La incombustible mafia del fútbol

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Nº1981 - al de Agosto de 2018
por Raúl Ronzoni

“El fútbol convierte a personas brillantes en energúmenos; da popularidad pero a la larga quita prestigio”. El aserto, breve y contundente, es de José Luis Corbo, abogado y expresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) entre 2006 y 2008. Lo expresó en 2015 cuando lo entrevisté para un libro sobre la corrupción en el fútbol, un tema que lo desvela desde que sustituyó a Eugenio Figueredo en la AUF y se encontró con una ciénaga que cada tanto reaparece.

El 30 de julio, en medio del turbio proceso para elegir al nuevo presidente de la AUF, en Montevideo Portal Corbo insistió: “Es un escenario muy difícil y complejo donde pueden darse un cúmulo de perversidades que en otros escenarios es más difícil que puedan concretarse”.

Energúmenos, pérdida de prestigio, escenario permeable, afán de popularidad y perversidades son descripciones certeras pero insuficientes. Hay que sumarle conspiraciones, coimas, lavado de activos y luchas despiadadas por el poder político y económico.

Dirigentes, técnicos y jugadores evaden el sistema judicial. El estatuto de la FIFA les prohíbe presentarse voluntariamente ante los tribunales judiciales. Si lo hacen, son excomulgados del sistema. Los mafiosos se blindan porque ante jueces y fiscales independientes su estructura clandestina corre riesgos. La ropa sucia se lava en casa, aunque a veces hay jueces y exjueces entreverados.

Un amigo me dijo que no le interesan los aspectos políticos del fútbol sino lo deportivo. Es imposible separarlos. Lo político condiciona lo deportivo y ambos se relacionan a poderosos intereses económicos y al poder que permite el acceso a mandatarios y empresarios.

Lo ocurrido en esta carrera por la presidencia de la AUF rompe los ojos en todas las áreas. Grabaciones con opiniones del presidente Wilmar Valdez fueron recibidas por el periodista Julio Ríos y el expresidente de Danubio Arturo del Campo. Consecuencia: Valdez se bajó de su candidatura y de la presidencia de la AUF.

Lo atribuyó a razones “personales y familiares” y afirmó que no existió “presión indebida, amenaza o extorsión” sobre su persona para que tomara la decisión. Mintió. Tanto mintió que ahora formuló una denuncia penal contra Alcántara debido a sus presiones. Pablo Galain, abogado de Valdez, reconoció que cuando este se refirió a una renuncia por razones familiares no dijo la verdad y que lo hizo porque estaba en estado de shock. Y eso que Valdez, como escribano, es depositario de fe pública.

Las grabaciones tenían un objetivo. Hasta poco antes peleaba con uñas y dientes por la presidencia. No solo desistió sino que dejará de cobrar mensualmente US$ 20.000 de la Conmebol y US$ 20.000 de la FIFA, además de viáticos. Mucho más que el ingreso líquido personal de cualquier empresario de primera línea.

En las grabaciones clandestinas, realizadas por el empresario Walter Alcántara —uno de esos personajes que transitan en las sombras— se oye a Valdez denunciando presiones del gobierno para adjudicar en 2016 el servicio de videovigilancia y reconocimiento facial a una empresa.

Valdez le dijo a Alcántara que ese servicio estaba arreglado con el gobierno para que ganara: “Ya se sabía que cuando se hicieron los pliegos de la licitación, estaban prendidos con eso. Olvidate. Se sabía que esa empresa iba a terminar ganando por idoneidad”.

El sábado 4 Alcántara declaró en El País que a través suyo Valdez le pidió a una empresa 10% de comisión por la iluminación de la cancha de Defensor. Alcántara hizo la gestión y la empresa le envió a Valdez US$ 35.000. Alcántara cobró esa misma cantidad, con lo que saldó una deuda con esa empresa, sostuvo.

Cuatro días antes de renunciar Valdez les aseguró a los periodistas Juan Pittaluga y José Frugoni que de ser electo replantearía una negociación con Tenfield sobre los derechos del fútbol uruguayo “o, de lo contrario, la rescisión del contrato” hasta 2025. Para rescindirlo la AUF debería pagar US$ 65 millones (Búsqueda Nº 1.979).

En asuntos deportivos y económicos Tenfield y Francisco Casal siempre sobrevuelan o subyacen. Algunos se preguntan si intervinieron en este lío. Por ahora nada lo indica.

