Yamandú Canosa

El artista Yamandú Canosa fue seleccionado para representar a Uruguay en la bienal de Venecia 2019, cuyo título es "May you live in interesting times", una antigua maldición china

“Mi obra es manifiestamente mestiza”

10min
Nº1999 - al de Diciembre de 2018
Verónica Parrado. Fotos: Marcelo Isarrualde

Si bien reside desde los 70 en Barcelona, Yamandú Canosa (Montevideo, 1954) tiene un enorme prestigio en el medio. Fue seleccionado para representar a Uruguay en la Bienal de Venecia 2019 con su muestra La casa empática. Fiel a su estilo de combinar diversas técnicas, prepara su desembarco en al pabellón uruguayo. La inauguración será el 11 de mayo.

El artista, que fue ganador del Premio Figari en 2007, centra su trabajo en la exploración de los límites del lenguaje para crear complejas narrativas. Con fuertes intereses en la identidad cultural, la memoria y las migraciones, busca que el espectador se vea continuamen- te interrogado. galería conversó con él sobre la migración, su proyecto y sobre el desafío como artista en un contexto en el cual “estamos siendo pensados como imágenes”.

Detrás del muro, 2012. Óleo y collage sobre papel. 29,7 x 42 cm.

¿Cómo surgió y preparó el proyecto ganador para la Bienal de Venecia?

Esta es la primera vez que se hace una con- vocatoria pública para representar a Uruguay en la Bienal de Venecia, algo que celebro, ya que es la manera más homologada de encarar este evento. Me puse a pensar en el proyecto cuan- do el recién creado Instituto Nacional de Artes Visuales (INAV) del MEC anunció que se haría es- ta convocatoria. Ya había tenido la oportunidad de visitar el Pabellón en otras oportunidades y el hecho de conocer el espacio me ayudó mu- cho a visualizar la propuesta. A partir de ahí, fue un lento proceso de anotar ideas, descartarlas o armonizarlas, al tiempo que me ponía en con- tacto con Patricia Bentancur y David Armengol, que se entusiasmaron con la posibilidad de su- marse al proyecto. De ahí en adelante, fue un trabajo en equipo, muy enriquecedor, en el que todos —cada uno desde su área— aportamos conceptos para cohesionar el proyecto y darle una lógica interna que lo estructurara y fuera eficaz comunicando. El contexto de la Bienal de Venecia es un contexto global, el más impor- tante en el universo de las bienales, y un ámbito en que el mensaje ha de ser capaz de llegar a un espectador absolutamente heterogéneo, en su inmensa mayoría desconocedor del trabajo de los artistas que se presentan, salvo los del país del que cada uno sea originario, claro.

La espera, 2013. Gouache y transferencia sobre papel. 36 x 50,9 cm.

¿Cómo eligió a los curadores de su proyecto, Patricia Bentancur y David Armengol?

Sabía —porque así lo había anunciado el INAV— que se podían presentar proyectos de artistas uruguayos con curadores extranjeros. Uno de los tantos sujetos de mi trabajo, y que es consustancial al espíritu del proyecto La ca- sa empática, es el mestizaje, lo transfronterizo, la identidad compleja. Al mismo tiempo, quería rodearme (y lo he conseguido) de las personas que no solo me han apoyado todos estos años sino que también son profundamente conoce- doras de los entresijos de mi obra. Con estas premisas, fue fácil convocar a Patricia Bentan- cur, artista y curadora uruguaya, y a David Ar- mengol, curador de Barcelona, la ciudad en que vivo desde mediados de los 70. Patricia Bentan- cur es quien mejor conoce mi obra, y su compli- cidad me acompaña profesionalmente desde la primera curadoría que hizo de mi exposición La mirada rampante, en 1993, en el Museo Blanes, hasta curadorías más recientes para el CCE, el Premio Figari o la 1a Bienal de Montevideo. Por su parte, David Armengol es uno de los cura- dores de referencia en el ámbito español y un profundo conocedor de mi obra, y para David no es nuevo participar conmigo en un proyecto uruguayo. Otro aspecto interesante a resaltar es que una curaduría mixta uruguayo-catalana es armónica con la estrecha relación histórica entre ambas cultu- ras. Recordemos que Batlle era de origen catalán, su familia era de Sitges (batlle significa “alcalde”, en ca- talán). A partir de ahí, se pueden citar algunos perso- najes fundamentales del mundo del arte (si bien hay decenas en todos los ámbitos), como son Joaquín To- rres García y Rafael Barradas, la actriz Margarita Xirgu y el arquitecto Antonio Bonet, ejemplos emblemáti- cos del entrecruzamiento de culturas, y que han sido capitales, a la vez, en ambas sociedades. La música flamenca llama a esto “cantes de ida y vuelta”, aires musicales que cruzan el Atlántico, que van y vienen y van, tejiendo una tela infinita. Uruguay es el país que más lazos culturales tiene con Cataluña. Quería que en un proyecto donde lo transfronterizo es protago- nista, este hecho de hermandad también estuviera presente. No podía faltar.

