la población a algún nivel de mercurio? Y en caso de que fuera así, ¿qué dependencia del Estado lo controla?

La respuesta parece esquiva. Para Nario, “no debería haber contacto” y el cloro no debería tener mercurio. De todos modos, aclaró que a la Dinama no le compete el control de esta parte del proceso industrial una vez que se transforma en producto.

Carmen Ciganda, directora de la División de Salud Ambiental y Ocupacional del MSP, dijo a Búsqueda que el mercurio está “dentro de los procesos de trabajo” de Efice y “no queda como residual en el producto” cloro. Explicó que el MSP controla únicamente a la población de trabajadores de Efice porque entiende que no queda mercurio en los productos que vende Efice y que el mercurio se usa únicamente en el proceso industrial. Es decir, trabajadores de OSE o de las principales marcas de hipoclorito que se venden en góndola no estarían expuestos a este riesgo. Pero ¿es cierto?

Nicolás Cavalleri, gerente de la Asociación de Industrias Químicas del Uruguay (Asiqur), explicó a Búsqueda que como resultado del proceso que involucra mercurio en el cloro “pueden quedar trazas (del metal), pero por debajo de los límites establecidos en las normas”.

José María Goicoechea, vocero de Efice, dijo a Búsqueda que puede quedar mercurio en el cloro que vende Efice pero con niveles que no afectan la salud. Este es el cloro que históricamente ha usado OSE y que usan marcas como Jane y Sello Rojo para su hipoclorito, por citar solo algunas.

Pero si Dinama no controla el producto cloro y considera que no quedan trazas y MSP evalúa que no debe controlar a quienes trabajan en la diaria con el cloro que produce Efice porque no tiene mercurio, ¿quién controla cuánto mercurio puede tener Efice en su cloro? ¿A qué normas se refiere Cavalleri?

El gerente de Asiqur informó que no existe una normativa estatal sino que hay una norma del Instituto Uruguayo de Normas Técnicas (UNIT), de adhesión voluntaria, para el tratamiento de agua para cloro líquido (1216:2014 que establece que el mercurio no debe exceder una parte por millón) y para el hipoclorito de sodio (1224:2015 que debe tener como máximo una concentración de un microgramo por litro). “Estas normas uruguayas no solamente establecen límites para el mercurio, sino también para otros elementos contaminantes. Es de destacar que las normas uruguayas creadas hace pocos años, son incluso más exigentes que las estadounidenses (NSF/ANSI 60)”, respondió Cavalleri. El organismo que controla el cumplimiento de estas normas es LSQA (la asociación entre el Laboratorio Tecnológico del Uruguay, Latu, y Quality Austria).

Efice sigue los estándares UNIT. “Históricamente ha cumplido las normativas siendo pionero en la materia y cumpliendo con los mas altos estándares de los niveles nacionales e internacionales” tanto que ha llegado a tener “siempre mas de 100 veces más de lo exigido por las normas”, aseguró Goicoechea, vocero de Efice. “El mercurio, como el arsénico, como el cromo, cianuro, solo como algunos ejemplos, se han encontrado siempre en la naturaleza desde la misma creación del planeta; por tanto, lo podemos encontrar en una infinidad de productos no industrializados. Pero lo importante es que los valores no excedan los límites que establecen las normas”, consideró Cavalleri.

Entonces, si el cloro puede tener trazas de mercurio ¿en el agua potable también podría haber? Podría.

“En ningún caso hubo valores superiores a 1 microgramo por litro”, que es el Valor Máximo Permitido de la Norma Agua Potable, informó OSE a Búsqueda a partir de datos de los informes de la Gerencia de Gestión de Laboratorios.

De hecho, son tan bajos los valores que “en todas las determinaciones de mercurio realizadas en muestras de agua potable, los resultados fueron menores a los límites de detección y por consiguiente de cuantificación de los diferentes métodos utilizados, ya sea realizados por el Laboratorio Central (metales) y por laboratorios externos contratados (Latu y Ecotech)”, informó OSE.

¿Libre de mercurio?

La empresa Alliance Uruguay rompió hace unos meses con el monopolio de la producción nacional de cloro, no utiliza mercurio sino un sistema de membranas y levanta la bandera de “libre de mercurio”.

“No existe en el mundo, y, por supuesto, tampoco en el país, cloro o hipoclorito de sodio que no contenga trazas de mercurio. Por lo que resulta falsa la afirmación que hemos leído en reciente prensa, sobre producción de cloro ‘libre de mercurio’ y además temeraria y peligrosa”, transmitió Goicoechea. El argumento es que el mercurio está en el ambiente y que la sal y el agua que usa Alliance en su proceso tiene trazas de mercurio.

“Los productos de cualquier planta de membrana son libres de mercurio porque en ningún momento tienen contacto con mercurio y los que pudieran llegar, hablamos de nivel atómico, es imposible detectarlo en cualquier lado” y necesitaría de un equipamiento muy especial para medirlo porque serían valores “ultrabajos”, a diferencia de lo que ocurre con el sistema de celdas de mercurio, dijo a Búsqueda Sebastián Balmaceda, gerente técnico de planta de Alliance Uruguay. En cuanto a los insumos, la sal se trae de las montañas en Chile y se le hacen pruebas además de adaptarla para el uso en planta. “El agua tampoco la usamos como viene de OSE, la pasamos por un filtros y por un proceso de desmineralización” que quita el mercurio que pueda haber, explicó Balmaceda.

Moisés Knochen, profesor de Química Analítica de la Facultad de Química, comentó a Búsqueda que al pensar “basado en la ciencia” y desde la academia “estrictamente uno nunca puede decir que un producto tiene cero de algo o está totalmente libre. Con que hubiera un solo átomo de mercurio ya no sería libre. Sí se puede decir, por ejemplo, que un producto cumple con normas técnicas” y se entiende la frase “libre de mercurio” como un slogan. Balmaceda asegura que Alliance cumple con los estándares de UNIT.

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