Vuelve al cine interpretada por Emily Blunt. El musical cerrará el José Ignacio International Film Festival este viernes 11 y se estrenará en salas comerciales el viernes 24

Mary Poppins

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Nº2003 - al de Enero de 2019
por Patricia Mántaras

A veces no hace falta ni siquiera una frase (aunque también la tuvo, “Prácticamente perfecta en todo”), solo una palabra (supercalifragilisticoespialidoso) para volver inolvidable una historia. Pasaron 54 años desde el estreno de Mary Poppins y la magia que funcionaba entonces todavía funciona ahora. Sigue ilusionando pensar que alguien puede bajar desde el cielo volando en un paraguas y llegar para poner orden a todo y prodigar felicidad. Alguien tan mágico como Mary Poppins, que puede poner las cosas en su sitio con solo un chasquido de sus dedos y lograr que cada cucharada de jarabe tenga distinto sabor dependiendo del gusto del niño (y para ella, ponche). Que los padres gruñones dejen de serlo y que las madres distraídas pasen a ser atentas y amorosas.

“Todo es posible, incluso lo imposible”, dice Mary Poppins, la nueva, que ya no es Julie Andrews sino Emily Blunt. El director Rob Marshall­ (Chicago, Nine) y el guionista David Magee, responsables de El regreso de Mary Poppins, llaman a estas líneas tan características de la niñera “marypoppismos”, “cosas que dice que solo podrían venir de ella”.

Esta nueva película, también musical, viene a ser una continuación de aquella primera historia basada en la serie de libros de P. L. Travers, y se sitúa 25 años después. Los hermanos Banks han crecido, y Michael, el menor, tiene sus propios hijos, los tres hermanitos de la nueva generación Banks que Mary Poppins viene a auxiliar.

El regreso de Mary Poppins será el broche de oro del José Ignacio International Film Festival el viernes 11, previo a su estreno en salas comerciales el viernes 24.

Pamela Lyndon Travers y la película que casi no se hace. Si en algo hay consenso es en que P.L. Travers no era una mujer fácil. Su infancia no fue la más estable del mundo, con un padre banquero (como el de los niños Banks) pero alcohólico, que murió joven y dejó en ella tal huella que adoptó como apellido el primer nombre de él: Travers. Tenía más de 30 años y ya estaba instalada en Inglaterra cuando eligió su seudónimo (su nombre original era Helen Lyndon Goff) y escribió el primer libro de Mary Poppins. De hecho, compartía su casa de Sussex con Madge Burnand, su amiga, la relación más “intensa y ambigua” de la escritora según su biógrafa, Valerie Lawson, autora de Mary Poppins she Wrote.

A los 40, ya disfrutando del éxito de su primera novela infantil y viviendo sola, adoptó un niño irlandés al que llamó Camillus. Joseph­ Hone (el primer biógrafo del poeta irlandés W.B. Yeats), abuelo del niño y de sus otros seis hermanos, tenía la custodia junto a su esposa y accedió a que la autora se hiciera cargo del pequeño, aunque eso implicaba separarlo de su gemelo. Travers nunca le habló de su origen. Fue al cumplir 17 que Camillus supo de su familia de sangre, cuando Anthony, su gemelo, golpeó a la puerta de su casa y le contó toda la verdad, que no se parecía demasiado a la versión de su madre adoptiva, que le había hablado de un supuesto padre dueño de plantaciones de azúcar que había muerto en un accidente.

