Cada año, entre 3.000 y 3.500 uruguayos son diagnosticados con Alzheimer, una enfermedad irreversible que no puede ser frenada con medicación; sin embargo, practicar ejercicio, una dieta saludable y una buena relación con el entorno permiten enfrentar mejor el deterioro cognitivo

Luchar contra el olvido

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Nº1860 - al de 2016
Elena Risso

“Mis amigos americanos: He sido informado recientemente que soy uno de los millones de americanos que se verán afectados por el mal de Alzheimer.Enterados de esta noticia, mi esposa Nancy y yo hemos tenido que decidir si como ciudadanos privados deberíamos mantenerlo como un asunto privado, o si deberíamos hacer pública esta noticia.En el pasado Nancy sufrió de cáncer de mama, y yo mismo también tuve mis cirugías de cáncer. Descubrimos en ese entonces que a través de hacer público el padecimiento de una enfermedad, ayudamos a la gente a tomar conciencia y fuimos felices en saber que como resultado de ello muchos comenzaron con tratamientos de control preventivo. Fueron tratados a tiempo y lograron retomar una vida normal y saludable”.(Carta del expresidente Ronald Reagan, difundida el 5 de noviembre de 1994)

Todos conocen a alguien que padece Alzheimer. Un familiar directo, un viejo conocido, el padre de un amigo, un vecino. Pueden ser personas más o menos cercanas, pero el impacto de escuchar que alguien sufre de esa enfermedad nunca pasa inadvertido. A nadie escapa que el Alzheimer —un trastorno degenerativo que implica un deterioro de las capacidades cognitivas y alteraciones de conducta— es un problema grande, tanto para quien lo padece como para su entorno. Es una forma de demencia, y por eso viene de la mano de trastornos de habilidades mentales, neuropsíquicas y sociales. En general, se manifiesta a partir de los 60 años, tiene factores genéticos, y por el momento no hay una medicación que logre controlarlo, aunque sí es importante un seguimiento médico continuo.

En Uruguay las estadísticas indican que se detectan entre 3.000 y 3.500 casos nuevos de Alzheimer por año, según datos aportados a galería por el neurólogo y psiquiatra Roberto Ventura, expresidente y fundador de la Asociación Uruguaya de Alzheimer, exprofesor adjunto de Neuropsicología del Instituto de Neurología de la Facultad de Medicina, y exprofesor adjunto de Bases Biológicas del Comportamiento Humano de la Facultad de Psicología.

El especialista explicó que el Alzheimer puede ser presenil si se detecta antes de los 65 años, y senil luego de esa edad. Abarca la mayoría de las formas de demencia de la tercera edad y puede tener distintos niveles: leve, moderado y severo. Su aparición está condicionada por factores genéticos, donde hay distintos cromosomas involucrados, en especial los números 14, 19 y 21, que son los que están más asociados a la enfermedad. Ventura indicó que si se detecta la patología, no hay forma de evitar que se desencadene, ni con tratamientos ni con medicación. Tener en el hogar a una persona con deterioro cognitivo genera un gran impacto en su entorno, y por esta razón es importante atender no solo al paciente sino también a la familia.

Ventura señaló que no está comprobado que haya prácticas, alimentos o estilos de vida que frenen el deterioro cognitivo, pero aclaró que los hábitos saludables ayudan a vivir mejor, y eso también abarca a las personas que sufren Alzheimer.

CONSEJOS, NO SOLUCIONES. En el ámbito médico se observa con ciertos reparos la literatura vinculada al Alzheimer, porque los especialistas parten de la base de que no hay soluciones mágicas. Pero promover un buen nivel de vida, tener una alimentación balanceada, practicar actividad física, fortalecer vínculos con el entorno y ejercitar el cerebro son acciones que ayudan a mejorar la calidad de vida.

Así al menos lo han demostrado distintos estudios científicos de diferentes expertos y universidades. Buena parte de esas sugerencias forman parte de “Memoria en forma. 100 ideas sencillas y eficaces para prevenir el Alzheimer y la pérdida de memoria asociada a la edad” (Ediciones Urano), de Jean Carper, una periodista estadounidense especializada en temas de salud.

