Anne Bezamat, exmodelo francesa radicada en Nueva York, se enamoró de José Ignacio hace seis años, compró una chacra y veranea desde entonces allí. además de descansar con su familia, hacer deporte y andar a caballo, ahora su tiempo también lo dedica a su línea de protectores solares, que creó pensando en la gente del lugar

"Nunca antes había querido tener una casa en algún lugar"

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Nº1849 - al de Enero de 2016
Carina Fossati - Fotos: Luciano Dogliotti

Existe un estereotipo del charme de las mujeres francesas, un allure despreocupado con el que llevan un pañuelo u otro accesorio; incluso hay libros que intentan revelar algunos de sus secretos, como “Las francesas no engordan”, que analizan por qué suelen conservar la línea si no se privan del placer de comer exquisiteces. Es inevitable pensar en eso al ver llegar a Anne Bezamat vestida de playa luego de un día en La Caracola, cuando saluda a sus perros Álvaro, Hipólita y Forlán, y a su gato siamés Ignacio —que compró en Tristán Narvaja junto a 12 patos para la chacra— y conversa animadamente en un correctísimo español de acento castizo en el que se inmiscuyen cada tanto algunas palabras en italiano. (Bezamat habla francés, inglés, español, italiano, “uno poco de alemán” y ahora está estudiando portugués).

Bezamat recibió a galería en su chacra de José Ignacio —una construcción estilo loft que juega con las alturas y combina ladrillo con vidrio— y al posar dejó en evidencia no solo su charme natural sino sus años dedicados al modelaje, durante los cuales fue portada de publicaciones como “Cosmopolitan” y desfiló para los principales diseñadores del mundo; también incursionó en cine, cuando hizo una participación especial en la película “Bright Lights, Big City” (“Luces de la gran ciudad”, 1988) junto a Michael J. Fox.

Casada con un empresario estadounidense y madre de dos varones, Bezamat también diseñó una línea de joyas en los últimos años —que vendió entre amigas y conocidas—, pero ahora, por primera vez desde que dejó el modelaje y se abocó a la maternidad, decidió embarcarse en un proyecto con proyección empresarial.

En venta en dos farmacias de la Barra y algunos locales de José Ignacio, la línea José Ignacio consiste en un set de productos para enfrentar el sol compuesto por dos protectores (uno factor 15 y otro factor 30) y un gel postsolar. Su sponsor es el Haras Godiva, vecino de su chacra, junto al cual están elaborando un plan para destinar parte de las ganancias al cuidado de caballos enfermos cuyos propietarios sean personas de condiciones humildes.

¿Cuándo vino por primera vez a Punta del Este?Hace siete años, de vacaciones, con otras dos familias de Nueva York que también tienen hijos. Estuvimos en Brasil, Uruguay y Argentina. No sabía nada de Uruguay, y cuando vine me enamoré de este lugar, tanto que regresé dos meses después y compré una chacra aquí.

A su casa la diseñó la arquitecta brasileña Candida Tabet, y hasta hora es el único trabajo que esta profesional hizo en Uruguay. ¿Por qué la eligió?La conocí en casa de una amiga y me gustó mucho la persona, pero después me dijeron que era arquitecta. Miré lo que hacía y me pareció que tiene una sensibilidad muy vasta de la arquitectura y la naturaleza. En esta casa es como que cuando estoy adentro también estoy fuera, porque tiene toda esta vista increíble de la chacra, con luz natural que entra desde todos lados.  

Usted se ocupó del equipamiento e interiorismo. ¿Dónde compró el mobiliario y los objetos de decoración?En una casa antigua de Montevideo, que estaba destruida, compré 46 puertas y ventanas muy altas que incorporamos a la casa cuando la construimos, para lograr esa mezcla de lo antiguo con lo moderno del diseño, el vidrio y los ladrillos. Y la mayoría de las cosas vienen de remates. Un amigo me mandaba fotos de cosas desde Montevideo y yo le decía qué comprar. Una vez también fui, lo que es peligroso porque me gustan muchísimo las cosas viejas. Las sillas del comedor las traje de un mercado de antigüedades de Londres; los sillones pequeños, que son de los años 40, los compré en París. La mesa de billar la traje de Buenos Aires, pero tuve que mandar a cambiar el paño porque estaba destruido. Los sillones principales, que tienen dimensiones muy grandes, los mandé hacer. La mesa (que está junto a los sillones) la compré en La Barra, en un local de antigüedades, pero era de comedor así que le acorté las patas.En la tienda de antigüedades de Aaron Hojman, en La Barra, compré una cómoda enorme que era de la farmacia más vieja de Montevideo; la puse en el cuarto de uno de mis hijos.

