La mitad de los alumnos son del interior del país y la mayoría estudia en régimen de internado. Nicolás Der Agopián

Cada año se presentan más de 400 aspirantes para unas 200 vacantes en todo el país; solo el 8% de los alumnos pertenece a familias de militares

La “disciplina castrense” y estrictas pruebas de ingreso logran “buenos resultados académicos” en el Liceo Militar; apenas el 2% abandona

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Nº1976 - al de Julio de 2018
escribe Juan Pablo Mosteiro

“Educación, amistad, respeto, responsabilidad y espíritu de cuerpo. A eso se reduce todo”, dice sonriente el coronel Omar Carabajal, tras leer la placa recordatoria de la generación 2017 de alumnos del Liceo Militar General Artigas. Con una matrícula de 386 estudiantes en Montevideo, más otros 60 que desde marzo estudian en el Liceo Anexo del Norte, ubicado en Tacuarembó, esta institución “no tiene nada que envidiarle a los mejores liceos del sistema público del país”, asegura Carabajal. Funciona “como un centro educativo de gestión privada”, pero con un presupuesto inferior al de un liceo de Secundaria, destaca el director de la institución a Búsqueda en su despacho en la zona del Prado.

Todos los años se presentan más de 400 aspirantes para 150 plazas del Liceo Militar en Montevideo, más las 60 de Tacuarembó. La mitad de los estudiantes son del interior del país y casi todos están en régimen de internado, excepto alumnos de la capital y el área metropolitana.

Si bien forma parte de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y sus programas son los de Secundaria, el Liceo Militar tiene algunas particularidades, como las pruebas de ingreso y la instrucción extracurricular.

Para entrar al liceo hay que sortear varias pruebas y cumplir una serie de exigencias. Entre otras, no haber repetido el año que aspiran cursar, ni tener materias de años anteriores sin aprobar del Ciclo Básico de Secundaria. Además, los aspirantes deben realizar pruebas de admisión eliminatorias: examen médico, psicológico y odontológico, de Matemática, de Idioma Español y de aptitud física.

El director del liceo defiende el sistema de cupos porque asegura que ingresa “quien realmente quiere estudiar” y permite garantizar al alumnado “calidad educativa”.

Entre las actividades extracurriculares, los estudiantes deben participar en desfiles militares, aprenden sobre primeros auxilios, técnicas de orientación con brújula y práctica de tiro deportivo con carabina neumática o “chumbera”, entre otros deportes. Todo encuadrado en un reglamento disciplinario sujeto a un Estatuto del Estudiante, un librillo que también se les entrega a los padres para que conozcan “las reglas de juego” de la institución que en marzo de 2017 celebró su 70º aniversario.

Coronel Omar Carabajal. Foto: Nicolás Der Agopián

Apenas 8% de los alumnos que ingresan a este centro educativo pertenece a familias con integrantes militares. “La enorme mayoría proviene de entornos civiles y con un perfil socioeconómico de clase media y media baja o baja”, informa Carabajal. La institución invierte $ 9.000 mensuales por estudiante, costo que asume el Ejército, en un contexto presupuestal “complicado” para las Fuerzas Armadas. “Funcionamos como un centro de gestión privada, aunque con partidas inferiores a un liceo de Secundaria. No recibimos aportes externos, ni siquiera de los padres, ya que el liceo es absolutamente gratuito”, apunta el director.

El promedio histórico de deserción estudiantil en el Liceo Militar ha sido de 8% y en 2011 alcanzó un pico de 11%, equivalente a 38 alumnos. Pero desde 2012 a la fecha ese porcentaje bajó a 4% y en 2017 el abandono se ubicó en el menor histórico: 2,26%. “El índice de no aprobación también es bajo, y quien no aprueba lamentablemente debe abandonar la institución, porque no está permitido repetir el año”, dice el coronel.

Desde 2008 el Consejo de Educación Secundaria (CES) obliga al Liceo Militar a aplicar el plan de estudio del Ciclo Básico y Bachillerato, llamado Reformulación 2006, que incluye cursos de historia reciente y de educación sexual. “Acá los profesores enseñan todos los temas que ordena Secundaria. No hay injerencia de nuestra parte de ningún tipo”, asegura Carabajal. El programa incluye, no obstante, algunos agregados, como una “educación premilitar” que “apunta a la formación en valores”.

Todos los años se presentan más de 400 aspirantes para 150 plazas del Liceo Militar en Montevideo, más las 60 de Tacuarembó. La mitad de los estudiantes son del interior del país y casi todos están en régimen de internado, excepto alumnos de la capital y el área metropolitana.

“Insistimos en inculcar y profundizar aquellos valores que los jóvenes ya deberían traer desde sus casas”, dice el director y cita como ejemplo la libertad de expresión, la responsabilidad, la honestidad, el respeto a la ley, a los derechos de los demás, a la autoridad y a los valores nacionales.

