Guido Manini Ríos. Foto: Nicolás Der Agopián.

Manini envía señales contradictorias: acata sanción en silencio, pero permite que se acuse al gobierno de “soberbia e hipocresía”

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Nº1987 - al de Septiembre de 2018
escribe Sergio Israel

Los complejos vínculos entre “milicos” y “tupas” que se comenzaron a forjar entre el olor acre de la pólvora y las miserias del “submarino” en el invierno de 1972, casi medio siglo después salvaron al general Guido Manini Ríos de una destitución luego de que polemizara por radio con el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, a propósito de la nueva ley de retiros castrenses. 

La vida militar de Manini, que deberá pasar a retiro obligatorio en febrero de 2020, estuvo en juego el fin de semana, cuando el presidente Tabaré Vázquez finalmente decidió la sanción en lugar del relevo.

Tío Pepe.

Mientras el ministro de Economía, Danilo Astori, reconoció que pidió su destitución y Murro negó haber tomado parte del debate, la vicepresidenta Lucía Topolansky, de viaje oficial en China, ayudó a salvar, in extremis, al comandante.

Manini y el esposo de la vicepresidenta, el exsenador José Mujica, han dialogado con frecuencia y el militar, que logró un vínculo de cercanía con el fallecido ministro Eleuterio Fernández Huidobro, se refiere a Mujica como “el hombre viejo” en señal de respeto.

Pero la sanción a Manini tiene al menos dos lecturas. Están los que creen que luego de una ofensiva contra las Fuerzas Armadas, basada en prejuicios, el comandante se sacrificó y ganó imagen ante un embate del sector más “neoliberal” del gobierno dispuesto a reducir el costo de los retiros militares para luego poder hacerlo con el resto de los pasivos.

Un dato no menor es que encuestas como la encargada por el Latinobarómetro a la empresa Equipos indican que la imagen de los militares está en un nivel alto (en 2016 era el mayor en dos décadas) y en crecimiento.

Sin embargo, fuentes del oficialismo con conocimiento del tema militar consultadas por Búsqueda estimaron que el Ejército no solo salió fortalecido en su imagen sino que ganó poder real, porque el comandante violó la Constitución en forma reiterada y la reacción llegó tarde. 

“Quedó al descubierto que son autónomos y que se dirigen ellos”, dijo una de las fuentes que recordó que Manini siempre tuvo pretensiones políticas y que había sido sancionado cuando era oficial subalterno en la década de 1980 luego de haber tomado parte en una reunión con dirigentes que se realizó en la parrillada Tío Pepe, entonces ubicada en Cufré y Pagola.

Mientras el ministro de Economía, Danilo Astori, reconoció que pidió su destitución y Murro negó haber tomado parte del debate, la vicepresidenta Lucía Topolansky, de viaje oficial en China, ayudó a salvar al comandante.

Algunos veteranos del Frente Amplio, atentos a la delicada situación en la región, compararon la situación con febrero de 1973, cuando los mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, con la solitaria oposición de la Armada, desconocieron al ministro de Defensa Antonio Francese y al presidente Juan María Bordaberry ante la indiferencia del sistema político, que no interrumpió el receso parlamentario, y ciertos guiños de la izquierda. 

En una línea parecida de razonamiento, el historiador y politólogo Gerardo Caetano sostuvo la semana pasada en Brecha que “estamos en presencia de un caudillo militar, y en democracia no puede haber caudillos militares, no pueden reconocerse ni legitimarse”, porque “la lógica de la subordinación constitucional y la prohibición de toda actividad política, salvo el voto, son muy claras”.

El académico identificado con el Frente opinó también que “hay una política militar de este tercer gobierno que resulta difícil de entender”. Como ejemplo puso la designación de Fernández Huidobro en Defensa, que “llevó a una cuestión muy extraña, inadecuada”, con un caudillaje solo comparable en los últimos tiempos al del teniente general Hugo Medina, que fue comandante y luego ministro de Julio Sanguinetti.

Quienes, desde la izquierda, piensan que Vázquez estuvo otra vez lento de reflejos también critican a la oposición porque dicen que, buscando réditos para las elecciones del año próximo, ponen en riesgo la institucionalidad.

Al abortar una manifestación de apoyo programada para su regreso de México el martes 18 y no recurrir —al menos hasta ahora— la sanción, Manini está haciendo, al tiempo que una demostración de poder, un repliegue táctico para lograr una especie de coexistencia pacífica con el gobierno.

Quienes, desde la izquierda, piensan que Vázquez estuvo otra vez lento de reflejos también critican a la oposición porque dicen que, buscando réditos para las elecciones del año próximo, ponen en riesgo la institucionalidad.