Luego de tomar conocimiento de que genéticamente era vulnerable al Alzheimer, Carper llevó adelante la investigación que incluye las conclusiones de estudios académicos de distintas universidades internacionales y de especialistas en la enfermedad. El resultado es un libro con consejos que abarcan cambios en hábitos alimenticios, modificaciones en las conductas sociales y una exhortación a la vida sana y a la práctica de ejercicio. La autora del libro deja en claro que eso no sustituye a los médicos y que por eso es necesario mantener una atención profesional adecuada.

SIEMPRE ACTIVOS. Tal como lo dice su título, el libro contiene 100 recomendaciones para prevenir el Alzheimer y la pérdida de memoria en general. Si bien ese centenar de sugerencias están detalladas en distintos capítulos, pueden agruparse en cuatro categorías: estimulación cerebral, ejercicio físico, cuidados en general y alimentación (ver abajo).

En la primera categoría se exhorta a mantener el cerebro en estado de alerta constante, y para eso se estimula a realizar actividades nuevas, como puede ser aprender otros idiomas, navegar en Internet, organizar fotos en la computadora, ir a un curso de teatro o meditar. También se recomienda reducir el tiempo frente al televisor y buscar formas nuevas de entretenerse, como juegos o lecturas.

Para prevenir accidentes cerebrovasculares —que dejan secuelas en el cerebro y por lo tanto afectan la memoria y agudizan los síntomas de Alzheimer—, Carper plantea la importancia de controlar la presión. En ese sentido, es importante bajar la cantidad de calorías que se consumen, pues eso contribuye al sobrepeso y a la diabetes, dos aliados de la hipertensión.

Hay otro elemento que según la autora del libro juega un papel fundamental para evitar el deterioro cerebral: el dormir bien. Lo ideal es hacerlo de noche, pero si la persona tiene un sueño que se interrumpe con facilidad, debe intentar tomar siestas que le ayuden a descansar tanto el cuerpo como la mente.

EJERCICIO FÍSICO. En lo que tiene que ver con la categoría relacionada con la actividad física, lo más recomendable es hacer un ejercicio  moderado. Aquellas personas que a lo largo de su vida fueron deportistas corren con ventaja, pero si no es así, también para eso se aplica la máxima de que “nunca es tarde” para empezar. Es recomendable entonces iniciar algún tipo de movimiento, siempre con criterio y en forma progresiva. Expertos citados en el libro hablan de 30 minutos de ejercicio aeróbico moderado cinco veces a la semana. Aquellos que consideren que esas dos horas y media semanales son demasiada carga, pueden reducirlo a la mitad, pues siempre es preferible que se haga algo a quedarse quieto. Lo ideal es que ese ejercicio se complemente con un trabajo de fuerza, para mejorar el equilibrio y el estiramiento de los músculos.

Más allá de las rutinas de ejercicios preestablecidas, Carper menciona en el libro la importancia de mantenerse activo en todo momento. Eso significa que, incluso cuando no se esté haciendo gimnasia, se debe intentar mover las extremidades, subir escaleras, o caminar en la casa o la oficina, para evitar quedarse quieto.

VIDA SOCIAL. Existen conductas y acciones que ayudan a evitar la pérdida de la memoria y el avance del Alzheimer, que tienen que ver con una serie de cuidados que la persona debe tener en cuenta y tratar de aplicar en su vida cotidiana. “Prácticamente, todo lo que haces, así como lo que sientes y cómo actúas contigo mismo y con los demás tiene una repercusión en tu vulnerabilidad a la pérdida de la memoria asociada a la edad y los síntomas de Alzheimer. No cabe duda de que sentirse aislado, no tener contacto ni apoyo social, es un factor de riesgo. Lo mismo sucede con estar deprimido, estresado y angustiado. Ser sociable y optimista, tener un amplio círculo de amigos y familiares, y participar en actividades sociales y de la comunidad aumentan nuestra resistencia al deterioro cognitivo. Del mismo modo que te esfuerzas para estar física y mentalmente activo, asegúrate de que también lo estás socialmente. Eso puede suponer un trabajo, pero ten presente que a tu cerebro le encantan las relaciones sociales, y las interacciones humanas fomentan el florecimiento de las neuronas cerebrales”, escribe Carper, quien, en función de lo que dicen especialistas, asegura que la depresión y la soledad  inciden en el declive de las funciones cognitivas.

