Entrevista a la experta regional en democracia y género Irune Aguirrezabal: violencia política, prejuicios culturales y Ley de Cuotas

“Las mujeres no pueden mostrar su feminidad por miedo a no ser tomadas en serio, pero esto está cambiando”

11min
Nº2029 - al de Julio de 2019
Por Florencia Pujadas. Fotos: Camila Montenegro

Uruguay es considerado un país liberal. Además de ser uno de los primeros países en habilitar el sufragio femenino, en 1932, tiene una agenda de derechos que incluye el matrimonio igualitario y la interrupción voluntaria del embarazo. Pero todavía está lejos de alcanzar la paridad en política. Según un informe publicado por ONU Mujeres, en 2017, es uno de los países de la región con mayor desigualdad y participación de mujeres en política. “El déficit es preocupante”, indicó el estudio. Tras largas discusiones y cambios, el escenario mejoró con la aplicación de la ley de cuotas, que obliga a los partidos políticos a incluir en listas electorales a personas de ambos sexos en cada terna de candidatos. La incorporación femenina no fue pareja. Los mayores cambios se vieron en el Senado, con un 30% de mujeres en las bancadas,  pero fueron menores en los poderes Judicial y Electoral. En los partidos políticos fue diferente. 

A pasos lentos, la situación empezó a cambiar con la obligación de incorporar la cuota de género en las elecciones de sus máximos órganos internos. Y por la demanda de la opinión pública. Según una encuesta de ONU Mujeres, al 70% de los uruguayos les gustaría que una mujer fuera presidenta y el 73% apoya una fórmula presidencial mixta. A tres meses de las elecciones nacionales, la primera opción quedó descartada. Pero es posible que la segunda se cumpla. Por primera vez en la historia, el Frente Amplio, el Partido Nacional y el Partido Independiente —colectividades con participación parlamentaria— presentaron fórmulas presidenciales con mujeres como candidatas a la vicepresidencia (ver recuadro). “Es un paso importante, pero por más que haya presidentas y vicepresidentas, necesitamos cambiar la conducta para que la paridad se permee en la sociedad”, aseguró Irune Aguirrezabal, experta en democracia y género que estuvo en Montevideo para dar una conferencia sobre la participación política de las mujeres. Con más de 25 años de experiencia como asesora, y trabajos en la Corte Penal Internacional y la Comisión Europea, la especialista vasca se mostró preocupada por el escenario local. Aseguró que falta un “largo camino” para que Uruguay alcance la paridad en política, pero dice que los cambios son visibles. La  autora de la guía Empoderamiento político de las mujeres: marco para una acción estratégica en América Latina y el Caribe (2014-17), llegó invitada por ONU Mujeres y conversó con galería.

Los datos sobre política son claros. La integración de las mujeres es cada vez mayor pero todavía no es equitativa. ¿En qué condiciones ingresan a la política en Uruguay?

Las mujeres tienen más rotación, están menos tiempo en las comisiones, en las distintas bancadas. El déficit está afectando cómo se gobierna el país. Y la reivindicación por una representación paritaria aparece por varias razones. La primera, y más importante, es que es justo. Las mujeres son la mitad de la población: es justo y moral, como decía en el libro El sometimiento de la mujer el filósofo —y defensor del sufragio femenino— John Stuart Mill. Lo contrario es inmoral. La segunda razón es que es ilegítimo porque se pierde una pluralidad de intereses, capacidades e inteligencia. Si solo tenemos el 30% en el Parlamento, pues estamos perdiendo una pluralidad.

Además, las mujeres están preparadas y cuentan con la misma formación que los hombres. 

Exactamente. El argumento “no están capacitadas” es el que han utilizado a lo largo de muchos años los hombres en política para decir que no hay mujeres. Ya hay datos claros que dicen lo contrario. Entonces, ¿por qué no están las mujeres? Pues porque tienen muchas dificultades para entrar y porque en Uruguay, al igual que en muchos países, no había una legislación que obligara a los partidos políticos a tener un porcentaje mínimo de mujeres en sus listas. 

En Uruguay, en 2009, se aprobó la conocida como ley de cuotas y en estas elecciones tres partidos políticos tienen a mujeres en sus fórmulas como candidatas a la vicepresidencia. ¿Considera que es porque creen en el cambio o tomaron esta decisión por obligación?

