Foto: Nicolás Der Agopián

Una encuesta de Cifra indica que quienes más sufren el cambio son las personas de menor nivel educativo, mientras que un estudio de Factum advierte que el 86% de los encuestados teme que caiga su poder adquisitivo

La crisis impacta en el trabajo de dos tercios de los uruguayos

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Nº2066 - al de Abril de 2020

La crisis desatada por el nuevo coronavirus (Covid-19) tiene al gobierno intentando mantener un equilibrio que le permita mitigar el avance de la epidemia sin apagar por completo la economía. Mientras los datos del Ministerio de Salud Pública marcan que no hay todavía un incremento exponencial de los contagios, el mercado laboral empezó a encender luces de alarma y a crear preocupación entre los uruguayos.

Los datos oficiales marcan un crecimiento de los envíos a seguro de paro, que superaron los 70.000 en cuestión de días. Pero el impacto en los trabajadores es más amplio. Encuestas realizadas, en paralelo, por las consultoras Factum y Cifra indican que dos de cada tres uruguayos vieron modificadas sus dinámicas laborales en las últimas semanas de marzo. En la mayoría de los casos los cambios empeoraron la situación previa, ya que implicaron disminución de horas de trabajo o la pérdida del trabajo.

El 67% de los encuestados por Factum declaró que “sufrió cambios en el empleo”. De ellos, el 27% dijo haber comenzado a trabajar desde su casa, mientras que el 18% afirmó que pasó a trabajar menos horas diarias y el 13% que lo hace menos días a la semana. El 12% entró en seguro de paro por baja actividad, 2% en seguro de paro por despido, mientras que 6% dijo que fue despedido sin derecho a seguro de paro.

El golpe varía según el estrato económico. Entre las personas de menor nivel socioeconómico el 18% dijo que perdió su trabajo y no tiene derecho a seguro de paro, solo el 1% del sector más alto sufrió ese destino.

La exhortación del gobierno de que las personas salgan lo menos posible de sus casas tuvo impactos variados. Disminuyó la cantidad de locales abiertos y las empresas que pudieron hicieron que sus empleados trabajaran desde sus domicilios.  

A la inversa, el 47% de mayores ingresos empezó a trabajar desde su casa cuando comenzaron las medidas de distanciamiento social, una posibilidad a la que pudo recurrir solo el 3% de las personas de menor nivel económico.

La exhortación del gobierno de que las personas salgan lo menos posible de sus casas tuvo impactos variados. Disminuyó la cantidad de locales abiertos —en el caso de los shoppings, se resolvió cerrarlos— y las empresas que pudieron hicieron que sus empleados trabajaran desde sus domicilios.  

El 63% de quienes cuentan con educación superior pasó a trabajar desde su casa, una posibilidad a la que pudieron acceder solo el 6% de los que tienen como formación máxima educación básica, según Factum.

Entre el 18% que fueron despedidos sin derecho al seguro de paro solo 1% tiene educación superior, mientras que 9% tiene educación básica.

Los datos surgen de una consulta online realizada entre el 28 y el 29 de marzo a 1.638 personas mayores de 18 años residentes en todo el país, discriminado por sexo, edad, nivel socioeconómico y nivel educativo.

El director de Factum, Eduardo Botinelli, dijo a Búsqueda que “es relevante indicar que, tanto en la disminución de jornales como en la pérdida de ingresos, los que se han visto más afectado son los menos educados y los niveles socioeconómicos más bajos”.

El impacto del coronavirus en el empleo no registra diferencias sustanciales entre hombres y mujeres (67% y 68%, respectivamente, sufrió cambios), ni entre Montevideo y el interior del país (69% y 66%, respectivamente).

Foto: Nicolás Der Agopián

Cambios en el trabajo

La encuesta de Cifra, en tanto, indica que solo el 33% de los trabajadores mantiene las mismas condiciones laborales que a principios de mes. El 41% vio reducido su horario laboral y otro 26% ya fue o anticipó que irá a seguro de paro o será despedido.

En el sector público el 42% respondió que sus condiciones de trabajo siguen siendo las mismas, una cifra que cae al 30% en el ámbito privado. Los más afectados, según el estudio, son los trabajadores zafrales: apenas el 20% dijo seguir sin cambios, comparado con principio de mes.

