Agustín Bonino, Eduardo Bottinelli, Mariana Pomiés e Ignacio Zuasnábar hablan de encuestas y elecciones y aseguran que por la inseguridad su trabajo ha cambiado: “Nos está costando llegar”

Internas abiertas; octubre incierto

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Nº2018 - al de Mayo de 2019
Por Elena Risso. Fotos: Adrián Echeverriaga.

Las elecciones internas no están definidas. A pesar de que las encuestas coinciden en mostrar una tendencia en la intención de voto, con nombres que se repiten en el primer lugar, aún queda mucha tela para cortar y recién se ingresa en la etapa definitoria para que los eventuales votantes decidan qué hacer. Además, en caso de que se inclinen por un candidato, por tratarse de una elección no obligatoria el hecho de que digan que votarán a alguien no significa que ese día efectivamente lo vayan a hacer.

En eso coinciden representantes de las principales empresas de opinión pública, para quienes el partido electoral del 30 de junio aún no está definido. Y si las internas no están claras, todavía menos se sabe sobre qué pasará en octubre, porque ahí inciden los nombres, la evaluación del gobierno, y también un fenómeno como “voto oculto”, que es aquel elector que no dice su opción por vergüenza, temor u otras razones y luego toma una decisión que afecta el resultado final, como sucedió en octubre de 2014 con las adhesiones que le dieron al Frente Amplio la mayoría parlamentaria.

La semana pasada, galería reunió a Agustín Bonino (Opción Consultores), Eduardo Bottinelli (Factum), Mariana Pomiés (Cifra) e Ignacio Zuasnábar (Equipos) para hablar de encuestas y elecciones. Los especialistas se refirieron a la metodología que usan, los errores que pueden aparecer en los números, y dificultades como no poder acceder a barrios privados, algunos edificios de apartamentos y zonas donde la violencia no lo permite. 

Mariana Pomiés

Directora de la Consultora Cifra, González Raga y Asociados.

Es socióloga egresada de la Universidad de la República, máster en Administración de Empresas, y MBA con énfasis en Marketing en la Universidad ORT.

Ha realizado estudios de especialización en Metodología de la Investigación en la Universidad de Salamanca.

Es docente de Marketing en la Licenciatura de Comunicación Social en la Universidad Católica, de Investigación de Mercados en el Centro de Posgrados de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, y de Análisis del Entorno Social y Político en UCU Business School.

Ignacio Zuasnábar

Licenciado en Sociología.

Director de Equipos Consultores.

Eduardo Bottinelli

Director de Factum.

Es sociólogo, magíster en Sociología y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de la República.

Investigador y docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

Agustín Bonino

Socio director de Opción Consultores.

Formado en Sociología y Administración de Empresas.

¿A cuántas personas se entrevista para una encuesta de intención de voto?

AB: Depende del margen muestral; es una ecuación costo-beneficio.

MP: Los tamaños tienen que ver con el costo y el estudio que se ofrece a los clientes.

IZ: La regla básica es de que cuanto mayor es el tamaño muestral, es menor el margen de error. Los encuestadores siempre preferimos trabajar con la muestra más grande posible. Pero depende de las restricciones económicas de los clientes. Si tuviéramos recursos ilimitados, trabajaríamos con muestras enormes.

¿Qué es una muestra grande?

EB: Para las elecciones nacionales, con mil casos está bien, es un margen de error de 3, 3,1, 3,2.

IZ: Si uno necesita una mayor precisión, por ejemplo para irse a un margen de error de 1%, hay que hacer prácticamente 10.000 casos. Si uno quiere tener un margen de error cero, tiene que hacer un censo. 

MP: Hay un punto en que el aumento de la muestra no vale la pena por el margen de error que bajás. Las internas complican porque uno termina trabajando con submuestras de los que van a votar en cada partido. Si se pudiera tener una encuesta de dos mil casos, tal vez podría ser algo razonable. Pero es una encuesta muy cara. También depende de cómo se haga: si se hace por Internet, podés tener 1.900 casos.