Para complicar aún más las cosas, el destino, o alguien dispuesto a jugar con fuego, echó un leño más con el episodio de la Marcha de los Tres Árboles en el cierre de la Expo Prado.

Ambos hechos, la salida de Manini en emisora Océano y el incidente del Prado, no fueron evaluados de forma monolítica en las tres fuerzas.

Los comandantes de la Armada y La Fuerza Aérea, Carlos Arbilleira y Alberto Zanelli, se mantuvieron en silencio.

Oficiales de alto rango de esas fuerzas, sin embargo, advirtieron de forma extraoficial que coinciden con las expresiones de Manini, aunque no necesariamente están de acuerdo con la táctica empleada que además “fue hecha de forma inconsulta”.

Una de las fuentes incluso dijo que Manini, con fuerte vocación política, “buscó un protagonismo que trasciende la defensa de los subalternos y los intereses de la propia fuerza y que en realidad ya se estaban logrando resultados políticos por medios más discretos”.

El coordinador del equipo de análisis de la seguridad social militar, coronel Rivera Elgue, por el contrario, dijo a Búsqueda que la intervención de Manini está justificada y fue decisiva para evitar que se votase la ley en Diputados tal como venía del Senado. “Habló porque el ministro de Trabajo dio información que no es cierta y a su vez el de Defensa, Jorge Menéndez, sabe eso y no hace nada”, señaló.

El coronel Elgue, un oficial del arma de infantería que pasó a retiro en 2015, destacó el peso que tiene la intervención de Manini ante la opinión pública, cuya salida se explica también porque Menéndez no permitió que los comandantes fueran a argumentar al Parlamento.

“Último acto” ante “soberbia e hipocresía”.

Una alta fuente de la fuerza de tierra defendió la actuación del comandante en jefe en base a que sus declaraciones en Océano FM “fueron el último acto de una cadena de hechos que se sucedieron durante más de un año”.

El informante recordó también que “durante casi un año los comandantes mantuvieron conversaciones con los ministros de Trabajo y de Economía, no siendo considerados ninguno de los planteamientos hechos por los militares” y que a pesar de ellos “en la exposición de motivos de la ley se establece, hipócritamente, que el proyecto fue elaborado junto a los mandos militares”.

Por otra parte, destacó que “durante dos años autoridades de gobierno mostraron una y mil veces que la “caja militar” cuesta mucho más que las demás cajas, lo que se debe a que no recauda directamente como las otras” y que “ocultaron que en realidad todos los recursos salen del Estado”, además que “las autoridades jamás dijeron que la principal causa del déficit se debe a la drástica reducción de efectivos activos, a la reconstrucción de carreras de oficiales perseguidos en la dictadura y a las bajas remuneraciones, producto de políticas de gobiernos de todos los partidos en el poder desde 1985”.

Para justificar el exceso de Manini, la fuente indicó que antes de llegar a ello, el comandante habló personalmente varias veces con el ministro de Defensa y con el presidente Vázquez, a quien, en mayo de 2017, elevó un memorándum antes de que se enviara el proyecto al Parlamento.

Manini “hizo lo único que podía hacer ante la soberbia e hipocresía de quienes llevaron adelante este proyecto de ley”.

En el documento se habría demostrado, sin resultado, cómo algunos artículos “afectarían gravemente a los integrantes de las FFAA, en particular las franjas más bajas del personal subalterno”.

La fuente del Ejército reconoció que el general Manini violó las normas a sabiendas. “¿Qué alternativa le quedaba al comandante? ¿Respetar el reglamento y permitir, callado la boca, que se fusilara a las dos terceras partes del Ejército con una ley a todas luces injusta, que tiene disposiciones más duras que, por ejemplo, las que tiene la Caja Policial, cuyos beneficiarios tienen muchos mejores salarios?”, se preguntó.

Manini, según esta apreciación de situación, “hizo lo único que podía hacer ante la soberbia e hipocresía de quienes llevaron adelante este proyecto de ley”, sobre todo luego de que la senadora Topolansky dijo que ya estaba acordada su aprobación en Diputados y que un senador del oficialismo, en la misma línea que la asesora del ministro, Josefina Nogueira, sostuvo que los soldados ingresados al Ejército con más de 26 años de edad y que no llegaran a tener causal jubilatoria podrían acumular con otras cajas, algo que no es admitido por los militares.

Por otra parte, el informante indicó que la difusión que se dio a la sanción, que dispuso que el comandante siguiera en su cargo y durmiera en su residencia de Toledo (Canelones) durante el arresto a rigor, “indigna a muchos” porque sometió a Manini a “una suerte de escarnio público” en el cual “políticos de todos los sectores buscaron arrimar agua para su molino”.

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