Cuando en 2015 la Justicia norteamericana descabezó a la FIFA y a la Conmebol, algunos ingenuos creyeron que se terminaba la corrupción. Pero los nuevos presidentes de ambas organizaciones (Gianni Infantino en la FIFA y Alejandro Domínguez en la Conmebol) integraron las estructuras derrumbadas en Estados Unidos y mamaron su filosofía. (1)

En un informe de 2009, que extrañamente gobiernos, periodistas y dirigentes ningunearon, por no decir ocultaron, el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) señaló la incidencia del crimen organizado en el fútbol: “Involucra la evasión fiscal, el doping, las apuestas ilegales y hasta el tráfico de personas. Su estructura, sus métodos de financiamiento, y en particular la cultura dominante en el más popular de los deportes, son puntos de atracción para el crimen organizado”.

Advierte que es “un mercado fácil de penetrar”, en el que aparecen “funcionarios gubernamentales y sociedades, además de oportunidades de colusión (acuerdos, reparto de mercados y negocios) entre el mundo honesto y el criminal”. (2)

Para beneficiarse los corruptos deben ocupar posiciones de poder. En eso están.

La Conmebol se opone a las candidaturas de Eduardo Abulafia y Del Campo, lo competidores de Valdez. Los dirigentes buscan otro. Difícil, porque en ese ambiente no hay monjes cartujos aunque algunos presuman de serlo.

Todo ha estado cubierto por negros nubarrones.

Miguel Nogueira razonó con agudeza en la emisora Azul FM: “Julio Ríos inventa un neoperiodismo. Se guarda una grabación y va con uno de los candidatos (Del Campo) a hablar con él (Valdez). Es obvio el mensaje latente: ‘Si te presentás, mirá que esto se puede escuchar en todos lados’”.

¿No es sorprendente que Ríos, en lugar de informar una primicia —manjar de los dioses para un periodista— le pasase la información al involucrado? Si temía un juicio por reproducirla, pudo relatar su contenido. Pero el razonamiento de algunos periodistas que presuntuosamente se denominan “especializados” transita por otro andarivel.

¿Es razonable que Del Campo, contendiente de Valdez, haya coincidido con Ríos para informarle sobre el contenido de las grabaciones? ¿Cuál fue el objetivo?

Según las grabaciones, Alcántara le dijo a Del Campo: “Sos un tipo derecho. Ojalá seas el presidente de la AUF. Si alguna vez Valdez te enreda en alguna situación complicada, yo tengo algo que te puede servir”. Fue después de haber acordado con Valdez cobrarle a la empresa (CEI SRL) una comisión para ambos cuando se iluminó la cancha de Defensor. Pero también, más tarde, le advierte que tiene las grabaciones y le señala que no responde a sus llamadas.

Ríos y Del Campo consultaron al abogado Jorge Barrera. Les dijo que no creía necesaria la intervención de la Justicia penal y les aconsejó informar a Valdez. Barrera es presidente de Peñarol y, aunque ejerce libremente su profesión, estaba involucrado en el proceso electoral.

Ante la avalancha informativa el fiscal de Corte, Jorge Díaz, decidió que interviniera una fiscalía independiente. Le remitió los antecedentes a Silvia Pérez, fiscal de turno, que comenzó de inmediato. A cada nuevo paso vio que de esa caja de Pandora saltaban nuevos males.

Habrá que ver si surgen elementos para imputaciones delictivas y si la fiscal solicita indagar el flujo y lavado de dinero de los involucrados. Lo realmente relevante es que todo el sistema debe asumir que a solo tres años del escándalo de la FIFA y la Conmebol y del procesamiento de Figueredo en Uruguay, en ese mundillo se mantiene la matriz de la corrupción.

Continuará. Hay que sentarse y esperar. Aparecerán otras acciones disfrazadas de beneficios para el fútbol, como argumentó Alcántara sobre las grabaciones. Un razonamiento interesado y perverso que puede convencer a emocionales hinchas, a quienes les han hecho creer que el fútbol es sinónimo de patria, de un servicio desinteresado de dirigentes y de hazañas épicas y no una cuna de conspiraciones mafiosas.

(1)Fifa. La trama secreta de la mafia, Editorial Fin de Siglo, 2016.

(2)Lavado de dinero en el sector del fútbol, Gafisud, julio 2009.

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