IZ: La técnica también impacta en el costo de las encuestas. La técnica de encuestas online es diferente a las de cara a cara o telefonía.

MP: Te encarece tener un encuestador y si lo tenés que poner en la calle y moverlo, te sale mucho más caro.

¿Las encuestas que ustedes difunden las encargan los medios o los candidatos?

EB: Depende. Creo que todos trabajamos más o menos así. Tenemos la encuesta financiada por la empresa que después vende los resultados. No es que viene un partido y contrata una, y después viene otro y contrata otra. Lo que se hace es fragmentar la información. Hay un tronco con los datos que se difunden y hay otros módulos específicos de preguntas y temáticas que son exclusivos.

AB: Las empresas hacen una encuesta para determinado período. En el caso de opinión pública de alcance nacional, por ejemplo, este año se están realizando encuestas con mayor frecuencia. 

MP: El dilema es que cada vez se mueve más rápido la información, entonces hay una encuesta que tiene diez días y es vieja. 

¿Es lo mismo preguntar por candidatos que por partidos? Por ejemplo, una cosa es hablar de Cabildo Abierto y otra de Guido Manini.

IZ: No es lo mismo preguntar por partidos que por candidatos. Si uno pregunta por partido o candidato, debe hacerlo en todos los casos igual. Si uno pregunta para algunos de una manera y de otra para el otro, está introduciendo una subjetividad.

EB: No es lo mismo los partidos que tienen abiertas las candidaturas o los que ya tienen definida la candidatura única, como (Pablo) Mieres, Manini y (Edgardo) Novick hasta hace poco. Cuando el Partido de la Gente recién se formaba nadie lo registraba. Sin embargo, a Novick lo conocían más. ¿Qué decisión se toma? Es estrictamente técnica. 

AB: Es muy importante siempre exponer exactamente la pregunta textual. Cualquier modificación en el texto de la pregunta impacta en la respuesta. También es importante, además de la metodología, cómo se formula la pregunta. 

MP: A veces, en los clientes y en los medios hay mucha preocupación por el margen de error y no se está dando corte al cuestionario, la formulación de la pregunta, las decisiones técnicas que hay atrás. Es una fuente de error o de confusión mucho más grande que el tamaño del error muestral. Si empiezo mi formulario diciendo: “¿Usted conoce a Fulanito?”, “¿qué opina de Fulanito?”, y después le pregunto a quién piensa votar, seguramente va a tener mucho más presente a Fulanito que si yo no le hice esas preguntas. Lo mismo en lo que estamos mostrando con respecto a la interna: no todos estamos preguntando lo mismo. Algunos estamos preguntando si piensa ir a votar en la interna y a quién va a votar, y eso es lo que mostramos como intención de voto, y otros están preguntando a los que piensan votar en octubre a determinado partido quién preferirían que fuera el presidente. Son preguntas distintas, tomamos decisiones distintas las empresas en las preguntas; son decisiones metodológicas y técnicas que muchas veces tienen que ver con los resultados. La gente no tiene por qué saberlo pero los que difunden la información tendrían que poder comprenderlo. Los universos son distintos, las metodologías son distintas.

Muchas veces, ustedes dicen que una encuesta es una foto. ¿Una foto de qué?

EB: Del pasado.

IZ: Una foto del pasado, de un estado de opinión pública. Creo que hay una exagerada expectativa de precisión de la gente y de los medios hacia el sistema de encuestas. La opinión pública como objeto de estudio no es muy sencillo de medir. Son más bien pinturas impresionistas, muestran los grandes trazos de la realidad. Las encuestas no hacen magia, son un método de aproximación, mucho mejor que otro método, pero no es perfecto. Si no tuviéramos encuestas no tendríamos la menor idea de cómo están las posiciones en la interna de los partidos. Hoy, todas nuestras “cámaras de foto”, sacadas de distintos ángulos y de distintos métodos, están mostrando el mismo orden en las internas. ¿Hay diferencias en magnitudes? Sí, y son perfectamente explicables, pero no están mostrando una realidad invertida. Lo mismo cuando hablamos de las elecciones de octubre: hay diferencias entre las encuestas, pero son razonables, ninguna está mostrando algo completamente distinto. Las encuestas no están hechas para predecir. La función principal es contarle al público la historia de cómo se va dando la evolución de la opinión pública. Y hacia los actores políticos, darles insumos para intervenir sobre esa realidad.

