El mundo entero es una Bauhaus, desde el miércoles 19 en el Museo Blanes

La línea despojada

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Nº2024 - al de Junio de 2019
Silvana Tanzi

Puede estar en las sillas de una sala de espera, en una cafetera esbelta, en un edificio vidriado o incluso en el contorno delicado de un Iphone. Es el estilo Bauhaus, la escuela de arquitectura, arte y diseño que nació en la ciudad alemana de Weimar en 1919 y se expandió fuera de fronteras con su impulso vanguardista y su propuesta de diseño al servicio de la comunidad. Con influencias del modernismo y de las escuelas de artes y oficios, la Bauhaus tuvo una existencia relativamente corta, de 14 años, porque en 1933 fue clausurada por el nazismo. Sin embargo, su legado aún se mantiene en el paisaje urbano de varias ciudades del mundo, y también dentro de las casas.

Justamente, ese legado es el que transmite El mundo entero es una Bauhaus, una muestra itinerante que se inaugura en el Museo Blanes el miércoles 19 y continuará hasta el 11 de agosto. Sillas, lámparas, juguetes, documentación inédita con las últimas investigaciones, audios y fotografías integran esta exposición que irá acompañada por la exhibición de películas y por un ciclo de conferencias a cargo de profesores invitados de Alemania y de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Udelar. El contenido de la muestra pertenece al acervo de dos museos alemanes. El calendario puede consultarse en la página del museo: blanes.montevideo.gub.uy

La Bauhaus nació en época de entreguerras, en una Alemania derrotada por la I Guerra Mundial. Ese momento de crisis fue un campo fértil para el desarrollo de las ideas modernistas y la irrupción de las vanguardias artísticas. Walter Gropius fue un arquitecto prusiano con ideas innovadoras. En 1919 viajó de Berlín a Weimar para asumir como director de la Escuela Superior de Arte. Llegó con la propuesta de resolver los problemas de diseño visual creados por el industrialismo y con la convicción de que las bellas artes, las artes aplicadas y la artesanía tenían raíces comunes.

Su propuesta inicial apuntó hacia el trabajo artesanal, y así lo dejó establecido en la proclama que creó las bases de la Bauhaus: “Arquitectos, escultores, pintores, debemos regresar al trabajo manual. Establezcamos, por lo tanto, una nueva cofradía de artesanos, libres de esa arrogancia que divide a las clases sociales y que busca erigir una barrera infranqueable entre los artesanos y los artistas”.

“Casa de la construcción”, sería la traducción del nombre Bauhaus, que se compone con la palabra “bau” (construcción) y “hous” (casa). Sin embargo, en sus comienzos la escuela no tuvo un departamento de arquitectura y apuntó a trabajos en talleres “para crear un nuevo tipo de trabajador para la artesanía y la industria, que domine tanto la tecnología como la forma”, estableció Gropius. Luego la propuesta fue cambiando hacia la producción de objetos en serie y hacia otras formas del diseño, incluida la arquitectura.

Tiempos violentos

La filosofía del fundador de la Bauhaus no tuvo unanimidades. Recibió el apoyo de los políticos liberarles, pero en las elecciones locales de 1924 fueron derrotados. Entonces la escuela, que era estatal, perdió sus fondos de financiación y tuvo que cerrar. En 1925 se trasladó a Dessau, donde el propio Gropius diseñó un edificio que aún se conserva. Allí plasmó su idea de “racionalismo arquitectónico”: sobrio, vidriado, con ventanas horizontales y sin ornamentos.

En Dessau, la Bauhaus se consolidó y creció en propuestas. Comenzó a impartir cursos de arquitectura y de otras disciplinas: talleres en tejidos, fotografía, escenografía. Gropius fue su director hasta 1928, cuando asumió Hannes Meyer, quien fue despedido en 1930 por sus ideas comunistas.