De acuerdo con el estudio de Cifra, realizado entre el 27 y el 29 de marzo a 2.200 mayores de edad con acceso a Internet, el impacto lo sufren más los más jóvenes porque suelen tener trabajos más precarios o porque hace menos tiempo que ingresaron a ellos, y las personas con menor educación formal.

Así, el 37% de los menores de 30 años que tenían trabajo en marzo dijo a la consultora que fue enviado a seguro de paro o fue despedido, mientras que al 29% le redujeron la jornada laboral.

“En un clima de mucha ansiedad respecto al coronavirus, resulta difícil para este gobierno (como para los gobiernos de todo el mundo) encontrar el equilibrio entre las demandas de la población asustada, del sistema de salud que quiere prevenir el desborde y de las empresas de todos los tamaños que deben reducir o detener su operativa”, dice el informe de Cifra al que accedió Búsqueda.

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Foto: Nicolás Der Agopián

Los miedos

Mientras que el final de las medidas de distanciamientos social es incierto y el gobierno calcula que lo peor de la pandemia llegará recién en mayo, la preocupación de la población por su futuro económico crece.

En su estudio, Factum intentó medir hasta dónde llega el temor de la población por la crisis. Siete de cada diez dijo estar “preocupado pero no angustiado” por la enfermedad, según divulgó el 31 de marzo El País.

Datos de esa encuesta, a los que accedió Búsqueda, muestran que 86% de los uruguayos “manifiesta algún miedo asociado a su poder adquisitivo”.

La percepción sobre su futuro económico no difiere entre hombres y mujeres, ni entre población de Montevideo y el interior. En cambio, sí hay diferencias cuando se incluye como variable de análisis el nivel socioeconómico y el educativo del entrevistado. Entre las personas de nivel socioeconómico bajo, el “miedo” a perder poder adquisitivo alcanza al 93% de los encuestados, 18 puntos porcentuales más que en el nivel alto (75%). El 91% de los que tienen a la educación básica como máximo nivel alcanzado comparten ese temor, 22 puntos más que en la población con mayor formación (77%).

Mientras que el final de las medidas de distanciamientos social es incierto y el gobierno calcula que lo peor de la pandemia llegará recién en mayo, la preocupación de la población por su futuro económico crece.

Factum buscó conocer más detalles sobre ese tempo. El 74% de los que dijeron tener miedo de perder su poder adquisitivo indicaron que les preocupa “que los productos básicos aumenten su precio descontroladamente”. El 45% teme “no poder pagar las facturas y las cuentas del hogar” y el 38% no tener dinero ni crédito para comprar alimentos. Al 20% le preocupa entrar en seguro de paro y al 15% perder el trabajo.

Entre los encuestados de nivel socioeconómico medio preocupa la suba de precios (80%). No poder pagar las facturas es una inquietud que predomina entre quienes tienen ingresos más bajos (72%), donde también preocupa quedarse sin dinero ni crédito para comprar comida (71%).

El temor al golpe económico es menor entre quienes tienen ingresos más altos. En ese sector, al 63% le preocupa que los precios aumenten de forma descontrolada, al 25% que no pueda pagar las facturas y al 16% quedarse sin recursos para comprar alimentos.

Botinelli explicó que “ante la incertidumbre aparecen los miedos, y esos miedos pueden darse en cuestiones básicas como en cuestiones más o menos profundas (…). Por ejemplo: el aumento de los precios sería un problema, y es el principal miedo, pero sería menor problema si las personas tuvieran cierta certeza respecto a que van a cobrar su salario en tiempo y forma y van a conservar el empleo”.

“Lo que sucede en este contexto es que a los miedos coyunturales se suman miedos estructurales”, añadió. “La inestabilidad laboral, el miedo a perder el trabajo o entrar en seguro de paro (con su consecuente pérdida salarial e incertidumbre de volver al trabajo) implican miedos más profundos, es la pérdida de una base que no solamente es material; el trabajo también tiene un componente social fundamental en la estabilidad de las personas y las sociedades”.

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