El pasaje de Mary Poppins al cine no fue menos enrevesado que la vida privada de Travers. Walt Disney estaba decidido a obtener los derechos para hacer la película después de que sus hijas quedaran fascinadas con la niñera mágica del libro. Le llevó más de 20 años a Disney convencerla. Viajes a Londres y encuentros con la autora mediante, finalmente consiguió una respuesta afirmativa, pero bajo estrictas condiciones: Travers quería tener control sobre el guion y voz y voto en la película en general, además de percibir la suma de 100.000 dólares de la época, más de dos millones de dólares actuales.Richard Sherman, compositor junto a su hermano Robert de las canciones de la película, contó en una entrevista reciente cómo planificaron y ensayaron al máximo la presentación del proyecto para la autora: “Don (DaGradi, guionista de la película) iba a leer el guion y Bob y yo cantaríamos las canciones”. Estaban convencidos de que funcionaría, que finalmente lograrían el sí, pero ni bien llegó, les dijo: “Ni siquiera sé por qué estamos acá, caballeros, porque de hecho no tendremos música en esta película, ni tendremos ningún brinco ni ningún baile”.

El proceso de realización, que acabó terminando con la paciencia de Walt Disney, es el que relata la película El sueño de Walt, de John Lee Hancock, en la que Tom Hanks interpreta a Disney y Emma Thompson a Travers. La autora —que publicaría el octavo y último libro de la serie de Mary Poppins en 1988— no solo se negaba a que la película tuviera música, tampoco aceptaba las escenas animadas. “Walt era un hombre determinado. Nadie podía decirle que no”, recordó Sherman; “Pamela Travers era tan inflexible. No quería que la llamaran Pamela, sino Sra. Travers. Así que Walt le dijo: ‘OK Pam, está bien’. Le acortó su nombre aún más. No le prestaba atención”. Eventualmente, Disney se cansó de sus constantes peros y le prohibió la entrada al estudio y la versión final, como era de esperar, no fue del agrado de Travers. Se habían perdido los altibajos (autorreferenciales) de la vida de la institutriz que ella había planteado en el libro y había terminado siendo demasiado optimista para su gusto.

Julie Andrews como Mary Poppins
Julie Andrews como Mary Poppins

Julie como Mary. Julie Andrews sabía que estaba recibiendo la oportunidad de su vida cuando le ofrecieron el rol estelar en un musical para niños sobre una institutriz capaz de sacar lámparas de pie de su bolso de mano y de cabalgar libremente en caballos de calesita. “Es una de esas grandes puertas de entrada que se abren en tu vida, en tu carrera. Lo supe entonces y lo sé ahora”, contó. Venía de protagonizar en Broadway My Fair Lady junto a Rex Harrison, pero nunca había actuado en cine. “Estaba aterrada”, recuerda la actriz, que había perdido frente a Audrey Hepburn la oportunidad de llevar My Fair Lady a la gran pantalla.Todavía estaba en el hospital después de dar a luz a su hija Emma cuando recibió una llamada de una señora algo parca: era P.L. Travers. “Le dije: ‘Señorita Travers, qué amable de su parte al llamarme’, y ella dijo: “Entiendo que usted estará interpretando el papel de Mary Poppins. Usted es demasiado bonita para ser Mary Poppins, por supuesto, pero tiene la nariz correcta para el papel”. Andrews lo tomó como un gesto de aprobación.Además de esta hija con el diseñador de sets Tony Walton, con quien estuvo casada ocho años, la actriz adoptaría dos niñas, Amy y Joanna, junto al director Blake Edwards, su segundo marido, matrimonio que duró 41 años, hasta que él murió en 2010. Su único Oscar lo ganó por su actuación en Mary Poppins, su debut en cine; una de las cinco estatuillas que obtuvo la película, que recibió además el Grammy al Mejor álbum para niños en 1965.Hace años, cuando la idea de hacer una secuela de Mary Poppins era solo eso, una idea, el director Rob Marshall, que terminó llevándola al cine, le habló a Andrews —a quien dirigió en Broadway en la obra Víctor/ Victoria y que además es su amiga personal— del proyecto, y le comentó que Emily Blunt era la candidata para sucederla en el papel de la institutriz: “Ella simplemente lanzó sus manos en el aire y dijo que sí. Creo que mucha gente siente eso del trabajo de Emily".