La Bauhaus nació en época de entreguerras, en una Alemania derrotada por la I Guerra Mundial. Ese momento de crisis fue un campo fértil para el desarrollo de las ideas modernistas y la irrupción de las vanguardias artísticas.

En 1931 los nazis ganaron las elecciones locales y tenían en la mira a la Bauhaus. A sus integrantes los llamaban “bolcheviques culturales”. En el documental Bauhaus, el rostro del siglo XX (1968), que se puede ver en Youtube, algunos de los fundadores de la escuela, entre ellos Gropius, recuerdan que el nazismo rechazaba la relación entre arte y tecnología y proponía volver a la “sangre y la tierra”. Su mobiliario era rústico y sólido, frente a la levedad de la línea Bauhaus. “Nos odiaban porque estábamos haciendo cosas diferentes”, dice uno de sus integrantes. “Desarrollamos lo que me gusta llamar una ciencia visual”, agrega Gropius.

Frente al ascenso del nazismo, varios maestros y estudiantes emigraron de Alemania, otros se trasladaron a Berlín. Allí la escuela tomó otro rumbo, dirigida por el arquitecto Mies van der Rohe, pero iba a tener poca vida. Hitler la clausuró en 1933.

“La Bauhaus murió en Alemania, pero se extendió hacia el mundo”, dice un protagonista de aquella época en el documental. Por esta expansión, hay ciudades que llevan el sello Bauhaus en su arquitectura. Chicago es una de las más emblemáticas. La Ciudad Blanca en Tel Aviv es otra.

Propuesta pedagógica

Para la arquitecta Cristina Bausero, directora del Museo Blanes, la Bauhaus fue un punto de inflexión para el mundo entero. “A algunos les parece exagerado el nombre El mundo entero es una Bauhaus, pero el mundo sería otro si esta escuela no hubiera estado. Sus planteos artísticos y arquitectónicos estaban enmarcados en la propuesta de un mundo diferente. Se planteaba un hombre nuevo, una comunidad entre docentes y estudiantes que trabajaban en conjunto. Tenían planteos filosóficos, no querían desarrollar solo el arte y la arquitectura, sino un concepto de obra total”.

Además de las escuelas de arts & crafts inglesas del siglo XX, la Bauhaus tuvo como antecedente la Werkbund, una escuela fundada en Munich en 1907 y que asoció a arquitectos, artistas e industriales. En Uruguay, Pedro Figari fundó la Escuela de Artes y Oficios en 1915 con un proyecto educativo que implicaba ampliar la vocación artística de los estudiantes mediante la experimentación. Pero en 1917 Figari renunció como director de la escuela por la oposición política a sus ideas. Curiosamente, fue una oposición similar a la que años después tendría Gropius en Weimar.

Para Bausero, la propuesta pedagógica de la Bauhaus se despegó de la “enseñanza que copia” porque impulsó una enseñanza a través del desarrollo y la experimentación. Fue una escuela con un plan de estudio estructurado en “círculos” que iban desde un taller introductorio, donde estudiaban la forma y la materia, pasando por la enseñanza del espacio, el color y la composición, hasta llegar a la construcción de la obra.

“El curso introductorio, que se estableció con su tercer director, es como un lavado de lo que trae el estudiante para que pueda desarrollar libremente la creación. A través de ejercicios, trabajos y cursos de experimentación se enfrentan con algo muy nuevo. Cada director le dio una impronta diferente a la Bauhaus, y ese devenir fue un aporte enorme desde el punto de vista conceptual”, dice Bausero, quien también recuerda que el sistema de talleres de la FADU es muy similar a la propuesta pedagógica de la Bauhaus. “Influyó en las facultades de arquitectura del mundo y también en nuestro plan de estudio de 1952. Ese aporte pedagógico es lo que nos hace decir que el mundo sería otro sin la Bauhaus”.