Hay lugar, 2012, 1a Bienal de Montevideo.

Si bien la Bienal no tiene una temática estricta y cerrada, el título de la misma, May you live in inter- esting times, ¿influyó en la gestación del proyecto?

Digamos que ha sido una feliz coincidencia. Aun- que “feliz” no sea la palabra más apropiada en estas circunstancias globales. Efectivamente, Ralph Rugoff, el curador de la 58a Bienal de Venecia, eligió May you live in interesting times (una antigua maldición china, de fina ironía) como nombre de esta edición. La frase alude a la continua inestabilidad, al vaivén de los es- cenarios mundiales. En otra parte de la declaración de intenciones, Rugoff argumenta que “El arte no puede frenar el auge de los movimientos nacionalistas y los gobiernos autoritarios en diferentes partes del mun- do, por ejemplo, ni puede aliviar el trágico destino de los pueblos desplazados en todo el mundo (cuyas cifras ahora representan casi el 1% de la población mundial)”. Estoy de acuerdo con que el arte es inca- paz de frenar estos movimientos, pero es y ha sido capaz de señalarlos y denunciarlos. Ha sido capaz de ser empático con las sociedades. Mi obra abarca mu- chos ámbitos —algunos de una poética más univer- sal, de emociones— y tiene aspectos performáticos; intenta abrir el concepto de “paisaje”, interroga a mi subjetividad. Pero también trabajo, desde hace mu- chos años, con cartografías críticas, con la compleji- dad de la “construcción del lugar” en las sociedades contemporáneas, con lo transfronterizo. Hablo de muros en el paisaje real y en el paisaje del lenguaje (para mí, el lenguaje es paisaje) e intento hacer visi- ble la transculturalidad. Siempre cito una frase que Hélio Oiticica escribió sobre la tela de una de sus ins- talaciones de Tropicália, en los años 60: “La pureza es un mito”. Todos estos discursos son atacados por lo que Rugoff llama “los movimientos nacionalistas y los gobiernos autoritarios”. En ese sentido, si bien no es una temática que los envíos nacionales deban seguir, el proyecto La casa empática es totalmente armóni- co con la declaración de Rugoff. Pero si la propuesta de la organización de la Bienal hubiera sido otra, mi proyecto hubiera sido el mismo.

Iceberg, 2014 . Óleo sobre papel. 64 x 99,7 cm.

La casa empática dará cuenta del entrecruza- miento de culturas, ¿siente que sus obras, y en es- pecial el proyecto para la Bienal, son claro resultado de esto, pero también de un entrecru- zamiento de su trabajo, en general?

Es una puesta en escena de algunos de los dispositivos con los que he estado trabajando estos últimos años; dispositivos que han ido articulando la gramática de mi lenguaje. Pero, más concretamente, respondiendo a lo que me preguntas, mi obra es manifiestamente mes- tiza. Es mestiza, en primer lugar, por mi expe- riencia como migrante, como migrante abierto a los inputs a los que esa experiencia nos en- frenta. Es un proceso de suma, de agregación, nunca de sustitución. Es un proceso de síntesis continua. Recuerdo siempre una anécdota de cuando estaba en Rotterdam, preparando una exposición en los 90. Creía que mi obra estaba siendo influida por la mirada del arte del “nor- te”, sobre todo en los colores tan particulares del arte holandés, con unas gamas cromáticas que incorporé definitivamente a mi repertorio. También suponía que mi obra estaba dialogan- do con ciertas corrientes pictóricas locales del momento. O sea, ¡que me sentía muy holandés! Y un amigo artista de Rotterdam, que un día me visita en el estudio, me comenta espontá- neamente —para mi sorpresa— que admira la libertad de los artistas latinoamericanos, que mi obra y mis colores, a sus ojos, son muy lati- noamericanos. Con esto quiero decir que hay referentes que te construyen y que siempre es- tán latentes, que son un sustrato permanente, abierto a nuevas agregaciones. En algunos as- pectos, tanto conceptuales como de gramá- tica, siento —o quiero creer— que mi obra es, también, muy uruguaya. Que mi obra es hija del paisaje en el que aprendí a mirar y del arte local que formó tempranamente mis referentes es- téticos. Pero, también, es un entrecruzamiento formal. Desde finales de los 80, he ido constru- yendo una obra que incorpora un repertorio di- verso y disperso de recursos formales, muchas veces contradictorios entre sí.