En el mundo hay unos 35 millones de personas que padecen Alzheimer. Y según datos citados por Carper, el aumento en la esperanza de vida de la población anciana incidirá directamente en esa cifra, porque para el 2050 se estima que trepará a 115 millones de personas.

PLAN DE ALIMENTACIÓN

La elección de alimentos también incide al momento de evitar un deterioro en la memoria, no solo entre quienes sufren Alzheimer sino en general, explicó Jean Carper. Por eso, en el libro “Memoria en forma. 100 ideas sencillas y eficaces para prevenir el Alzheimer y la pérdida de memoria asociada a la edad” se incluyen una serie de sugerencias que conviene tener presentes a la hora de armar la dieta.

•  Incorporar una dieta mediterránea. Se puede acercar a ella por Internet o con un libro. Un buen punto para empezar consiste en incorporar el aceite de oliva extra virgen y el vinagre como elementos básicos.

•  Comer pescado dos veces a la semana o más; dejar de lado carnes rojas y embutidos; incorporar jugo de frutas en el desayuno; beber té o café; tomar una copa de vino al día, preferentemente tinto.

•  Prudencia con el alcohol: un vaso de alcohol diario puede colaborar en retrasar la demencia, pero 14 vasos de alcohol a la semana duplican las posibilidades de desarrollar alguna forma de demencia.

•  Consumir de cinco a nueve raciones diarias de frutas o verduras. A la hora de elegir los que contengan más antioxidantes, preferir primero los frutos del bosque.

•  Tomar una taza de jugo de manzana o de compota al día. Las manzanas ayudan a prevenir diabetes, son antiinflamatorias, previenen accidentes cerebrovasculares, todos factores asociados al deterioro cognitivo.

•  Comer curry. En la India se encuentran las tasas más bajas de Alzheimer del mundo. Investigaciones muestran que el curry tiene una especia llamada cúrcuma, que frena el deterioro cognitivo en animales y humanos.

•  Evitar la comida rápida: es rica en grasas, calorías, azúcar y sal, y todos esos elementos fomentan la obesidad, la diabetes, la hipertensión, y, por lo tanto, los accidentes cerebrovasculares, que impactan directamente en la memoria.

•  Un puñado diario de nueces o almendras ayudan a controlar el apetito y aportan antioxidantes. Además, combaten la inflamación y ayudan al estímulo neuronal.

LA HISTORIA DE AUGUSTA D

El 3 de noviembre se cumplirán 110 años de la primera vez que se empezó a hablar del Alzheimer como enfermedad. La historia tiene dos protagonistas: el doctor Alois Alzheimer y Augusta D, una paciente de 51 años que en 1901 había sido ingresada al Hospital de Frankfurt porque enfrentaba un cuadro clínico que incluía delirios por celos, pérdida de memoria, alucinaciones, desorientación de tiempo y espacio, paranoia y alteraciones de conducta, recordó el diario español “El Mundo”.

En 1906, Alzheimer —un médico nacido en Alemania en 1864— presentó a la comunidad científica las conclusiones de sus estudios sobre el caso de Augusta D, que murió como consecuencia de una infección pulmonar y de las heridas que sufrió por estar tanto tiempo en cama.

Según “El Mundo”, luego de estudiar el cerebro de la paciente, Alzheimer “encontró un número disminuido de neuronas en el córtex cerebral, junto con cúmulos de proteínas, unos ovillos o filamentos neurofibrilares en el citoplasma de las neuronas”. A partir de ese momento, se empezó a hablar de esa patología como “enfermedad de Alzheimer”, en honor a su creador.

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