Simple, colorido y funcional

“Despojado” podría ser el término que define el estilo Bauhaus. Uno de sus lemas fue “La forma sigue la función”, y desde el diseño de los barrios obreros hasta el propio edificio de la escuela en Dessau tienen esa idea de levedad y practicidad.

Para Bausero, el objeto pasó a ser funcional y también exquisito desde el punto de vista de su diseño. “Todos sus objetos están diseñados con el concepto de ‘cuerpos suspendidos’, a los que se les quita todo lo que sea decoración. Incluso la Bauhaus creó su propia tipografía, también muy sobria, que utilizó en afiches y marcas de productos. La propia Bauhaus diseñó la tipografía de su nombre y lo usaba con minúscula, a pesar de que en alemán los sustantivos van con mayúscula”.

La Bauhaus tuvo una existencia relativamente corta, de 14 años, porque en 1933 fue clausurada por el nazismo. Sin embargo, su legado aún se mantiene en el paisaje urbano de varias ciudades del mundo, y también dentro de las casas.

En los talleres que acompañarán la muestra habrá uno destinado al manejo del color a partir de la teoría de Josef Albers, uno de los artistas y docentes de la Bauhaus. “Es como cocinar”, decía a propósito del color. “Poner más o menos sal lo cambia todo de golpe”. Su lema era “Medios mínimos, efectos máximos”. El color se trabajaba como una materia y primaban los amarillos, los azules, los rojos. Colores fuertes como en los cuadros de Wassily Kandinsky o Paul Klee, dos de los grandes artistas que fueron maestros de la escuela.

Bausero estuvo un tiempo estudiando en la Bauhaus de Dessau, en un edificio donde actualmente se alojan los profesores. “En ese momento estaban haciendo una restauración del edificio que diseñó Gropius y que fue un hospital. Estaban descamando la superficie de la pared para llegar a la primera pintura. El edificio mantiene todo su mobiliario exquisito. Ahora es una facultad con más de una carrera y con más edificios construidos”, cuenta.

Las mujeres tuvieron un papel importante en las Bauhaus. En la muestra se exhibirá la película Lotte am Bauhaus (Alemania, 2019), que cuenta la historia de Lotte Brendel, personaje inspirado en Alma Siedhoff-Buscher, diseñadora de juguetes. Para Bausero lo que estas mujeres vivieron tiene gran relevancia. “Lo que ellas aportaron no se tuvo en cuenta. Una de las mesas redondas la integraremos arquitectas y hablaremos sobre este tema”.

Bauhaus local

Para acompañar la muestra, en Alemania se elaboró un diario con textos y fotografías de la arquitectura de varias ciudades. Bausero envió dos fotos que se incluyeron en el material. Una es del Gran Hotel Salto, cuyos balcones son similares y mantienen las mismas proporciones del edificio para estudiantes de la Bauhaus. También envió la de un edificio de Carrasco de la calle Siria y la rambla, de arquitectura circular.

“La Bauhaus fue un crisol de información que llegaba a través de diferentes revistas a Uruguay y que formaba a nuestros arquitectos. La modernidad era Bauhaus y también era francesa o de los países escandinavos. Recibimos esas influencias e hicimos nuestra propia interpretación”, dice la arquitecta. También recuerda el mobiliario de los consultorios, tubulares y con tapa de vidrio, que provienen de aquella escuela. Igual que las sillas de estilo Wassily de muchas salas de espera. Igual que cualquiera de las lámparas que tengamos arriba de una mesa o colgando del techo, que probablemente se diseñaron en aquel momento. Igual que las tazas, teteras o cucharas de muchas cocinas. Sin darnos cuenta, la escuela alemana está en nuestras vidas”.

En varias ciudades del mundo se está festejando el nacimiento de la Bauhaus. Y con los festejos llega también la reflexión sobre esta escuela que cambió la forma y la mirada, y que mantiene la curiosa peculiaridad de seguir siendo tan joven, a la vez que centenaria.

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