El regreso de Mary Poppins es la segunda parte de aquella inolvidable película, y se sitúa 25 años después, en 1934, en la Gran Depresión, con los hermanos Banks ya adultos. Esta vez, la niñera llega a partir de una tragedia que golpea a la familia para cuidar a los tres hijos de Michael, interpretado por Ben Wishaw. Emily Mortimer aparece como su hermana Jane, que viene a ocupar el lugar que en la cinta anterior correspondía a la madre, algo dispersa en la vida hogareña pero militante y defensora de causas nobles.

El Big Ben y la Torre de Londres vuelven a ser protagonistas del paisaje londinense que elige mostrar la película, filmada casi por completo en locaciones reales, como la catedral de St. Paul, el Palacio de Buckingham, la calle Cowley, Queen Anne’s Gate, la Royal Exchange, Cornhill, el Middle Temple y la calle King Charles, que se decoraron para cubrir la fisonomía actual y se iluminaron para realzar su belleza. Según el diseñador de producción John Myhre, el filme es “carta de amor a Londres”.

La música de El regreso de Mary Poppins es de Marc Shaiman y Scott Wittman (ambos creadores de la música de Hairspray y ganadores de Premios Tony), y actores como Meryl Streep (como Topsy, la excéntrica prima de Mary Poppins), Angela Lansbury, Colin Firth y Julie Walters también son parte del reparto. Dick van Dyke, el deshollinador en la película original, tiene una aparición en la película como el malvado Mr. Dawes Jr., uno de los miembros del directorio del banco en el que trabajaba George Banks y ahora lo hace su hijo Michael. A la pregunta de por qué Julie Andrews no tiene al menos una participación fugaz en la película, la respuesta de la actriz ha sido que ahora Poppins es Blunt, no ella.

Emily como Mary. Pasaron más de 50 años entre una película y la otra, pero las reacciones de las actrices al escuchar la propuesta fueron similares. Ante la idea de convertirse en Mary Poppins, Emily Blunt quedó “congelada de miedo”, según dijo. Aunque el filme ha tenido algunas críticas positivas y otras no tanto, la interpretación de Blunt ha sido elogiada en todos los casos. A pesar de que hay quienes opinan que la actriz emula más a Julie Andrews que al personaje original de P.L. Travers, ella asegura que se inspiró en los libros, “donde ella es realmente excéntrica, algo chiflada, vanidosa, completamentecompletamente arrogante y extraña”. En esta película, también, Mary niega al final de cada día todas las aventuras y los sucesos fantásticos que vivió junto a los niños, que insisten en preguntarle cómo es que no se acuerda.

 “El mundo está en un momento de fragilidad, y la gente necesita un filme como este”, dijo la actriz, que cerró un 2018 de éxitos sumando la película de terror psicológico Un lugar en silencio, que protagonizó junto a su marido, John Krasinski, que además debutó como director y coguionista con este trabajo. La película cosechó el premio a Película del año en las distinciones que entrega el American Film Institute.

Blunt, que se hizo más visible y reconocible a partir de su papel en El diablo viste a la moda junto a Anne Hathaway y Meryl Streep, ha trabajado también junto al director polaco Pawel Pawlikowski (del que todo el mundo está hablando por su película Cold War, que casualmente abrió el JIIFF, y ganador del Oscar por Ida) en Mi verano de amor, Mike Nichols en Juego de poder, Jean-Marc Vallée en La joven Victoria, Lasse Hallström en Un amor imposible y Dennis Villeneuve en Sicario.

Según Marshall, el director de El regreso de Mary Poppins, esta es la película “más personal” que hizo en su vida: “Tiene que ver con el profundo mensaje, que implica tratar de encontrar al niño que todos llevamos dentro y mantener viva la esperanza en los momentos más sombríos”.

Todo parece indicar que en el número 17 de la calle Cherry Tree Lane siguen pasando cosas mágicas. ¿Quién no necesita una buena dosis de fantasía acompañada de una cucharada de jarabe de ponche?

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