Habrán escuchado muchas veces: “A Fulanito lo mataron las encuestas, porque daban ganador a Mengano”. ¿Las encuestas definen elecciones?

MP: Pueden definir estrategias y eso puede definir el resultado de la elección. Por ejemplo, un candidato se baja porque en la intención de voto no reflejaba bien.

Verónica Alonso, por ejemplo, que se sumó a Juan Sartori.

MP: El principal aporte de las encuestas es dar insumos para actores que tomen decisiones en las campañas.

EB: No hay ninguna investigación concluyente sobre la incidencia que tienen las encuestas en el electorado. Esa idea de que la gente vota a ganador es verdad, hay gente que vota a ganador, pero también hay un montón de gente que vota al perdedor. Hay gente que no quiere que gane el primero, o si va a ganar este, voto a este último porque me gusta más. Los movimientos que se producen o pueden ser adjudicados a las encuestas se terminan neutralizando. Sí tienen repercusión en términos de estrategia y en términos de recaudación. Para los candidatos, por el sistema que tenemos de financiamiento de partidos políticos —y ese es otro capítulo que tendría que discutirse— hace que sea más fácil recaudar plata a quienes les va mejor. 

¿Cómo incide en la realización de encuestas la aparición de figuras como Juan Sartori y Manini?

IZ: Desde el punto de vista operativo no cambia nada. En todas las elecciones hubo candidatos que vinieron de afuera del sistema. Lo que está cambiando acá es la respuesta del público: como lo veníamos detectando en algunos estudios de cultura política como Latinobarómetro, en Uruguay empieza a haber minoritariamente una masa que se muestra insatisfecha con el funcionamiento de la política y la oferta política en general. Según las encuestas de Equipos que tenemos desde los 80, 2017 y 2018 son los peores años de evaluación de liderazgo político en su conjunto en décadas. Cuando hay insatisfacción con la política hay espacio para una nueva oferta.

EB: Sumado a eso, a las instituciones en general, a los organismos públicos, hay una sensación de desencanto genérico.

Hay quienes sostienen, por ejemplo el intendente de Cerro Largo, Sergio Botana, que algunos dirigentes van a votar mejor de lo que dicen las encuestas porque no se están haciendo encuestas en el interior profundo. ¿Se hacen?

EB: Sí, claro. Acá hay un tema que es que los votos no son de nadie, son de las personas. Salvo en el caso de Antía en Maldonado, Botana lo que tiene que hacer, (Eber) Da Rosa, Dardo Sánchez, (Walter) Zimmer en Colonia, es convencer a sus votantes para votar a un tercero. Eso es lo que no están logrando hasta el momento, claramente tiene que ser un proceso de convencimiento. Quizá lo logren y voten mucho mejor.

El senador José Amorín criticó a Cifra porque él ni siquiera aparecía. ¿Qué responden a esos cuestionamientos?

MP: En general, no respondemos. Lo que sí decimos es que probablemente las encuestas, como son herramientas imprecisas, no estén captando sobre todo lo que están pasando en grupos tan pequeños como los votantes en la interna del Partido Colorado. Sabemos que Amorín Batlle tiene votos, que tal vez la diferencia entre (Julio) Sanguinetti y (Ernesto) Talvi no sea exactamente la que reflejan las encuestas, o (Luis) Lacalle Pou con (Jorge) Larrañaga o (Juan) Sartori. Son herramientas imprecisas, cuanto más chico es el grupo que estamos midiendo, es más difícil llegar porque el margen de error te limita. 

