Rafael Radi, presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay . Foto: Nicolás Der Agopián

La ciencia y la tecnología en Uruguay pasaron en 15 años del “optimismo” al “estancamiento relativo” y urgen los cambios

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Nº2037 - al de Septiembre de 2019
escribe María Paz Sartori

El cerebro. Hace una semana científicos uruguayos y extranjeros se reunieron sábado y domingo para hablar de él, compartieron resultados de sus investigaciones y acordaron lanzar una iniciativa que los impulse a seguir trabajando en el tema. La propuesta llamada Proyecto Cerebro Latinoamericano (conocido como Iniciativa LATBrain) no está aislada: se inspira en otras que ya se lanzaron en Estados Unidos, Europa y Japón (conocidas como International Brain Initiative) y que apuntan a generar un movimiento para impulsar la cooperación e investigación sobre el cerebro. La movida, organizada por la Sociedad de Neurociencias del Uruguay, se presentó en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable con la idea de fomentar la cooperación entre neurocientíficos de la región y también con otras disciplinas.

Para Rafael Radi, presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay (Anciu), la propuesta se enfrenta a un problema que aqueja al país desde hace un tiempo: “No hay con quién hablar”. El sistema de ciencia e innovación no tiene una puerta de entrada en la cual los científicos puedan plantear este tipo de iniciativas para que sean analizadas por el gobierno y luego canalizadas para ser concretadas. La parte operativa podría hacerla “sin duda” la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), pero sigue faltando una conducción política en el sistema de ciencia, tecnología e innovación uruguayo, asegura.

El sistema de ciencia e innovación no tiene una puerta de entrada en la cual los científicos puedan plantear este tipo de iniciativas para que sean analizadas por el gobierno y luego canalizadas para ser concretadas.

“Ahí es donde el Estado tiene que responder, pensar en el neurodesarrollo de los chiquititos, en el envejecimiento cerebral de los adultos mayores”, dice Radi. “Es importante, el cerebro está en todos lados”, añade. Y sostiene que aunque no lo perciban así, el tema les compete al Ministerio de Desarrollo Social (Mides), al Sistema Nacional de Cuidados, a la Junta Nacional de Drogas y a un gran número de instituciones.

La Anciu envió una carta de apoyo a la iniciativa. Pero “si me preguntás hoy cuál es el lugar institucional en donde una iniciativa así de este porte se puede plantear y ver posibilidad de concreción a corto plazo, no está fácil”, opina Radi. Existe una “efervescencia” y un apoyo desde los discursos que luego “se queda corto”, afirma.

Hay un “mismatch entre grupos de gente con ideas buenísimas” y “otro grupo de gente que toma decisiones y que no se enteran”, lamentó. “Todos coexisten en el mismo país, van a los mismos asados y partidos de fútbol, pero esa conectividad cuesta mucho. Ahí es donde hace falta una institucionalidad fuerte con oídos grandes (como un Ministerio de Ciencia o una Secretaría Nacional de Ciencia), que podría hacer un ida y vuelta de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Desde la comunidad científica hasta los órganos de decisión máximos y viceversa. Todavía nos está costando mucho”, sostiene Radi.

En el papel

En mayo la Anciu lanzó los Lineamientos para una política de Ciencia, Tecnología e Innovación, un documento que pretenden sea tomado como insumo para el proceso electoral y para el futuro. Y viene realizando contactos para intentar reunirse con candidatos a la presidencia o con sus asesores más cercanos, pero no le está resultando fácil.

En el período electoral anterior fue más sencillo: se reunieron con los candidatos e incluso lograron que firmaran el compromiso de que, de asumir la presidencia, aumentarían el gasto en ciencia, tecnología e innovación del 0,4% del PBI hasta el 1%. Pero ese objetivo quedó en el papel, porque no se cumplió.

Radi explicó que se llegará al 2020 con el mismo 0,4% del comienzo y sospecha que es uno de los principales motivos de la reticencia de algunos candidatos a la presidencia a reunirse con la Anciu nuevamente. Aunque, esta vez, las pretensiones no incluyen un documento firmado.

Una generación que vio el cambio

Desde su lugar al frente del Centro de Investigaciones Biomédicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, Radi se siente observador y protagonista de los últimos 30 años del desarrollo de la ciencia nacional. Entró a la Facultad de Medicina en 1981, se integró a la Cátedra de Bioquímica (de la cual hoy está a cargo) y poco tiempo después se presentó al primer concurso para ser grado uno (el escalafón más bajo de la escala docente). Corría el año 1984. No había programas de formación de posgrados en disciplinas como la Bioquímica y si los estudiantes querían profundizar, lo hacían en el contexto de sus estudios de Medicina, formándose dentro de un departamento.

En 1985 ocurrió un “gran cambio”, evalúa Radi. Surge el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba), que crea por primera vez un programa de apoyo para formar posgrados. Radi fue el primer estudiante de Bioquímica de Pedeciba en 1987; en ese entonces ya era grado dos y había hecho alguna publicación científica. Hizo un doctorado en Ciencias Biológicas mientras otros se especializaban en áreas como Medicina, Informática, Física y Química, también gracias al Pedeciba.

