Para su exposición Aquí soñó Blanes Viale el artista Pablo Uribe tomó todo el espacio, incluso la fachada, del Museo Nacional de Artes Visuales

“Juego a ponerme casi como director del museo”

5min
Nº1994 - al de Noviembre de 2018
Entrevista: Verónica Parrado. Fotos: Leo Barizzoni.

Los cuadros de Carmelo de Arzadun, Petrona Viera y Guillermo Laborde, todos cambiaron de lugar. Unas cien obras del acervo del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) son revisadas y reformuladas a través del montaje en Aquí soñó Blanes Viale, de Pablo Uribe (Montevideo, 1962), que se inaugura hoy jueves 8. La muestra, que toma todo el museo, incluye obra de Uribe de distintas épocas. El artista representó a Uruguay en varias oportunidades, incluyendo la Bienal de Venecia, y recibió el Gran Premio Nacional de Artes y el Figari en 2016. galería conversó con él sobre la exposición, cuyo curador es Carlos Capelán y que estará en el MNAV hasta marzo de 2019.

¿Cuál fue la idea rectora detrás de la selección de obras del acervo del museo? La operativa mía es mezclar todo. Al ser un montaje, en vez de trabajar con un pincel se trata de trabajar la idea, el armado y cómo se produce. Me parece que es una retrospectiva de mi mecanismo, de la forma en que trabajo. Están representados todos los vericuetos de la creación, de mi metodología, con los libros, los videos y de montaje que son procesos muy similares.

Cambió la fachada del museo, como una intervención efímera. ¿La elección de los colores de los paneles es suya? A partir de una foto color de la fachada la pasé a escala de grises, a blanco y negro. Entonces, el rojo tiene su gris equivalente y el azul, en realidad, queda en los mismos tonos pero en grises. Lo mismo hice con los pilares internos.¿Lo hizo para poner en valor el edificio, en cuya reforma más importante participó el arquitecto y artista Clorindo Testa?Sí, incluso a mí el museo antes de empezar a trabajar en esto no me terminaba de convencer. Y ahora me encanta, la estructura que tiene, estos pilares, por ejemplo, me parecen una maravilla. Incluso la estructura de la fachada es interesante. Me reuní con (el exdirector Ángel) Kalenberg para que me contara un poco de la reforma que habían pensado y me explicaba que era una especie de set de televisión, que se podía mover. Para la época estaba muy bien. El edificio es realmente lindo, y tiene una impronta muy potente.

Al preparar una exhibición, ¿tiene un punto de partida, un proceso habitual de trabajo? No empiezo a trabajar una idea diciendo “voy a hacer un video”, a veces termino haciendo un video, a veces es una acción, a veces una foto.

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Uribe utilizó cuadros del acervo del MNAV para crear la instalación 256 colores con alineación superior y reserva de bow windows. En esta imagen se visualizan obras de Etchebarne Bidart, Manuel Rosé, Carmelo de Arzadun y Pedro Blanes Viale.
Uribe utilizó cuadros del acervo del MNAV para crear la instalación 256 colores con alineación superior y reserva de bow windows. En esta imagen se visualizan obras de Etchebarne Bidart, Manuel Rosé, Carmelo de Arzadun y Pedro Blanes Viale.

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¿Cómo eligió el título de la muestra? Estuve mucho tiempo buscando el título y cuando lo encontré, se me despertó mucha cosa. El título proviene de un cuadro de Alberto Dura (1888-1971) que rinde homenaje a Pedro Blanes Viale (1878-1926) y empezó a funcionar todo, es un paisaje y yo trabajo mucho la cuestión del paisaje.

Está la idea de continuidad que es bastante clara, a partir de Blanes Viale y de su práctica docente, que fue el primero que se interesó en el paisaje local. De ahí surgen Alberto Dura, Guillermo Rodríguez, Petrona Viera y se empieza a armar una cadena de la cual se puede ir haciendo un nexo.

¿Siente que al preparar las piezas hay acto de creación y de curaduría en cada obra? ¿Cómo funciona la dualidad, el entrelazado de crear y curar a la vez? Me gusta que esas fronteras desaparezcan lo más posible. Que no se sepa muy bien si es un montaje o una curaduría. Por ejemplo, cuando hice la muestra del Museo Blanes, que era todo con obra del acervo, mucha gente me preguntaba cuál era mi obra, y eran todas obras de otros. Esa forma de ordenar la obras pasa a ser una obra mía. Siempre desde un lugar de cierta admiración. 

¿Toda la exhibición es una obra efímera? Toda la exhibición es la obra, fui agregando y sacando cosas pensando en un todo. Cuando termine, la muestra va a desaparecer, porque la mayoría de las obras están hechas a partir del acervo. O sea, la lectura que va a haber acá no se va a volver a repetir.

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La muestra incluye obras propias de Uribe como el video Campo de color, 2018.
La muestra incluye obras propias de Uribe como el video Campo de color, 2018.

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¿Considera que hay un componente lúdico en su obra, una suerte de juego que resignifica? Está un poco esa cosa de juego, tratar de ponerse casi como de director del museo y pienso que sí, que hay juego, un poco de ironía a veces. Obviamente lo que más me interesa que haya es ideas, pero tampoco la obra helada. Utilicé casi todos los mecanismos que usa un museo, trabajando en el área educativa, en la parte de restauración, en la negociación y en poder conseguir las obras, ya que algunas son de colecciones privadas.

¿Es más difícil interpelar a un espectador hoy, cuando abundan las imágenes en la vida cotidiana? Creo que para muchas cosas es más fácil. Por lo general trato de que la obra sea más invisible, me encanta cuando sucede eso, cuando parece que siempre estuvieron ahí; eso es lo que más me gusta de todo. No me gusta la estrategia de la espectacularidad en la obra.

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