Con una vieja-nueva canción como coartada y un proyecto monumental en ciernes, Divididos se presenta este 28 de julio en Landia

La aplanadora cumple 30 años

5min
Nº1976 - al de Julio de 2018
Fernando Santullo

Junto a su cumpleaños número 30, hay un tema que sirve de puntapié inicial a la gira de estadios que el grupo viene dando en su país y que los trae a Uruguay: Caballos de la noche es una canción que antes, con una letra a medias humorística y a medias improvisada, se llamaba La foca y aparecía en su primer disco.

Según cuenta Ricardo Mollo, el guitarrista y vocalista del trío, la canción “nace como un tema instrumental y así se graba. Luego desarrolla una letra ocasional en vivo que nosotros llamábamos ‘Sí, sí, Petti’ y que era un pedido a Roberto Pettinato para que no hablara tanto”. Mollo cuenta que cuando regrabaron la canción, tuvo la intuición de que necesitaba una nueva letra y que tras reunirse con su socio de composición, Diego Arnedo, terminó siendo la canción tal cual se escucha en esta nueva grabación. Ese tema es parte del nuevo e inmenso proyecto que el grupo está preparando: para celebrar sus 30 años, Divididos —que se presentará el próximo sábado 28 de julio en Landia— se encuentra en proceso de regrabar toda su discografía, esta vez para su sello La Calandria.

A pesar de lo variado de sus discos y la riqueza de sus producciones, el grupo ha cimentado su prestigio de ser uno de los mejores de Argentina antes que nada como extraordinaria banda en vivo. El grupo fue formado en 1988 por Mollo y Arnedo, los exintegrantes de Sumo, tras la muerte de Luca Prodan. Su debut discográfico fue con 40 dibujos ahí en el piso, grabado en 1989 y editado por el sello Columbia. El álbum, que incluía 12 temas originales (entre ellos La foca) y una versión de Light My Fire de la banda estadounidense The Doors, fue el único que grabaría el baterista Gustavo Collado, quien fue sustituido poco después por Federico Gil Solá. Con este percusionista harían Acariciando lo áspero (1991), que incluía temas que desde entonces son parte del repertorio habitual de la banda, como El 38 y Ala delta.

A pesar de lo variado de sus discos y la riqueza de sus producciones, el grupo ha cimentado su prestigio de ser uno de los mejores de Argentina antes que nada como extraordinaria banda en vivo.

Un par de años más tarde, en 1993, los Divididos viajarían a Los Ángeles para grabar La era de la boludez, disco que para muchos es el mejor de su carrera. Mas allá de este debate, siempre abierto entre los fans del grupo, el trabajo fue producido por Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel en los Estudios Can Am, con la mano de Tony Peluso, guitarrista de los Carpenters, en los controles. La era de la boludez supuso un salto de calidad sonora importante y también un avance en el perfil artístico del grupo, expandiéndose hacia zonas folclóricas en las que posteriormente reincidirían. El single más exitoso fue ¿Qué ves? y también sería muy popular su versión rockera de El arriero, de Atahualpa Yupanqui. Como dato que sirve para dar cuenta de la inmensa popularidad que el grupo adquirió en ese entonces, en la gira de presentación llenaron 13 veces el estadio Luna Park de la capital argentina.

Cansados justamente del estallido de popularidad que habían logrado con su disco previo y presa de una importante tensión en el interior del grupo, los Divididos encararon el nuevo material desde una perspectiva menos accesible, dando lugar a la experimentación sonora y compositiva. En el camino se fue el baterista Gil Solá y su lugar fue ocupado por Jorge Araujo. El resultado de esos cambios de personal y de intenciones fue el disco Otro le Travaladna, cuyo principal hit fue el reggae-rock Tomando mate en La Paz. El trabajo implicó una ruptura bastante grande respecto a La era de la boludez, con el grupo desarrollando su lado más experimental y con Arnedo cantando parte de las canciones. Como era de esperar, fue un disco menos exitoso que su predecesor.

Después de realizar una gira mucho menos multitudinaria que la de 1993 y tras firmar un nuevo contrato discográfico con BMG, el grupo encaró la grabación de su nuevo disco, Gol de mujer. Y sería justamente en este álbum donde Divididos exploraría de manera más profunda y exitosa su veta folclórica. Y es que al lado de temas roqueros como Nene de antes, se destacaron canciones como la maravillosa Vientito del Tucumán, sobre un poema inédito de Atahualpa Yupanqui. Ese no sería el único tema de corte folclórico, están también El gordo legüero, Clavador de Querubín y Niño hereje. Sería con esta clase de canciones, menos ásperas que las roqueras, en donde se destacaría la voz de Ricardo Mollo, que comenzaba a demostrar que era bastante más que un cantante de rock a la usanza tradicional.

En el 2000, el trío viajaría a los Estudios Abbey Road en Londres para grabar Narigón del siglo. Sea por grabar en ese legendario lugar o por razones artísticas ajenas al hecho, el single principal de ese disco, Spaghetti del rock, mostraría un fuerte aire beatlero, cuerdas incluidas. El 2002 traería Vengo del placard de otro, que fue grabado en Buenos Aires y producido por el propio grupo. Finalmente, el último disco de estudio que Divididos ha grabado hasta la fecha es Amapola del 66, de 2010. Incluye una versión de Despiértate nena, de Luis Alberto Spinetta, y es el primer disco que hacen junto a su nuevo baterista, Catriel Ciavarella.

A pesar de lo variado de sus discos y la riqueza de sus producciones, el grupo ha cimentado su prestigio de ser uno de los mejores de Argentina antes que nada como extraordinaria banda en vivo.

A pesar de lo variado de sus discos y la riqueza de sus producciones, el grupo ha cimentado su prestigio de ser uno de los mejores de Argentina antes que nada como extraordinaria banda en vivo, con un directo contundente y pesado. Es por eso que Divididos siempre ha acompañado su material discográfico de estudio con registros en vivo de su obra. Así se explican los directos Viveza criolla del 2000, Vivo acá de 2003, Audio y agua de 2011 y En Vivo Teatro Coliseo de 2016. Pero hasta eso ha sido a veces complejo para el grupo. “La gente no conoce la interna de la música. Vos no podés mañana decidir editar un compilado y tomar una canción del primero y dos del segundo. Por ejemplo, cuando hicimos el Vivo acá tuvimos que pedir permiso a varias compañías para poder hacerlo ¡Son mis canciones!”, explicaba Mollo en una entrevista del año pasado.

Esa situación legal, la de no ser dueños de los masters que registran sus temas, están en la raíz del proyecto de volver a registrar toda su obra, menos el último disco. “Decidimos recuperar nuestra obra y volver a grabar las canciones de todos los discos, salvo Amapola del 66, que es un disco que ya nos pertenece. Los otros discos son de distintas compañías discográficas. Queremos llegar a los 30 años de Divididos con todos los discos grabados nuevamente”, declaraba el cantante a una radio mendocina hace unos meses.

La oportunidad de ver estas canciones viviendo su segunda vida de treintañeras será el próximo 28 de julio en Landia.

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