Carabajal dice que la institución es exigente, pero cumple “estrictamente” los programas de la ANEP. “Eso nos hace atractivos, hace que tengamos tantos postulantes y que logremos buenos resultados académicos. Creemos en la disciplina castrense para la educación media superior como un factor positivo en la formación, más allá de que después los alumnos elijan continuar la carrera militar o no”.

Uno de cada tres alumnos del Liceo Militar sigue formándose en alguna de las tres Armas. En 2017, el 13% de los egresados continuó su educación en la Escuela Militar, 9% en la Escuela Militar Aeronáutica, 6% lo hizo en la Escuela Nacional de Policía y 4% en la Escuela Naval. Entretanto, un 68% optó por la Universidad de la República y otras instituciones de educación terciaria.

Disciplinamiento

En la mañana del martes 3, durante una recorrida con Búsqueda por las instalaciones del Liceo Militar —en el predio del antiguo cuartel de Camino Castro, el solar de la otrora quinta del Buen Retiro del inmigrante francés José de Buschental—, el coronel Carabajal, acompañado por el subdirector del liceo, el teniente coronel Wilson Graña, mostró con orgullo la institución. El centro fue fundado en 1947 durante la presidencia de Tomás Berreta y su madrina fue Matilde Ibáñez Tálice, esposa de Luis Batlle Berres y madre de Jorge Batlle.

La institución incluye el edificio antiguo del liceo y el de los docentes, donde están los laboratorios de Biología, Física y Química, con los proyectos de los clubes de ciencia; luego está el ala de informática (con una computadora por alumno), la biblioteca, el gimnasio, el despacho de los comandantes de compañía, las unidades donde habitan los 160 internos con cuchetas y baños, la cocina y el comedor donde se sirven las tres comidas y colaciones diarias para unas 400 personas, entre docentes y personal subalterno.

Para Carabajal, militar de 52 años, el liceo que dirige desde hace casi tres “está entre los mejores de la ANEP” y a la par de centros gratuitos de gestión privada como Los Pinos, Impulso o el Jubilar. Dice que eso se debe en parte “al sistema de contención” que reciben los alumnos en el liceo y “al compromiso de los profesores” con la institución.

Cada año se presentan más de 400 aspirantes para unas 200 vacantes en todo el país. Foto: Nicolás Der Agopián

Nicolás Rivoir, alumno y vecino del Prado, cursa sexto Científico en el Liceo Militar, es escolta de la bandera de los 33 Orientales y familiar de un integrante de la Fuerza Aérea, aunque espera continuar sus estudios en la Facultad de Ingeniería. “Acá recibí una buena formación en Matemática, sentí la exigencia y viví un cambio favorable que me ayudará en la carrera. También es buena la educación física”, dice Rivoir a Búsqueda, previo a rendir un examen.

Los profesores, mayoritariamente civiles —elegidos por el Ministerio de Defensa a propuesta del Sistema de Enseñanza del Ejército mediante llamados abiertos por concurso de méritos—, reciben un 30% menos de salario que sus pares de Secundaria, y además no pueden hacer paros. Así y todo, “tienen un sentido de pertenencia enorme”, afirma Carabajal. La partida asignada al salario de los docentes del Liceo Militar es de $ 16,3 millones anuales y sale del presupuesto del Ejército, no de la ANEP.

En 2017, el 13% de los egresados continuó su educación en la Escuela Militar, 9% en la Escuela Militar Aeronáutica, 6% lo hizo en la Escuela Nacional de Policía y 4% en la Escuela Naval.

El ausentismo del plantel docente es “casi inexistente”. “Primero, porque la continuidad del curso que hay acá no la encontrás en toda Secundaria: acá no se pierden clases. Y también está el arraigo a un liceo que te apoya y te hace sentir protegido”, comenta a Búsqueda Roberto Di Cono, profesor de Física del Liceo Militar desde 1980. Y agrega: “Nosotros acá ganamos menos que en Secundaria, y, sin embargo, la gente quiere trabajar en este liceo, porque la dirección apoya, los estudiantes responden y hay buenos materiales”. Menciona como ejemplo que cada clase tiene su TV plasma. A su lado asiente Juan Míguez, docente de Biología desde hace casi una década.

“Nuestro liceo también se diferencia por la calidad de sus laboratorios”, completó la profesora responsable de los clubes de ciencias, Sandra Soca, también preparadora de laboratorios de Biología. En los últimos años, el Liceo Militar compitió cuatro veces en Estados Unidos con proyectos de investigación científica.

El director del liceo está convencido de que “el factor del disciplinamiento” repercute en el rendimiento académico y se entusiasma ante la posibilidad de replicar este “modelo” en el sistema educativo. También cree que es “un punto de encuentro de una sociedad civil y militar” que en su opinión están cada día más integradas en Uruguay. Y concluye: “Nuestra misión es llevar a cabo una oferta educativa integral para el desarrollo intelectual, moral y físico de los jóvenes, y potenciar los rasgos personales que los formen como ciudadanos activos y útiles para la sociedad”.

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