IZ: Hay un problema adicional que es que las encuestas miden un plano de la opinión. Las opiniones son fenómenos internos, no necesariamente el plano de las opiniones después se va a traducir en el plano del comportamiento. Quizás nosotros un domingo de mañana decimos: “Qué buen domingo para hacer tantas cosas” y de repente llega la noche y no hicimos la mitad. Porque la realidad te lleva. En la política también: el plano de la opinión es un desafío para las elecciones de voto no obligatorio. Hay algunos candidatos, es el caso de Antía y Amorín Batlle, que tienen sectores del público que no los conocen. Hay otros que son totalmente desconocidos. 

¿Qué es lo que ocurre en la realidad? 

La interna es una doble elección. A veces, en Montevideo se pierde la referencia: es una elección nacional para elegir a los candidatos nacionales, y hay una elección departamental para elegir a las autoridades departamentales que eligen los candidatos a intendentes. En el interior hay muchos dirigentes de peso a los que les interesa las elecciones de junio no tanto por lo que pase en cuanto a candidato presidencial sino por tener sus convencionales para ser elegidos candidato a intendente. Entonces, ese dirigente local de peso que va a intentar convencer al vecino de que lo vote a él por su proyecto departamental, quizá está apoyado en un dirigente nacional que no es conocido, y tal vez ese vecino puede votarlo sin terminar de conocerlo. Entonces cuando nosotros vamos y hacemos una pregunta por candidato, el candidato nacional poco conocido no va a ser mencionado.

EB: En la elección pasada votó el 37%, pero en la nacional votó el 33%. Hay cuatro puntos que solo votaron la hoja departamental. Y hay otra cosa: los votantes son dueños de sus votos, pero los dirigentes locales también hacen una jugada que es el ensobre cruzado. Dentro del partido uno puede votar una lista departamental y una nacional sin ser el candidato que se está apoyando. Ahí empieza otro proceso que no lo podemos medir en este momento. 

Muchos dicen que quien gana la interna es el que tiene más infraestructura para ir a buscar a la gente a la casa y llevarla a votar.

IZ: Es imposible llevar a la gente a votar si la gente no te quiere votar. 

AB: El aparato y la estructura de los partidos puede facilitar el voto o el acceso en la cantidad de listas, o en llevar a la gente a votar. En localidades pequeñas pasa. Cuanto más se facilite la acción del voto, esas actitudes se transforman en voto real. Esas actitudes hoy son un poco más volátiles porque la vida moderna hace que las personas pertenezcan a una diversidad de instituciones y se muevan entre distintos ámbitos de la vida pública de forma mucho más dinámica que en el pasado. 

Las encuestas a veces se equivocan; algunos los acusan de  acomodar el cuerpo y de ser como los meteorólogos, porque erran un pronóstico y después ajustan y lo tratan de justificar. 

AB: A todo lo que ya explicamos, tenemos el hecho de que la opinión pública evoluciona, se mueve; hay población que no quiere responder a una encuesta.

MP: Tenemos otro problema más que es relativamente nuevo, que es la cantidad de información que circula en los medios que se llama encuestas, y no son encuestas. Los clientes vienen y te dicen “a mí esta encuesta me da tal cosa”. “¿Cómo la hiciste?”. “Pusimos a llamar a toda la gente; fijate que tengo como cinco mil respuestas y tu encuesta tiene mil”. Eso no es lo mismo. Le creo más a mis errores que cuando viene alguien y me dice “llamamos a cinco mil personas y me da esto”. 

EB: Estamos mal acostumbrados porque tuvimos un sistema muy estable, con voto obligatorio. Cuando se repite constantemente que las encuestas se equivocan, en realidad se nombran cuatro casos y punto: el Brexit, el plebiscito en Colombia, lo de (Donald) Trump y Uruguay. ¿Y cuántos hechos han logrado anticipar las encuestas en el mundo? El crecimiento de las ultraderechas en el mundo fue explicitado por todas las encuestas en los países, no fue una sorpresa. 

