Las desigualdades laborales entre hombres y mujeres persisten, e inciden en una mayor tolerancia a las situaciones de violencia

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Nº1911 - al de Marzo de 2017

Están más calificadas, y su jornada laboral es de hasta diez horas más por semana que la de un hombre. Sin embargo, las mujeres siguen ganando sustancialmente menos que sus pares masculinos, y acceden a menos cargos de jefatura y gerenciales.

Esas son algunas de las principales conclusiones que se desprenden del Mapa de Género del Mercado Laboral, un estudio del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo, Uruguay (Ciedur) elaborado para el Departamento de Género del PIT-CNT.

El estudio, que fue presentado el viernes 24, revela que la brecha salarial entre hombres y mujeres en 2015 fue de 7,7% (los hombres ganan en promedio 7,7% más por hora).

La brecha de remuneración ha crecido desde 2011, cuando estaba ubicada en 6,8%, y es más notoria en Montevideo, donde llegó a 10,2%. La diferencia salarial se explica en parte por la capacidad de acceso a cargos de jefatura o mejor pagos, aun dentro de la misma profesión, y porque las mujeres se concentran en trabajos cuya remuneración es menor, como el servicio doméstico o el magisterio (90,3% y 75,8% son mujeres, respectivamente).

“En promedio, las mujeres tienden a agruparse en los tipos de trabajo que son peor pagos, pero además tienden a ganar menos o estar en posiciones peor pagas incluso con las mismas calificaciones o mejores que algunos hombres”, explicó a Búsqueda Alma Espino, integrante de la Comisión Directiva de Ciedur.

La economista, que presentará el estudio el viernes, señaló que “en muchas profesiones, las mujeres quedan relegadas a las funciones básicas mientras que los hombres ocupan los cargos de jefatura, obteniendo mejores remuneraciones”.

Espino entiende que eso se debe en parte a “la discrecionalidad” de la selección de personal que existe en el sector privado. De hecho, dentro del Estado, “donde los niveles de acceso a cargos son más transparentes y equitativos”, la brecha de remuneración es al revés: las mujeres ganan en promedio 5,7% más.

“En el Estado las mujeres pueden acceder por concurso a cargos y posiciones mejor remunerados. Queda claro que con un patrón menos discriminador, que utiliza mecanismos transparentes de ingreso y ascensos, las mujeres puede obtener montos de remuneración más acordes con sus calificaciones, donde en Uruguay las mujeres están más calificadas que los hombres en promedio”, agregó.

De hecho, uno de los cuadros presentados en el Mapa de Género revela que, dentro de la población económicamente activa, solo 16,3% de los hombres alcanzan el nivel universitario o similar, mientras que en las mujeres ese porcentaje es de 23%.

“Si realmente los salarios fueran el fiel reflejo de la acumulación de capital humano educativo, entonces los salarios de las mujeres no es que tendrían que ser iguales a los de los hombres, tendrían que ser más altos”, dijo Espino.

Empleo y trabajo.

La finalidad del Mapa de Género “es contar con un sistema de indicadores que permita visualizar de forma relativamente sencilla la situación de las y los trabajadores y sindicalistas, identificando las desigualdades de género”, según dice en su portada.

A escala laboral, la tasa de empleo nacional en 2015 era de 59%. Pero diferenciada por género, la tasa es de 68,4% en el caso de los hombres frente a 50,4% en las mujeres. En el desempleo ocurre algo similar: el promedio nacional es de 7,5% pero baja a 6,4% en hombres y crece a 8,9% entre las mujeres.

“Aunque el desempleo viene cayendo, una característica bien uruguaya es que el de las mujeres siempre es un poco más alto que el de los hombres. A escala regional esto no sucede tanto y se debe a que hay más trabajo informal por parte de las mujeres”, señaló Espino.

En cuanto a la distribución por rama de actividad, además del servicio doméstico y la enseñanza, las mujeres son mayoría en los servicios sociales y de salud (68,5%) y los comunitarios y personales (61,2%), mientras que en las instituciones financieras se reparten casi en mitades iguales (49,8% son mujeres). Los sectores con menor presencia femenina son la construcción (5%) y restaurantes y hoteles (15,6%).

“La evaluación general es que se notan avances en la situación de la mujer en el mercado laboral. Hay mejoras sí, pero hay que hacer políticas públicas para que las brechas se disminuyan a mayor velocidad, y no que haya que esperar 20 años para alcanzar la igualdad en ese sentido”, advirtió Espino.

En cuanto al trabajo remunerado y no remunerado, su distribución muestra inequidades significativas. Del 100% del trabajo, las mujeres tienen 50,8% remunerado y 49,2% no remunerado. Entre los hombres es un 74,4% remunerado y el resto no remunerado.

Esto también se traduce en diferencias importantes en la carga global del trabajo semanal. Las mujeres ocupadas tienen un promedio de 73,4 horas mientras que los hombres trabajan en promedio 63,4 horas semanales.

Violencia subyacente.

Dos aspectos que destaca el Mapa es que las diferencias también existen entre las mujeres, dependiendo de su situación socioeconómica.

En la tasa de desempleo se aprecian las diferencias en este tema: en el primer quintil (menores ingresos), hay 13,8% de mujeres desempleadas frente a 5,2% de hombres. En el quinto quintil (mayores ingresos), los niveles son de 0,9 y 0,7% respectivamente.

“Hay que analizar estas diferencias entre mujeres y prestarles atención. También hay que atender a estos indicadores laborales en sí mismos, porque hoy aparecen fuertemente los índices de violencia de género o las polémicas sobre el aborto y estos quedan en segundo plano”, explicó Espino.

Para la economista, “estas brechas también tienen que ver con la violencia” porque “si una persona no tiene las mismas oportunidades laborales y no puede alcanzar su independencia económica, entonces esa persona, que por lo general es mujer, está en una posición mas vulnerable o más proclive a un trato violento”.

“Esto no quiere decir que las mujeres con plata no vivan situaciones violentas, solo que estas condiciones siembran el terreno de cultivo para una relación de dependencia donde se toleran o soportan situaciones que no se tolerarían de tener las mismas oportunidades laborales”, añadió.

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