Lo que está pasando en Uruguay es que ha sido la opinión pública la que demanda a los partidos que haya candidatas como vicepresidentas. Hubo un partido que se atrevió (Carolina Cosse en el Frente Amplio) con una precandidata como presidenta, pero el resto no. Y eso que hay 28 candidatos. Un partido lanzó la idea de una fórmula paritaria y los demás la han seguido. Los que no la han seguido, como el Partido Colorado, están hasta explicando por qué no lo hicieron y en sus listas tienen muchas mujeres. La opinión pública ha forzado a los partidos políticos a tener que dar explicaciones. La sociedad está más que preparada, lo está demandando. Cuando hablamos de paridad no tenemos que hablar de una ley de cuotas del 50%. Ojalá no fuera por ley y se hiciera natural, como en otros países nórdicos. La paridad se hace por ley porque si no, no se fuerza el cambio.

Más allá de la ley de cuotas, ¿los partidos tienen políticas de género integrales?

Claro, esa es la otra pata. Y la diferencia entre la paridad, que tiene que ver con la representación política, y la democracia paritaria. Es un momento para hacer cambios. Yo esperaría que en los programas electorales de los partidos para las próximas elecciones presenten no solo elementos sino un plan realmente serio para transformar a Uruguay en un país pionero en democracia paritaria.

¿Los prejuicios también se trasladan a las mujeres? ¿Se sienten “menos” que los hombres?

Sí, hay muchísimos estudios sobre cómo desde pequeños a los varones se los educa mucho más para liderar en una sociedad patriarcal, en la que el liderazgo es más jerárquico. Hay normas que están más adaptadas a este estilo, más masculinizado, y con mujeres se tendrán que tomar de otra forma. Así, con la unión de los dos, se genera una nueva forma de convivencia más horizontal, de trabajo en equipo. Y eso tiene que ver con la realidad que traen las mujeres. Al entrar en la economía y la política, ¿quién se ocupa de las tareas domésticas, de los hijos, los mayores? De ahí a que haya que delegar más. Esto no es algo que traigan solo las mujeres, es un cambio cultural que supone nuevos liderazgos. ¿Por qué no hay suficientes mujeres que se postulen en las elecciones? Las dirigencias de los partidos son masculinas, están lideradas por hombres.

Un informe de 2017 de ONU Mujeres, de hecho, muestra que las mujeres aparecen en roles vinculados a la militancia.

Es que en general las mujeres en los partidos han estado pintando los papeles, organizando comidas, vendiendo camisetas. Hay una cosa que es la asunción de la conciencia del empoderamiento. Eso no es más que poder decidir libremente el destino que quiero, tener la valentía y el coraje para romper con ciertos tabúes. La sociedad todavía mira a las mujeres con prismas distintos a los hombres. Pero se está rompiendo. Y lo que pasa en Uruguay es interesante: espero que en cinco años me vuelvan a invitar y estemos trabajando con mujeres candidatas a la presidencia.

¿Falta educación y preparación en las políticas de género impulsadas por el Estado?

Al entrar más mujeres habrá más conciencia, pero hace falta una concientización de la clase política. Queremos acabar con este sistema que se define como patriarcado. Se sigue concibiendo a las mujeres según su propio cuerpo y como un condicionante social. Con la adquisición de más poder y conocimiento, de cualquier forma, se están visualizando más estas facetas que requieren cambios. Más allá de que haya paridad por ley con mujeres presidentas y vicepresidentas, necesitamos cambiar la conducta para que esa paridad se permee. Hace falta realmente cambios sustanciales, no vale solo con que haya mujeres.

Dice que el liderazgo está asociado con valores masculinos. ¿Las mujeres que llegaron al poder no han replicado los mismos modelos?

Detrás de estos liderazgos hay un concepto que es el de la masa crítica. ¿Cuántas mujeres hace falta que estén en ciertos puestos para cambiar los procesos? Que haya una mujer no lo cambia. Margaret Thatcher fue pionera en gobernar. Fue una mujer conservadora y con un rol que entendemos como masculinizado. Tampoco hay una esencia femenina de gobernar. Lo que sí es verdad es que se han empezado a instaurar cambios de procesos. Cuando hay mujeres en política, en cargos de responsabilidad, los periodistas y la opinión pública critican cómo va vestida, si va maquillada, si habla alto, si habla bajito, si fue contundente. Pero no hablamos si los hombres son gordos o calvitos. 

