Antony Starr es Homelander

The Boys, en Amazon Prime Video

Los superhéroes salvajes

6min
Nº2034 - al de Agosto de 2019
Juan Andrés Ferreira

Para aquellas personas que se sienten un poco (bastante) hartas de la superpoblación de superhéroes (en el cine, en la televisión, a través de franquicias, historias interconectadas, spin off, remakes y reboots), aquellas que se han cansado de ver a intérpretes de cierto prestigio vistiendo trajes cada vez más aparatosos que exhiben y remarcan láminas de músculos imposibles mientras luchan y saltan y rebotan y flotan en el aire entre ruidosas capas de explosiones generadas por computadora, aquí viene una buena noticia. A cada acción le llega una reacción. Esa reacción se llama The Boys. Se trata de la adaptación del cómic homónimo escrito por Garth Ennis e ilustrado por Darick Robertson que, básicamente, se encarga de poner a los superhéroes en su lugar. Con una primera temporada de ocho episodios de una hora cada uno, The Boys es la serie más vista de Amazon Prime Video. También la más desquiciada y brutal. Y una de las más divertidas. Lo curioso y delicioso de este asunto es que también es una buena noticia para aquellas personas a las que no les alcanza la cantidad de películas y productos derivados de las historias superheroicas y todavía quieren más.

La serie parte de una idea sencilla y fascinante que ya fue explorada en Watchmen, la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons, la única historieta que Time colocó entre las mejores 100 novelas del siglo XX, y la traslada a nuevos y a veces sorprendentes e inquietantes niveles. También lleva a nuevas escalas el sexo y la violencia, la incorrección política y el humor negro y macabro expuestos en cómics como Kick-Ass y Dead Pool y sus respectivas y muy atendibles adaptaciones cinematográficas.

Como el totémico cómic de Moore y Gibbons, esta es una aventura de superhéroes que desar­ticula las aventuras de superhéroes. O, más bien, las dinamita. Sin llegar a las indagaciones filosóficas de Watchmen, sin ser tan cerebral, The Boys es al mismo tiempo una historia de venganzas, una comedia negrísima, un drama familiar y una sátira bestial acerca del mundo corporativo, el papel de las celebridades y las redes sociales y el uso y la justificación de la violencia.

En la ucronía que plantea The Boys los superhéroes, seres dotados de poderes sobrehumanos que en teoría combaten el crimen y la injusticia, son ídolos a escala global, personajes públicos que se ubican por encima de las celebridades del mundo de los deportes o el entretenimiento. En este contexto se ubica Los Siete, un grupo conformado por los superhéroes mundialmente más populares y poderosos, una mezcla de La Liga de la Justicia, Los Vengadores y los X Men.

Los superhéroes son prácticamente milagrosos, cercanos a los ángeles, seres cuyos poderes, para algunos, han sido otorgados por Dios; de hecho, muchas personas ven a los superhéroes como dioses, y existe toda una industria de la fe en torno a ellos. Pero son humanos. Y donde hay humanos ocurren cosas humanas. Pronto se verá que Los Siete, además, son humanos muy desagradables: ególatras, corruptos, codiciosos, adictos a una sustancia que acrecienta sus capacidades y, en algunos casos, verdaderos sociópatas (bueno, quizás no todos).

El grupo lo componen Homelander (el líder, trasunto humano de Superman, un tipo muy inteligente y a la vez aborreciblemente desalmado, violento y manipulador), Black Noir (oscuro personaje del que se desconoce su verdadera identidad), A-Train (un adicto descaradamente mentiroso y presumido), Traslucent (hombre invisible, un voyeur que pasa la mayor parte del tiempo desnudo: “Mi superpoder no es la invisibilidad sino la capacidad de leer a las personas: las miro cuando piensan que están solas y veo lo que realmente son”, aclara), The Deep (un Acquaman bastante vanidoso e inmaduro), Queen Maeve (una Wonder Woman que parece estar relativamente por fuera de la corrupción y la perversidad del resto), y la recién llegada Starlight (una joven feminista que desde pequeña quiso ser parte de Los Siete).