IZ: Está medido a nivel mundial que la tendencia es a mejorar la precisión, incluso en Uruguay. Lo que pasó en octubre de 2014 con ese desvío de cuatro puntos en la estimación parlamentaria llevó a una conclusión equivocada de que el sistema de encuestas trabajó mal. Tuvimos elecciones internas donde las encuestas anticiparon los ganadores o los escenarios parejos, hubo una segunda vuelta donde las mismas encuestas con la misma metodología funcionaron muy bien, y pocos meses después tuvimos 19 elecciones departamentales donde las encuestas anticiparon muy bien todos los escenarios y tampoco hubo errores. Si uno toma la cantidad de elecciones que hubo en Uruguay en el ciclo 2014-2015, las encuestas anticiparon muy bien los escenarios en la enorme mayoría y tuvieron problemas en la estimación de la mayoría parlamentaria. Es un error que está asumido y reconocido, parece un poco injusta la crucifixión del sistema de encuestas por ese error que ocurrió y va a seguir ocurriendo, porque no es un mecanismo perfecto. 

Hay situaciones en las que se produce cierto descalce entre el estado de opinión y el comportamiento. Una de las hipótesis posibles de lo que ocurrió en 2014 fue el voto silencioso, voto oculto: un conjunto de gente que estaba orientada internamente a votar al Frente Amplio, pero no lo expresaba.

¿Y eso por qué ocurrió?

IZ: Quizá la persona tenía la orientación pero no era totalmente consciente. O quizá su comportamiento era relativamente vergonzante: el Frente Amplio en la última elección creció mucho en algunas zonas del interior donde históricamente el Partido Nacional era predominante. Expresar un voto al Frente Amplio en esos entornos sociales tan chiquitos aunque fuera a un encuestador era probablemente complejo. Son situaciones de voto oculto que están estudiadas por la teoría. ¿Puede volver a ocurrir un voto silencioso a favor o en contra del Frente Amplio? Puede. Y ahí las encuestas encuentran un límite. ¿Puede haber un 40% de voto silencioso que se invierta y haga que el partido que va cuarto en realidad termine primero? No, eso no. Pero pequeñas distorsiones sí, por supuesto.

¿Están definidas las internas?

EB: No.

IZ: No.

MP: No. Primero, porque la campaña recién está calentando motores para lo que va a venir. Si bien ellos están en campaña, la gente está cada vez más descreída y cansada de la política; tenemos un ciclo electoral larguísimo. Recién ahora que pasó el verano y Semana Santa, mucha gente dice “hay elecciones”. La otra vez estaba en la peluquería hablando de que iba a la tele y me dijeron “¿hay elecciones este año?”.

Esa gente vive en un tupper.

MP: No es vivir en un tupper. Si pensamos que menos de la mitad de las personas tiene identificación partidaria, quiere decir que la mitad de las personas no se siente cercana a ningún partido. Entre ellos, a muchos la política no les interesa, no miran televisión, escuchan radio para música, no leen diarios.

IZ: La mayoría de la población tiene bajo interés en la política.

¿Qué tan peleadas están las internas?

IZ: En las tres hay liderazgos que se vienen manteniéndo en los últimos meses pero las campañas son dinámicas. Una semana de opinión pública en campaña cuenta mucho más que una semana que ocurre cuatro meses antes. Estamos acercándonos al proceso en que todo se acelera. Así como en las elecciones presidenciales hay una parte de la población que tiene identificaciones partidarias, siempre votan a un partido y dan estabilidad al comportamiento electoral; dentro de un partido eso puede ser mucho más volátil. Lo hemos visto en las internas anteriores, hay mucha tela por cortar. No pueden darse hoy las internas por definidas.

EB: Tengo un matiz importante: creo que el Partido colorado sí tiene definido a Sanguinetti. No veo posibilidades reales de que Talvi pueda competirle. Pero todo puede pasar.

AB: Son escenarios abiertos. Falta el tramo más importante de la campaña, y los puntos de partida permitirían triunfar a cualquiera de los líderes que encabezan las encuestas.

¿Y en octubre?