Con dinero del gobierno nacional, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y del Ministerio de Educación, había un “pequeño pool de dinero para los laboratorios”, que hasta hoy no ha crecido. No obstante, los investigadores ahora son más, por lo que el aporte para las instituciones resulta “marginal”, dice Radi. “Era una época muy precaria hasta bien entrada la década de 1990. Hasta 1985 era muy difícil investigar. Éramos muy pocos y muy variados, había buenos y malos y Pedeciba categoriza, separa los CV fuertes de la gente que hacía investigación, pero no tenía la profundidad y calidad adecuada”, recuerda Radi.

El Pedeciba también fue un “parteaguas” porque además identificó qué tutores podrían ocupar este rol, quiénes dirigirían las tesis. Mientras, algunos investigadores regresaban al país tras el retorno de la democracia. Fue un “período muy fértil” con infraestructura muy precaria, poco equipamiento y sin proyectos de investigación financiados. Los investigadores eran unos 100, hoy son unos 1.800.

Según el documento de lineamientos elaborado en mayo de este año, “Uruguay debe disponerse a actuar en forma más intensa” en la áreas científico-tecnológicas, ya que está “actualmente rezagado”.

A fines de la década de 1980 se reactivaron los cargos de dedicación total con una pequeña partida para utilizarla en gastos de investigación. Entre este dinero y algo más que aportaba el Pedeciba, los docentes en Facultad de Medicina se juntaban y compraban insumos, reactivos, tubos, espátulas y equipamiento de bajo porte.

En la década de 1990 llegaron dos rondas de financiación para la ciencia con dinero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Los proyectos apoyados por las iniciativas BID-Conicyt 1 y 2 permitieron hacer investigación con un buen nivel de ingresos y comprar equipamiento valioso con montos por proyecto superiores a lo que hoy maneja la ANII.

Luego vinieron dos hitos recientes: la creación del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en 2008 y casi en el mismo momento nació la ANII, “dos brazos de un mismo esquema de trabajo”. Llegaron los fondos para posgrados, los llamados, las evaluaciones de propuestas, el dinero para investigar por proyectos.

Radi pertenece a la generación que vio ocurrir el cambio y forma de parte de un grupo de académicos que hoy ocupa cargos de dirección. “En aquellas horas cuando teníamos 20 y pico las investigaciones se extendían hasta las 12 de la noche, ocurría en distintas facultades. En la década de 1980 teníamos una fuerza interior de estar haciendo cosas importantes, una vocación, eran otras épocas. Ahora tenemos 50 y pico. Para muchos de esta generación, jugamos dos o tres partidos a la vez: nos tuvimos que formar, armar los laboratorios, los programas, son tres vidas en una. No era solamente venir y hacer un proyecto de investigación que es lo que pasa con los estudiantes hoy. Se les plantea un proyecto, hay proyectos financiables, hay becas, hay equipamiento. Antes no había financiación, no había mucho proyecto, no había equipos. Era un sistema muy endeble, hubo que construir una estructura sólida como hay hoy”, compara Radi.

De la expansión al estancamiento

El primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010) fue una etapa de “optimismo importante” y de expansión del presupuesto, comenta Radi. El problema es que los últimos 10 años fueron de “estancamiento relativo”, señala.

Según el documento de lineamientos elaborado en mayo de este año, “Uruguay debe disponerse a actuar en forma más intensa” en la áreas científico-tecnológicas, ya que está “actualmente rezagado”.

Algunos problemas señalados en el documento son la necesidad de aumentar la inversión en ciencia y tecnología y de mejorar la institucionalidad. No es un tema menor.

El rol de la ANII debería ser operativo y “de corto plazo”, y funcionar mandatada por una política nacional de ciencia, tecnología e innovación que hoy carece de una guía fuerte del Poder Ejecutivo. Hace falta “una fuerte mirada superadora de hacia dónde tiene que ir el sistema nacional de ciencia y tecnología y no ha habido eso”, opina Radi.

El gabinete de la Innovación creado durante el gobierno de Vázquez funcionó poco y entre 2010 y 2015 las reuniones se empezaron a discontinuar cada vez más. En 2015 el gabinete de Transformación Productiva y Competitividad tomó fuerza y ha impulsado algunas políticas de la mano de Transforma Uruguay, pero “la parte de ciencia y tecnología quedó en un segundo plano”, opina Radi.

Además, la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología liderada por Eduardo Manta “formalmente es un órgano interesante”, aunque recién tiene año y medio de vida con “una persona muy capaz al frente pero prácticamente sin presupuesto y con un marco legal muy acotado”. Manta está “haciendo esfuerzos enormes, pero está muy solo”, sostiene Radi, aunque cree que podría al final del gobierno “dejar una semilla” que luego se deberá continuar.

Recuadro de la nota

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