Foto: Nicolás Der Agopián

La “epidemia” de delincuencia “está controlada” aunque quedan “estallidos” en algunas zonas que la Policía se prepara a combatir

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Nº1854 - al de Febrero de 2016
entrevista de Guillermo Draper

Eduardo Bonomi asegura que cuando llegó al Ministerio del Interior, en marzo de 2010, vecinos y comerciantes de los barrios de la costa de Montevideo solían visitarlo para reclamar por la inseguridad. Dice que ya no es así, que ahora son otros los que tocan a la puerta de su despacho.

El ministro sostiene que, cada vez más, son vecinos de Casabó, Cerro Norte, Cerro, Pajas Blancas, Borro, Casavalle, Piedras Blancas y Punta de Rieles quienes le piden soluciones. Y por soluciones, agrega Bonomi, se refieren a que quieren más policías en el barrio.

Los reclamos llegan desde las áreas de la capital donde más aumentaron los delitos en los últimos años. Hay barrios en los que, de acuerdo con la Policía, hubo un proceso de “feudalización”: los criminales intentan sustituir al Estado y poder actuar con impunidad. Es allí donde se desató la guerra entre delincuentes.

Bonomi dice que esos son “estallidos”, focos de una “epidemia” que en general está “controlada”. En Uruguay la situación está dominada, insiste, pero en Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela “los pasó por arriba”.

El Ministerio prevé enfrentar esos “estallidos” a partir de este año. Incluyó en la Ley de Presupuesto una partida para tener mil policías de “alta dedicación”, comprará más vehículos blindados y recurrirá a más tecnología de vigilancia. La mayoría de esos recursos irán para los cinco barrios más complicados. Bonomi cree que ahora sí cuenta con las herramientas para enfrentar a los delincuentes ahí donde viven. Porque con la Policía que había en 2010 “nos caminaban por arriba”, dice.

 La solución a los problemas, según el ministro, no llegará gracias a los “ingenuos” que desde la izquierda insisten en hablar solo de las “políticas sociales”. Y tampoco de la oposición, a la que no se le “cae una idea”. 

—La oposición planteó la necesidad de alcanzar un pacto para combatir el narcotráfico y la respuesta del Ministerio del Interior fue una editorial crítica con ese planteo. ¿Por qué?

—Es una cuestión sintomática. Hicieron un llamado a un pacto y el Ministerio hizo una editorial en la que se planteaban cosas que para mí son correctas, pero se sacaba la idea de que se desechaba el pacto. Siempre estuve de acuerdo con las políticas de Estado. Lo que pasa es que para tener una política de Estado hay que tener una percepción compartida de la amenaza, una percepción similar del problema. El pacto que planteaba la oposición está llamado desde la idea de que a los narcos los corrieron de Colombia, que los están corriendo de Argentina y que ahora vienen para acá. Eso es falso. En Colombia no los corrieron, es más, estuve con las autoridades colombianas y la visión que tienen es que la guerra con las FARC se termina y que se les va a acentuar el problema del narcotráfico y la seguridad. En Colombia el negocio del narco siempre fue la producción y la venta para afuera, y ahora también tienen un mercado interno grande que les genera problema. Argentina puede ser parte de una ruta de venta y un mercado mucho más grande que el nuestro. Y Brasil es un mercado grande. El otro elemento común al narcotráfico es la corrupción del sistema. Uruguay no tiene producción, no es vía de transporte para ningún lado salvo como alternativa, el mercado es chico y es el sistema político más sano de la región. Entonces no creo que vayan a venir narcos de otro lado a instalarse en Uruguay. Pueden venir, como pasó en estos días, a refugiarse a Uruguay, pero no a instalarse acá y agrandar más el problema que tenemos. Entonces, esa percepción compartida para el pacto no existe, dicen una cosa que no compartimos. Creemos que hay, sí, un problema que está basado fundamentalmente en el microtráfico, el narcomenudeo y se lo está persiguiendo. Eso tiene delitos conexos asociados: la rapiña, el homicidio. Y tiene, que es lo que se ha agravado en los últimos tiempos pero que lleva bastante, la lucha entre delincuentes por el control de mercados, control de zonas, control de territorios. Quedó superado el mero ajuste de cuentas, ahora es otra cosa, ahora es una guerra. Ese es el problema. Si se quieren llevar adelante políticas de Estado para enfrentar eso, estamos de acuerdo, pero el senador Heber dijo que es imposible.

—Según lo que dice, hay poca chance de que en Uruguay se instalen organizaciones del exterior, pero en las cárceles hay narcos presos y la policía advierte que les están enseñando a los uruguayos. ¿No es contradictorio?

—No. La Policía ha dicho que todos los cárteles principales han pasado por Uruguay, pero ninguno quedó. Sí quedaron presos, pero no se han instalado. Y las razones por las que no se han instalado son las que digo: no hay mercado, no hay producción, no hay corrupción.

—Durante su comparecencia en el Parlamento usted presentó un análisis sobre la delincuencia.