Hoy esos prejuicios se ven sobre todo en el vestuario de las mujeres al mando. La canciller Angela Merkel y la primera ministra Theresa May tienen una imagen más sobria y masculina que, por ejemplo, la primera dama de Estados Unidos Melania Trump o la esposa de Mauricio Macri, Juliana Awada. 

Claro. El concepto de primera dama no existe en Europa, pero que un país como Estados Unidos tenga una primera dama que es un florero, una modelo que no habla, está influido por el hombre con el que está y su visión de las mujeres. El movimiento feminista en Estados Unidos nunca estuvo tan pujante como con este gobierno y el movimiento MeToo. ¿Pero por qué las mujeres en altos cargos tienen que aparecer de una manera tan sobria? Yo creo que va cambiando pero es algo a lo que muchas veces se ven forzadas. No pueden mostrar su feminidad por ese miedo a no ser tomadas en consideración y en serio. El espacio público y privado es muy masculino, pero cada vez hay más mujeres que rompen los moldes y se maquillan, llevan tacones, una falda. Por eso, la masculinización de la esfera privada es un reto tan o más importante que la paridad en la representación política. Solo en la medida en que los hombres asuman tareas domésticas, el cuidado, la afectividad y todo lo que está asociado a la mística de la feminidad, van a cambiar las conductas de la sociedad.

¿Los hombres se sienten amenazados con el incremento de la participación política de la mujer?

Pasó desde las primeras paritistas que propusieron una carta sobre los derechos de las mujeres. No les hicieron ni caso y acabó muy mal. Está también la violencia con casos como en Bolivia. Allí hubo una fuerte reacción de hombres que acosaban sutil o físicamente a las mujeres cuando entraban en la política. Se ha hecho hackeando perfiles en las redes sociales. Eso es lo que hace que las mujeres no puedan entrar en las mismas condiciones. Sienten miedo, las denigran, las ningunean en reuniones.  Y esto se ha ido definiendo y Bolivia lo reguló y los demás países lo analizaron. Incluso en la OEA se trató el tema para que apareciera una ley modelo contra el acoso de las mujeres políticas. ¿Se resuelve el tema así? No, hay que cambiar. Se ha avanzado mucho. 

También hay mujeres que no creen en la inclusión con normativas como la ley de cuotas. 

Claro. Hay muchas mujeres que han llegado a puestos de poder y se ponen de ejemplo a ellas mismas, sus propias vivencias, para explicar que no hace falta. Pero en realidad la biografía de una misma solo habla de una misma. Eso es lo que no se entiende del concepto de representación. Cuando un hombre o una mujer llega a estos puestos representa a todos los uruguayos. En la sociedad uruguaya hay dificultades.

¿Hay mujeres que cambian cuando llegan a lugares de toma de decisión?

Sí. Pasa eso y también pasa lo contrario, hay mucha más sororidad y empatía. Hay mujeres que llegan y no ven el problema. Otras que cambian cuando llegan. Un ejemplo, que me gustó mucho, es el de la exvicepresidenta de Panamá, Isabel de Saint Malo, que no creía en las cuotas cuando asumió. Lo manifestaba públicamente. Poco después de llegar confesó que no se había dado cuenta de la necesidad por su propia historia, pero que había una necesidad claramente. 

Está haciendo una tesis de doctorado sobre la implementación de políticas de género en América Latina. ¿En qué se diferencian de Europa?

En América Latina se han aprobado muchas más leyes de paridad que en Europa. Se ha encontrado necesario que una norma lo regule y se fuerce a los partidos a hacer cambios porque si no, no pasa. De hecho, las leyes de cuota han ido cambiando. Ha habido algunas mal diseñadas y cada vez son mejores. Aparecieron fenómenos como el de “las Juanitas”: una mujer se postulaba a varios cargos y renunciaba a alguno, así entraban más hombres. En América Latina hay una preparación muy grande y se ha teorizado sobre la democracia paritaria. También hay un sustrato machista muy fuerte. Y esto se ve con el movimiento articulado contra la ideología de género que ha calado en muchos países latinoamericanos y, cuidado, porque no está exento de calar mucho más. La democracia va avanzando pero no es un punto en el que uno llega y se queda. En todos los países del mundo hay riesgos para los derechos humanos, alcances y logros que hemos obtenido. Este movimiento contra la ideología de género también es una ideología.