MP: Es difícil aventurarse. ¿Qué va a pasar con los votantes de los candidatos que pierdan? No lo sé. En segundo lugar tenemos una situación de un grupo de uruguayos que tiene indefinido su voto respecto a octubre, más grande que en la elección pasada. Eso nos genera una interrogante, no sabemos si tiene que ver con el voto silencioso o vergonzante. Hay indicios de que tiene que ver con un enojo real, la evaluación de la situación del gobierno, con la situación económica, un montón de problemas que están más fuertes que hace cinco años, donde la satisfacción con el gobierno de (José) Mujica estaba mejor, la percepción de la situación económica estaba mejor. Es aventurado antes de junio decirlo.

¿Hay más indecisos que en elecciones anteriores?

EB y AB: No.

IZ: No, pero más allá de eso, es una elección de resultado abierto. 

¿Son importantes los debates para definir una elección?

IZ: Todo incide. El debate se transforma en general casi como un acto deportivo donde las hinchadas de cada candidato van a festejar los goles propios y a enojarse con el rival. En el medio está la gente que no le interesa la política y no ve el debate. Creo que en Uruguay, a pesar de que está deteriorado con respecto a otras épocas, todavía tenemos una calidad de debate político superior al que se ve en otras democracias de América Latina. Eso es más importante para la democracia que el show del debate.

MP: El debate no determina la habilidad del gobernante para gobernar, sino para discutir con otros o para exponer temas. Si uno mira los debates que se ven en otros países son un show.

IZ: En 1994 estuvo el famoso debate entre Sanguinetti y Vázquez, donde aparentemente por el cambio de estrategia de Sanguinetti logró mover al electorado. Pero es difícil de medir.

MP: A veces hay debates más interesantes que de candidatos, por ejemplo, futuros ministros de Economía o de Educación, donde los expertos proponen. El presidente no es un experto en todos los temas. La gente no espera que sea así. 

“Hay barrios a los que por más que tenemos encuestadores muy guerreros ya no van más”

¿Cómo hacen las encuestas?

IZ: En Equipos usamos como sistema primario la encuesta cara a cara. Es una encuesta domiciliaria en hogares, donde se selecciona una manzana, dentro de la manzana un hogar y dentro del hogar una persona para ser entrevistada. Es el sistema por lejos más caro, pero tiene muchas ventajas con respecto a otros. A veces complementamos con encuestas por telefonía celular; ahí llegás solo a aquellos que tienen teléfono celular. Lo mismo que con la telefonía fija, que viene cayendo cada vez más, o con las encuestas a través de redes sociales. La restricción que tiene es que ahora estamos yendo a ciudades de cinco mil habitantes y más, estamos excluyendo ciudades de menos habitantes y poblaciones rurales pero probablemente en algún momento del año cuando nos acerquemos a la elección presidencial vayamos a cubrir el 100% de la población.

EB: Nosotros estamos haciendo encuestas que mezclan telefonía fija y  celular. Hay un tema de costos, sin dudas, y hay un tema respecto a la cobertura. Si hacíamos solo telefonía fija, había un problema de cobertura: en Punta Carretas hay un 98% de penetración de telefonía fija y en Casavalle 31. En Treinta y Tres es el 40% de penetración en telefonía. Pero si hacemos solo de celular teníamos un sesgo en términos etarios e ingresos económicos. Los mayores de 60 años no atienden el celular como lo hacen los de menor edad. También importa controlar el departamento, porque hay apoyos locales que pueden ser muy importantes en algunas candidaturas. Es el caso de (Enrique) Antía con los intendentes. Si uno hace los casos en Cerro Largo y en Maldonado le va a dar más a Antía que evitando esos departamentos. Lo mismo pasa con (José) Amorín en Salto, Artigas o Florida.  

¿Cómo acceden a los datos de la telefonía celular?

AB: Se hacen rangos de las posibles combinaciones de celular. Se desarrollan en una tabla y a partir de ahí se aleatoriza y se escogen números.  Nosotros lo hacemos cien por ciento de telefonía celular porque creemos que tiene ventajas respecto a los restantes métodos. Básicamente, porque la cobertura del marco muestral es muy amplia. Podés encuestar a cualquier persona. Al mismo tiempo tiene una supervisión directa en un call center que se puede controlar cómo se aplican las preguntas. Hay grupos que tienen menos predisposición de contestar encuestas. Normalmente, la población de nivel educativo más bajo y los jóvenes. 