Esa complejidad y diversidad de la experien- cia no la puede resumir un “estilo”. Pienso que, si el arte tiende a ser —más allá de la volun- tad de los creadores— un “modelo del mun- do”, ese modelo no lo puede asumir un único código formal.

Rumor, 2013. Tinta, óleo y transferencia sobre papel. 29,7 x 42 cm.

Usted vive en Barcelona y es uruguayo; para un latinoamericano, ¿cómo es el hecho de estar en los grandes carriles del ar- te?, ¿siempre se está como reivindicando el lugar?

En mi caso, no entiendo otra manera de aportar que no sea desde la construcción de un lugar, un lugar emocional, estético, existen- cial, etc. La construcción del lugar ha sido el tema central de muchas de mis exposiciones. En 2012, sin ir más lejos, presenté la instala- ción Hay lugar en la 1a Bienal de Montevideo. Construcción de lugar es el nombre de un libro que ha sido central para mí, de Amanda Beren- guer, publicado en 1976. Incorporo uno de sus poemas visuales en el proyecto de Venecia. Esa construcción está detrás de todo lo que te estoy diciendo, es un tema irrenunciable. Es algo tan humano y universal como intentar explicarnos nuestro lugar en el mundo, algo que todos nos preguntamos cada día. En todo caso, es un lu- gar complejo y abierto.

Vostok, 2013. Óleo sobre papel. 50,9 x 36 cm.

Ha trabajado con la combinación de múl- tiples técnicas, ¿hay alguna con la que se sienta más cómodo?

Por formación, dibujo y pinto, en ese orden. Y, desde hace unos años, incorporo fotografías en mis exposiciones. Tengo, también, una idea expandida de lo que son la pintura y el dibujo, idea que desarrollo en mis instalaciones. Pero no pienso el arte de manera disciplinaria, y me- nos ahora, cuando se han incorporado canti- dad de nuevas disciplinas. En ese sentido, creo que el arte contemporáneo es —obviamente— mul- tidisciplinario, transversal y contradictorio. Y creo que ese cuerpo complejo desde el que trabaja ha ne- cesitado alumbrar nuevos campos disciplinarios pa- ra acabar de dar respuesta a las sinergias que estos nuevos tiempos generan. En ese contexto, creo que pintar o dibujar sigue siendo, también, absolutamen- te contemporáneo. No creo que una disciplina valide o no la obra de un artista. Lo que la valida es algo tan inmaterial y preformal como el lenguaje.

Terraforming, 2012. Gouache, óleo, esmalte sintético y CD sobre papel. 73 x 51 cm.

Su obra parece siempre llevar al espectador a destronar hábitos de pensamiento, ¿es un objetivo cada vez que plantea su obra?

En una muestra muy reciente, en Barcelona, expu- se un dibujo de gran formato llamado Incidente Aleph, en clara referencia a ese momento de epifanía del per- sonaje del cuento de Borges en que se agolpan todas las imágenes presentes, pasadas y futuras. Lo mío es un intento siempre fallido de acercarme a esa utopía de abarcar la totalidad. Y, en la manera de comunicar mi trabajo, busco que el espectador se vea continua- mente interrogado, obra a obra; que no se acostum- bre, y que cada obra sea un nuevo planteamiento que lo interrogue. Se trata de provocar que la mirada esté atenta en cada tramo del paseo, que cada obra sea un fragmento nuevo de una misma realidad, de ese paisaje que las agrupa. Instalo las obras a la altura que reclama su iconografía o su cualidad subjetiva. Hay obras que ocuparán el espacio que está sobre la línea del horizonte; otras, el que está en la línea del horizonte; y otras, el espacio situado debajo de ella. La línea del horizonte es el elemento que, desde hace años, transforma mis instalaciones en paisajes.

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