—Que en la oposición se tomaron para la risa. Hicimos una larga cadena de la evolución de los delitos para no tomar la foto final. Llegamos a la conclusión de que el mayor aumento se dio entre 1994 y 2004, cuando aumentó 113% los delitos contra la propiedad. En el período de gobierno del Frente Amplio aumentó 14%. En 2015 las rapiñas subieron 4,5%, lo que implica que estamos en una meseta. Ahora en enero bajó la rapiña. Se lo tomaron para la risa.

—Los datos muestran que la variación de los delitos no es igual en todos los barrios.

—En la zona 1, sobre todo en Ciudad Vieja, bajaron los delitos en todo este período. En la zona 2, sobre todo en la de Avenida Italia hacia el sur también bajaron los delitos. Ahora, no se eliminó, bajó. Van a seguir encontrando gente que es víctima de robos. En la zona 3 tenemos una baja muy chiquita de la rapiña, un delito que se concentra en dos barrios. En la zona 4 los delitos han aumentado, incluidas las rapiñas. A pesar de que en tres de las cuatro zonas, que además concentran a la mayor cantidad de población, bajaron las rapiñas, en el global de Montevideo crecieron por culpa de la zona 4. Hay tres barrios donde fundamentalmente subieron las rapiñas.

—¿Cuáles?

—El Cerro, La Teja y Paso de la Arena. El último es el más llamativo porque era un barrio con pocas rapiñas, pero hubo un aumento importante.

—Hay barrios en los que la criminalidad tiene un nivel de robos y homicidios como los de algunos países de Centroamérica. ¿Cómo se combate esa situación?

—Precisamente por eso, porque tenemos identificados los barrios es que planteamos el presupuesto que planteamos. Y esos recursos presupuestales van a destinarse, fundamentalmente, a esos barrios: policías con alta dedicación, más tecnología, vehículos adecuados, más blindados.

—En el Parlamento sostuvo que sectores de izquierda lo van a cuestionar por “estigmatizar” ciertos barrios donde va a incrementar la presencia policial. ¿A qué atribuye esas críticas?

—A que hay una confusión. Estoy de acuerdo con que se necesitan políticas globales, políticas sociales, educativas. Eso está claro, pero el Ministerio del Interior tiene que cumplir su papel. Hay cosas que necesitan acción policial, que tienen que ser complementadas, pero no por el Ministerio del Interior. Lo que está pasando fundamentalmente es una escalada en el enfrentamiento entre delincuentes. Pero algunos hacen una mala lectura y creen que la respuesta policial provocó un aumento de la violencia, como ocurrió en otros países. Por eso piden que acá la Policía se quede quieta, y es un error, un error ideológico. Porque además hablan de la estigmatización de un barrio, cuando en ese barrio la mayoría de la gente quiere que la Policía vaya y les dé protección.

—Dos semanas atrás, el jefe de Policía de Montevideo dijo que van a aumentar la presencia en los barrios complicados y que esperan que el enfrentamiento con los delincuentes sea “inminente”. ¿Qué opina al respecto?

—Eso es hacia delante, yo lo que estoy hablando es hacia atrás. El incremento de la violencia se debe al enfrentamiento entre delincuentes, que tiene consecuencias lamentables. El episodio de la adolescente que murió atropellada es el último. Los otros han sido más cercanos. Cuando uno dice que se trata de integrar socialmente, mi interpretación es que hay que integrar gente para que no inicie una carrera delictiva. Es muy difícil integrar a aquel que tiene enfrente una persona mayor con un niño en brazos, le tira y mata al niño.

—¿Cómo se hace en ese caso?

—Ahí tiene que haber intervención policial.

—¿Hay que llevarlo preso por muchos años?

—¿Pero alguien cree que va a integrar con políticas sociales al que dispara ante una familia en la que hay cuatro y solo uno es al que están buscando? ¿Al que tira igual y no tiene problema? No lo va a integrar. Eso es una ingenuidad terrible. No es izquierda pensar así. Muchas veces la derecha opina que la izquierda tiene una mirada ingenua de la sociedad y la izquierda no tiene una visión ingenua. Sí hay ingenuos en la izquierda que resuelven mal lo de la seguridad. Hay ingenuos como los hay en la derecha.

—Usted dice que la integración es para que la gente no entre en la carrera delictiva. ¿Qué pasa con los que ya son delincuentes?

—Cuando estaba en el Ministerio de Trabajo, cuando teníamos el problema de desempleo hace cerca de 11 años, hablaba con gente de Tacurú que estaba tratando de buscar soluciones laborales en barrios complicados. El cura que estaba al frente de eso me decía que cuando les ofrecían trabajo a menores, les respondían que ya tenían trabajo, que con un chumbo en la cintura y dos o tres arrebatos por día hacían 200 pesos. Los escolares le decían que tenían trabajo, que hacían cuerdas, es decir que robaban la ropa de las cuerdas. Eso en 2004, 2005. Bueno, agarrándolos en ese nivel las políticas de integración pueden corregir la situación. Muchos de los que hacían cuerdas en 2003 o 2004, ahora están en cosas pesadísimas. Hay procesos y según cómo evolucione la persona en el proceso, las políticas sociales lo alcanzan o no. Las políticas sociales se necesitan, no lo discuto para nada, pero hay gente que necesita que la policía la detenga y la ponga en un instituto de rehabilitación.