MP: Y más los hombres que las mujeres.

¿En Cifra cómo las hacen?

MP: Las que estamos divulgando ahora son telefónicas, pero nosotros probamos todas las herramientas. Ahora vamos a hacer una encuesta muy grande cara a cara y lo que nos pasa es que no estamos llegando a todos lados. No estamos pudiendo entrar a los barrios privados, y en edificios con  portero hay que llevar una carta y que se eleve a los  copropietarios. Las medidas de seguridad nos están impidiendo llegar a una población que antes era accesible. Incluso, en la muestra rural: hay gente que tiene miedo de abrir la puerta, cuando vamos al interior tenemos que avisar al comisario que vamos. El primer día que empezamos la última encuesta cara a cara robaron a dos encuestadores, a uno lo golpearon a las diez de la mañana en Aparicio Saravia y terminó con seis puntos en la cabeza. Hay barrios a los que por más que tenemos encuestadores muy guerreros ya no van más. Nos está costando llegar como llegábamos antes. También nos está costando encontrar a la gente en el hogar. Aun en los fines de semana, porque cada vez hay más actividades fuera del hogar. 

Con el teléfono es más fácil llegar. Hay gente que no contesta un teléfono que no conoce, o los agarrás en el baño, o manejando, o que ven el teléfono, lo reconocen y no contestan. Lo que nos pasa con las encuestas online que también hacemos —hacemos mucho en consumo y probamos también en política— es que nos queda muy sesgado por educación y nivel socioeconómico. El problema es que la gente menos educada a la segunda pregunta se baja. Está el tema de la comprensión lectora: en grupos motivacionales testeamos las preguntas y la gente no entiende las preguntas básicas. Entonces me da miedo cuando está solo frente a esa pregunta, ¿qué está respondiendo? 

Mediciones online 

Alain Mizrahi - Director de Grupo Radar; Egresado de la EM LYON School of Business (Francia) y posgrado en Economía del Desarrollo Rural de la Université de la Méditerrannée (Marseille, Francia);presidente de la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado del Uruguay.

¿Por qué ustedes optaron por la metodología online?

Básicamente, por mayor eficiencia, o sea mejor relación resultado sobre costo y tiempo. Las tasas de respuesta con las técnicas “tradicionales” —telefónica o presencial en hogares— han bajado tanto en los últimos años que la productividad ha caído enormemente y por lo tanto los costos y los plazos se dispararon. La técnica online, en cambio, permite realizar más casos en menos tiempo y a menor costo. Además, la encuesta online permite obtener mejor calidad de respuestas en preguntas abiertas, ya que la persona responde cuando quiere, desde donde quiere (el 80% responde desde un móvil) y sin presión de un encuestador. Esto permite realizar análisis cualitativos muy valiosos para nuestros clientes. También, por ser autoadministradas, permiten relevar mejor el “voto vergonzante” en las elecciones en las que este es significativo. Hace más de cinco años que hacemos la mayoría de nuestros estudios cuantitativos en forma online, no solo de opinión pública, sino también en investigación social y de mercado.

¿Cómo se calcula el margen de error?

El margen de error solo es calculable cuando se trata de muestras aleatorias probabilísticas, o sea, en el supuesto caso que fuera posible poner a todos los ciudadanos en un bolillero, extraer N bolillas y encuestar exactamente a esas N personas. Dado que la tasa de no respuesta es altísima, las muestras no son más probabilísticas y por lo tanto el margen de error no es calculable. En las encuestas online, las muestras probabilísticas son por definición inexistentes y por lo tanto el margen de error muestral no es calculable. Hay que aclarar también que el margen de error muestral es el menor de todos los que contiene una encuesta, pero eso ya es otro tema.

Agradecemos a Aloft Montevideo Hotel y a YOUHUB Cowork.

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