Teniendo la posibilidad de elegir cualquier lugar del mundo, ¿por qué este?Porque me siento como en casa. Me encanta la gente. Posiblemente es porque soy francesa y porque la cultura mezcla lo europeo con un lugar que es una cosa divina. Nunca antes, y eso que viajé muchísimo por mi trabajo, había querido tener una casa en algún lugar. Aquí es la combinación de todo: la gente simpática, la joie de vivre, la comida, la playa, la luz... La luz es mágica aquí.

¿Qué le encuentra de particular al compararlo con otros lugares del continente como Brasil o el Caribe?Pienso que es la combinación del bohemian chic con un lugar donde la gente es muy orgullosa de la tierra, del lugar. Es un lugar muy especial. Que no haya internet en todas partes no es importante, porque no es un lugar para las personas que se van a la playa y quieren tener todas las comodidades de su casa. Aquí es todo la naturaleza.

Vive en el Upper East de Manhattan. ¿Cuándo dejó París?Muy joven; me fui de vacaciones y no regresé más. Ya trabajaba como modelo en Francia y me fui para trabajar un poco a Nueva York. Incluso había sido aceptada en la Universidad de la Sorbona, pero decidí quedarme y estudiar el primer año por correo. Después no estudié más.

¿Cuáles son sus principales recuerdos de sus épocas de modelo?En Francia empecé a los doce años y medio, porque me vio un fotógrafo en la playa ¡Y ya tenía la misma altura de hoy! Cuando fui a Nueva York trabajé con Elite y Ford. Fue una época genial, de muchos viajes, de conocer personas muy simpáticas, pero también de trabajo duro. Es importante dormir bien por las noches, ser sana, no puedes estar por ahí toda la noche. Y las producciones de moda se hacen contra temporada: las fotos de invierno las hacen en verano y cuando afuera hace 40ºC tu estás cubierta de vestidos de invierno, y viceversa.

¿Qué imagen se tiene en Nueva York de Uruguay, y de Punta del Este y José Ignacio en particular?Pienso que los americanos son muy diferentes. Hay algunos que tienen casa aquí y entienden la sensibilidad, pero a la gran mayoría les falta la internet y el servicio rápido y les molesta. A muchas personas les resulta difícil desconectarse. Por eso pienso que aquí hay más europeos que americanos. Cuando llego de Nueva York vengo toda estresada y aquí descargo la mochila, empiezo a respirar y dormir. Aquí duermo no sé cuántas horas.

¿Cómo es su rutina aquí en Punta del Este?Me encantan las dos playas de aquí; la Brava y la Mansa de José Ignacio, son las más lindas de toda la costa. Me gusta mucho hacer deporte, estar en el agua, caminar por la playa, andar en bicicleta, hacer windsurf, andar a caballo...

Es vecina del Haras Godiva, donde anda a caballo. ¿Tiene sus propios animales allí?No. Siempre le digo a Caroline Mallmann que si un día compro un caballo no me voy más.

Pero ahora decidió iniciar un negocio. ¿Qué la llevó a incursionar en la producción de protectores solares?Cuando estaba construyendo esta casa me olvidé del filtro solar en Estados Unidos y no podía encontrar. La farmacia era el único lugar que los vendía y estaba cerrada durante las peores horas de sol. Cuando vi los protectores solares que vendían acá y no podía creerlo, eran todas cosas muy caras y malas. Así que dije: ok, esto es una cosa que me gustaría hacer, porque aquí hay una necesidad. Toda esta gente guapa bajo un sol que es más fuerte que el de otras partes del mundo, y no hay lindas cremas solares. Y también pensé en que haya una crema que nazca aquí, que tenga el nombre del lugar, y que sea de calidad top.

Así nació la idea de la línea José Ignacio, que incluye dos protectores solares (factor 15 y 30) y un gel pos solar. ¿Cómo la desarrolló luego?Me tomé mucho tiempo porque quise trabajar con laboratorios top de Estados Unidos, para ver la más alta gama. Y encontré dos en California; uno especializado únicamente en solares y otro solo en productos naturales. La crema para después del sol es natural, con vitamina A, C, D, E, y gran contenido de aloe vera, más de 99% de aloe orgánico. Normalmente, el gel pos solar que compras es muy pegajoso, y este no lo es. Luego, las dos cremas solares son más que un protector solar, son hidratantes muy fuertes, para que la piel no esté seca.

¿Dónde elabora sus productos?En Los Ángeles. Yo diseñé el envase y el packaging, que tiene un caballo como logo, porque con el Haras Godiva, que es nuestro sponsor, estamos buscando una organización seria para dar un porcentaje de las ventas a los caballos que lo necesitan. Eso es otra cosa que veo en este país, que hay gente muy pobre que usa caballos pero no puede cuidarlos.

Sus productos se venden en dos farmacias de La Barra y algunos locales de José Ignacio, como Casa Suaya, Vik y Bagatelle. ¿No tiene pensado venderlos también en Estados Unidos?Posiblemente en el futuro, pero por el momento pienso que mejor me concentro aquí y después en Argentina y Brasil.

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