Pero además, decir que hay que hacer políticas sociales es facilísimo. Por lo general los que plantean que hay que hacerlas, no las hacen y no intercambian con quien tiene el problema entre manos ni con quien es víctima del delito. La enunciación es facilísima.

—¿Quiénes dicen pero no actúan?

—Gente de la izquierda; que no son mayoría. El problema de la seguridad hay que encararlo globalmente. El dibujo que se hizo en algún momento es que la seguridad es un problema de Carrasco, Punta Gorda, Malvín, Pocitos, Punta Carretas, Prado, y no de los trabajadores. Antes recibía planteos de esos barrios, ahora no tanto. Sí recibo de los barrios que están ahí, entre Avenida Italia y dos cuadras para el norte, pero mucho menos desde el sur de Avenida Italia. Sí recibo gente de Casabó, de Cerro Norte, del Cerro, de Pajas Blancas, del Borro, Casavalle, Piedras Blancas, Punta de Rieles. La gente viene a encontrar soluciones, pide que haya más policías, si se puede de la Guardia Republicana. ¿Por qué lo piden? Lo piden porque saben que el problema no es solo de políticas sociales, porque cuando va a comprar al almacén le roban la bolsa. Las políticas sociales tendrán efecto dentro de unos años pero todos los días tiene ese problema.

—¿Cuál es el riesgo de incremento de la violencia una vez que la Policía tenga más presencia en los barrios complicados?

—Lo que dice Layera es una cosa que se puede dar, veremos. Si el enfrentamiento es desigual, quizás no se dé. Nosotros ya varias veces planteamos que podría haber aumento de los enfrentamientos, y lo hubo en la medida en que la respuesta policial ante un delito en proceso es más rápida. Se llega cuando se está cometiendo un delito. Ahora, lo otro lo veremos.

—¿Está pensando en una guerra contra la delincuencia?

—No de una guerra, sino de un combate a la delincuencia.

—Desde que asumieron en 2010, en el Ministerio hablan de un proceso de “feudalización” de algunos barrios. La guerra entre los delincuentes se da ahí. ¿Por qué no se pudo revertir el proceso?

—La reforma de la Policía fue para eso. Partimos de la base de que la Policía que teníamos no iba a poder con esto ni de casualidad, iba a ser largamente superada. La reforma ha llevado a enfrentarlo, para mí, mucho mejor. Ha habido, sí, un agravamiento, pero no el que podría haber habido. Sobre la base de la reestructura hay que agregar cosas. Heredamos una Policía que actuaba igual en todos los barrios.

La forma organizativa que nos dimos no alcanza. Nosotros aplicamos un patrullaje variándolo de acuerdo a los puntos calientes, los lugares donde había más delitos. Los delincuentes también, y empezaron a variar su hora de actividad. Y para nosotros cambiar el horario de un policía es una complicación bárbara, no lo podemos hacer a tiempo como para solucionar el problema. Por eso ahora, con el nuevo presupuesto, tenemos mil policías con alta dedicación. Es un paso más. Pero esto es con esta Policía, con la que teníamos en 2010 nos caminaban por arriba. Con la Policía que teníamos esto hubiera sido mucho peor. Esto es como una epidemia, uno toma medidas y la controla. No quiere decir que no haya problemas. Ahora, si uno no la controla, si no toma medidas, la epidemia le pasa por arriba. Y el “le pasa por arriba” no es lo que está pasando acá, es lo que está pasando en Argentina, en Brasil, en Venezuela, en Colombia. Por eso el BID dice que estamos en una región descontrolada y que el único lugar donde está controlada es en Uruguay. Dice que el modelo es Uruguay. ¡Por eso lo dice! Sigue habiendo problemas, pero no de la dimensión que podrían haber sido. Además, se está en el camino de que empiece a bajar el problema.

—¿Está controlada en todo el territorio?

—Una epidemia, cuando la controlás, tiene estallidos. Vos tenés ubicados los estallidos. Si vos decís: “es acá, acá, acá y acá”, lo tenés controlado. Ahora tenés que bajar eso. Hoy podemos decirlo, pero antes no podías decir que tenés cinco barrios de Montevideo que son los que te están produciendo la inmensa mayoría de los homicidios y las rapiñas. Cinco barrios. Bueno, es ahí adonde hay que ir. Pero no podés ir ahí si no tenés instrumentos. Bueno, el Presupuesto nos dio los instrumentos, estamos en vías de usarlos, pero tenemos que prepararlos. Creo que se puede decir que ha habido un control mayor. Creo que estamos en un camino duro, pero correcto. La oposición va a decir que no hay ningún control, que se está peor que antes; eso es discurso político. No se les cae una idea, no dicen nada que ayude a solucionar el problema.

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