Los Siete son propiedad de Vought, una megacorporación que le pone el signo de US$ a todo lo que se mueve. Y se encarga de poner a Los Siete en todas partes, no solo combatiendo el crimen, también replicando su imagen en una grotesca cantidad de productos, desde películas a muñequitos de acción. En varios sentidos, la sátira de Ennis no parece tan alejada de la realidad. Vought maneja la actividad y la carrera de los super, que tienen asesores de imagen, gente que les administra las redes sociales y que les dice qué tipo de discursos deben dar según la situación, en especial últimamente: muchas de las acciones de Los Siete vienen generando horribles daños colaterales.

Y aquí es donde entra Hughie Campbell (Jack Quaid, el hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan), cuya novia, Robin (Jess Salgueiro), es despedazada ante sus ojos por la imprudencia y negligencia de A-Train (Jessie T. Usher), el hombre más veloz del mundo, que la pasa por delante convirtiéndola en un estallido de sangre y tripas. Por su condición, A-Train no recibe ningún castigo. Incluso sostiene que Robin se le atravesó en el camino cuando él estaba en una misión. Hughie sabe que no es verdad. Y entonces es cuando Billy Butcher (Karl Urban) entra en acción. Butcher es un tipo bastante oscuro. Capítulo a capítulo se van develando capas de la personalidad de este complejo individuo malhablado y de pasado turbio que lleva bastante tiempo luchando por desenmascarar a los super y la corporación que les dio vida. Butcher recluta a Hughie y, junto a otros dos dementes, un traficante de armas llamado Frenchi (Tomer Capon) y un “hijo de puta con corazón” conocido como Mother’s Milk (Laz Alonso), llevan adelante una serie de operaciones prácticamente suicidas para acabar de una buena vez por todas con esta escoria que, supuestamente en nombre del bien, se pasa de la raya y genera muerte, dolor y caos a su alrededor, y después se reúne para discutir acerca del porcentaje de ganancias obtenidas en merchandising tras el estreno de la última película del universo cinematográfico expandido de Vought.

Contar más sería entrar en una zona plagada de spoilers. Quizá alcanza con decir que hay bastante más en The Boys. Muy buenas escenas de acción, giros y revelaciones inesperadas y diálogos precisos como el láser, por ejemplo. Es cierto que también en algunos tramos se avanza un poco a las patadas, pero aquí hay un mundo coherente dentro de todo el desquicio.

Eric Kripke, Seth Rogen y Evan Goldberg son los creadores y productores ejecutivos de la serie. Kirpke es creador y guionista de, entre otras, Sobrenatural, serie de misterio, fantasía y ciencia ficción que cuenta con 15 temporadas, siendo una de las más longevas del género. Rogen y Goldberg han trabajado juntos en otras ocasiones, incluso desde la dirección (codirigieron Este es el fin, una comedia negra sobre el fin del mundo), y han sido productores ejecutivos de Preacher, otra ficción basada en un cómic de Ennis.

Sin ser una réplica del cómic, condensa el material original de manera notable, creando o modificando personajes. Mesmer (Haley Joel Osment, el nene de Sexto sentido, que aquí interpreta a un superhéroe que fue una famosa estrella juvenil) y Madelyn Still­well (vicepresidente de gestión de héroes de Vought International, interpretada por Elisabeth Shue), no están en el cómic pero, como también ocurre con Traslucent (Alex Hassell), reúnen características de otros personajes originales. A otras criaturas se les rebajó la intensidad. Ezekiel (Shaun Benson), un superhéroe secundario, una especie de pastor ultrafamoso que vive su homosexualidad a escondidas, es una versión más ligera de Oh Father, un popular predicador (con superpoderes) que, en el cómic original, comanda un grupo de 12 niños (con superpoderes), de quienes además abusa sexualmente.

Urban y Shue son los rostros más conocidos del elenco. Él es una bestia enjaulada, ella una ejecutiva casada con la corporación. De Los Siete hay que destacar a Antony Starr en el papel de ese Superman perverso y aterrador que es Homelander, capaz de atrocidades dignas del peor villano. Es que, de nuevo: además de frenética, oscura y divertida, The Boys es realmente muy violenta. Hay cuerpos desmembrados, cuerpos rebanados, cuerpos que estallan como piñatas. Un hombre es golpeado contra la pileta del baño hasta convertir su cabeza en un revuelto de sangre y huesos rotos. Un bebé es usado como arma para disparar rayos láser. Y aunque esa violencia es presentada en menor grado respecto del material original, igualmente se despliega en secuencias de un nivel de violencia nunca antes visto dentro del género. “Todo sea por azotar a los bastardos”, podría decir Butcher.

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