¿En qué situación ve a Uruguay?

Aquí están sucediendo cosas importantes. Hay una necesidad de que Uruguay avance en la representación política, el déficit es grave. Pero también están pasando cosas positivas, como la ley integral de violencia de género, que define también el acoso y la violencia en política. El problema se va entendiendo en Uruguay, los datos que hay sobre las diferencias salariales son más positivos que en la media de la región.

Una fórmula mixta

A pocos días de las elecciones internas, tres de los cinco partidos con representación parlamentaria decidieron sumar a su fórmula presidencial una mujer. La misma noche de la votación, el candidato nacionalista Luis Lacalle Pou anunció que iba a estar acompañado por la presidenta del directorio blanco Beatriz Argimón. Días más tarde, el candidato del Frente Amplio Daniel Martínez dijo que su compañera iba a ser Graciela Villar. El sábado 13, el candidato del Partido Independiente Pablo Mieres anunció formalmente a Mónica Bottero. Así, es probable que la próxima vicepresidencia la ocupe una mujer.

Graciela Villar y el Frente Amplio

Hasta hace unas pocas semanas, el nombre de Graciela Villar era desconocido para la mayoría de los uruguayos. Pero esta frenteamplista, de 61 años, fue edila de Montevideo por una década y presidió la Junta Departamental en 2017. En la dictadura, y con una hija de un año, abandonó el país para exiliarse en Argentina, hasta 1984. A su regreso,  integró el Consejo Central de la Federación Uruguaya de la Salud y participó en la Mesa Representativa del PIT-CNT. Militó en el Partido Comunista y luego pasó a Asamblea Uruguay. En las últimas elecciones internas, sin embargo, abandonó la lista 2121 para apoyar la precandidatura de Mario Bergara. Y fue electa por Daniel Martínez para acompañar su fórmula presidencial. “De las poco conocidas por el gran público pero reconocida por quienes han recibido su solidaridad y compromiso permanente, Graciela Villar es la compañera con la que quiero transitemos este desafío”, dijo el candidato. Al anuncio le siguió la polémica, porque Villar se presentaba como psicóloga social en su cuenta de Twitter (@edilavillar) y en la página de la Junta Departamental de Montevideo. Cuando Martínez la presentó como candidata cambió su descripción por “formación en socioanálisis” y, tras las críticas, aclaró que no tiene título universitario y que no terminó cuarto de liceo.

Beatriz Argimón y el Partido Nacional

La carrera de Beatriz Argimón, de 57 años, estuvo marcada por la militancia por los derechos de la mujer. Escribana de profesión, cursó estudios sobre derechos humanos, derecho de la familia, derecho de los niños, niñas y adolescentes. Fue directora del Iname —actual INAU—, edila y la primera mujer del partido en ser reelecta como diputada. En su paso por el Parlamento defendió los derechos de la mujer y fue una de las creadoras de la bancada bicameral femenina. Así, se unió a las diputadas Glenda Rondán (Partido Colorado) y Margarita Percovich (Frente Amplio) para impulsar y trabajar en la promoción de una agenda legislativa con enfoque de género. También fundó, junto a mujeres de otros partidos, una red de mujeres políticas. El año pasado, además, se convirtió en la primera presidenta mujer del Directorio del Partido Nacional. Y ahora es la elegida de Luis Lacalle Pou como candidata a la vicepresidencia.

Mónica Bottero y el Partido Independiente

Hace cinco meses, Mónica Bottero, de 55 años, dejó el periodismo para iniciar una carrera política en la Secretaría de Comunicación del Partido Independiente. Antes, y en una trayectoria de casi cuarenta años, trabajó como periodista para El Día y Brecha. Estuvo en la agencia cubana Prensa Latina y escribió para The New York Times. Pero es más conocida por su papel como directora de revista galería, un cargo que ocupó durante 17 años. Además, estuvo en la dirección de la revista Noticias y como panelista en el programa de Monte Carlo, Todas las voces. Ahora, el líder del partido, Pablo Mieres, la escogió como compañera para su fórmula presidencial.

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