4x4, de Mariano Cohn

La radio o la vida

3min
Nº2021 - al de Mayo de 2019
E.A.L.

El ladrón observa los autos que están estacionados en una calle de barrio. Lleva una camiseta de Boca. Se detiene ante una tremenda camioneta 4x4, fuerza la puerta con una pelota de tenis, entra, roba la radio, tantea en la guantera y en la visera, mira aquí y allá, no hay nada más para afanar, se baja el cierre y con risita malévola echa un cloro en el tapizado. Y cuando se dispone a salir, la puerta no abre. Tampoco la del acompañante. Prueba los vidrios a patadas. No hay caso. Esa camioneta nunca vista, con los vidrios polarizados y que sale un pastón, está blindada por todas partes. Se ha convertido en una prisión. Una voz desde los controles, que también es un teléfono, le dice: “Hola, bienvenido a bordo”. El planteo está echado: tenemos un encierro y una lucha, ya no por salir, sino por sobrevivir.

En pocos trazos, visuales y sonoros, Mariano Cohn (dirección) y Gastón Duprat (coguionista junto a Cohn) plantean este thriller prácticamente jugado en el interior de un auto (como en Locke, con Tom Hardy), que también es un ensayo sobre los robos, la marginalidad social y la inseguridad. Y sobre la venganza y la justicia por mano propia. Y sobre la posibilidad de redención si te apremian físicamente. Y sobre la naturaleza humana, que incluye al ladrón, al payaso, al comediante, al mediador y al verdugo, además del coro griego que aclama o grita y condena. Podría ser una obra de teatro perfecta, pero es cine y del bueno.

Al principio ves con simpatía que el chorro quede encerrado. Pero más adelante querés que el tipo salga, encuentre al dueño de la camioneta y lo cuelgue de un árbol. Esta cantidad de aristas y sensaciones que ofrece 4x4 la vuelven no solo un thriller entretenido (el auto casi no se mueve y sin embargo pasan muchas cosas), sino un disparador para charlas académicas sobre antropología o tertulias de boliche, cuyos comensales pueden ser menos rigurosos pero más sinceros.

El caso policial ocurrió en realidad, en Brasil. Lo dio un noticiero y enseguida prendió en los realizadores como un proyecto de película. La dupla Cohn-Duprat lleva semejante situación a extremos para sacarle todo el jugo dramático y social posible, en una sociedad, la argentina, que se encuentra dividida por la tan mentada grieta: buenísimos y malísimos en política, familias que siguen esos extremos y se extreman entre ellas, economistas que se acusan mutuamente, periodistas alineados en bandos opuestos, bosteros y millonarios en fútbol dispuestos a matarse. La película pinta la realidad en un aquí y ahora, pero habría que ver qué tan distante se encuentra esa realidad del resto del mundo.

El primer acierto descansa en la actuación del punga a cargo de Peter Lanzani (El clan), uno de los actores jóvenes emergentes del cine argentino, con asombroso parecido al uruguayo Nahitan Nández, precisamente jugador de Boca. Él solito se encarga de llevar la trama en las tres cuartas partes del metraje, si exceptuamos la voz del dueño del rodado (Dady Brieva, especialista en componer a los mejores soretes, recordar El ciudadano ilustre) y una intervención final, tal vez la mejor de toda su carrera, de Luis Brandoni.

Otro elemento que nunca queda fuera en la dupla Cohn-Duprat: el humor. El panorama puede ser desolador, pesadillesco e incluso violento, pero los realizadores nunca dejan de mostrar un costado irónico y gracioso, porque casi todas las cosas, hasta las más terribles, tienen su reverso absurdo.

4x4. Argentina-España, 2019. Dirección: Mariano Cohn. Guion: Gastón Duprat y M. Cohn. Fotografía: Kiko de la Rica. Música: Dante Spinetta. Con Peter Lanzani, Dady Brieva, Luis Brandoni. Duración: 90 minutos.

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